Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 10 Atrapadas
La carcajada de Victoria resonó atrayendo miradas curiosas.
—Victoria esto es en serio ¿Acaso no puedes verlo? Nada de esto se ve así en la actualidad.
Rory se acercó a ellas y con solemnidad les dijo:
—La joven agnes va a acompañarlas hasta su habitación, podrán descansar y después hablaremos sobre cómo ayudarlas.
Ambas asintieron en acuerdo para luego seguir a la joven que iba vestida con un vestido antiguo, típico de la región.
El castillo no solo era impresionante por fuera, también lo era por dentro, muebles rústicos, adornos hermosamente elaborados con metales y pieles como alfobras.
Victoria miraba todo fascinada, pero no decía nada.
Cuando llegaron al cuarto de huéspedes, la joven abrió la puerta invitandolas a entrar.
—Pronto les traeré algo de comer. —anunció la criada y luego se volteó para irse.
—Espera... —la detuvo Fridda. —¿En qué año estamos?
Le hizo la misma pregunta que antes le había hecho a Rory.
Victoria arqueó su perfecta ceja mientras esperaba la respuesta.
La joven, confundida por la extraña pregunta, respondió sin más:
—1265...
—¿Qué dices? —Victoria se acercó con cara de pocos amigos.
Agnes se encogió ante la actitud de aquella extraña, pero reafirmó su respuesta.
—Estamos en el año 1265. Esto es Lochleven, tierras de Lord Duncan MacIver.
—Déjanos solas por favor. —Fridda entró completamente a la rudimentaria habitación, atrayendo consigo a Victoria.
—¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Esto no es cierto! ¡No puede ser cierto! —Victoria miró colgado en la pared el mismo espejo que le había comprado a la anciana días atrás. —Tiene que ser una broma.
—Vicky, calmate...
—¿Cómo quieres que me calme? Esto parece una broma de mal gusto, Fridda.
—No lo es, Rory, el guerrero me dió la misma fecha. —Fridda se agarró del cabello —No sé cómo pasó pero esa anciana bruja debe tener algo que ver.
Victoria miró al espejo y comenzó a hablar como si del otro lado alguien la escuchara.
—Sácanos de aquí ahora mismo, no puedes hacernos esto. —Sentía rabia y ganas de llorar.
—No creo que te escuche. Hizo esto para vengarse de nosotras.
—Tiene que haber un error Fridda, no pudimos haber viajado en el tiempo, esas cosas no son posibles.
—Yo tampoco lo hubiese creído, pero mira a tu alrededor, nada de esto existe en la actualidad. Este lugar estaría lleno de turistas en un día como hoy. —Fridda trataba de hacer entender a su amiga.
—Lo sé... —admitió Victoria. —Pero no quiero aceptarlo.
Caminó hasta donde estaba la cama, se sentó y luego retiró sus zapatos para acostarse. Era una cama incómoda, nada parecido a lo que ella estaba acostumbrada.
—Vicky... —Fridda se acercó hasta ella y se sentó en la orilla. —No sé cómo, pero saldremos de esto.
—Eso espero, no creo poder acostumbrarme a este lugar. No pertenecemos aquí.
Fridda solo asintió y después se recostó en su propia cama.
Ambas durmieron, con la esperanza de despertar de esa pesadilla, pero para su desgracia era solo el comienzo.
Victoria tuvo otra pesadilla, esta vez, veía a la anciana a través del espejo; se reía de ellas sin parar y por más que quisiera, Victoria no podía alcanzarla.
—Las traeré de regreso cuando aprendan la lección. —Dijo la anciana.
—Ya la aprendimos, por favor. Nunca más volveremos a burlarnos. —El desespero impregnado en su voz.
—Aún es muy pronto... —Dicho esto, desapareció.
A pesar del frío que hacía, Victoria despertó sudando y exaltada. Seguía en la misma habitación rústica y antigua, no había sido solo un sueño. Cuando se durmió, lo hizo con la esperanza de despertar en su cuarto de hotel.
—¡Fridda! Despierta... —Se sentó en la cama.
—¿Qué pasa? —Preguntó Fridda aún con los ojos cerrados.
—Seguimos en el mismo lugar y no solo eso, ahora estoy segura de que fue esa malvada anciana quien nos puso aquí.
Entonces Fridda abrió los ojos de golpe, su amiga tenía razón, seguían en el pasado.
—¿Cómo lo sabes? —Preguntó con curiosidad.
—Soñé con ella y me dijo que nos sacaría de aquí cuando aprendamos la lección. —Victoria entornó los ojos. —Vieja descarada, ella es quien debe aprender a no ser rencorosa.
—Vicky, no creo que ayude el hecho de que la sigues insultando. Mira lo que nos está pasando. —Fridda se agarró el cabello con fuerza.
—Estamos muy sucias, tienes barro hasta en la cara. —Victoria le dió una media sonrisa, quería relajarse aunque sea un momento.
—Tú también estás sucia y el hermoso vestido arruinado.
Fridda se acercó a su amiga y terminó de rasgar el escote delantero de su vestido.
—¿Qué haces? —Chilló Victoria —Es la unica prenda que tengo.
—Solo quería ver si te lucía un escote hasta el ombligo, esa era la idea original pero ahora que lo veo, se vé vulgar.
—Fridda, ¿Estás bien? —Victoria temía que su amiga estuviera teniendo un ataque de locura.
—No te preocupes Vicky, nos darán arapos para vestir, estoy segura de que no nos dejarían andar por ahí luciendo como rameras.
—¿Qué vamos a hacer? No tenemos a dónde ir. Todo lo que conociamos desapareció.
—Deberíamos quedarnos aquí. Al menos tenemos techo. —Fridda ya lo había pensado.
—Pero nos harán preguntas, tenemos que inventar una historia convincente y creo que tengo una idea. —Sonrió Victoria, segura de que les creerían.
—Confío en tu poder de persuasión, cuéntame tu idea. —Fridda se sentó junto a ella y escuchó atentamente.
Después de tener cada detalle en cuenta, se sentían más seguras sobre qué decir. Aunque, el no saber casi nada sobre este tiempo, definitivamente sería un obstáculo.
—Iré a buscar un baño, necesito una ducha urgente. —Victoria se quedó pensando por un segundo. —Supongo que hay un baño, ¿cierto?
—Supongo que sí. —Respondió Fridda encogiendose de hombros. —Después de tí, iré yo.
Victoria volvió a calzarse los tacones, eran los únicos zapatos que tenía, luego salió de la habitación y comenzó vagar buscando un baño.
Ya estaba oscureciendo y la visibilidad era poca, al cruzar una esquina, Victoria se topó con un torso firme; miró hacia arriba y un par de ojos azules le devolvieron la mirada, pero no era una mirada amable.