Salió rumbo al patio para jugar con su perro. Cuando Connor vio a Chris, comenzó a mover la cola y a ladrar de la emoción, lo que causó que el joven comenzara a llorar de felicidad, pues el tiempo que estuvo sin él fue largo. Jugó un rato con Connor, cuando de repente Chris comenzó a sentir un fuerte dolor en el pecho, como si le estuvieran golpeando por dentro. El dolor era tan intenso que se dobló de dolor. Regresó a casa y se dirigió a la cocina para buscar alguna pastilla para el dolor en el botiquín. No encontró nada, por lo que subió a su cuarto para buscar un cigarrillo y fumarlo. Con el tiempo, el dolor se calmó y pronto se dio cuenta de que ya eran las 12 de la noche, por lo que bajó a la cocina por algo de comida. Su madre ya se encontraba durmiendo, al igual que sus abuelos, por lo que no quiso molestarlos y se puso a preparar su cena. Mientras esperaba a que la pasta terminara de cocerse, fue a darle sus croquetas a Connor. De regreso, encontró a su padre que venía llegando de trabajar en la empresa. Chris no le prestó atención a su padre. Al escuchar que la pasta ya había terminado de cocerse, se dispuso a hacer la salsa para la pasta. Una vez lista, vertió la pasta en la salsa y terminó de preparar la cena. Se dirigió a la nevera para sacar un jugo y se fue a sentar a la mesa. Por otro lado, el padre, al llegar, se dirigió a su despacho para dejar su maletín, luego bajó a la cocina y encontró a Chris cenando y le preguntó sobre su madre.
—Mamá ya está durmiendo. Te estuvo esperando para que cenaran juntos.
—Humm, no has cambiado nada, niño. Debes cambiar tu comportamiento. ¿Acaso no viste que llegué? ¿Por qué no me preparaste la cena o tan siquiera me serviste algo de comer si ya cocinaste?
—No soy tu sirviente, mucho menos es mi obligación. Mamá te tenía lista la cena, incluso la sirvió para ti, pero estaba cansada y se cansó de esperarte.
El padre se acercó furioso hasta donde se encontraba cenando Chris y lo tomó del cuello, comenzando a apretarlo lentamente.
—Recuerda que soy tu padre y debes comportarte bien conmigo si quieres ser el legítimo heredero de la empresa —dijo al soltar al joven.
—No pienso ser parte de esa empresa. Te demostraré que soy mejor que tú y que no necesito de ti ni de tu empresa —acotó Chris mientras tomaba aire.
El joven aún se encontraba bajo los efectos del alcohol, por lo que comenzó a arrojar todo lo que estaba a su alcance y a gritarle a Damián. El padre, al escuchar y ver todo el escándalo que estaba haciendo el joven, se dirigió de nuevo hacia él con intenciones de golpearlo. Sin embargo, Paulette logró bajar a tiempo luego de haber escuchado los gritos de ambos, para presenciar una escena inexplicable.
El joven, al ver a su madre, se apresuró a subir a su habitación y cerró de golpe la puerta. Quiso seguir fumando pero notó que había dejado sus cigarrillos en el despacho, por lo que se dirigió allí y cerró bajo llave. Se quedó fumando toda la madrugada hasta quedarse dormido. Por otro lado, sus padres se fueron a dormir y, al día siguiente, desde muy temprano, la madre se encontraba limpiando el desastre de anoche. El padre de Chris salió temprano a la empresa solo con el fin de no estar en casa. Chris se quedó toda la noche fumando y, cuando despertó, vio que el humo del cigarro aún estaba, lo que le causó dolor de cabeza. Abrió la ventana y fue a la nevera de su despacho para tomar algo de agua. Luego recordó lo que había pasado anoche y prefirió no salir en todo el día. Su madre, quien ya se encontraba en la cocina, se puso a preparar el desayuno para todos. Los abuelos bajaron a desayunar y llamaron a Chris, pero este no respondió, por lo que la madre prefirió dejarlo solo un momento. Después de comer, se fueron al patio y dieron un recorrido por toda la propiedad de la familia Lambert. La casa era demasiado grande, contaba con un total de 12 habitaciones, 2 despachos en la segunda planta, y un enorme garaje. En el patio de enfrente se encontraba Connor y en la parte de atrás estaba la piscina y un área de juegos. Después del largo recorrido, jugaron un rato dentro de la piscina.
Chris aún seguía en el despacho encerrado y saciaba su hambre con los aperitivos que se encontraban en la nevera, pero no fue suficiente para saciar su hambre, por lo que optó por bajar a comer, pues ya era tarde y ni siquiera había desayunado más que los cigarrillos y aperitivos. Bajó y encontró su comida ya servida en la mesa. Fue a la cocina por un poco de agua y se dispuso a comer. Al terminar, lavó sus platos y subió a ducharse a su habitación. Luego se arregló para salir, pues quería visitar a sus amigos. Tenía tiempo sin verlos y quería darles la sorpresa visitándolos de sorpresa.
Su primer destino era la casa de John, uno de sus mejores amigos. Tomó las llaves de la camioneta de su madre y salió rumbo al lugar. El joven ya sabía conducir, por lo que no se le hizo complicado manejar la camioneta. Al llegar a casa del chico, solo bastó con sonar el claxon de la camioneta para que John saliera corriendo rumbo a su encuentro. Lo abrazó y le dio palmadas en la espalda.
—Chris, me alegro de verte. No sabes cuánto te has perdido. ¿Por qué no me avisaste que vendrías? ¿Cuándo llegaste?
—Ayer al mediodía. Te quise dar la sorpresa hoy. El vuelo estuvo cansado y quise descansar un poco —mintió el joven.
—Me parece bien, adelante, pasa. Llegaste en el momento adecuado.
—¿Así? —cuestionó el joven.
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