Dejó su teléfono sobre la mesa para preparar algo de comer.
—Abuela, no te preocupes, yo voy a preparar el desayuno, aunque ya sea medio día.
—Está bien, hijo, mientras tu abuelo y yo subimos a desempacar.
—Bien, abuela, si me necesitan, aquí estaré.
Por otro lado, Ana y su familia ya se encontraban en la finca desde el día anterior, pues no quisieron iniciar sus vacaciones sin Chris, y sobre todo Thomas, que confirmó ir a la cabaña un día antes de que llegara Chris. Mientras la madre de Ana preparaba y limpiaba todo dentro de la cabaña, llegó Mar, quien tocaba las puertas de la finca. Ana, al escuchar, fue a su encuentro y se alegró de verla.
—Creí que ya no vendrías por los cambios a último minuto.
—Siempre tan ilusa, cariño. Claro que vendría, por nada me perdería algo así y más si va a venir Chris. ¿Te imaginas que tengan un momento a solas y arreglen sus diferencias o lo que sea que haya entre ustedes?
—No digas tonterías, Mar. Mejor pasa, te llevaré a tu habitación.
Al entrar, Mar saludó a la madre de Ana y posteriormente fueron a ver la habitación de Mar.
—¿Qué te parece, Mar?
—Wow, nunca imaginé que fuera así por dentro. La cabaña y las habitaciones se ven tan cómodas.
—¿Verdad que sí?
—Por cierto, ¿si vendrá Chris?
—Sí, es más, creo que ya llegó. Dijo que me llamaría cuando llegara. Supongo que está cansado o algo así.
—Guarda tus cosas entonces, te quiero enseñar la finca.
—Está bien, cariño.
Las chicas salieron de la cabaña a recorrer la finca y, mientras caminaban por la propiedad, Ana le contaba sus historias vividas en ese lugar. Las chicas pasaron un rato jugando en los columpios que había debajo de un árbol grande y frondoso. Al poco tiempo llegó Thom, quien fue recibido por la madre de Ana, y el joven se dirigió hacia donde ellas estaban jugando. Escucharon a la madre de Ana llamarlos para comer, pues ya era tarde. Los chicos fueron dentro de la cabaña y se dispusieron a ayudar a la madre de Ana. Thom preguntó por Evelyn, pues cuando llegó no la vio por ningún lado.
—Oh, es que la anfitriona pasó toda la mañana jugando y se cansó, por lo que ahora se encuentra en la habitación de mi mamá descansando.
—Evelyn sí que es muy productiva por las mañanas —con esto se echaron a reír y se sentaron a la mesa a comer. Mientras disfrutaban de la comida, Chris, quien ya estaba fuera de la finca, llamó a Ana.
—Hola, Chris. ¿Cómo estás? ¿Ya llegaste?
—Hola, Ana. Estoy bien y sí, llegué. De hecho, estoy fuera de la finca esperando a que me abras, como acordamos.
Ana se levantó de golpe al escuchar esto y corrió a las puertas de la finca para abrirlas y abrazar al joven. Mar salió tras Ana y vio cuando abrazó a Chris y se regresó dentro para darles un momento a solas.
—¿Qué sucede, Mar? —preguntó la madre de Ana.
—Oh, nada malo. Solo que ya llegó el último invitado —dijo con una sonrisa amistosa.
—Con razón salió corriendo esta niña —se echaron a reír todos y, con esto, se levantó Evelyn y bajó al no ver a nadie en la habitación.
—Mami, ¿dónde estás? —dijo mientras bajaba las escaleras.
—Ya voy, cariño —respondió la madre, y la cargó al verla.
Por otro lado, Chris y Ana entraban a la cabaña y todos los observaban.
—¡Ana, cárgame! —Evelyn corrió hasta Ana, y esta la cargó. Mientras tanto, presentó a Chris a su madre, pues sintieron las miradas de todos sobre ellos.
—Mamá, te presento a Chris. Creo que nunca tuve la oportunidad de hacerlo formalmente.
—Hola, Chris. Es un gusto —le sonrió amablemente.
Los demás intervinieron y lo saludaron también.
—¿Cómo estuvo tu viaje, Chris? —preguntó Mar ansiosa.
—Adelante, Chris, toma asiento —dijo Ana.
—Oh, gracias —respondió, y tomó asiento mientras contaba su viaje a Kansas City.
—El viaje estuvo cansado, pues duró casi 12 horas de vuelo. Cuando llegamos al aeropuerto, tomamos un taxi para llegar a casa. Mi mamá nos recibió ya que mi papá se encontraba trabajando. Se desgasta mucho trabajando, por lo que no lo vi mucho los días que estuve allá. Guardé mis cosas en mi habitación y estuve más tiempo allí que conviviendo con mi familia. La verdad, ya extrañaba mi habitación. Mi madre era la que se encargaba de hacer de comer. Al siguiente día, fui a visitar a mis amigos; tenía mucho tiempo sin verlos. Después, regresé a casa y, cuando llegué, encontré a mis abuelos y a mi madre cenando, y los acompañé. Luego fui a mi habitación a dormir temprano, porque el vuelo ya estaba programado para el siguiente día. Mi madre hizo unas últimas compras con mis abuelos para traer a casa. Justo llegamos hace unas horas —dijo Chris, omitiendo cada detalle sobre el estatus económico de su familia, las peleas y conflictos que hubo allá.
—Vaya, es bueno que convivieras con tu familia —dijo la madre de Ana.
Los chicos conversaron un poco y la madre de Ana le sirvió de comer a Chris. Al poco tiempo, terminaron y Ana se encontraba levantando la mesa cuando Chris lo notó y se ofreció a ayudarla, pues los demás fueron a sus habitaciones por sus cosas para acampar y la madre se dirigió a la camioneta por las cosas de acampar y para la fogata. Ana se sonrojó de pena por lo que sugirió Chris. Él no dejó que ella respondiera, pues se puso a ayudarla.
—No te preocupes, Chris. Yo me encargo de esto.
—Tranquila. Además, me siento culpable, pues por mí retrasaron la invitación.
—Fue necesario, Chris —le sonrió amigablemente.
Ana se dirigió al fregadero y comenzó a lavar los platos cuando sintió que alguien la abrazaba por detrás. Se asustó y, al bajar la mirada, vio los brazos de la persona y reconoció la pulsera que esta llevaba. Era Thom. Chris no vio cuando pasó este joven, pues se encontraba limpiando la mesa. Al escuchar el susto de Ana, Chris se giró asustado y justo vio la escena cuando Thom la abrazaba. Se giró de nuevo, dándoles la espalda. Ana quitó rápidamente los brazos de Thom de encima y no supo qué hacer mientras él intentaba entablar una conversación.
—Ana, discúlpame por lo que acabo de hacer. No lo pensé.
—Descuida, Thom. ¿Necesitas algo? —preguntó, intentando cambiar el tema.
—No, nena. Solo vengo a ayudarte un poco.
—No es necesario, Thom. Yo la estoy ayudando —intervino Chris, sintiendo celos al verlos juntos.
—Chicos, no es necesario que me ayuden. De verdad, yo puedo hacerlo sola, no necesito ayuda. Mejor váyanse de aquí y vayan por sus cosas a sus habitaciones porque Evelyn ya está terminando de preparar todo con mi madre. No me defrauden a mi hermanita —comentó Ana, sacándolos de la cocina.
Ana se apresuró a terminar de lavar los platos, guardó todo y se dirigió a su habitación por sus cosas de acampar. Estaba buscando las cosas en su maleta cuando sintió que alguien entró en su habitación y cerró la puerta. Ana se asustó de nuevo, pero al voltear vio a Chris. Se asustó al verlo en su cuarto y que este haya cerrado la puerta enseguida. Ellos eran los últimos en salir de la cabaña, pues ya todos estaban afuera disfrutando el ambiente y terminando de poner sus casas de campaña.
—Quiero disculparme por la manera en que actué hace un momento.
—Tranquilo, Chris. Sé que lo hicieron con buenas intenciones, pero no me es un problema hacerlo sola.
—Ana.
—Sí, dime —respondió mientras buscaba sus cosas de acampar.
—¿Podrías prestarme atención un momento? —le dijo, tomando sus manos con ternura.
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