CAPÍTULO 13 - LEALTAD Y DEBER

El sonido de los cascos de los caballos resonaba por las calles adoquinadas del Castillo, anunciando el regreso de los soldados. Al frente del grupo, Remesis, con su armadura brillante y su porte majestuoso, lideraba a su ejército de vuelta desde la frontera del norte. El cansancio era evidente en su rostro, pero sus ojos reflejaban la misma firmeza y determinación de siempre.

El Castillo estaba engalanado para recibir a su Príncipe heredero. Nobles, soldados y cortesanos se habían reunido en la entrada principal para aclamar su regreso, vitoreándolo con entusiasmo. La Emperatriz, acompañada de varios consejeros, lo esperaba en el gran salón.

Después de las formalidades y los discursos de bienvenida, Remesis agradeció el gesto con una inclinación de cabeza y se excusó con cortesía. Había algo que necesitaba atender antes que cualquier otro asunto: su hermana.

Mientras caminaba por los pasillos del Castillo, se cruzó con algunos eunucos que realizaban sus tareas diarias.

—¿Han visto a la Princesa Ariadne? —preguntó con seriedad.

Uno de los eunucos, tras dudar por un instante, respondió con cautela:

—Su Alteza, la Princesa no ha salido de su habitación en varios días…

El ceño de Remesis se frunció.

—¿Por qué? ¿Qué ha sucedido?

El eunuco bajó la voz, nervioso.

—Está muy afligida, Su Alteza. Después de que la Emperatriz ordenara la ejecución de su doncella… no ha querido ver a nadie.

El corazón de Remesis se tensó. Sin perder tiempo, se dirigió a la habitación de Ariadne. Al llegar, empujó la puerta sin anunciarse.

Lo que vio lo llenó de tristeza.

Ariadne estaba sentada en el suelo, su mirada perdida en la nada. Su rostro, normalmente radiante, ahora lucía pálido y demacrado. No reaccionó al verlo.

—Ariadne… —dijo Remesis en voz baja, acercándose con cautela.

Nada.

Remesis se arrodilló frente a ella y tomó sus manos con suavidad. Estaban frías.

—Soy yo, hermana. Estoy aquí —susurró.

Los ojos de Ariadne, antes vacíos, parpadearon lentamente y se enfocaron en su hermano. Su voz, rota por el dolor, apenas fue un murmullo.

—Remesis…

No lo pensó dos veces y la envolvió en un abrazo. Ariadne se aferró a él, temblando, y de repente, todo su dolor estalló en un sollozo desgarrador.

—Fue horrible, Remesis… Madre… Madre la mató frente a mí —su voz se quebró. —No pude hacer nada. No pude salvarla.

Remesis sintió la ira bullir en su interior. Acarició el cabello de su hermana, tratando de darle algo de consuelo.

—Lo sé, Ariadne. Lo sé… Madre fue demasiado severa.

Ariadne se apartó ligeramente, su rostro aún marcado por la angustia.

—No sé qué hacer, Remesis. Me siento… perdida.

Él sostuvo su mirada con determinación.

—Primero, debes salir de esta habitación. Necesitas aire fresco, ver el mundo más allá de estas paredes. No puedes quedarte aquí consumiéndote en la culpa.

Pero Ariadne negó con la cabeza, apartando la mirada.

—No quiero salir… No quiero ver a nadie.

Remesis suspiró, comprendiendo su dolor, pero sabiendo que debía hacerla razonar.

—Ariadne, deja de traer gente al Castillo. No te lo digo porque no valore tu bondad, sino porque madre…

Su hermana levantó la vista, con el ceño fruncido.

—¿Qué estás diciendo?

—Madre es capaz de matarlos. No importa cuántos rescates, si ella lo considera una amenaza, lo hará sin dudar.

Ariadne palideció.

—No… no haría algo así.

—¿Estás segura? —su voz era seria, su mirada implacable.

Ariadne abrió la boca para responder, pero recordó el castigo brutal que había presenciado. El miedo se reflejó en sus ojos.

—Pensé que me apoyarías… —susurró.

Remesis la tomó de los hombros con firmeza.

—Te apoyo, pero debes ser más inteligente, hermana. Madre es implacable. Si seguimos este camino sin cuidado, no solo ellos morirán… tú podrías ser la siguiente.

Ariadne sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Remesis le dio un último apretón en el hombro antes de ponerse de pie.

—Voy a hablar con madre. No puedo prometer nada, pero haré lo posible para protegerte y a los demás. Confía en mí.

—Remesis… —su voz tembló—. Ten cuidado.

Remesis asintió y salió de la habitación con una única meta en mente.

El encuentro con la Emperatriz

El Gran Salón del Castillo era un reflejo del poder y la riqueza del imperio. Tapices dorados, columnas de mármol y el imponente Trono de la Emperatriz se alzaban en el centro de la estancia.

Al entrar, Remesis hizo una reverencia. La Emperatriz, altiva y serena, lo observó con una leve sonrisa de orgullo.

—Remesis, mi hijo, has cumplido con honor tu deber en la frontera. Has hecho bien.

—Gracias, madre —respondió con cortesía.

Pero no estaba allí para formalidades.

—Necesito hablar contigo en privado.

La Emperatriz lo miró con curiosidad y un atisbo de desconfianza.

—Muy bien.

Ordenó a los sirvientes y consejeros retirarse. Cuando la puerta se cerró, cruzó las piernas con elegancia y lo observó con expectación.

—¿De qué deseas hablarme?

Remesis no dudó.

—Es sobre Ariadne. Me ha contado lo que sucedió con su doncella… ¿Es cierto que ordenaste su ejecución?

La expresión de la Emperatriz se endureció.

—Remesis, no entiendes la gravedad de la situación. Tu hermana actúa con ingenuidad. Esa doncella debía ser castigada, era necesario.

—¿Necesario? ¿Matarla?

—Tu hermana debe aprender su lugar. Y además… —sus ojos se entrecerraron—. No podemos alimentar a forasteros cuando nuestra propia gente sufre.

Remesis cerró los ojos un momento, controlando su frustración. Sabía que discutir con su madre era inútil, pero sus palabras pesaban en su mente.

—Solo piénsalo, madre. Proteger el Imperio no significa gobernar con puño de hierro. A veces, la verdadera fuerza está en encontrar una forma de unir a la gente, no de dividirla.

La Emperatriz lo miró con atención… y por primera vez, una sombra de duda cruzó su rostro.

Pero solo por un instante.

—Eres mi hijo… y serás un gran Emperador algún día. Pero aún tienes mucho que aprender. —continuó la Emperatriz—. Si tengo que escoger entre nuestro pueblo y los extraños que Ariadne ha traído, siempre escogeré a nuestro pueblo. No puedo arriesgarme a debilitar nuestras reservas para alimentar a aquellos que no pertenecen aquí.

Remesis frunció el ceño.

—Madre, ¿acaso no podemos encontrar otra solución? Podríamos reasignar recursos, negociar con otros Reinos…

—¡Basta!

La voz de la Emperatriz resonó en la sala, interrumpiendo a Remesis con un gesto firme de la mano. Sus ojos brillaban con una mezcla de autoridad y preocupación.

—Si fuéramos bondadosos con toda la gente ajena a nuestro Imperio, este caería en ruina. No puedes comprender las mañas y peligros que representan. Los enemigos pueden aprovechar esta oportunidad para infiltrarse en el Imperio, haciéndose pasar por gente rescatada por Ariadne.

Remesis se sorprendió ante la severidad de sus palabras.

—Madre, pero… —.

—Incluso entre aquellos que parecen más necesitados puede haber traidores —continuó la Emperatriz, su voz baja pero llena de firmeza—. Algunos podrían traicionar a Ariadne o a nosotros para salvarse a sí mismos. No podemos permitirnos ese riesgo.

Remesis sintió un escalofrío. Antes solo veía la dureza de su madre como una barrera para Ariadne, pero… ¿y si tenía razón? ¿Y si, sin saberlo, Ariadne había dejado entrar a enemigos del Imperio?

Hizo una reverencia, aunque su mente seguía en conflicto.

—Madre… tienes razón. Eres sabia en tus juicios.

La Emperatriz asintió, satisfecha con la respuesta de su hijo.

—Como futuro sucesor de tu padre, debes ser firme y decidido. Debes gobernar con una mano fuerte y proteger a nuestro pueblo por encima de todo. Recuerda, Remesis, la seguridad y el bienestar de nuestro imperio dependen de tu capacidad para tomar decisiones difíciles y mantener la estabilidad. Nunca lo olvides.

Remesis levantó la cabeza, con un peso en su pecho.

Había llegado esperando cambiar la opinión de su madre, pero en su lugar… ella había sembrado una semilla de duda en su corazón.

...----------------...

El sol apenas comenzaba a iluminar el horizonte cuando William llamó a su médico personal, el doctor Ethelred, quien anteriormente había atendido a Zaida. La preocupación por su recuperación lo había mantenido inquieto durante varias noches, y necesitaba asegurarse de que todo estuviera en orden.

—Buenos días, Alteza —saludó Ethelred con una reverencia al entrar en la habitación—. ¿Cómo puedo ayudarlo hoy?

—Buenos días, doctor —respondió William—. Quiero que examines a mi doncella nuevamente. Quiero estar seguro de que su recuperación va por buen camino.

Ethelred asintió y se acercó a Zaida, quien estaba sentada en la cama. A su lado, Anika, en su forma humana e invisible para todos menos para Zaida, la observaba con su habitual mirada vigilante.

El médico tomó asiento en una silla junto a ella y comenzó a examinar su pulso, midiendo cada latido con precisión. Sin embargo, su ceño se frunció ligeramente al notar algo inusual.

—Tu pulso aún es algo débil, Zaida —comentó tras unos segundos—. Pero... esto es sorprendente.

Zaida parpadeó, confundida.

—¿Qué sucede, doctor?

Ethelred la miró con evidente curiosidad.

—Tus heridas eran graves, la recuperación debió haber tomado semanas, incluso meses en algunos casos. Y sin embargo... no queda rastro de las quemaduras en tu piel. —El médico la observó con una mezcla de incredulidad y fascinación—. ¿Cómo es esto posible?

Zaida, ya preparada para la pregunta, respondió con calma:

—Provengo de un lugar donde usamos una medicina especial. Es muy efectiva.

El doctor Ethelred entrecerró los ojos.

—Ya veo...

Zaida miró a William y luego de nuevo al doctor.

—Pero también creo que la medicina del Príncipe me ayudó.

Ethelred se quedó en silencio por un momento, luego ladeó la cabeza y soltó una leve risa.

—Eso es interesante.

"Porque la medicina de Su Alteza es de lo más costoso y exclusivo, algo que ni siquiera nobles de alto rango pueden obtener fácilmente. Y me acabo de enterar de que fue usada en una simple doncella... " —Pensó el médico.

Zaida sintió su cuerpo tensarse, pero mantuvo la compostura.

—Fue un complemento a la medicina de mi tierra. Ambas cosas ayudaron en mi recuperación.

El doctor asintió lentamente, como si evaluara sus palabras.

—La medicina de Su Alteza puede ayudar a aliviar síntomas y fortalecer el cuerpo, pero por sí sola no podría haber eliminado heridas tan graves en tan poco tiempo. La tuya debió haber sido extremadamente poderosa.

Zaida solo asintió sin decir nada más.

Ethelred miró de reojo a William, notando su expresión impasible. Sin embargo, algo en su mirada le indicó que no quería que se siguiera cuestionando el tema.

—En cualquier caso, Alteza, su doncella está mejorando notablemente. Aunque su pulso sigue siendo algo débil, ya puede empezar a realizar algunas tareas ligeras. Sin embargo, es importante que continúe descansando. No será necesario que regrese a menos que surjan complicaciones.

William asintió.

—Gracias, doctor.

Ethelred hizo una reverencia y se giró para retirarse. Letio lo acompañó a la salida, pero antes de que pudiera atravesar el umbral, el guardia lo detuvo con una leve sonrisa que no alcanzó sus ojos.

—Doctor, un momento —dijo en tono amable.

Ethelred se detuvo y lo miró con cautela.

—Sí, ¿necesita algo más?

Letio sacó discretamente una bolsa de monedas de su cinturón y la puso en la mano del médico.

—Por su lealtad y discreción —susurró. Luego, con un movimiento sutil de su dedo, hizo un gesto cortante a la altura de su cuello, dejando claro que cualquier palabra fuera de lugar tendría consecuencias.

El doctor sintió el peso de la bolsa y la tensión en el aire. Con una expresión neutral, asintió y guardó las monedas en su túnica.

—No diré nada, lo juro.

—Bien —respondió Letio con una sonrisa ensayada—. Permítame acompañarlo a la salida.

...***...

Una vez que el doctor se marchó, William se quedó en silencio unos instantes. Miró a Zaida, aún sentado en su silla.

—Tu recuperación ha sido rápida.

Zaida sostuvo su mirada.

—Supongo que tuve suerte.

William la miró por un momento más, evaluando sus palabras. La duda seguía ahí, latente, pero el diagnóstico del médico le había dado cierto grado de credibilidad.

Finalmente, decidió dejarlo pasar.

—Descansa, Zaida. No quiero que te esfuerces demasiado.

Zaida inclinó la cabeza en señal de respeto.

—Gracias, su alteza.

William se puso de pie y salió de la habitación, seguido de Letio.

Anika, quien había permanecido en silencio todo ese tiempo, observó a Zaida con atención.

—Ese doctor hizo demasiadas preguntas —murmuró.

Zaida suspiró.

—Sí. Pero al menos ya no vendrá más.

Anika no parecía del todo convencida, pero decidió no presionar más el tema.

—Descansa un poco. Yo estaré vigilando.

Zaida se acomodó y cerró los ojos, sintiendo cómo el sueño la envolvía poco a poco.

Mientras tanto, Anika, en su forma animal, se deslizó fuera de la habitación y subió a los techos del palacio, observando desde las alturas cómo William y Letio se alejaban.

Ella sabía que la recuperación de Zaida aún era delicada. Y que mientras ella estuviera cerca, nadie podría hacerle daño.

...***...

Mientras el día avanzaba, la preocupación de William por Zaida no desaparecía del todo, pero sabía que debía enfocarse en su visita a Ariadne. La tristeza de su hermana por la pérdida de su doncella también requería su atención.

Montó su caballo y se dirigió al castillo de la Princesa Ariadne. El viaje fue corto, pero su mente no dejaba de divagar.

Cuando llegó, fue recibido con reverencias y conducido a la habitación de su hermana. Letio permaneció afuera, como de costumbre.

—El Príncipe William ha llegado —anunció uno de los eunucos.

Ariadne, que se encontraba junto a una ventana, se levantó al escuchar la voz de su hermano.

—Hermano —dijo con una pequeña sonrisa.

—Ariadne —respondió William, inclinando levemente la cabeza—. Tengo noticias sobre la investigación de la doncella.

Ariadne lo miró con una mezcla de esperanza y desconfianza.

—¿Qué descubriste?

William hizo una pausa antes de responder.

—El culpable no era alguien de confianza. No formaba parte de mi palacio. Buscamos su rastro, pero escapó antes de que pudiéramos atraparlo.

Ariadne frunció el ceño, su frustración evidente.

—Quería justicia para ella…

William asintió.

—Hemos hecho todo lo posible.

Ariadne lo observó con detenimiento.

—¿Y Zaida? ¿Cómo está?

William la miró fijamente.

—Está bien. No tienes que preocuparte.

Ariadne suspiró.

—Confío en ti, William. Solo asegúrate de que esté a salvo.

—Lo haré —respondió él.

Ariadne lo abrazó brevemente.

—Gracias, hermano.

William cerró los ojos por un instante antes de corresponder el abrazo.

—Siempre estaré aquí para ti.

Y con esa promesa, William se despidió, dejando atrás a una Ariadne que, por primera vez en días, sintió un pequeño alivio.

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Mary Salazar

Mary Salazar

zaida es hermosa

2024-12-25

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1 PROLOGO
2 CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3 CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4 CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5 CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6 CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7 CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8 CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
9 CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
10 CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
11 CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
12 CAPITULO 11 - LA SOMBRA DE LA SOSPECHA - Sin i
13 CAPITULO 12 - DECISIONES DIFÍCILES -Sin Im
14 CAPÍTULO 13 - LEALTAD Y DEBER
15 CAPITULO 14 - CAÍDA EN EL BARRANCO
16 CAPITULO 15 - ALAS DE SALVACIÓN Y DESTRUCCIÓN
17 CAPITULO 16 - Intrusos en la Sombra
18 CAPITULO 17 - El Precio de la Desobediencia
19 CAPITULO 18 - La sombra de la sospecha
20 CAPITULO 19 - El Vínculo Inquebrantable
21 CAPITULO 20 - Decisiones Difíciles
22 CAPITULO 21 - Lealtad y Deber
23 CAPITULO 22 - Entre la Preocupación y el Consuelo
24 CAPITULO 23 - Caída en el barranco
25 CAPITULO 24 - Corazón de Tigre
26 CAPITULO 25 - Alas de Salvación y Destrucción
27 CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
28 CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
29 CAPITULO 28 - Ataque al palacio
30 CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
31 CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
32 CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
33 CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
34 CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
35 CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
36 CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
37 CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
38 CAPITULO 37 - Una Nueva Alianza
39 CAPÍTULO 38 - Reconciliación y Vigilancia
40 CAPITULO 39 - Estrategia en las Sombras
41 CAPÍTULO 40 - Regreso al Reino
42 CAPÍTULO 41 - Sombras del Pasado
43 CAPÍTULO 42 - Encuentro con Charlott
44 CAPÍTULO 43 - La Elección de Cecilia
45 CAPÍTULO 44 - Susurros bajo las Estrellas
46 CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
47 CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48 CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
49 CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
50 CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
51 CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
52 CAPÍTULO 51 - Rumores de Guerra
53 CAPÍTULO 52 - Ecos de la Tempestad
54 CAPÍTULO 53 - La Entrega
55 CAPÍTULO 54 - El Destino de Isabella
56 CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57 CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58 CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59 CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
60 CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
61 CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
62 CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
63 CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
64 CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
65 CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
66 CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
67 CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68 CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69 CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70 CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71 CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
72 CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73 CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74 CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75 CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76 CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77 CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78 CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79 CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80 CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81 CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82 CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83 CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84 CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85 CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86 CAPÍTULO 85 - Invitación Real
87 CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88 CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
89 CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
90 CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91 CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92 CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93 CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94 CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95 CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96 CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97 CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98 CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99 CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100 CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101 CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102 CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103 CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104 CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105 CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106 CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107 CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108 CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109 CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110 CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111 CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112 CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113 CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114 CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115 CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116 CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117 CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118 CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119 CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120 CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121 CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122 CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123 CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124 CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125 CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126 CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127 CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128 CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129 CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130 CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131 CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132 CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133 CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134 CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135 CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136 CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137 CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138 CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139 CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140 CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141 CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142 CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143 CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144 CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145 CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146 CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147 CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148 CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149 CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150 CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151 CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152 CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153 CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
154 NOTA DEL AUTOR
Capítulos

Updated 154 Episodes

1
PROLOGO
2
CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3
CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4
CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5
CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6
CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7
CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8
CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
9
CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
10
CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
11
CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
12
CAPITULO 11 - LA SOMBRA DE LA SOSPECHA - Sin i
13
CAPITULO 12 - DECISIONES DIFÍCILES -Sin Im
14
CAPÍTULO 13 - LEALTAD Y DEBER
15
CAPITULO 14 - CAÍDA EN EL BARRANCO
16
CAPITULO 15 - ALAS DE SALVACIÓN Y DESTRUCCIÓN
17
CAPITULO 16 - Intrusos en la Sombra
18
CAPITULO 17 - El Precio de la Desobediencia
19
CAPITULO 18 - La sombra de la sospecha
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CAPITULO 19 - El Vínculo Inquebrantable
21
CAPITULO 20 - Decisiones Difíciles
22
CAPITULO 21 - Lealtad y Deber
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CAPITULO 22 - Entre la Preocupación y el Consuelo
24
CAPITULO 23 - Caída en el barranco
25
CAPITULO 24 - Corazón de Tigre
26
CAPITULO 25 - Alas de Salvación y Destrucción
27
CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
28
CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
29
CAPITULO 28 - Ataque al palacio
30
CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
31
CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
32
CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
33
CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
34
CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
35
CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
36
CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
37
CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
38
CAPITULO 37 - Una Nueva Alianza
39
CAPÍTULO 38 - Reconciliación y Vigilancia
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CAPITULO 39 - Estrategia en las Sombras
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CAPÍTULO 40 - Regreso al Reino
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CAPÍTULO 42 - Encuentro con Charlott
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CAPÍTULO 43 - La Elección de Cecilia
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CAPÍTULO 44 - Susurros bajo las Estrellas
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CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
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CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48
CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
49
CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
50
CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
51
CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
52
CAPÍTULO 51 - Rumores de Guerra
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CAPÍTULO 52 - Ecos de la Tempestad
54
CAPÍTULO 53 - La Entrega
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CAPÍTULO 54 - El Destino de Isabella
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CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57
CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58
CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59
CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
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CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
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CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
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CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
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CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
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CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
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CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
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CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
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CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68
CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69
CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70
CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71
CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
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CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73
CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74
CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75
CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76
CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77
CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78
CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79
CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80
CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81
CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82
CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83
CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84
CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85
CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86
CAPÍTULO 85 - Invitación Real
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CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88
CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
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CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
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CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91
CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92
CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93
CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94
CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95
CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96
CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97
CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98
CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99
CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100
CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101
CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102
CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103
CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104
CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105
CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106
CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107
CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108
CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109
CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110
CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111
CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112
CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113
CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114
CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115
CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116
CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117
CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118
CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119
CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120
CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121
CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122
CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123
CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124
CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125
CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126
CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127
CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128
CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129
CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130
CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131
CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132
CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133
CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134
CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135
CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136
CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137
CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138
CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139
CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140
CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141
CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142
CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143
CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144
CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145
CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146
CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147
CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148
CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149
CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150
CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151
CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152
CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153
CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
154
NOTA DEL AUTOR

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