CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i

El bullicio y la emoción de la feria envolvían a William y Zaida mientras paseaban entre las coloridas carpas y los alegres puestos. El sonido de la música y las risas llenaba el aire, creando un ambiente festivo y animado. William llevó a Zaida a un teatro de títeres que representaba la historia de los dioses y semidioses, una narración que había sido parte de su infancia y que aún le traía nostalgia.

Después de disfrutar de la representación sobre la creación de Thaloria y las hazañas de los dioses, Zaida y William salieron de la carpa con una sensación de satisfacción y cierta ligereza.

Al salir, William se volvió hacia Zaida con una expresión neutral.

—Si hay algo que desees, házmelo saber —dijo con calma.

Zaida titubeó por un momento, sintiéndose un poco tímida por hacer una petición, pero finalmente reunió el valor para expresarse.

—Bueno... me encantaría probar algunos dulces, esos de allá —respondió, señalando un puesto con entusiasmo.

William siguió la dirección de su dedo y frunció el ceño al notar la cantidad de hombres alrededor del local.

—Elige otra cosa. Hay muchas opciones aquí —sugirió, sin dar más explicaciones.

Zaida frunció ligeramente el ceño y cruzó los brazos.

—Solo quiero unos dulces. No tardaré nada —aseguró, decidida a ir por su cuenta.

William suspiró con resignación.

—Está bien, pero yo los compraré. Espérame aquí y no te muevas —ordenó con seriedad.

Zaida parpadeó, sorprendida.

—Pero yo puedo...

—No te muevas de aquí —repitió William antes de marcharse.

Zaida suspiró, cruzándose de brazos mientras lo veía alejarse. No entendía por qué había insistido en ir él, pero decidió aprovechar el tiempo para admirar unos amuletos colgantes en un puesto cercano.

Cuando William regresó con los dulces, se detuvo junto al puesto donde estaba Zaida y examinó unos collares y pulseras con aparente interés. Luego, tomó una pulsera de finas cuentas doradas y la compró.

—Toma —dijo, extendiéndosela a Zaida.

Ella la recibió con sorpresa.

—¿Para mí?

—Solo espero que no lo pierdas —respondió William con indiferencia.

Zaida sonrió levemente, sintiendo una calidez inesperada en su pecho.

—Gracias —dijo con sinceridad.

Sin más palabras, ambos continuaron explorando la feria, disfrutando de la compañía del otro y creando recuerdos en aquella noche festiva.

***

Mientras la feria continuaba, Cassian llegó al Palacio de William y fue recibido por Letio en la entrada.

—Letio, ¿podrías decirle a William que necesito hablar con él? Quiero pedirle que me preste a Zaida por un momento —dijo Cassian con una sonrisa despreocupada.

Letio frunció el ceño levemente.

—Lo siento, Príncipe Cassian, pero el Príncipe William y Zaida no están en el Palacio en este momento.

Cassian ladeó la cabeza.

—¿No están? ¿A dónde fueron?

—Fueron juntos a la feria —informó Letio con naturalidad.

Cassian parpadeó, sorprendido.

—¿William? ¿En la feria? —preguntó con incredulidad.

Letio asintió.

Cassian forzó una sonrisa y se cruzó de brazos.

—Bueno, eso sí que no me lo esperaba… Gracias, Letio —dijo antes de marcharse.

Mientras tanto, entre las sombras, Rowan observaba el Palacio junto a sus espías.

—Vamos a estudiar el Palacio. Asegúrense de no ser vistos —ordenó con voz baja y fría.

Indes, sabiendo que William estaba fuera, había informado a Rowan, dándole la oportunidad perfecta para actuar.

Desde su escondite, Rowan observaba cómo sus espías se infiltraban con destreza en el Palacio, esquivando la seguridad y adentrándose en los pasillos.

Tras un tiempo, los espías regresaron con un pequeño pergamino en mano.

—Mi señor, logramos hacer un esquema del Palacio —susurró uno de ellos, entregándole un plano detallado.

Rowan lo tomó y esbozó una sonrisa calculadora mientras recorría con los ojos las líneas y estructuras del papel.

—Perfecto. Ahora solo es cuestión de tiempo… —murmuró para sí mismo antes de desaparecer en la oscuridad junto a sus hombres.

***

Después de la feria, Zaida y William regresaron al Palacio. Zaida, con cortesía, inclinó la cabeza.

—Buenas noches, mi señor —dijo, lista para retirarse a su habitación.

Sin embargo, antes de que pudiera irse, William la detuvo con una ligera presión en su hombro.

—Quédate en mi habitación esta noche. Recuerda tu deber —ordenó con firmeza.

Zaida, aunque sorprendida, no protestó.

—Sí, mi señor —respondió con respeto.

Se retiró para traer algunas de sus pertenencias, mientras Anika, en forma de pequeño ratón, observaba la escena desde su bolso.

Una vez en la habitación, Zaida se acomodó en un rincón con una manta, mientras Anika se acurrucaba a su lado en silencio.

William, acostado en su cama, miró el techo en la penumbra.

Poco después, Letio entró.

—¿Necesita algo más, su Alteza? —preguntó.

William negó con la cabeza.

Letio sonrió con una expresión divertida.

—Es extraño que la mande a dormir aquí… Quizá finalmente está aceptando su papel como su doncella personal.

William le lanzó una mirada fría.

—Cállate, Letio.

El guardia sonrió aún más.

—Como ordene, Alteza —dijo con diversión contenida.

Cuando se dio media vuelta para salir, William suspiró.

—Habla.

Letio se giró nuevamente y adoptó una expresión seria.

—Indes —dijo en voz baja.

William alzó una ceja.

—¿Qué hay con ella?

—Es una infiltrada de Rowan. Ha estado actuando de manera extraña últimamente.

William reflexionó por un momento.

—Déjala.

Letio frunció el ceño.

—¿Dejarla? ¿Por qué?

William esbozó una sonrisa ligera.

—Zaida se encargará de ella tarde o temprano. No se caen bien.

Letio rió por lo bajo.

—Esa es una manera interesante de lidiar con el problema.

Sin más, Letio salió.

Anika, aún en su forma de ratón, sintió un olor extraño en la habitación. Con sigilo, se deslizó fuera, aún en su forma de ratón, sintió algo extraño en el aire. Un revoltijo de esencias flotaba en los pasillos del Palacio, algunas familiares y otras completamente desconocidas.

Como bestia divina, su sentido del olfato era su mayor don. No solo distinguía los aromas, sino que podía "ver" lo que había ocurrido en un lugar a través de ellos. Cada rastro era una historia, una huella impregnada en el aire y en las superficies.

Con sigilo, se deslizó por los corredores, rastreando aquellos olores ajenos al Palacio. A medida que avanzaba, la realidad a su alrededor pareció cambiar. Como si las partículas en el aire se condensaran en una visión, Anika comenzó a ver imágenes difusas, figuras envueltas en penumbras moviéndose con sigilo entre los pasillos.

Allí, en su mente, aparecieron los contornos de varios hombres ocultándose en rincones estratégicos, esperando el momento adecuado para moverse. Observó cómo evadían a los guardias de William, deslizando sus sombras por las paredes como depredadores en acecho.

Espías.

Los olores no mentían. Rowan había estado moviendo piezas dentro del Palacio.

Anika entrecerró los ojos y continuó avanzando, siguiendo la estela invisible que dejaban esos rastros. Los olores viejos se desvanecían poco a poco, pero uno nuevo se alzó en el aire con fuerza.

Un olor extraño.

Agudo.

Punzante.

Inusual.

Algo no estaba bien.

Anika bajó su pequeña nariz hasta el suelo y olfateó con más precisión. Entonces lo vio.

Allí, en una esquina aparentemente inofensiva del pasillo, había un pequeño frasco tirado en el suelo.

Era de cristal fino, sin etiqueta, y desprendía un aroma metálico y químico. Anika sabía que no pertenecía al Palacio, ni a ninguno de sus habitantes. Era algo externo, peligroso.

Con rapidez, lo empujó con sus patas y lo escondió entre su cuerpo antes de regresar a la habitación de Zaida.

Cuando Anika llegó a la habitación, estuvo a punto de correr directamente hacia Zaida para despertarla. Sin embargo, al entrar, su instinto la obligó a detenerse.

La figura de William se erguía junto a la cama de Zaida.

El príncipe no se movía, solo permanecía allí, inclinado sobre su sirvienta personal mientras ella dormía plácidamente.

Anika frunció el ceño en su diminuta forma de ratón.

No era solo que William estuviera allí, era cómo la miraba.

Desde su posición, Anika podía escuchar el ritmo pausado y profundo de su respiración. No era la de un hombre confundido ni la de alguien que había entrado a la habitación con un propósito claro.

Había algo más en su postura, en la forma en la que su mirada recorría el rostro dormido de Zaida.

Luego, un suspiro apenas audible escapó de sus labios.

Un suspiro que no debía estar allí.

Anika se quedó quieta, observando en silencio.

William no tardó en apartarse, llevándose consigo cualquier rastro de vulnerabilidad. Dio media vuelta y salió de la habitación sin mirar atrás.

Cuando el sonido de sus pasos desapareció en la distancia, Anika se deslizó hasta la cama de Zaida y se transformó en su forma humana, sentándose a su lado.

—¿Qué fue eso…? —susurró para sí misma, con el frasco aún en su mano.

No entendía lo que había visto en William…

Pero lo que sí sabía era que había descubierto dos cosas esa noche.

La primera: alguien había estado en el Palacio con intenciones dudosas.

Y la segunda…

El príncipe William estaba empezando a comportarse de una manera extraña.

...----------------...

La mañana siguiente amaneció tranquila, pero Zaida sentía que la calma era engañosa. El aire del Palacio tenía un leve aroma a humedad, y la brisa que entraba por las ventanas apenas lograba aliviar el calor sofocante. Buscando un momento de paz, decidió dirigirse al lago del jardín para refrescarse un poco.

Anika, que había estado en guardia desde la noche anterior, le contó con seriedad lo que había encontrado: un frasco con un polvo extraño. Su tono era firme.

—Tiene que decirle al Príncipe de inmediato —insistió, su voz cargada de preocupación.

Zaida asintió. Si Anika lo consideraba peligroso, debía hacerle caso. Pero antes de ir con William, le pidió que fuera a vigilar a sus hermanas y asegurarse de que estuvieran bien.

Anika se transformó en un pequeño gorrión y salió volando sin hacer ruido.

Zaida, mientras tanto, se encaminó a los aposentos de William. Pero al llegar, se encontró con la habitación vacía. Dudó por un momento. ¿Debía esperar a que regresara o debía investigar por su cuenta?

Su mirada cayó sobre el frasco que Anika había mencionado. Estaba sobre una mesa, brillando bajo la luz del sol que entraba por la ventana.

—Quizás solo sea algún tipo de polvo de hierbas... —murmuró para sí misma, sintiendo una leve punzada de duda.

Recordó la advertencia de Anika, pero la curiosidad fue más fuerte. Tomó el frasco con cuidado y lo destapó.

El desastre ocurrió en un instante.

Una nube de polvo oscuro se dispersó en el aire, envolviéndola. El olor era penetrante y extraño, como cenizas húmedas. Apenas tuvo tiempo de dar un paso atrás antes de que el polvo le cubriera el rostro y las manos.

Un ardor insoportable la atravesó.

Zaida soltó un grito ahogado, llevándose las manos al rostro al sentir cómo su piel comenzaba a quemarse. No era solo la piel—sus pulmones parecían arder con cada bocanada de aire. El polvo había entrado en su nariz y garganta, sofocándola, haciéndole sentir que el fuego la devoraba desde adentro.

Sus piernas flaquearon y cayó al suelo con un gemido de angustia.

—A-Anika… —susurró, con la voz quebrada.

La desesperación la invadió. Algo dentro de ella gritaba que si no hacía algo pronto, su cuerpo colapsaría.

Su temblorosa mano se deslizó dentro de su vestido, sacando un pequeño frasco que Anika le había dado previamente. Contenía la sangre de la bestia divina.

Con la vista nublada y los labios resecos, Zaida llevó el frasco a su boca y bebió.

El alivio fue inmediato.

El ardor dejó de propagarse, pero no desapareció del todo. Aún podía sentir su piel abrasada y su garganta reseca, pero al menos, su conciencia no se apagó. Sin embargo, su cuerpo estaba débil. El frasco cayó de sus manos, rodando lejos de su vista.

Se arrastró con dificultad hacia la puerta, pero apenas tenía fuerzas.

En otro lugar del palacio...

Anika, en su forma de gorrión, había llegado a donde estaban las hermanas de Zaida. Pero justo cuando se disponía a comprobar su bienestar, un dolor indescriptible la atravesó.

Sintió un ardor en su piel, una punzada en el pecho. Sus alas dejaron de responderle por un momento y cayó al suelo de rodillas al retomar su forma humana.

Su respiración era entrecortada. Un escalofrío recorrió su espalda.

—Zaida... —susurró con horror.

Sin perder más tiempo, se transformó en un águila y se elevó en el aire.

El vuelo fue difícil. La incomodidad del dolor en su piel hacía que sus alas se sintieran pesadas. Pero no podía detenerse. No cuando su ama la necesitaba.

Con un giro ágil, se deslizó por una de las ventanas del palacio y aterrizó junto a la figura de Zaida, que yacía en el suelo, temblando de dolor.

Al ver su estado, Anika no dudó.

—Mi señora... Aguante... —susurró con urgencia.

Sin dudarlo, se enterró sus uñas en la palma de su mano, permitiendo que su sangre mágica goteara en los labios de su ama.

Zaida se estremeció al sentir el líquido cálido en su boca.

El alivio fue inmediato, pero las quemaduras no desaparecían por completo. El veneno aún estaba en su sistema, resistiendo la sanación de Anika.

En ese momento, William entró en la habitación.

Se detuvo en seco.

Zaida estaba en el suelo, con sangre en los labios y la piel marcada por quemaduras.

Por primera vez en mucho tiempo, su mente se quedó en blanco.

El corazón le martilleaba en el pecho.

Cuando finalmente reaccionó, corrió hacia ella y la levantó en brazos con cuidado. La piel de Zaida estaba caliente, su respiración agitada.

—Zaida... —murmuró, sintiendo una extraña angustia crecer en su interior.

Anika, aunque invisible para todos excepto Zaida, se mantenía cerca, observando con el ceño fruncido. Había dejado de transferirle su sangre, pero su preocupación era palpable. Aunque no podía tocar a William, su instinto la empujaba a quedarse junto a su ama, protegiéndola de cualquier amenaza que pudiera surgir.

La llevó a la cama rápidamente y sin dudarlo, mojó un paño con agua fresca, pasándolo con suavidad por su rostro.

William, con el ceño fruncido, sintió un nudo formarse en su garganta al notar que la piel de Zaida seguía ardiendo. La sensación de impotencia lo carcomía. No estaba acostumbrado a este tipo de preocupaciones. Había visto soldados caer en batalla, hombres envenenados, pero esto era diferente.

Era ella.

Mojó el paño con agua fresca y lo pasó suavemente por su rostro, intentando calmar el calor abrasador que emanaba de su piel.

—Aguanta... —susurró, más para sí mismo que para Zaida.

Ella gimió levemente, removiéndose en la cama, su frente perlada de sudor. William se inclinó más cerca, analizando su expresión con preocupación.

—Zaida... —llamó en un tono más suave, casi temiendo que no le respondiera.

Sus pestañas temblaron y sus labios se separaron apenas. Parecía luchar contra algo en su inconsciencia.

Anika, sin apartarse, observaba con atención. No podía hacer más sin revelar su presencia, pero su mirada se clavaba en Zaida con intensidad.

Con voz firme, William llamó a Letio.

—¡Ve por el médico, ahora! —ordenó sin apartar la vista de Zaida.

Mientras Letio se apresuraba fuera de la habitación, William sostuvo la mano de Zaida con fuerza.

Minutos después, Letio irrumpió en la habitación en ese momento, con el médico tras él.

—Su Alteza —dijo el doctor con rapidez, evaluando la escena—. Dígame qué ha sucedido.

William se incorporó, aunque no se alejó demasiado de la cama.

—Ella abrió un frasco con un polvo negro. No sabemos qué era, pero reaccionó de inmediato.

El médico se acercó sin perder tiempo, tomando el pulso de Zaida mientras revisaba su piel con atención.

—Su cuerpo sigue luchando contra el veneno —murmuró, sacando de su bolso varios frascos de medicina.

Anika observó con cautela. Aunque no podía interferir, su instinto le decía que debía permanecer alerta.

—Su Alteza... el veneno es letal. Si no encontramos una cura pronto, no pasará la noche —informó con voz sombría.

William se apartó lo suficiente para permitir que el médico hiciera su trabajo, pero su mirada no abandonó a Zaida en ningún momento.

Mientras tanto, Anika sentía el vínculo entre ella y Zaida vibrar con intensidad. Sabía que el tiempo se agotaba. Y si la medicina humana no funcionaba... ella tendría que intervenir otra vez.

El rostro de William se endureció.

El médico notó la forma en que el Príncipe la miraba, con demasiada preocupación para tratarse de una simple criada.

Letio, notando esto, sacó su espada y la presionó contra el cuello del médico.

—Si mencionas esto a alguien, será lo último que hagas —amenazó con una voz helada.

El médico tragó saliva.

—No diré nada, lo juro —aseguró rápidamente.

Tras recibir una bolsa de monedas, se retiró apresurado.

William, sintiendo la desesperación nublar su juicio, ordenó a Letio que le trajera sus medicamentos personales.

—No podemos dárselos a otra persona, son exclusivos para usted —respondió Letio con firmeza.

Los ojos de William se oscurecieron.

—¡Haz lo que te digo! —rugió con furia.

Letio, sorprendido, asintió y salió a cumplir la orden.

Minutos después, William aplicó la crema en las heridas de Zaida y le dio las pastillas. Su cuerpo se relajó ligeramente, pero aún estaba débil.

Cuando Letio se marchó, Zaida, con las pocas fuerzas que le quedaban, susurró:

—Príncipe...

William se inclinó hacia ella.

—Estoy aquí.

Zaida entreabrió los ojos, y con una voz temblorosa, dijo:

—Abráceme...

William se quedó inmóvil un momento. Pero luego, con delicadeza, se inclinó y la rodeó con sus brazos.

Anika, aún débil, vio la escena y supo que debía actuar.

Activó su magia, permitiendo que el collar canalizara el veneno fuera del cuerpo de Zaida.

Pero como castigo, las quemaduras comenzaron a aparecer en su propio brazo derecho.

Apretó los dientes.

La piel de su brazo se ennegreció.

Pero no se quejó.

Porque salvar a Zaida era lo único que importaba.

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Mary Salazar

Mary Salazar

que pena 😿😿😿

2024-12-25

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1 PROLOGO
2 CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3 CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4 CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5 CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6 CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7 CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8 CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
9 CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
10 CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
11 CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
12 CAPITULO 11 - LA SOMBRA DE LA SOSPECHA - Sin i
13 CAPITULO 12 - DECISIONES DIFÍCILES -Sin Im
14 CAPÍTULO 13 - LEALTAD Y DEBER
15 CAPITULO 14 - CAÍDA EN EL BARRANCO
16 CAPITULO 15 - ALAS DE SALVACIÓN Y DESTRUCCIÓN
17 CAPITULO 16 - Intrusos en la Sombra
18 CAPITULO 17 - El Precio de la Desobediencia
19 CAPITULO 18 - La sombra de la sospecha
20 CAPITULO 19 - El Vínculo Inquebrantable
21 CAPITULO 20 - Decisiones Difíciles
22 CAPITULO 21 - Lealtad y Deber
23 CAPITULO 22 - Entre la Preocupación y el Consuelo
24 CAPITULO 23 - Caída en el barranco
25 CAPITULO 24 - Corazón de Tigre
26 CAPITULO 25 - Alas de Salvación y Destrucción
27 CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
28 CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
29 CAPITULO 28 - Ataque al palacio
30 CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
31 CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
32 CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
33 CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
34 CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
35 CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
36 CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
37 CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
38 CAPITULO 37 - Una Nueva Alianza
39 CAPÍTULO 38 - Reconciliación y Vigilancia
40 CAPITULO 39 - Estrategia en las Sombras
41 CAPÍTULO 40 - Regreso al Reino
42 CAPÍTULO 41 - Sombras del Pasado
43 CAPÍTULO 42 - Encuentro con Charlott
44 CAPÍTULO 43 - La Elección de Cecilia
45 CAPÍTULO 44 - Susurros bajo las Estrellas
46 CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
47 CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48 CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
49 CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
50 CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
51 CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
52 CAPÍTULO 51 - Rumores de Guerra
53 CAPÍTULO 52 - Ecos de la Tempestad
54 CAPÍTULO 53 - La Entrega
55 CAPÍTULO 54 - El Destino de Isabella
56 CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57 CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58 CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59 CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
60 CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
61 CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
62 CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
63 CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
64 CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
65 CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
66 CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
67 CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68 CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69 CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70 CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71 CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
72 CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73 CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74 CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75 CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76 CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77 CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78 CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79 CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80 CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81 CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82 CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83 CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84 CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85 CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86 CAPÍTULO 85 - Invitación Real
87 CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88 CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
89 CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
90 CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91 CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92 CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93 CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94 CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95 CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96 CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97 CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98 CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99 CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100 CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101 CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102 CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103 CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104 CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105 CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106 CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107 CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108 CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109 CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110 CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111 CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112 CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113 CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114 CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115 CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116 CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117 CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118 CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119 CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120 CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121 CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122 CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123 CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124 CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125 CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126 CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127 CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128 CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129 CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130 CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131 CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132 CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133 CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134 CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135 CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136 CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137 CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138 CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139 CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140 CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141 CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142 CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143 CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144 CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145 CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146 CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147 CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148 CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149 CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150 CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151 CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152 CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153 CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
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2
CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3
CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4
CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5
CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6
CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7
CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8
CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
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CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
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CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
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CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
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CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
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CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
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CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
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CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
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CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
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CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
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CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
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CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
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CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
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CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
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CAPÍTULO 40 - Regreso al Reino
42
CAPÍTULO 41 - Sombras del Pasado
43
CAPÍTULO 42 - Encuentro con Charlott
44
CAPÍTULO 43 - La Elección de Cecilia
45
CAPÍTULO 44 - Susurros bajo las Estrellas
46
CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
47
CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48
CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
49
CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
50
CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
51
CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
52
CAPÍTULO 51 - Rumores de Guerra
53
CAPÍTULO 52 - Ecos de la Tempestad
54
CAPÍTULO 53 - La Entrega
55
CAPÍTULO 54 - El Destino de Isabella
56
CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57
CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58
CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59
CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
60
CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
61
CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
62
CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
63
CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
64
CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
65
CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
66
CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
67
CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68
CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69
CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70
CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71
CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
72
CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73
CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74
CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75
CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76
CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77
CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78
CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79
CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80
CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81
CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82
CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83
CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84
CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85
CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86
CAPÍTULO 85 - Invitación Real
87
CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88
CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
89
CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
90
CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91
CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92
CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93
CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94
CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95
CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96
CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97
CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98
CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99
CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100
CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101
CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102
CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103
CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104
CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105
CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106
CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107
CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108
CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109
CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110
CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111
CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112
CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113
CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114
CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115
CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116
CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117
CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118
CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119
CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120
CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121
CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122
CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123
CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124
CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125
CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126
CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127
CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128
CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129
CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130
CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131
CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132
CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133
CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134
CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135
CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136
CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137
CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138
CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139
CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140
CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141
CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142
CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143
CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144
CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145
CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146
CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147
CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148
CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149
CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150
CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151
CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152
CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153
CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
154
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