CAPITULO 15 - ALAS DE SALVACIÓN Y DESTRUCCIÓN

El barranco se cernía ominosamente sobre Zaida mientras su pie resbalaba. Su cuerpo se precipitó al vacío, y el viento rugió en sus oídos. La sensación de caída libre le paralizó el corazón por un instante, el suelo rocoso acercándose peligrosamente. Pero justo en ese momento crítico, Anika, convertida en una majestuosa águila blanca, se lanzó en picado, atrapándola con sus garras con una precisión sobrenatural.

Anika, convertida en una majestuosa águila de plumaje níveo, descendió en picada. Sus garras se cerraron firmemente alrededor de Zaida, atrapándola en el último instante. El impacto del agarre hizo que el aliento de Zaida se escapara en un jadeo, pero el alivio fue inmediato. Anika batió sus alas con fuerza, reduciendo la velocidad de la caída y desviándose hacia una zona más segura.

A medida que descendían, Anika volvió a transformarse en pleno vuelo. Su cuerpo cambió, adoptando la forma de un tigre albino, y Zaida aterrizó suavemente sobre su lomo. Con una agilidad sobrehumana, la bestia corrió a través del bosque, sus patas amortiguando cada impacto. Los árboles pasaban fugazmente a su alrededor mientras se dirigían a un refugio.

Zaida se aferró al pelaje de Anika, su mente todavía asimilando lo que había ocurrido.

—Una cueva… necesitamos ocultarnos —susurró Zaida.

Anika no necesitó más indicaciones. Detectó un rincón apartado y se adentró en una cueva semioscura. Dentro, la penumbra y la quietud les ofrecieron un respiro. Zaida se deslizó de la espalda de Anika y tomó aliento, sintiendo su corazón aún latiendo con fuerza.

Afuera, las voces de los guardias y los gritos de Indes llenaban el aire. El enfrentamiento estaba ocurriendo tal y como lo habían planeado. Zaida se acercó a la entrada de la cueva, espiando con cautela. Pudo ver a Indes rodeada por los guardias y a Elara acusándola con firmeza.

—El plan está funcionando… —murmuró Zaida con un deje de satisfacción.

Pero su alivio duró poco.

De repente, Anika levantó la cabeza, olfateando algo extraño. Un sonido sutil resonó en la cueva.

Zaida no lo percibió de inmediato, demasiado concentrada en lo que ocurría afuera. Pero Anika gruñó, sus ojos fijos en la oscuridad.

—Guarda silencio —susurró Zaida, intentando calmarla.

Pero Anika no hizo caso. Sus orejas se movieron ligeramente, captando algo más profundo en la cueva.

—¡Anika, silencio! —repitió Zaida con más firmeza, girándose hacia su compañera.

Anika tenía la vista fija en otra dirección. Zaida siguió su mirada y, con sorpresa, vio al Príncipe Cassian, quien se encontraba en la cueva. Zaida se sobresaltó, retrocediendo un paso.

—¡Cassian! —exclamó, su voz un susurro ahogado.

El Príncipe Cassian, con una sonrisa despreocupada en el rostro, alzó las manos en gesto de paz.

—¡Qué coincidencia encontrarte aquí, Zaida! —dijo con ligereza, pero su mirada pasaba de Zaida al enorme tigre que gruñía con advertencia.

Anika estaba lista para atacar.

Cassian tragó saliva y levantó aún más las manos.

—No esperaba encontrarme con… esto —murmuró, señalando a Anika con la mirada.

Zaida se colocó frente a su compañera, extendiendo una mano hacia ella.

—Anika, tranquila. Cassian no dirá nada… ¿verdad? —dijo, dirigiéndole una mirada firme al Príncipe.

Cassian, aún impresionado. —Por supuesto, no diré nada… pero, Zaida, ¿tienes idea de lo que posees? —dijo, con los ojos aún fijos en Anika.

Zaida lo miró sin entender. —¿A qué te refieres? —

Cassian entrecerró los ojos, inspeccionando el collar en su cuello. —Siempre pensé que los collares de las bestias divinas eran solo mitos… pero tú tienes uno, y no es cualquiera. —

Zaida siguió la mirada de Cassian y tocó el collar inconscientemente. —¿Sabes sobre ellos? —

—He escuchado historias —dijo Cassian, con un tono más serio—. Es increíble. —

Anika dejó de gruñir, pero sus ojos seguían fijos en Cassian, evaluándolo. Lentamente, su cuerpo se transformó, regresando a su forma humana. Cassian la observó con genuino asombro.

Anika lo observó detenidamente antes de volver a su forma humana. Su mirada seguía seria, evaluándolo.

—Espero que cumplas tu promesa, Cassian —murmuró con voz contenida.

Cassian no pudo evitar fijarse en la transformación, en el collar resplandeciente que colgaba del cuello de Zaida. Su sorpresa era evidente.

Zaida evitó la mirada de Cassian y volvió a espiar afuera. La conmoción continuaba, pero el camino ya estaba despejándose.

—Parece que todo ha salido bien —murmuró.

Cassian cruzó los brazos, inclinando la cabeza con curiosidad.

—¿Qué estabas haciendo, exactamente?

Zaida le lanzó una mirada divertida.

—Deshaciéndome de una sirvienta.

Cassian arqueó una ceja y sonrió con diversión.

—Vaya, creí que eras más dulce.

Ella rió suavemente.

Cassian suspiró y estiró los brazos.

—Bien, ¿Puedo salir ahora?

—No, todavía no —respondió Zaida rápidamente—. No hasta que se hayan alejado con Indes.

Cassian suspiró dramáticamente.

—De acuerdo, de acuerdo.

Se sentó en una roca dentro de la cueva, observando a Zaida con renovada curiosidad.

—¿Cómo es que estás aquí? ¿No deberías estar con William?

Zaida asintió.

—Pedí permiso para ver A mis hermanas.

—Sobre lo que te pasó… —Cassian la estudió—. Veo que estás bien.

Zaida sonrió levemente, pero su voz fue sincera.

—A veces aún tengo dolores internos… pero ya estoy mejor.

Cassian la miró con preocupación. —¿No tienes ninguna marca o cicatriz de las quemaduras?

Zaida señaló a Anika. Cassian comprendió de inmediato.

—Ah, fuiste tú quien la curó —dijo, mirando a la Bestia Divina—. He oído sobre esa especie de magia.

Anika se mantuvo en silencio, simplemente asintiendo.

Cassian la observó unos segundos más antes de suspirar.

—Está bien, esperaremos un poco más.

Zaida se acomodó mejor en la cueva. Afuera, la noche comenzaba a caer, y con ella, el cierre de su plan.

***

Indes había sido expulsada del Palacio. Tuvo suerte de que William no la mandara ejecutar, como hizo con la anterior infiltrada, Serafina. Esa misma noche, sin un lugar al que acudir, corrió hacia el Palacio de Rowan, conocido por su desenfrenada lujuria y sus interminables fiestas privadas. Allí, en su alcoba, el Príncipe se encontraba rodeado de mujeres semidesnudas, reclinadas a su lado como si fuesen parte del mobiliario.

Lucian irrumpió sin anunciarse, cortando en seco la música y las risas.

—Indes está fuera del Palacio —informó con firmeza.

Rowan bufó con desgano y levantó una mano perezosa. —Váyanse todas —ordenó.

Las mujeres se dispersaron como sombras, sabiendo cuándo era mejor no estar presentes. Rowan se estiró en su trono improvisado y miró a Lucian con desdén.

—Hazla pasar.

Lucian asintió y, segundos después, arrastró a Indes hasta el centro de la sala. La obligó a arrodillarse. Ella bajó la cabeza, temblando visiblemente.

—Puedes retirarte —dijo Rowan, sin mirar a su sirviente.

Cuando quedaron solos, el Príncipe la observó con indiferencia.

—¿Qué pasó?

—Me tendieron una trampa —susurró Indes—. Fui expulsada del Palacio injustamente. Yo... sólo seguía órdenes.

Rowan ladeó la cabeza, como si evaluara un objeto dañado.

—Ven aquí —le indicó, señalando sus piernas.

Indes se levantó con torpeza y se sentó en su regazo. Él enredó sus dedos en un mechón de su cabello.

—Dame los detalles.

Ella le narró todo: la miel, las acusaciones, la caída de Zaida... Su voz se quebraba por momentos, y cada palabra parecía más inútil que la anterior. Cuando terminó, Rowan se inclinó hacia ella con una sonrisa perversa.

—Pobrecita.

Su tono sarcástico heló la sangre de Indes.

—¿Qué voy a hacer contigo...? —le susurró al oído, su voz tan dulce como un cuchillo deslizándose bajo la piel.

Ella intentó alejarse, pero él la sujetó con más fuerza.

—¿Qué voy a hacer contigo? —repitió, esta vez con rabia, tirando de su cabello con violencia.

Indes jadeó de dolor.

—¡Puedo servirle, amo! —gimió—. Haré lo que quiera, lo juro...

Rowan la miró con una expresión vacía. Luego, lentamente, le quitó el listón del cabello. Los mechones cayeron como una cascada oscura sobre sus hombros. Ella se quedó rígida, conteniendo la respiración.

—Si no serviste para eso... no sirves para nada más —dijo, y comenzó a atar el listón alrededor de su cuello.

Indes forcejeó, sus dedos buscando soltarse, pero era inútil. El aire se fue, la oscuridad la abrazó y el mundo se desvaneció.

Cuando su cuerpo quedó inerte a sus pies, Rowan se puso de pie como si no hubiera pasado nada.

Salió de la habitación, donde Lucian ya lo esperaba.

—Deshazte del cuerpo —ordenó sin mirarlo.

Lucian asintió con la frialdad de quien ya ha hecho esto antes.

—¿Y la hermana?

—Véndela a un burdel —respondió Rowan con indiferencia—. Aquí no nos sirve.

Y sin más, regresó a su lecho, como si acabara de deshacerse de una prenda desgastada.

...----------------...

La luna brillaba intensamente en el cielo mientras Anika, en su forma de tigre, llevaba a Zaida sobre su lomo. Cassian cabalgaba a su lado en su caballo. Ambos se dirigían de regreso al Palacio, pero Zaida no podía dejar de pensar en las palabras que Cassian le había dicho unas horas antes. La tensión de los eventos recientes comenzaba a disiparse, reemplazada por una sensación de camaradería naciente, pero, al mismo tiempo, algo en su interior seguía inquieto.

Había llegado al Imperio de Thaloria con sueños rotos. Al principio, todo había sido una lucha por sobrevivir. No podía olvidar a su amiga, aquella mujer que había llegado con ella, la única persona en quien confiaba. Pero aquella amiga había muerto poco después de llegar, víctima de la crueldad y la indiferencia de este Imperio. Desde entonces, Zaida había considerado irse. El Palacio no era un hogar, no era un refugio, solo un lugar de intriga y peligro. No confiaba en nadie, especialmente en un lugar gobernado por la ambición y el desdén. Pero algo había cambiado en los últimos días. Algo que ni ella misma lograba comprender del todo.

Anika caminaba a su lado con una presencia imponente y, al mismo tiempo, tranquilizadora. La bestia había sido su protectora, su amiga más leal, la única constante en su vida. Pero, aunque sentía una profunda gratitud por todo lo que Anika había hecho por ella, también comenzaba a darse cuenta de que tal vez, solo tal vez, había más en este Imperio que la frialdad y el sufrimiento.

—Nunca pensé que vería algo así —comentó Cassian, rompiendo el silencio. Su tono era suave, pero lleno de fascinación—. Ver a Anika transformarse… es algo que no olvidaré jamás.

Zaida acarició la cabeza de Anika con afecto, como si su presencia misma pudiera calmar la tormenta dentro de ella.

—Es un secreto que hemos guardado desde que llegamos a este Imperio. Anika no es solo una compañera; es parte de mí —dijo, su voz suave pero llena de convicción.

Cassian asintió, pensativo, su mirada fija en Anika.

—Es impresionante —respondió, la admiración clara en su voz.

Zaida no dijo nada más durante un largo rato, permitiendo que la quietud del bosque envolviera a los tres. Pero, al igual que la luna que iluminaba su camino, las palabras de Cassian seguían brillando en su mente. “Un lugar seguro, libre de esclavitud”, había dicho. Un lugar donde las personas podían tomar sus propias decisiones. Esa promesa de libertad, esa idea tan ajena a su vida cotidiana, comenzó a calar en Zaida. ¿Qué pasaría si pudiera vivir en un lugar así? Un lugar donde no fuera vista solo como una sirvienta, donde pudiera ser algo más, algo más que una sombra en los pasillos del Palacio.

De repente, Zaida rompió el silencio.

—¿Cómo se conocieron? —preguntó, mirando a Cassian, curiosa.

Cassian sonrió con nostalgia.

—Lo encontré cuando era un potrillo. Había sido abandonado y estaba muy débil. Lo cuidé hasta que se recuperó. Desde entonces, hemos sido inseparables. A veces siento que puede leer mis pensamientos —respondió, una mirada cálida en sus ojos mientras observaba a su caballo, Relámpago, quien caminaba al paso de Anika.

Zaida asintió lentamente, comprendiendo la conexión especial que existía entre ellos. De alguna manera, sentía que había algo muy similar entre Cassian y su caballo, y lo que ella compartía con Anika. Un vínculo inexplicable, una relación que iba más allá de la comprensión humana. Un vínculo que, de alguna forma, también la unía al mismo Imperio que había llegado a temer.

—Mi familia… —dijo Cassian de repente, la expresión en su rostro cambiando ligeramente—. Es muy tradicional, como todo en mi Reino. Desde niño me prepararon para la vida política y las responsabilidades de la realeza. Pero hay algo que me ha molestado desde que llegué aquí…

Zaida lo miró, sintiendo que había algo más en sus palabras, algo que no estaba siendo dicho completamente.

—¿Qué cosa? —preguntó, sintiendo una curiosidad creciente.

Cassian se quedó en silencio durante un momento, antes de continuar.

—Cuando éramos jóvenes, mi prima Ariadne y yo hablábamos sobre nuestros reinos y los sirvientes. Le conté que, en el mío, los sirvientes no eran esclavos en el sentido estricto. Recibían salario y podían decidir si quedarse o irse. Después de esa charla, Ariadne empezó a pagar a sus sirvientes… los llamó empleados. Me sentí orgulloso de haber influido en algo así.

Zaida lo miró, sorprendida. Algo en su interior se removió. En el Imperio de Thaloria, la esclavitud era una institución arraigada, una regla inquebrantable. La idea de que existiera un lugar donde las personas pudieran decidir su destino le parecía un sueño imposible. Pero Cassian hablaba de ello como si fuera algo normal, algo que estaba al alcance de la mano.

—¿William te da dinero por tu trabajo? —preguntó Cassian, de repente.

Zaida negó con la cabeza.

—No. Pero Ariadne me dio monedas antes de enviarme a servirle. A veces pienso en eso… en cómo sería vivir en otro lugar —admitió, con una leve sombra de melancolía en su voz.

La idea de un Reino donde las personas pudieran elegir su destino comenzaba a tomar forma en su mente, como una visión lejana pero deseable. ¿Sería eso posible? ¿Sería posible vivir en un lugar donde no tuviera que temer por su vida o por la de sus hermanas?

—Sea como sea, siempre tendrás un lugar seguro allá. Lo prometo —dijo Cassian, interrumpiendo sus pensamientos.

Zaida lo miró, tocada por su sinceridad. Por primera vez, sentía que tenía una opción más allá del destino que otros habían trazado para ella.

—Gracias, Cassian. Es bueno saber que tengo un amigo en quien confiar —respondió, su voz suave pero llena de gratitud.

...***...

En el Palacio de William, la noche avanzaba. Indes, antigua doncella y traidora, había sido juzgada por sus actos. William sabía que era una infiltrada de Rowan y, aunque en el pasado había ejecutado a otros espías, como Serafina, esta vez tomó otra decisión: la expulsó de su Palacio. Sabía que su destino en manos de Rowan sería castigo suficiente.

Luego de firmar su orden de expulsión, William volvió a sus aposentos, pero Zaida no estaba allí.

—¡Letio! —llamó con firmeza desde la puerta—. ¿Dónde está Zaida? ¿No ha regresado de visitar a sus hermanas?

Letio se apresuró a responder.

—No, mi señor. No ha vuelto aún.

Con el ceño fruncido, William fue personalmente a buscarla. Al llegar a los dormitorios donde vivían las criadas, solo encontró a Sophia y Elara.

—¿Dónde está Zaida? —preguntó, con tono impaciente.

Las hermanas apenas alcanzaron a abrir la boca cuando Zaida apareció tras él, llevando un pequeño manojo de hierbas en las manos.

—Salí a recoger esto para preparar té —dijo, usando la sugerencia de Cassian como excusa.

Anika, invisible para William pero no para sus hermanas, sacudía con fastidio las hojas de su cuerpo y el cabello, lo que dejó a Sophia y Elara perplejas. Era la primera vez que la veían tan cercana de William… sin que William lo notara.

Él, ajeno a todo eso, asumió que las hierbas eran para él. Su expresión se suavizó.

—Gracias, Zaida. Y tú, Elara… gracias por identificar a una ladrona dentro de mi Palacio. Serás recompensada.

Elara se quedó sin palabras.

—Es un honor, mi señor.

—Letio —ordenó William—, entrégale cien drakenes.

El sirviente asintió con rapidez. Los drakenes eran monedas de alto valor; cien de ellas representaban una fortuna para una criada.

Elara hizo una reverencia, conteniendo la emoción.

—Gracias… esto es más de lo que podría haber soñado.

Zaida sonrió al verla tan feliz. William captó su expresión y, sin decirlo, se sintió satisfecho de haberle dado un motivo para sonreír.

—Lo tienes merecido —dijo, con una leve sonrisa en los labios—. Ahora, todos a descansar.

Mientras los demás se dispersaban, Zaida y William caminaron juntos hacia sus aposentos. La noche aún guardaba secretos, pero por el momento, la calma reinaba sobre el Palacio.

Pero momentos antes, a lo lejos, Zaida vio a William preguntando por ella, y algo dentro de ella cambió. Algo sutil, casi imperceptible, pero lo suficientemente fuerte como para recordarle que, aunque no lo entendiera por completo, ella ahora se estaba encargando de William. Y quizás, podría encontrar su lugar en este Imperio después de todo.

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Mary Salazar

Mary Salazar

anika que hermosa /Smile//Smile//Proud//Proud//Proud/

2024-12-25

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Capítulos
1 PROLOGO
2 CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3 CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4 CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5 CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6 CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7 CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8 CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
9 CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
10 CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
11 CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
12 CAPITULO 11 - LA SOMBRA DE LA SOSPECHA - Sin i
13 CAPITULO 12 - DECISIONES DIFÍCILES -Sin Im
14 CAPÍTULO 13 - LEALTAD Y DEBER
15 CAPITULO 14 - CAÍDA EN EL BARRANCO
16 CAPITULO 15 - ALAS DE SALVACIÓN Y DESTRUCCIÓN
17 CAPITULO 16 - Intrusos en la Sombra
18 CAPITULO 17 - El Precio de la Desobediencia
19 CAPITULO 18 - La sombra de la sospecha
20 CAPITULO 19 - El Vínculo Inquebrantable
21 CAPITULO 20 - Decisiones Difíciles
22 CAPITULO 21 - Lealtad y Deber
23 CAPITULO 22 - Entre la Preocupación y el Consuelo
24 CAPITULO 23 - Caída en el barranco
25 CAPITULO 24 - Corazón de Tigre
26 CAPITULO 25 - Alas de Salvación y Destrucción
27 CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
28 CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
29 CAPITULO 28 - Ataque al palacio
30 CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
31 CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
32 CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
33 CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
34 CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
35 CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
36 CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
37 CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
38 CAPITULO 37 - Una Nueva Alianza
39 CAPÍTULO 38 - Reconciliación y Vigilancia
40 CAPITULO 39 - Estrategia en las Sombras
41 CAPÍTULO 40 - Regreso al Reino
42 CAPÍTULO 41 - Sombras del Pasado
43 CAPÍTULO 42 - Encuentro con Charlott
44 CAPÍTULO 43 - La Elección de Cecilia
45 CAPÍTULO 44 - Susurros bajo las Estrellas
46 CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
47 CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48 CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
49 CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
50 CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
51 CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
52 CAPÍTULO 51 - Rumores de Guerra
53 CAPÍTULO 52 - Ecos de la Tempestad
54 CAPÍTULO 53 - La Entrega
55 CAPÍTULO 54 - El Destino de Isabella
56 CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57 CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58 CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59 CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
60 CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
61 CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
62 CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
63 CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
64 CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
65 CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
66 CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
67 CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68 CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69 CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70 CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71 CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
72 CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73 CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74 CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75 CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76 CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77 CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78 CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79 CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80 CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81 CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82 CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83 CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84 CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85 CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86 CAPÍTULO 85 - Invitación Real
87 CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88 CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
89 CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
90 CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91 CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92 CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93 CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94 CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95 CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96 CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97 CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98 CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99 CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100 CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101 CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102 CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103 CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104 CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105 CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106 CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107 CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108 CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109 CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110 CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111 CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112 CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113 CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114 CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115 CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116 CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117 CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118 CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119 CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120 CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121 CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122 CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123 CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124 CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125 CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126 CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127 CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128 CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129 CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130 CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131 CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132 CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133 CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134 CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135 CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136 CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137 CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138 CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139 CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140 CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141 CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142 CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143 CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144 CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145 CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146 CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147 CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148 CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149 CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150 CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151 CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152 CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153 CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
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1
PROLOGO
2
CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3
CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4
CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5
CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6
CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7
CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8
CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
9
CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
10
CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
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CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
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CAPITULO 19 - El Vínculo Inquebrantable
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CAPITULO 24 - Corazón de Tigre
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CAPITULO 25 - Alas de Salvación y Destrucción
27
CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
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CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
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CAPITULO 28 - Ataque al palacio
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CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
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CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
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CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
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CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
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CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
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CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
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CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
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CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
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CAPITULO 37 - Una Nueva Alianza
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CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
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CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48
CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
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CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
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CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
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CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
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CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57
CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58
CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59
CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
60
CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
61
CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
62
CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
63
CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
64
CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
65
CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
66
CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
67
CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68
CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69
CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70
CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71
CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
72
CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73
CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74
CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75
CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76
CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77
CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78
CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79
CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80
CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81
CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82
CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83
CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84
CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85
CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86
CAPÍTULO 85 - Invitación Real
87
CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88
CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
89
CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
90
CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91
CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92
CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93
CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94
CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95
CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96
CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97
CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98
CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99
CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100
CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101
CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102
CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103
CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104
CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105
CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106
CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107
CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108
CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109
CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110
CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111
CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112
CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113
CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114
CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115
CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116
CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117
CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118
CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119
CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120
CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121
CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122
CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123
CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124
CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125
CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126
CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127
CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128
CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129
CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130
CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131
CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132
CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133
CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134
CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135
CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136
CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137
CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138
CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139
CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140
CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141
CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142
CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143
CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144
CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145
CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146
CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147
CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148
CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149
CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150
CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151
CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152
CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153
CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
154
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