El sol se alzaba con pereza en el horizonte, derramando su luz dorada sobre los terrenos del Palacio. El ambiente era usual, con criados cumpliendo sus deberes, aunque un aire de incomodidad flotaba entre ellos. La muerte de Lety, había causado revuelo entre las doncellas y sirvientes.
A media mañana, un pequeño grupo se reunió en los jardines traseros del Palacio, donde los cuerpos de los sirvientes solían ser enterrados. No había ceremonias grandiosas ni discursos elaborados, solo un entierro discreto llevado a cabo por los criados encargados de estos asuntos.
Un ataúd de madera sencilla fue descendido a la fosa.
—No es el primer accidente en el Palacio —susurró una anciana sirvienta, con los brazos cruzados sobre su delantal.
Los comentarios eran breves y, tras algunos murmullos de despedida, la tierra fue arrojada sobre el ataúd hasta cubrirlo por completo. Unas cuantas flores fueron dejadas en la tumba, aunque sin grandes muestras de dolor. Lety había sido parte del personal, una más entre muchos.
Zaida observaba desde lejos con expresión impasible junto con sus hermanas y Anika. No se permitió demostrar su rabia, ni su deseo de venganza. Este no era el momento.
William, que rara vez se inmiscuía en los asuntos del servicio, observó en silencio desde un balcón cercano. No había asistido, pero había dado órdenes de que todo se manejara con eficiencia. Letio, en cambio, estaba cerca de la tumba, asegurándose de que el proceso se llevara a cabo sin incidentes.
Cuando todo terminó, los sirvientes se dispersaron rápidamente, regresando a sus labores. No había tiempo para lamentaciones prolongadas; el Palacio debía seguir funcionando.
Zaida se quedó ahí por un rato. La tierra estaba sellada, pero su búsqueda de justicia apenas comenzaba.
...***...
La oscuridad envolvía el Palacio como un manto sombrío. Zaida se deslizaba por los pasillos con pasos silenciosos, su determinación latente en cada movimiento. Había planeado esta noche meticulosamente; cada detalle había sido considerado en su búsqueda de justicia para Lety.
Con sigilo, se dirigió a la bodega, un lugar olvidado en las profundidades del palacio donde se almacenaban herramientas y suministros. Pero esa noche, sería el escenario de la confrontación con el traidor.
Mientras tanto, Anika se movía con la agilidad de un depredador por los pasillos. En su forma animal, era un espectro silencioso, invisible para la mayoría. Su destino era el cuarto del criado traidor.
Con movimientos calculados, Anika se deslizó en la habitación y, en un parpadeo, se transformó en su forma humana. Antes de que el criado pudiera gritar, tapó su boca con un paño, sofocando cualquier intento de alerta. En cuestión de segundos, volvió a adoptar su imponente forma de tigre albino y sujetó al hombre entre sus fauces, sin lastimarlo, pero asegurándose de que no escapara.
El criado apenas pudo emitir un gemido ahogado mientras era arrastrado por los pasillos a una velocidad aterradora. Su mente estaba en pánico, sin saber qué criatura lo había atrapado.
Al llegar a la bodega, Anika empujó la puerta con el hocico y entró en el oscuro recinto. Con un gruñido bajo, soltó al criado, quien cayó al suelo con un golpe sordo.
Anika volvió a transformarse en su forma humana y se inclinó sobre él, quitándole la tela que le cubría la boca.
Zaida salió de entre las sombras. Su expresión era fría y calculadora. No había rastro de piedad en su mirada.
El criado miró a su alrededor, notando que estaba solo con las dos mujeres. Un escalofrío recorrió su espalda.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué me han traído aquí? —balbuceó, su voz temblorosa.
Zaida no respondió de inmediato. Sacó el cuchillo que Anika había recuperado en la cocina y lo arrojó al suelo, frente al criado.
—¿Reconoces esto? —preguntó con frialdad.
El filo de la hoja brilló tenuemente en la penumbra.
—E-ese… No sé de qué están hablando —negó el criado, alejándose de la evidencia con horror.
Zaida cruzó los brazos.
—Este cuchillo fue utilizado para asesinar a Lety —afirmó, su voz carente de emoción.
El criado tragó saliva.
—¡Eso es mentira! ¡No tuve nada que ver con su muerte!
Zaida lo miró fijamente, buscando respuestas en los ojos del criado.
Anika, que había permanecido en silencio, se acercó lentamente, su presencia irradiaba peligro.
—No mientas —dijo con voz gélida—. Puedo olerlo en el cuchillo. Tu aroma está impregnado en él, junto con el de Lety.
El criado palideció. Su mente intentaba encontrar una excusa, pero recordó algo: La leyenda de los Collares. Miró al tigre albino y su corazón se detuvo.
—Tú… tú eres… —murmuró, sus ojos reflejando terror.
Zaida se inclinó hacia él.
—¿Por qué lo hiciste?
El criado negó desesperadamente.
—¡No hice nada! ¡No sé de qué están hablando!
Anika rodó los ojos y suspiró con impaciencia.
—¡Ay, ya me cansé! —gruñó, desenvainando su espada y apoyando la hoja en el cuello del traidor.
El hombre jadeó y apretó los ojos, esperando el golpe final.
Zaida levantó una mano.
—No tan rápido, Anika. Primero quiero respuestas.
El criado sintió una gota de sudor recorrer su sien.
—Habla —ordenó Zaida, su tono bajo pero amenazante—. Si nos dices la verdad, vivirás.
El hombre tragó saliva y, con la espada rozando su piel, finalmente cedió.
—Intenté sobornar a Lety… —confesó con la voz quebrada.
Zaida frunció el ceño.
—¿Por qué?
El criado desvió la mirada.
—Mi amo… él quería saber dónde guarda el Príncipe William el mapa.
Zaida sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Entonces, cuando Lety no aceptó tu soborno…
—No podía dejar testigos —admitió el criado, su voz apenas un susurro.
Anika lo sujetó de las ropas y lo levantó del suelo con una sola mano con facilidad sobrehumana mientras la otra seguía apuntando a su cuello.
—¿Quién es tu amo? —preguntó con voz firme.
El criado tembló.
—Yo…
Anika acercó la espada a su rostro.
—Dímelo, o no habrá más oportunidades.
El hombre dudó, pero sabía que no tenía escapatoria.
—Es Rowan… —dijo al fin, derrotado.
Zaida cerró los ojos por un instante. El nombre no la sorprendía, pero la confirmación hizo que su sangre hirviera.
Anika lo soltó y el criado cayó al suelo con un gemido.
Zaida tomó el cuchillo y lo miró fijamente.
—Lety era inocente —murmuró.
Anika se cruzó de brazos.
—Si sabemos quién está detrás de todo, ¿por qué no terminamos con la fuente de una vez?
Zaida apretó los labios.
—Sería demasiado precipitado.
El criado aprovechó la pausa para intentar recuperar su confianza.
—Le diré a mi amo que intentan asesinarlo —amenazó, buscando una salida desesperada.
Zaida lo miró, su expresión se endureció.
—No creo que llegues a contárselo.
Sin darle oportunidad de reaccionar, Zaida alzó el cuchillo y, con un movimiento rápido y preciso, lo hundió en el pecho del criado.
El hombre jadeó, sus ojos se abrieron de par en par en una mezcla de sorpresa y dolor. Trató de hablar, pero su voz se extinguió en un gorgoteo ahogado.
Zaida retiró el cuchillo y el cuerpo cayó pesadamente al suelo.
Anika la observó en silencio. No había compasión en su mirada, solo una fría aprobación.
Zaida limpió el cuchillo en la ropa del hombre y miró a Anika.
—Debemos movernos rápido. Rowan no tardará en sospechar. Hay que desaparecerlo.
Anika asintió.
Zaida respiró hondo, lista para lo que venía.
La justicia había sido servida en la oscuridad. Un silencio tenso llenó la bodega con lo que acababa de suceder.
...----------------...
En el tranquilo jardín del Castillo, Ariadne se sentía abrumada por la culpa cuando recibió la noticia de la muerte de una de sus criadas, aquella a quien había dado a William. La promesa de felicidad que le había hecho ahora pesaba sobre ella como una losa, y el dolor de la pérdida la llenaba de remordimiento.
Tomó una decisión. Sabía que tenía que enfrentar la situación de frente, por lo que se dirigió al Palacio de William en busca de respuestas.
William la recibió con sorpresa cuando Ariadne llegó inesperadamente. Su preocupación era evidente al ver la angustia reflejada en los ojos de la princesa.
—¿Por qué has venido, Ariadne? —preguntó William con curiosidad, notando la urgencia en su expresión.
Ariadne lo miró con determinación, su voz temblorosa mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas para expresar su angustia.
—Una de tus criadas ha muerto —dijo, su voz apenas un susurro cargado de pesar—. Aquella a quien te regalé. Prometí que viviría feliz, y ahora... —
William la observó con compasión, entendiendo el peso de su culpa y su dolor.
—Lo siento mucho, Ariadne —dijo sinceramente, ofreciéndole su apoyo en este momento difícil.
Ariadne asintió con gratitud, pero su determinación no disminuyó.
—Necesito saber por qué murió —exigió con firmeza, su mirada buscando respuestas en los ojos de William.
William frunció el ceño, preocupado por la pregunta de Ariadne.
—Desconozco quién pudo haberla matado —admitió con frustración—. He estado investigando, pero hasta ahora no he encontrado nada.
Sin embargo, una pieza del rompecabezas llamó la atención de William.
—Lo interesante es que esta mañana descubrimos que uno de los criados había desaparecido —reveló, destacando un hecho intrigante en medio de la confusión.
La mente de Ariadne comenzó a trabajar mientras absorbía la información. La desaparición del criado podría estar relacionada con la muerte de su doncella.
Ariadne llamó a Zaida hacia ella, abrazándola con ternura mientras le susurraba al oído.
—Si quieres, puedo ordenar que regreses conmigo —murmuró, su voz llena de preocupación y afecto.
Zaida se apartó ligeramente del abrazo, mirándola con gratitud en los ojos.
—Estoy bien —respondió con sinceridad—. Tengo familia aquí.
Ariadne asintió con tristeza, entendiendo la lealtad de Zaida. Aunque no sabía que tenía hermanas en el Palacio, asumió que la joven se quedaba para apoyarlo y no dejarlo solo.
—Entiendo —suspiró Ariadne, resignándose a respetar su decisión.
Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, luchaba con la idea de dejar a Zaida en un lugar donde podría estar en peligro.
Después de la partida de Ariadne, Zaida se quedó sola en el jardín con William. Un aire de incomodidad flotaba entre ellos mientras el silencio se extendía.
William rompió el silencio primero.
—Siéntate —ordenó con su voz fría y distante.
—No quiero ofenderlo, su alte... —Zaida aún no terminaba de hablar cuando William volvió a insistir.
—Siéntate —repitió, su tono dejando claro que no aceptaría objeciones.
Zaida vaciló por un momento, pero finalmente obedeció, tomando asiento en el lujoso banco junto a él. La frialdad de William la desconcertaba, pero antes de que pudiera reaccionar, él la tomó por sorpresa al abrazarla de repente. Zaida se quedó sin palabras, sorprendida por el gesto inesperado.
Anika, que observaba desde la distancia, también se mostró sorprendida por la reacción de William, reflejando la misma expresión desconcertada que Zaida.
Mientras William la abrazaba, Zaida se sintió inundada por una mezcla de emociones. La calidez de su abrazo era reconfortante, pero la frialdad previa de William aún resonaba en su mente.
Los recuerdos del Príncipe lo invadieron. Recordó su momento de vulnerabilidad, la trágica pérdida de su hermano pequeño. La muerte de su hermano también provocó la pérdida de su madre, quien falleció sumida en la tristeza. Desde entonces, William había quedado completamente solo en el mundo.
En ese momento de tristeza y necesidad de consuelo, Cassian había estado ahí para él. Su recuerdo y su influencia seguían vivos en el corazón de William.
Entendía el dolor de perder a un ser querido de manera trágica. Lety había sido como una hermana para Zaida, y su muerte la había dejado devastada.
De pronto, William se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se apartó rápidamente de Zaida. Se puso de pie con rigidez y se dirigió a su estudio.
—Tómate el día —le dijo antes de irse.
Zaida permaneció sentada en el banco, confundida por el repentino cambio de actitud de William.
Desde la distancia, Letio, quien se acercaba, había presenciado la escena. Era extraño ver a su amo actuar de esa manera, pero al mismo tiempo, le alegraba verlo expresar emociones, algo que rara vez hacía. En lugar de dirigirse al jardín, optó por ir al estudio donde lo alcanzó.
...***...
En el Palacio de Rowan, la tensión era palpable durante la noche cuando Rowan interrogó a la criada infiltrada sobre la desaparición del criado.
—¿Cómo es posible que desapareciera? —gritó Rowan, su voz llena de furia contenida.
La criada, temblando de miedo, respondió con voz temblorosa:
—Lo siento, amo, no lo sé. Solo sé que él... él mató a una criada llamada Lety. Le dije que estaba mal, que podríamos ser descubiertos, pero al día siguiente ya no estaba.
Rowan, furioso por la noticia, no pudo contener su ira y abofeteó a la criada, haciendo que cayera al suelo.
Aturdida por el golpe, la criada rápidamente se puso de rodillas y bajó la cabeza en una reverencia temblorosa, temiendo las consecuencias de su incompetencia.
Rowan recordó entonces la existencia de otra criada y preguntó por ella. La criada confirmó su presencia y reveló que se llama Zaida. Rowan recordó su rostro en la fiesta de William.
Aunque no quería admitirlo, Zaida era la única criada personal que le quedaba a William. Con el tiempo, probablemente se volvería cercana a él. Observó a la criada en el suelo, notando su belleza similar a la de Zaida. Tomándola del rostro, la miró fijamente mientras hablaba.
—No importa lo que hagas —dijo con voz fría y autoritaria—. Tienes que convertirte en la criada personal de William.
La criada asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad que recaía sobre sus hombros mientras aceptaba el destino impuesto.
Lucian, el criado personal de Rowan, llegó corriendo para informar que el Duque Enoc había llegado. Rowan ordenó que lo hicieran pasar.
—Saludos, Príncipe Rowan —dijo el Duque Enoc con respeto.
—Bienvenido, tío —respondió Rowan cortésmente.
El Duque Enoc, hermano de la fallecida madre de Rowan, saludó con solemnidad. Tras unos momentos, Rowan expresó su deseo de obtener los planos del Palacio de William.
Después de observar a la criada en el suelo, el Duque Enoc preguntó con curiosidad.
—¿Qué es lo que necesita de mí, Principe? Recuerde que ya le he proporcionado unos cuantos criados —refiriéndose al desaparecido junto con la criada.
Rowan asintió solemnemente.
— Sí, necesito más que eso. Necesito tu ayuda.
El Duque asintió con seriedad, prometiendo ayudarlo.
Rowan explicó su verdadera intención: Ese mapa lo llevaría a la Estrella de Thaloria, el objeto que aseguraría su ascenso al trono Imperial tras la muerte de su padre.
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Updated 154 Episodes
Comments
Mary Salazar
un enredo bueno me interesa cada vez más
2024-12-24
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Anabel Mendoza
bueno se está poniendo muy interesante
2024-05-31
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