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Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amor-odio
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Guadalupe Garza

Trilogía: Pecados de Élite

Libro 1: Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Ella es la Teniente Morgan de la Fuerza Especial de Élite Militar (F.E.E.M.), una mujer de hierro acostumbrada a tener el control. Durante años, ha construido una relación estable y segura con su novio, el capitán Cross, el hombre que representa su futuro y su puerto seguro.

Pero tras dos semanas de ausencia de ella por un luto familiar, todo cambia al volver a la base. Allí es recibida por la imponente presencia del nuevo coronel: un hombre magnético que se convierte en su tentación más oscura, un pecado inconfesable y, probablemente, su mayor error.

El verdadero peligro se revela cuando descubre la verdad: ambos hombres comparten la misma sangre.

Ahora, atrapada en un triángulo de lealtad y deseo, su mente jura que su corazón le pertenece al capitán, pero su cuerpo arde por el coronel.

Cuando el deber militar choca contra una pasión prohibida entre hermanos, el peligro aumenta.

¿Qué podría salir mal?

NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Pecado, culpa y la sombra del colapso

Victoria Morgan.

Dicen que el amor verdadero no es para cualquiera, que no todos logran dimensionar el verdadero significado de esa palabra, ni el peso colosal que conlleva pronunciar un "te amo". Nos han enseñado que esa frase sagrada no se le dice a la ligera a cualquier persona, que se supone solo se experimenta una vez en la vida, como un rayo que te atraviesa el alma y te deja intacta para siempre.

Y sin embargo, ahí estaba yo, sentada en la soledad de mi escritorio, cuestionándome hasta los cimientos si mi amor por Dante seguía siendo tan puro como creía. No era que hubiera dejado de amarlo de la noche a la mañana, lo quería, de eso estaba segura, pues compartíamos una historia y una ternura construida con paciencia. El verdadero problema radicaba en lo que había pasado días atrás en la feria de The Quays, cuando me dejé arrastrar por su hermano mayor. Me había sumergido en esa burbuja de neón y, por un par de horas malditas, mi novio ni siquiera había cruzado por mi mente. Había besado a Alec. Y lo peor de todo, lo más aterrador y degradante para mi conciencia, era que aún no lograba descifrar con absoluta claridad quién de los dos había dado el primer paso hacia ese abismo.

El remordimiento me carcomía por dentro, llenándome de una culpa asfixiante. En teoría, en ese instante exacto nada debió haberme importado más que mi lealtad hacia Dante; sin embargo, en la práctica, lo único que recordaba con nitidez eran las extrañas, salvajes e irresistibles sensaciones que Alec me había provocado. Desde aquella noche en el Alexandra Lake, había hecho lo imposible por evitarlo, rehuía de cualquier tema que no estuviera estrictamente relacionado con los informes de la misión, y le había escatimado las llamadas y los mensajes a Dante, escondiéndome tras el escudo de mi supuesta fatiga laboral.

Me sentía una completa farsante. Amaba a Dante, pero había besado a su hermano mayor, y esa contradicción moral desafiaba toda lógica. Debería estar arrepintiéndose, debería sentir un nudo en el estómago que me devolviera al buen camino, pero el arrepentimiento brillaba por su ausencia. Alec Cross era un acertijo indescifrable, un muro de hielo con destellos de fuego, un pecado andante de un metro noventa y dos que parecía diseñado para desmoronar mis principios con una sola mirada.

—¿Se puede saber qué tiene a mi brillante cuñada con la mente en otro planeta, Teniente Morgan? —la voz suave de Megan me arrancó de golpe de mis cavilaciones, haciéndome parpadear varias veces frente al monitor.

—No es nada... solo estoy pensando en Dante. Últimamente lo noto extraño, distante... como si algo lo estuviera carcomiendo por dentro —mentí con soltura, sintiendo el sabor amargo de la falsedad en la garganta.

Megan dio un rodeo al escritorio, se paró a mi espalda y posó ambas manos con cariño sobre mis hombros, brindándome un abrazo cálido que solo empeoró mi sentido de culpa.

—Mírame y dime con franqueza que entre tú y el coronel Cross no ha pasado absolutamente nada más que una simple relación de superiores —me desafió con dulzura, conociéndome demasiado bien.

Negué con la cabeza lentamente, incapaz de sostenerle la mirada. A mis veintidós años, empezaba a comprender con terror que la vida perfecta y milimétricamente planeada que creía tener se estaba desmoronando como un castillo de naipes. Dejé caer la cabeza hacia atrás, recargándome con pesadez en el brazo de Megan mientras ella seguía abrazándome.

—¿Sabes? Recuerdo muy bien lo que tu hermano Ryan solía decir sobre Dante antes de... antes de morir —murmuró Megan con voz melancólica, mirando hacia la ventana —decía que no le gustaba para ti, que en el fondo guardaba la misma madera oscura que su hermano Alec, solo que Dante se empeñaba en camuflajearlo bajo esa fachada de novio tierno y protector.

—A veces... a veces temo que mi hermano tenía razón en eso —admití en un susurro apenas audible.

En ese preciso instante, mi teléfono celular vibró sobre la superficie de la madera. Lo tomé con desgana, pensando que sería otro mensaje de Dante, pero al encender la pantalla vi sus palabras

"Debo salir de la base a verificar una pista de última hora. No podremos cenar como teníamos planeado. Te veo mañana, descansa cariño".

Solté un suspiro largo, mezcla de alivio culpable y vacíos repentinos, y decidí no responderle. Poco después, Megan se despidió para ir a recoger a Hazel a los dormitorios y regresar a casa. Me quedé sola en el silencio de la noche.

Caminé por los pasillos tenuemente iluminados hasta llegar a mi alcoba. Lo primero que hice fue quitarme el rígido uniforme táctico y ponerme ropa cómoda de civil. Tomé mis cosas, dispuesta a dar una última vuelta por el archivo general, pero al girar el pomo y abrir la puerta de mi habitación, me quedé petrificada en el marco.

El coronel Alec Cross estaba parado justo frente a mí.

Traía la camisa de uniforme parcialmente desabrochada en el cuello, dejando ver la curva de su garganta, las mangas arremangadas hasta los codos revelaban la fuerza de sus antebrazos marcados por viejas cicatrices. Su cabello castaño oscuro estaba revuelto, como si se hubiera pasado las manos por la cabeza una y otra vez con desesperación, y sus ojos de un azul zafiro intenso me clavaron al suelo con una voracidad magnética.

Antes de que pudiera articular una sola palabra de protesta, Alec dio un paso al frente, entró a la habitación sin pedir permiso y cerró la puerta de un golpe seco, girando el pestillo con un clic metálico que resonó como una sentencia.

Se acercó a mí con paso firme. Inclinó el rostro y, antes de que pudiera retroceder, una mezcla embriagadora y caótica inundó mis fosas nasales, el aroma a whisky escocés de alta gama, su perfume amaderado y el rastro sutil del tabaco. Lejos de parecerme repulsivo, ese cóctel masculino me descolocó por completo, nublando mis pensamientos en cuestión de segundos. Su aura de depredador llenaba cada rincón de la estancia.

—Me estoy volviendo absolutamente loco con esta maldita manía tuya de ignorarme por los pasillos, Teniente Morgan —me susurró a pocos milímetros de los labios, con una voz ronca y cargada de una frustración contenida que me quemaba la piel.

Mi cerebro gritaba que debía apartarlo, que debía recordarle mi rango, recordarle su apellido, recordarle sobre todo que yo era la novia de su hermano menor. Pero mi cuerpo no respondía a las órdenes de la razón. Me quedé allí, inmóvil, atrapada en su órbita, sintiendo el calor de sus manos grandes y ásperas posarse con firmeza a los lados de mi rostro, acunando mi piel como si fuera lo único valioso en su mundo.

—Coronel... por favor, váyase de aquí —logré susurrar, aunque mi aliento cálido chocó directamente contra su boca y mi voz traicionó mi debilidad —No es adecuado... esto no está bien...

Alec soltó una risa seca, casi imperceptible, y negó con la cabeza con lentitud.

—Que se joda lo que es adecuado, Victoria —murmuró, antes de abalanzarse sobre mis labios sin darme tregua.

El beso fue un golpe de corriente eléctrica pura. Intenté levantar las manos para poner resistencia, apoyando las palmas contra su pecho duro como el granito, sintiendo los latidos desbocados de su corazón retumbar bajo mis dedos como un tambor de guerra. Pero bastó con que su lengua se abriera paso con autoridad dentro de mi boca, en una danza hambrienta y posesiva que exigía todo de mí, para que mis defensas se desplomaran por completo. Mis dedos, en lugar de empujarlo, se aferraron con desesperación a la tela de su camisa, mientras mi respiración se volvía un hilo roto y acelerado.

—Joder... necesito más. Te necesito a ti, joder —gimió contra mi boca en un susurro áspero, antes de pegarme con tanta fuerza a su torso que apenas y cabía aire entre nuestros cuerpos.

Solté un pequeño gemido de sorpresa y entrega cuando sus dientes mordieron con una suavidad punzante mi labio inferior. Esa forma salvaje, posesiva y desinhibida de besarme encendía en mi interior un fuego primitivo, una excitación tan honda y visceral que jamás había sentido con nadie más... ni siquiera con Dante.

El hechizo se rompió de la forma más cruel. Su teléfono celular comenzó a vibrar con estridencia dentro de su pantalón. Alec lo ignoró por completo, apretándome aún más contra su cuerpo como si pretendiera fundirme con su propia piel.

Pero un segundo después, fue mi propio teléfono el que comenzó a sonar con una melodía estridente dentro de mi bolso. Con el corazón latiéndome a mil por hora, saqué fuerzas de flaqueza, despegué mis labios de los suyos y lo empujé ligeramente hacia atrás, intentando recuperar el aliento mientras contestaba con voz temblorosa.

(llamada)

—Teniente Morgan.

—¿Teniente? Habla el sargento Marcus Vance... —la voz al otro lado de la línea sonaba rota, alterada y profundamente aterrorizadab —Necesito que mantenga la calma, por favor... El capitán Cross... el capitán Dante Cross ha sido herido durante la incursión. Lo estamos trasladando de emergencia al hospital principal de la F.E.E.M....

El mundo a mi alrededor se detuvo de golpe. Sentí cómo el suelo bajo mis pies se desmoronaba y caía al vacío absoluto.

—No... no puede ser... —logré articular, mientras el color abandonaba mi rostro y mis manos empezaban a temblar violentamente ante la idea de perder a alguien más.

Alec, al notar el cambio drástico en mi expresión, me arrebató el teléfono de las manos con un movimiento rápido. Pegué los ojos a su rostro, lo vi mover los labios haciendo preguntas cortantes al sargento, pero mis oídos ya no registraban ningún sonido. El pánico me había ensordecido, dejando paso únicamente al eco sordo de mi propio terror y a la imagen de Dante sangrando en una fría camilla.

Al ver que me desplomaba, Alec me sacudió con firmeza por los hombros, obligándome a mirarlo a los ojos.

—Despabila, Victoria. ¡Reacciona! Te voy a llevar ahora mismo —me ordenó con una autoridad férrea que cortaba el aire.

Mecánicamente, como un autómata consumido por el horror, asentí con la cabeza. Tomé mi chaqueta militar del perchero y salí corriendo detrás de él hacia los pasillos, con el alma encogida y el corazón a punto de reventarme el pecho por el miedo absoluto a perderlo todo. El teléfono no dejaba de vibrar en mi bolsillo, pero ya no tenía cabeza para responderle a nadie.

A mi lado, con los ojos inyectados en rabia y la mandíbula tensa hasta el límite, Alec aceleró el paso por los pasillos de la base, liberando un rugido que hizo eco en las paredes metálicas...

—¡Prepárense todos! ¡Si le pasa algo a mi hermano, juro que los mato a todos con mis propias manos!

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Estefanny Castro
me encanta la novela me gustaría que subieras más capitulos o que hicieras un maratón
Estefanny Castro: cuál es el nombre de la otra plataforma para leer las historias que has hecho
total 3 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Alec estás jugando con fuego y te vas a quemar 🔥
Guadalupe Garza: yo diría que los dos 🤭
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Peligroso muy peligroso 🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Dios mío ésto está que arde🔥
Guadalupe Garza: Y lo que falta
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente comienzo
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