SINOPSIS
Vi al hombre que había sido el protagonista de mis sueños más húmedos durante un año, desde que lo conocí en el avión ese día y nunca más lo volví a ver… hasta ahora. El peor día de mi vida. Llegar tarde a casa del trabajo esa noche me hizo sentir peor que ver a mi exnovio teniendo sexo. Mucho peor. Y también sería peligroso si él no estuviera allí para salvarme. Mi héroe no tiene armadura. Pero no es un héroe, es un villano. Es duro, salvaje y fuerte. La forma en que me mira me emociona. Estaba equivocada por todas las razones correctas, un mal hombre, pero con un buen corazón. Y me caí, demasiado fuerte.
Las cosas empiezan a ir mal y faltan las piezas. ¿Por qué estaba allí ese día, quién era realmente? Me siento confundida. Mi mente y mi corazón están en una batalla de vida o muerte. ¿Me voy con la cabeza gacha? ¿O me quedo y amo con todo mi corazón?
NovelToon tiene autorización de Any Estrada para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 9: —¿Otras veces? ¿Qué quieres decir con eso, Pao?
Capítulo 9
IRENE
—Maldición, cariño. —Troté hasta ella y la ayudé a bajar—. ¿Estás segura de que puedes hacer esto? Siempre podemos dejarlo para cuando nazca…
—¡NO! —Gritó cuando llegamos al auto—. Lo siento. Pero un segundo más encerrada en esa casa con Richard y me volveré loca o lo terminaré matando, y mira que amo a mi marido y no quiero cometer matricidio.
—¿Matricidio? —Sonreí abriéndole la puerta del auto.
—Sí, matricidio, porque como él me siga envolviendo en una casa de burbujas, lo voy a castrar.
Una carcajada salió de mí mientras me subía al auto poniéndolo en marcha, conduje despacio hasta el centro comercial.
—No creo que quieras quedarte sin eso, Pao.
—No, tienes razón, no quiero. Pero es que te juro que me vuelve loca. Lo amo, pero también lo odio, ¿será eso normal? —Me encogí de hombros.
—Puede ser. He oído que las hormonas son unas perras.
—Las peores. ¿Qué hay de ti? —La miré de reojo.
—¿Qué pasa contigo?
—¿Cuándo nos darás un sobrino…? —Casi me atraganto—. Oh, Irene Martínez, tienes a alguien, ¿no es así?
—NO. Por supuesto que no.
—Sí, claro. Mira que bien lo tenías guardado. —Detuve el auto en un semáforo y aproveché para mirarla. Tenía una sonrisa de Joker en su bonita cara, se acarició su enorme barriga y me movió las cejas en una insinuación.
Me reí.
—No jodas, déjate de inventos. Solo me has sorprendido.
—No confías en mí, ¿verdad?
—Llevamos más de un año conociéndonos, y aunque al principio fuiste una perra celosa que pensó que quería robarle a su novio, pronto comprendiste que no es así.
—¿No lo dejarás pasar?
—¿Cómo no hacerlo cuando te apareciste casi desnuda en la clínica aquella tarde? —Sus mejillas se tiñeron de rojo brillante. Nos pusimos en movimiento una vez más.
—Valeeeeeee, sé que fui una exagerada. Pero no te conocía. Además, ya te pedí disculpas por eso… y el chocolate que derramé en tu uniforme.
—Sip, una verdadera perra. Pero a una que adoro. —le lanzo un beso.
—Sabes que si pudiera girarme, te daría un beso.
—Lo sé. También es bueno que no puedas hacerlo. No quiero que Richard se vuelva loco por eso.
—Agh, sí. Por todo se pone en modo cavernícola. —ambas reímos—. Me estás cambiando de tema. —vuelve a llevar el tema devuelta hacia mí.
—Vale, pero nada de comentarle a tu esposo. He conocido a alguien...
—¡SIIIIIII! —grita alegre.
—Calma, Pao, calma. Aún no somos nada de hecho, solo lo he visto dos veces e intercambiamos números telefónicos. —no menciono que fueron en dos ocasiones muy alejadas la una de la otra, como tipo, un año de diferencia. Tampoco menciono que parece un jodido pandillero con todo ese montón de tatuajes en su sexy y caliente cuerpo de dios griego que te incita a los pecados más placenteros.
—Bueno, iba a preguntar si es guapo, pero por tu cara, diré que es más que guapo. —le doy una rápida mirada cuando aparco el auto en el estacionamiento del centro comercial.
—Lo otro... —bajo el auto, rodeándolo por el frente.
—Joderrrrrrr, el tipo debe estar caliente. —ella se abanica la cara cuando le abro la puerta para que salga.
Engancha su brazo con el mío mientras entramos al centro comercial. Lo primero que hacemos es ir al baño para que Paola pueda orinar, ya que según ella, parece una meona. Caminamos entrando y saliendo de varias tiendas, evitando la tienda de mi madre a propósito para dejarla para el final. Pao decide adelantar su hora de almuerzo para las once, luego seguimos caminando un poco más comprando algunas cosas para la bebé Rachelle.
—Ohhhh, mira… fresa con crema —Paola camina tan rápido que parece un pingüino. Me entra la risa floja mientras la sigo. Ella me fulmina con la mirada, pero se ve tan graciosa que no puedo tomarla en serio—. Cuando esté tan grande como un puto globo aerostático, me voy a burlar de ti. Ya verás. —sentencia.
—Vale, vale dejo de reírme. Es solo que te ves adorable y más con ese vestido. —ella me ignora, compra dos vasos de fresas entregándome uno. Nos sentamos un rato más antes de continuar con nuestra búsqueda de cosas utilices para Rachelle.
—Que bueno que Apolo se haya llevado a Richard con él. De haber estado él aquí yo no hubiera podido comprar como quiero. —se queja una vez más—. Ya suficiente de tantas quejas de mi parte.
—Ya era hora —bromeo con ella. Hablamos de muchas cosas mientras que comemos nuestras fresan.
(####)
Cuando salimos de una tienda donde le he comprado la ropa para sacar a mi futuro ahijado de la clínica, Paola parece estar cansada y para completar le da una contracción, me agarra del brazo apretándome con fuerza, poniéndome los nervios de punta.
—Wow, lo siento. Pero ésta ha sido más fuerte que otras veces.
—¿Otras veces? ¿Qué quieres decir con eso, Pao? —ella me mira con culpabilidad.
—Joder, Pao, has tenido contracciones todo este tiempo y no me has dicho nada. —la acuso.
—Dios, no vayas a hacer un drama por favor. No como Richard. Estoy bien, te lo prometo. —ella se detiene, respira profundo y, cuando se le pasa, continúa caminando conmigo a su lado. Me muerdo la lengua por no decirle algo que pueda hacerla enfadar y que terminemos peor que una simple contracción.
Entramos en varias tiendas más y las contracciones se le repiten. Puedo verlo en su cara pálida, en sus fuertes apretones a mi brazo.
Me cogen los siete males, pero me vuelvo a tranquilizar cuando veo que se le pasa y me sonríe.
—Nena, es mejor que llamemos a Richard. —saco el móvil para llamar a Richard, pero ella me lo quita y lo guarda en su chaqueta.
—¡Oye! —me quejo.
—No quiero molestarlo, pero si empeoro te prometo que llamaré. De verdad, estoy bien. Vamos a seguir con esto, ¿sí? —dice Paola con determinación y yo asiento sin decir nada. Seguimos caminando, pero mi mente está en sus contracciones y en lo preocupada que estoy por ella y por mi futuro ahijado—. Estamos a 18 de octubre y el parto es para el 26. Ya se lo he dicho muchas veces a tu amigo. —suelta como si nada. La miro boquiabierta.
—¿Cómo que el parto es para el 26? Si estamos a 18, eso significa que sólo faltan ocho días. ¿Por qué no me lo dijiste antes? —pregunto, preocupada.
—Lo siento. Pensé que tu amigo ya te había informado. Pero no te angusties, ya el doctor me dijo que todo está bien. El bebé se está acomodando y las contracciones son normales —me responde mi amiga.
fotitos por favor