CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im

La luz del alba filtraba suavemente a través de las ventanas del Palacio cuando William abrió los ojos. Lo primero que notó fue el suave ritmo de la respiración de Zaida, quien descansaba en la cama. Su piel, aunque aún enrojecida, ya no mostraba las quemaduras profundas de la noche anterior.

Se incorporó de inmediato, sorprendido por la rapidez de su recuperación. ¿Cómo era posible? Recordaba con claridad la gravedad de su estado antes de quedarse dormido. No debería haberse curado tan rápido.

Frunció el ceño, pasándose una mano por el rostro en un intento de despejar su mente. Algo no cuadraba.

En ese momento, sin que él lo notara, Anika permanecía en silencio en un rincón de la habitación, observando con atención cada movimiento de William. Su postura era tensa, y su brazo derecho estaba cubierto por una armadura, ocultando las marcas del sacrificio que había hecho para salvar a Zaida.

William, aún procesando lo que veía, decidió no perder más tiempo y llamó a su guardia personal.

—¡Letio, ven rápido! —ordenó con un tono de urgencia.

El guardia llegó en cuestión de segundos, su expresión endureciéndose al ver a Zaida despierta y en mejores condiciones.

—¿Cómo es posible esto? —preguntó Letio, claramente sorprendido.

William frunció el ceño. Algo no encajaba. Se acercó a Zaida y le preguntó con seriedad:

—Zaida, ¿cómo es que te has curado tan rápido?

Zaida se sintió nerviosa ante la pregunta. Sus ojos se deslizaron de inmediato hacia Anika, quien permanecía inmóvil detrás de William, con su brazo derecho aún cubierto por la armadura.

No podía decir la verdad.

Con rapidez, señalo el frasco vacío que había quedado en el suelo. Wiliam lo levantó para verlo de cerca.

—Fue la medicina de donde provengo —respondió Zaida con evasivas, esperando que William no indagara más.

William lo examinó con escepticismo. El líquido rojo que alguna vez contenía aún dejaba rastros en el cristal, y aunque su instinto le decía que no era algo común, decidió no presionarla por el momento.

Anika, mientras tanto, observaba en silencio, sintiendo una ligera incomodidad. Sabía que Zaida no estaba completamente consciente de lo que ella había hecho por ella.

Zaida, por su parte, notó la armadura en el brazo de Anika. No recordaba haberla visto usar algo así antes, pero optó por no hacer preguntas... aún.

William rompió el silencio cuando se giró hacia Zaida.

—¿Tienes más de esto? —preguntó señalando el frasco.

Zaida negó con firmeza.

—No, mi señor. Ese fue el último que tuve.

William asintió lentamente. Luego, con la misma precaución de antes, recogió el otro frasco del suelo, el que contenía el polvo negro, usando un pañuelo para no tocarlo directamente.

Se lo entregó a Letio.

—Guárdalo como evidencia. No sabemos si nos sirva más adelante.

—Entendido —respondió Letio, sujetándolo con cuidado antes de retirarse de la habitación.

En las sombras...

Indes observaba con atención desde su escondite, con la respiración contenida.

‘¿Entonces Zaida no murió?’ pensó con frustración.

Había dejado el frasco cerca de la habitación de William a propósito, esperando que la curiosidad de la criada la condenara. Ahora, ver a Letio salir con el frasco en las manos, en lugar de cargar un cadáver, la llenó de una ira silenciosa.

Maldijo en su mente y reprimió el deseo de apretar los dientes.

‘Maldita sea. Todo iba tan bien. ¿Cómo es que sobrevivió?’

Apretó los puños, obligándose a seguir observando con paciencia.

En la habitación de William...

La mente de William no dejaba de trabajar. Miró a Zaida con seriedad.

—Dijiste que este frasco lo encontraste afuera, cerca de mi habitación. ¿Estás segura?

Zaida asintió sin dudar.

—No puedo estar completamente segura de quién lo dejó, mi señor, pero... es probable que alguien haya entrado al Palacio mientras no estábamos.

William entrecerró los ojos.

—Letio no me informó nada sobre intrusos —murmuró, más para sí mismo que para ella.

Zaida inclinó la cabeza.

—Si no notaron nada extraño, significa que lo hicieron con mucho cuidado... —reflexionó.

William soltó un suspiro cansado.

—No podemos permitir que algo así vuelva a ocurrir. Hay demasiado en juego.

Zaida, aún con algo de debilidad, se incorporó con esfuerzo.

—Amo, quiero ayudar en lo que necesite.

Pero William negó con la cabeza.

—Descansa primero. No quiero ver a mi criada personal desmayándose en los pasillos.

Zaida exhaló con resignación y se recostó de nuevo.

William se dirigió a su estudio, seguido de Letio, quien aguardaba más instrucciones.

Anika, que se había mantenido en silencio todo este tiempo, finalmente se acercó a su ama.

Zaida sintió el peso del abrazo repentino de Anika y sonrió con cansancio.

—Gracias... —susurró Zaida, aunque no sabía exactamente por qué sentía la necesidad de agradecerle.

Anika solo asintió, sin responder.

La tensión en la habitación se disipó un poco cuando se escucharon pasos apresurados afuera. Anika se alejó rápidamente, adoptando una postura neutral, mientras la puerta se abría de golpe.

—¡Zaida!

Las voces de Sophia y Elara resonaron en la habitación.

Las dos hermanas corrieron hacia ella, sus rostros llenos de preocupación.

—Nos enteramos de lo que pasó —dijo Sophia, su tono tembloroso.

—No podíamos quedarnos sin verte —agregó Elara, con los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.

Zaida sonrió levemente.

—Estoy bien. Solo fue un pequeño accidente.

Las hermanas la abrazaron con fuerza.

Letio, quien había escoltado a las hermanas, permaneció fuera, dándoles privacidad.

—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Sophia con seriedad.

Zaida tomó aire y explicó brevemente lo sucedido.

—Había un frasco extraño cerca de la habitación del Príncipe William... y no pensé. Solo lo abrí.

Elara frunció el ceño.

—¿Y ahora cómo te sientes?

Zaida miró sus manos, aún un poco enrojecidas.

—Mejor. Gracias a la medicina ... —dijo con una leve sonrisa.

Anika, aún en silencio, miró hacia otro lado.

Mientras tanto, en los techos del palacio...

Anika había decidido darle espacio a Zaida con sus hermanas, así que salió al exterior, donde el viento la envolvía con su brisa fresca.

Pero en cuanto elevó la vista, notó algo fuera de lugar.

Una sombra.

Alguien se escondía detrás de las rocas en los jardines.

Con sigilo, Anika se deslizó por los techos, acercándose con agilidad felina.

Era Indes.

Anika se posicionó a un lado de la roca, escuchando con atención.

—¡Esto no puede estar pasando! —murmuraba Indes, frustrada. —Todo estaba planeado, pero ahora... ¿cómo puedo deshacerme de Zaida?

Los ojos de Anika se afilaron.

Indes.

Ella había dejado el frasco.

Ella había intentado asesinar a Zaida.

Un nuevo peligro acechaba, y Anika ya sabía quién era el enemigo.

...----------------...

La suave brisa acariciaba los pétalos de las rosas mientras la Emperatriz caminaba por los exuberantes jardines del Castillo. Con elegancia, cortaba cuidadosamente las flores, seleccionando las más hermosas para adornar su habitación. Mientras tanto, el Emperador estaba absorto en asuntos de estado, ocupado en su despacho.

En medio de su tarea tranquila, una doncella se acercó con una expresión tensa en su rostro. La Emperatriz alzó la mirada, notando el nerviosismo de la joven.

—¿Qué sucede? —preguntó con voz serena pero firme, deteniendo sus manos en el acto de cortar una rosa.

La doncella titubeó por un momento antes de reunir el coraje para hablar.

—Su Majestad, es sobre la Princesa Ariadne —dijo con cautela, evitando el contacto visual.

El ceño de la Emperatriz se frunció levemente. Con calma, dejó las tijeras sobre una charola cercana.

—Habla con claridad —instó, su tono denotando una creciente preocupación.

La doncella inhaló profundamente antes de continuar.

—La Princesa Ariadne ha estado desobedeciendo sus órdenes. Sigue rescatando a personas que no pertenecen al Imperio, a pesar de sus advertencias.

Un silencio pesado cayó entre ambas. La Emperatriz no respondió de inmediato, solo tomó una rosa entre sus dedos y la observó fijamente, como si meditara sobre la información recibida. Luego, con determinación en sus ojos, preguntó:

—¿Dónde está ella ahora?

—Se encuentra en el patio del Castillo, Majestad.

Sin decir una palabra más, la Emperatriz giró sobre sus talones y comenzó a caminar en dirección al patio. Su aura cambió; la serenidad fue reemplazada por una frialdad imponente, como si el aire se tornara más pesado a su alrededor.

Al llegar al patio, la Emperatriz escudriñó el lugar con la mirada, buscando a su hija entre la multitud. Finalmente, divisó a Ariadne, supervisando el rescate de varios extranjeros. Su hija no parecía dudar; sus manos trabajaban con determinación, guiando a los heridos con autoridad y bondad.

La Emperatriz permaneció en su lugar, observándola en silencio, mientras el fuego de la ira se encendía en su interior.

—¿Cuántas veces ha desobedecido mis órdenes? —preguntó en voz baja a la doncella que la había acompañado.

La doncella tragó saliva antes de responder.

—Han sido al menos tres veces, Majestad.

La mandíbula de la Emperatriz se tensó. Su paciencia se estaba agotando.

Ariadne levantó la vista y, al notar la presencia de su madre, sus movimientos se detuvieron por un instante. Sus miradas se encontraron en un choque silencioso de voluntades.

Finalmente, la voz de la Emperatriz rompió el silencio:

—Ariadne, ven conmigo.

Ariadne sostuvo la mirada de su madre por un instante, sin apartarse de su postura firme, pero al final, obedeció y la siguió hacia el interior del Castillo.

Cuando llegaron a la habitación de Ariadne, las doncellas comenzaron a retirarle la armadura a Ariadne. La joven permaneció en silencio, pero podía sentir el peso de la ira contenida de su madre.

La Emperatriz se sentó con elegancia y, con una voz gélida, preguntó:

—¿Qué crees que estás haciendo, Ariadne?

Ariadne no evitó la conversación. Inspiró profundamente antes de responder con determinación:

—Estoy ayudando a los necesitados. No puedo ignorar el sufrimiento de las personas, sin importar su origen.

La mirada de la Emperatriz se endureció.

—¿Cómo puedes ser tan ingenua? No es tu responsabilidad cuidar de extranjeros. Tu deber es con nuestro pueblo, no con aquellos que no tienen relación con nosotros.

Ariadne mantuvo la compostura.

—Pero ahora son parte de nuestro pueblo. Merecen protección y ayuda, igual que cualquiera dentro del Imperio.

La Emperatriz exhaló lentamente. Sabía que las palabras no cambiarían la terquedad de su hija.

—Está claro que no entiendes las consecuencias de tus acciones —susurró. Luego, levantó la mirada y ordenó la entrada de dos eunucos.

Ariadne frunció el ceño, confundida por la presencia de los hombres. Su incomodidad se convirtió en alarma cuando vio a su doncella, Lia, ser señalada.

—Azótenla.

Los ojos de Ariadne se abrieron con horror.

—¡No! —exclamó, dando un paso al frente—. Ella no hizo nada.

La Emperatriz no la miró.

—Esta doncella es tu responsabilidad. Si fallas, ella paga el precio.

Los gritos desgarradores de Lia llenaron el aire cuando los eunucos la sujetaron y la colocaron sobre una mesa. Ariadne sintió como si el suelo se desmoronara bajo sus pies.

—¡Deténganse! —rogó, girándose hacia su madre—. Madre, por favor...

Pero la Emperatriz solo la observó con frialdad.

El primer azote cayó.

Lia gritó.

Ariadne sintió que su corazón se rompía. Cada latigazo era como un cuchillo en su alma.

—¡Por favor, deténganse! —Ariadne cayó de rodillas frente a su madre, suplicando con lágrimas en los ojos—. ¡Es suficiente, te lo ruego!

Pero la Emperatriz no parpadeó siquiera.

Los azotes continuaron.

Hasta que el silencio lo envolvió todo.

Un eunuco entró apresurado en la habitación.

—Su Majestad, la doncella no resistió el castigo.

Ariadne sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Se levantó y corrió hacia el pasillo. Su cuerpo temblaba mientras se acercaba a la mesa.

Lia estaba allí.

Pero ya no respiraba.

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Ariadne mientras se arrodillaba junto a ella. Le tomó la mano, aún tibia, esperando que todo fuera una pesadilla.

La Emperatriz se detuvo a su lado y habló con calma desgarradora:

—Le ordené que me informara si desobedecías. Ese es el precio de la traición.

Ariadne sintió que su sangre se congelaba.

—M-madre... —balbuceó.

La Emperatriz la miró sin remordimiento.

—Me duele que llegáramos a esto, pero debes entender algo: proteger al pueblo es nuestro deber. Una líder no puede permitirse ser blanda.

Ariadne apretó la mandíbula, con la ira y el dolor mezclándose en su interior.

—Esto no era necesario... ¡Ella no hizo nada!

La Emperatriz suspiró con un leve toque de frustración. No entendía cómo su hija aún no lo comprendía.

—¿Cuántos Imperios han caído porque sus gobernantes permitieron que la debilidad se infiltrara en sus corazones? —preguntó, sin realmente esperar una respuesta—. La piedad desmedida es veneno para el poder.

Ariadne la miró con incredulidad.

—Esto no es poder, madre. Esto es crueldad.

La Emperatriz inclinó levemente la cabeza, observando a su hija como si fuera una niña ingenua.

—Sin reglas, no hay orden.

Su tono era inquebrantable.

—Las reglas existen para mantener la estabilidad, para evitar que el caos se apodere de nosotros. —La mirada de la Emperatriz se endureció—. Un gobernante que permite la desobediencia está cavando su propia tumba.

Ariadne sintió un escalofrío. Su madre hablaba como si lo que había hecho fuera lo correcto.

—¿Crees que nuestros enemigos son misericordiosos? ¿Crees que en el mundo hay justicia para los débiles? —dijo, con una frialdad cortante—. La gente como nosotros no puede darse el lujo de ser sentimental.

Giró sobre sus talones y, antes de marcharse, añadió una última sentencia:

—Si quieres salvar a tu pueblo algún día, Ariadne, deja de llorar por los que no importan.

Ariadne permaneció en el suelo, su mundo derrumbándose mientras sostenía la mano sin vida de Lia.

Su madre había sellado su destino con sangre.

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Comments

Mary Salazar

Mary Salazar

buenísima

2024-12-25

0

Anabel Mendoza

Anabel Mendoza

hermosa historia un poco enredada ahí q léela lento para disfrutarla

2024-06-18

2

Total
Capítulos
1 PROLOGO
2 CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3 CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4 CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5 CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6 CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7 CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8 CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
9 CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
10 CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
11 CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
12 CAPITULO 11 - LA SOMBRA DE LA SOSPECHA - Sin i
13 CAPITULO 12 - DECISIONES DIFÍCILES -Sin Im
14 CAPÍTULO 13 - LEALTAD Y DEBER
15 CAPITULO 14 - CAÍDA EN EL BARRANCO
16 CAPITULO 15 - ALAS DE SALVACIÓN Y DESTRUCCIÓN
17 CAPITULO 16 - Intrusos en la Sombra
18 CAPITULO 17 - El Precio de la Desobediencia
19 CAPITULO 18 - La sombra de la sospecha
20 CAPITULO 19 - El Vínculo Inquebrantable
21 CAPITULO 20 - Decisiones Difíciles
22 CAPITULO 21 - Lealtad y Deber
23 CAPITULO 22 - Entre la Preocupación y el Consuelo
24 CAPITULO 23 - Caída en el barranco
25 CAPITULO 24 - Corazón de Tigre
26 CAPITULO 25 - Alas de Salvación y Destrucción
27 CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
28 CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
29 CAPITULO 28 - Ataque al palacio
30 CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
31 CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
32 CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
33 CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
34 CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
35 CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
36 CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
37 CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
38 CAPITULO 37 - Una Nueva Alianza
39 CAPÍTULO 38 - Reconciliación y Vigilancia
40 CAPITULO 39 - Estrategia en las Sombras
41 CAPÍTULO 40 - Regreso al Reino
42 CAPÍTULO 41 - Sombras del Pasado
43 CAPÍTULO 42 - Encuentro con Charlott
44 CAPÍTULO 43 - La Elección de Cecilia
45 CAPÍTULO 44 - Susurros bajo las Estrellas
46 CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
47 CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48 CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
49 CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
50 CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
51 CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
52 CAPÍTULO 51 - Rumores de Guerra
53 CAPÍTULO 52 - Ecos de la Tempestad
54 CAPÍTULO 53 - La Entrega
55 CAPÍTULO 54 - El Destino de Isabella
56 CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57 CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58 CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59 CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
60 CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
61 CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
62 CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
63 CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
64 CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
65 CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
66 CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
67 CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68 CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69 CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70 CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71 CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
72 CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73 CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74 CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75 CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76 CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77 CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78 CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79 CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80 CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81 CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82 CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83 CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84 CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85 CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86 CAPÍTULO 85 - Invitación Real
87 CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88 CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
89 CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
90 CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91 CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92 CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93 CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94 CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95 CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96 CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97 CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98 CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99 CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100 CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101 CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102 CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103 CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104 CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105 CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106 CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107 CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108 CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109 CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110 CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111 CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112 CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113 CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114 CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115 CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116 CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117 CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118 CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119 CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120 CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121 CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122 CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123 CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124 CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125 CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126 CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127 CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128 CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129 CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130 CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131 CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132 CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133 CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134 CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135 CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136 CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137 CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138 CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139 CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140 CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141 CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142 CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143 CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144 CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145 CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146 CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147 CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148 CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149 CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150 CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151 CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152 CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153 CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
154 NOTA DEL AUTOR
Capítulos

Updated 154 Episodes

1
PROLOGO
2
CAPÍTULO 1 - RECUERDOS OLVIDADOS
3
CAPÍTULO 2 - ENCUENTRO DE LOS PRIMOS
4
CAPITULO 3 - CUMPLEAÑOS DEL PRINCIPE
5
CAPITULO 4 - SENTIMIENTO INESPERADO
6
CAPITULO 5 - MAPA ESTELAR
7
CAPITULO 6 - JUSTICIA EN LA OSCURIDAD
8
CAPITULO 7 - LECCIONES DE LEALTAD Y LUCHA
9
CAPITULO 8 - DECISIONES Y REVELACIONES - Sin im
10
CAPITULO 9 - INTRUSOS EN EL PALACIO - Sin i
11
CAPÍTULO 10 - INTRUSOS EN LA SOMBRA - Sin Im
12
CAPITULO 11 - LA SOMBRA DE LA SOSPECHA - Sin i
13
CAPITULO 12 - DECISIONES DIFÍCILES -Sin Im
14
CAPÍTULO 13 - LEALTAD Y DEBER
15
CAPITULO 14 - CAÍDA EN EL BARRANCO
16
CAPITULO 15 - ALAS DE SALVACIÓN Y DESTRUCCIÓN
17
CAPITULO 16 - Intrusos en la Sombra
18
CAPITULO 17 - El Precio de la Desobediencia
19
CAPITULO 18 - La sombra de la sospecha
20
CAPITULO 19 - El Vínculo Inquebrantable
21
CAPITULO 20 - Decisiones Difíciles
22
CAPITULO 21 - Lealtad y Deber
23
CAPITULO 22 - Entre la Preocupación y el Consuelo
24
CAPITULO 23 - Caída en el barranco
25
CAPITULO 24 - Corazón de Tigre
26
CAPITULO 25 - Alas de Salvación y Destrucción
27
CAPITULO 26 - Vínculos y Revelaciones
28
CAPITULO 27 - Entrenamiento complicado
29
CAPITULO 28 - Ataque al palacio
30
CAPITULO 29 - Defensa del Mapa
31
CAPITULO 30 - Pasado de Rowan
32
CAPITULO 31 - La Revelación del Mapa Estelar
33
CAPITULO 32 - Consecuencias Inminentes
34
CAPÍTULO 33 - Salón del Trono
35
CAPÍTULO 34 - La Oficina del Emperador
36
CAPÍTULO 35 - Promesas y Despedidas
37
CAPÍTULO 36 - El Nuevo Decretó
38
CAPITULO 37 - Una Nueva Alianza
39
CAPÍTULO 38 - Reconciliación y Vigilancia
40
CAPITULO 39 - Estrategia en las Sombras
41
CAPÍTULO 40 - Regreso al Reino
42
CAPÍTULO 41 - Sombras del Pasado
43
CAPÍTULO 42 - Encuentro con Charlott
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CAPÍTULO 43 - La Elección de Cecilia
45
CAPÍTULO 44 - Susurros bajo las Estrellas
46
CAPÍTULO 45 - El Otro Collar
47
CAPÍTULO 46 - Ecos del Corazón
48
CAPÍTULO 47 - La Nueva Concubina
49
CAPÍTULO 48 - Rumores en el Mercado
50
CAPÍTULO 49 - Conspiraciones en la Sombra
51
CAPÍTULO 50 - Alivio y Esperanza
52
CAPÍTULO 51 - Rumores de Guerra
53
CAPÍTULO 52 - Ecos de la Tempestad
54
CAPÍTULO 53 - La Entrega
55
CAPÍTULO 54 - El Destino de Isabella
56
CAPÍTULO 55 - Sombras de los Recuerdos
57
CAPÍTULO 56 - Alianzas y Revelaciónes
58
CAPÍTULO 57 - Rumores en el Jardín
59
CAPÍTULO 58 - La Sombra de la Redención
60
CAPÍTULO 59 - Premios y Rencores
61
CAPÍTULO 60 - Recuerdos Enclaustrados
62
CAPÍTULO 61 - Sombras de la Corte Imperial
63
CAPÍTULO 62 - Tensión Acumulada
64
CAPÍTULO 63 - El Deber de un Rey
65
CAPÍTULO 64 - Posible Envenenamiento
66
CAPÍTULO 65 - El Gran Banquete
67
CAPÍTULO 66 - Noche Inquieta
68
CAPÍTULO 67 - Juegos de Apariencias
69
CAPÍTULO 68 - Conspiraciones en las Sombras
70
CAPÍTULO 69 - Revelación Inminente
71
CAPÍTULO 70 - Confianza y Traición
72
CAPÍTULO 71 - Decisiones en la Oscuridad
73
CAPÍTULO 72 - La Traición del Silencio
74
CAPÍTULO 73 - La Chica del Bosque
75
CAPÍTULO 74 - Juegos de Poder
76
CAPÍTULO 75 - Principe Humillando
77
CAPÍTULO 76 - Dudas en la Correspondencia
78
CAPÍTULO 77 - Oportunidades y Preguntas
79
CAPÍTULO 78 - Alianzas Peligrosas
80
CAPÍTULO 79 - Corazones en Conflicto
81
CAPÍTULO 80 - En los Rincones del Imperio
82
CAPÍTULO 81 - Verdades Ocultas
83
CAPÍTULO 82 - Un Collar Diferente
84
CAPÍTULO 83 – Decisiones Estratégicas
85
CAPÍTULO 84 – Lazos y Despedidas
86
CAPÍTULO 85 - Invitación Real
87
CAPÍTULO 86 - Invocación Oscura
88
CAPÍTULO 87 - Prueba de Lealtad
89
CAPÍTULO 88 - El Regreso de Rowan
90
CAPÍTULO 89 - Sombra de la Traición
91
CAPÍTULO 90 - La Obsesión de Cecilia
92
CAPÍTULO 91 - El Aviso de Anika
93
CAPITULO 92 - Cassian en Peligro
94
CAPÍTULO 93 - El Ocaso de la Esperanza
95
CAPÍTULO 94 - La Caída de Cassian
96
CAPÍTULO 95 - Decisiones Múltiples
97
CAPÍTULO 96 - Plan de Escape
98
CAPÍTULO 97 - Encuentro de Collares
99
CAPÍTULO 98 - La Fuga de los Tigres
100
CAPÍTULO 99 - El Peso de las Decisiones
101
CAPÍTULO 100 - Hacia en el Horizonte
102
CAPÍTULO 101 - Adiós entre Nosotros
103
CAPÍTULO 102 - Bestias y Decisiones
104
CAPÍTULO 103 - Promesas Rotas
105
CAPÍTULO 104 - Regreso a Esmiria
106
CAPÍTULO 105 - La Propuesta
107
CAPÍTULO 106 - Rowan y Cecilia
108
CAPÍTULO 107 - Declaración de Guerra
109
CAPÍTULO 108 - Los Aliados de Marantia
110
CAPÍTULO 109 - Preparativos de Guerra
111
CAPÍTULO 110 - La Partida de Remesis
112
CAPÍTULO 111 - Ecos de la Partida
113
CAPÍTULO 112 - Risas y Sombras
114
CAPÍTULO 113 - Tierras Rocosas
115
CAPÍTULO 114 - Dudas y deber
116
CAPÍTULO 115 - El Tormento de los Recuerdos
117
CAPÍTULO 116 - La Emboscada Nocturna
118
CAPÍTULO 117 - Duelo de Sangre
119
CAPÍTULO 118 - El Regreso de los Caídos
120
CAPÍTULO 119 - Las secuelas en Thaloria
121
CAPÍTULO 120 - El Precio de la Victoria
122
CAPÍTULO 121 - Futuro incierto
123
CAPÍTULO 122 - Una Conexión Inesperada
124
CAPÍTULO 123 - Revelaciones en la noche
125
CAPÍTULO 124 - Promesa en la Penumbra
126
CAPÍTULO 125 - Los Secretos de Zaida
127
CAPÍTULO 126 - El Peso del Pasado
128
CAPÍTULO 127 - Ecos de lo no dicho
129
CAPÍTULO 128 - El Peso de las Decisiones
130
CAPÍTULO 129 - Ataque Sorpresa
131
CAPÍTULO 130 - Sacrificio y Verdad
132
CAPÍTULO 131 - La caída de los poderosos
133
CAPÍTULO 132 - Las cadenas del deber
134
CAPÍTULO 133 - Enfrentamiento Emocional
135
CAPÍTULO 134 - Promesas y Dudas
136
CAPÍTULO 135 - Juegos y Amenazas
137
CAPÍTULO 136 - Heridas Invisibles
138
CAPÍTULO 137 - El Legado de Ariadne
139
CAPÍTULO 138 - Sombras en la Noche
140
CAPÍTULO 139 - Admiración y Respeto
141
CAPÍTULO 140 - Anika en Medio
142
CAPÍTULO 141 - Pasado Irreversible
143
CAPÍTULO 142 - Secretos y Conspiraciones
144
CAPÍTULO 143 - Recuerdo en la Nieve
145
CAPÍTULO 144 - Obligaciones Imperiales
146
CAPITULO 145 - Decisiones Complicadas
147
CAPÍTULO 146 - El Velo del Invierno
148
CAPÍTULO 147 - Estrategias y Traiciones
149
CAPÍTULO 148 - El Reflejo de una Emperatriz Rota
150
CAPÍTULO 149 - El Rugido de la Batalla
151
CAPÍTULO 150 - Furia y Destino
152
CAPÍTULO 151 - Leyes Quebrantadas
153
CAPÍTULO FINAL - El Último Latido
154
NOTA DEL AUTOR

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