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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 9 Amigos
Will
—¡Un gusto, Diana! —respondo brindándole una pequeña inclinación.
—¡Ella era la esposa del difunto vizconde Vladímir!
Recuerdo al vizconde Vladímir, pero nunca conocí a su esposa. De seguro fue por mis viajes continuos, ya que no permanecía mucho tiempo en la corte. Mis visitas aquí eran muy pocas; como era el mejor en batalla y preparaba al batallón, no conocí a la esposa del vizconde. Debo reconocer que es una mujer atractiva. Me sonríe mientras me observa.
—¡Emperador Will, usted es muy halagado por sus conquistas! —habla la mujer.
—Muchas gracias por las palabras, mi lady.
—Emperador, Diana quiso ser parte de la corte; decidió ser una mujer de confianza. Como se comprende, la mujer no tiene voz ni voto, pero al morir el vizconde Vladímir, los de la corte aceptaron que fuera una dama administradora. Será de nuestra discreción; ella sabe que la traición lleva a la horca.
—¡Mi querido conde, creo que la dama aquí presente se asustará con sus palabras! —hablo con una leve sonrisa.
—¡No se preocupe, emperador, tengo más que claro mi trabajo! —responde la dama.
Asiento con una leve sonrisa.
—Otra cosa más, emperador: Diana estará a su disposición en todo lo que usted desee.
—Muy bien —respondo.
—¡Será un gusto estar a su servicio, emperador!
—¡Muchas gracias, mi lady! Si me perdonan, tengo una reunión importante en una hora.
—Muy bien, emperador. Mañana Diana empieza con sus labores.
—Perfecto, mañana nos ponemos al día, mi lady. Ahora, con su permiso, paso a retirarme.
—¡Con cuidado, emperador! —habla a mi espalda Diana.
—¡Gracias, mi lady! —respondo volteando en su dirección.
Me encamino nuevamente al área de carruajes. No dejo de pensar en Eliza; necesito verla. Soy tan masoquista al querer verla y sentir que me rechazará, pero la última es la vencida. Esta vez me tienen preparado mi caballo; el lugar de nuestro encuentro será a la mitad del camino, queda a veinte minutos del pueblo. Del palacio de Eloíse a nuestro encuentro son treinta minutos; solo espero que llegue.
Cabalgo por el camino, el viento sopla mi cabello. Solo la imagino a ella; su sonrisa me tiene cautivado. No sé qué me hizo... pero no me la puedo sacar de la cabeza. Pasados los minutos, llego al lugar de nuestro encuentro; me bajo de mi caballo y lo ato al enorme tronco. Es una cabaña abandonada. Ingreso y camino de un lugar a otro, me siento en la cama. Se supone que aquí vivía un guardia, pero lleva tiempo abandonada. Tuvimos momentos muy buenos en esta cabaña con Eliza. Me recuesto y cierro los ojos, recordando cómo recorrí todo su cuerpo en esta cama, cómo la hice mía una y otra vez.
Respiro profundo. Siempre que la citaba no lo dudaba, venía y nos la pasábamos muy bien, pero ahora que quiere complacer a su hijito se hace la difícil.
De un momento a otro abro los ojos y me levanto de golpe; me he quedado dormido. Debo regresar antes de que oscurezca más. Me coloco mi abrigo, salgo de la cabaña y la cierro. No viniste; una vez más me dejas en claro todo. Pero como soy un terco... la volví a buscar. La llamé en el palacio, pensé que tal vez por estar lejos de todos vendría... pero no.
Me monto en mi caballo y observo nuevamente a la nada. Sonrío de lado. Ay, Eliza, eso quieres... Bueno, tendré que dejar de buscarte.
—¡Ehh! —le doy un golpe con mi látigo al caballo y este se pone en marcha.
Al pasar los minutos llego a mi palacio.
—¡Emperador! Nos tenía preocupados a todos.
—¡Estoy bien, no te preocupes! —le respondo a mi hombre de confianza.
—Le mandaron esto —dice entregándome una pequeña carta, la cual no dudo en abrir.
Will, aún me encuentro con Eloíse. Espero no te enfades conmigo, pero... ya te lo he dicho, no quiero que volvamos a lo mismo. Es mejor así, vernos como amigos.
"Amigos", digo para mis adentros. Suelto un suspiro.
—¡Gracias, Paul! Puedes irte a descansar.
Él asiente y se marcha. Me encamino a las gradas y la palabra se repite una y otra vez: "Amigos". Suelto otro suspiro. No sé por qué la busqué; tal vez fue la desesperación por verla, pero sin duda fui un completo idiota.
Me desvisto y me tienen lista la bañera. Sumerjo mi cuerpo, respirando nuevamente profundo. Froto mi cuerpo con el jabón, cierro los ojos y siento sus manos.
—¡Joder! —hablo fuerte. Me la tengo que sacar de la cabeza, sí o sí.
Me quedo otro rato más, hasta que el agua comienza a enfriarse. Salgo de la bañera, seco mi cuerpo y me coloco una camisa de dormir. Seco bien mi cabello, me sirvo un coñac y me lo tomo de un solo trago; el licor quema mi garganta. Pero se siente bien, eso me relaja y, más calmado, me acuesto en la enorme cama. Poco a poco el sueño llega.
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Respiro profundo e ingreso a la corte. No es que haya tenido una noche tan buena como creí, ya que el pensar en ella no me ha dejado tener un buen sueño. Camino hacia mi despacho; tengo muchas cosas que leer y ordenar.
—¡Emperador, buenos días! —saluda el conde que me presentó a Diana.
—¡Buenos días, conde!
—En un momento vendrá Diana. ¿Desea que le pida algo a la servidumbre?
Asiento ante su comentario.
—Sabes, pídeme un café; el mejor que tengan.
—¡Para su majestad, lo mejor! —responde el conde.
Le sonrío y asiento.
—¡Muchas gracias!
El conde asiente y se marcha. Me encamino a mi despacho e ingreso. Tomo asiento revisando documentos importantes, pero elevo la vista.
—¿Pensarás en mí, Eliza? —hablo en voz baja.
Sonrío y niego con la cabeza. Vaya, vaya. Ninguna mujer me había tenido así, solo una y fue la madre de Eloíse, pero ahora... Eliza se me ha metido en la cabeza. Pero me la sacaré, debo hacerlo. "Amigos", sí, claro, seremos buenos amigos —pienso con sarcasmo—. No puedo dejar de pensar en eso: Eliza diciendo "seamos amigos". Sonrío con ironía. Sí, claro, amigos.
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
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