Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 8
Dominic
Abrí los ojos de golpe
El techo no era el de mi departamento. Era de madera rústica, con vigas gruesas y una lámpara de hierro forjado colgando del centro. La cama era inmensa, con sábanas de algodón que olían a suavizante floral, a limpio, a… a ella.
Me incorporé de un salto
— Melanie!
No había nadie. El colchón estaba revuelto, pero el otro lado se encontraba frío. La almohada todavía guardaba la forma de su cabeza y el ambiente entero delataba su rastro.
Me llevé la mano a la sien. La cabeza me daba vueltas, pero no por el alcohol apenas había probado trago, sino por la resaca moral de lo que había hecho. De lo que le había permitido pasar.
Me senté en la orilla. Busque mis cosas en mis pantalones. Ni mi teléfono, ni la billetera, ni las llaves del auto. Absolute cero, no tenía nada encima
— Pero qué carajos…?
Me levanté a buscar con la mirada. La habitación era amplia, campestre, con ventanales enormes que daban directo a un bosque privado. Cero ciudad. Cero edificios. Cero rastro de mi vida de oficina.
Bajé las escaleras a zancadas con el corazón latiéndome en la garganta. La casa era un búnker silencioso, de techos altos y muebles oscuros, impecable pero totalmente aislada del mundo.
Y entonces la encontré
Estaba en la cocina. De espaldas, enfundada en una camiseta gigante que le quedaba como un vestido corto y el cabello cobrizo recogido en un moño desastroso. Olía a café recién colado y a huevos con tocino. Se movía con una naturalidad insultante
— Buenos días, don Feote
soltó sin girarse
— tienes hambre?
Me quedé plantado en el marco de la puerta, midiendo la escena con los ojos abiertos como platos. La luz de la mañana le pegaba de lleno en la cara. Se veía ridículamente bien
— No
le solté seco
— Es tardísimo. Me tengo que ir
— Irte?
se dio la vuelta despacio, apoyándose en la isla de la cocina con una sonrisa de lado
— Lo dudo. Eso no pasará
— Qué?
— Que no te vas a ninguna parte
Me acerqué un par de pasos, frunciendo el ceño
— Dónde estan mis cosas, mi teléfono?
— escondidos, dormiste profundo ni sentiste cuando te los quite
— deja de jugar Melanie
— no es juego, están un lugar ultra secreto
Di otro paso hacia ella, perdiendo la poca paciencia que me quedaba
— Melanie, esto no tiene gracia. Tengo juntas, tengo compromisos, tengo un directorio esperándome…
— Tienes una cara de póker que conmigo no sirve de nada
me cortó con total frescura
— Y lo más importante, tienes hambre. Así que siéntate
— No me voy a sentar. Voy a salir por esa puerta
Caminé a zancadas hacia la entrada principal. Puse la mano en el picaporte y lo giré
No cedió
Estaba cerrado con llave
Me giré lentamente para mirarla. Ella seguía en la cocina, sosteniendo la espátula con una tranquilidad que exasperaba
— Te volviste completamente loca?
le reclamé
— Un poco, tal vez
admitió encogiéndose de hombros
— Pero tú no me dejaste muchas alternativas
— Qué alternativa, secuestrarme en medio del campo?
— No lo llames secuestro, suena feo. Llámalo… retención preventiva con fines de debate
— Preventiva de qué? por Dios
— De que huyas como un cobarde antes de que hablemos como gente normal
Me quedé congelado con la mano en la cerradura
— Esto es ilegal
— También es ilegal ignorar a alguien que pagó diez mil dólares por bailar contigo, pero mira, aquí estamos los dos compartiendo techo
Abrí la boca para replicar, la volví a cerrar y sacudí la cabeza
— Esto es una broma pesada y de muy mal gusto
— Cero broma
— Melanie, en serio, quita el seguro
— En serio, no te vas a mover de aquí hasta que hablemos
— De qué, exactamente?
— De todo. De por qué me tratas como si fuera un bicho raro. De por qué me besaste anoche si según tú soy un fastidio. De por qué tienes cara de amargado crónico las veinticuatro horas. De todo, Brandon
Me quedé en silencio. Porque no tenía una sola respuesta decente. O porque las respuestas eran tan peligrosas que prefería tragarme la lengua antes decirlas
— No tengo tiempo para jueguitos
— Pues date el lujo de inventarlo, porque las llaves las tengo yo
— Y si grito?
— Grita todo lo que quieras. La casa más cercana está a tres kilómetros y los cuidadores están de viaje
— Y si rompo un ventanal y huyo?
— Rómpelo tú mismo si quieres pagarlo. Pero de aquí no sales
— Y si…?
— Y si te dejas de dramas y te sientas a desayunar?
me interrumpió sirviendo dos platos humeantes
— El tocino se va a enfriar y te aseguro que no te va a gustar frío
La miré fijo. A ella, con su camiseta, su moño indomable y esa sonrisa de victoria absoluta. A la tipa que literalmente me había secuestrado en su casa de campo para exigirme explicaciones
Y por primera vez en semanas, sentí algo que no era aburrimiento, ni presión familiar, ni el peso del apellido Mehier. Sentí una chispa de adrenalina pura.
— Estás de remate
le dije, rindiéndome a medias y caminando hacia la mesa
— así soy y te acostumbras feote
— Esto va a traer consecuencias graves, y no soy feo
— no me importan las consecuencias
— Melanie…
— Sí, carita de amargado?
—Por qué haces esto?
Ella dejó los platos sobre la madera, se sentó justo enfrente de mí y me sostuvo la mirada. Cero bromas. Cero risitas. Una seriedad absoluta
— Porque me gustas
soltó sin titubear
— Y porque sé perfecto que yo también te gusto. Aunque te cueste la vida admitirlo. Aunque pongas cara de piedra. Me gustas, Brandon. Y no pienso dejarte ir hasta que hablemos de frente.
Me quedé sin aire un segundo
— Y si no me gustas tanto
repliqué a la defensiva.
Ella arqueó una ceja, cruzándose de brazos
— Inténtalo de nuevo. Mírame a los ojos y dime que anoche besaste a un mueble
La miré. A sus ojos verdes, a sus labios, a la osadía con la que me acorralaba en mi propia trampa. Y supe que mentirle en ese momento iba a ser imposible
— No besé a un mueble, y además me besaste primero
admití en voz baja, con los dientes apretados
Una sonrisa lenta y triunfal se le dibujó en los labios.
— Ves? No era tan difícil decir la verdad
— No tienes la menor idea de en qué te estás metiendo
— Lo sé perfectamente. Te acabo de secuestrar de forma muy elegante. Y ahora vas a desayunar porque te va a hacer falta energía para el interrogatorio
Me empujó el plato hacia adelante con el tenedor encima. Me quedé mirándolo con una mezcla de resignación y una sonrisa torcida que no pude frenar
— Esto no se va a quedar así
mascullé
— esperaré tu venganza entonces
— Me vas a tener que soltar tarde o temprano
— quizás si o... Quizás no
— y cuando lo hagas...
— callate y come feote
Soltó una carcajada limpia, genuina, que resonó en toda la cocina. Y, maldita sea, por un segundo me olvidé por completo de mi oficina, de mi madre, de Roma y de la junta de las nueve de la mañana
— ya come
dijo guiñándome un ojo
— Después seguimos negociando.
Y obedecí, comí como niño obediente, y es que esta mujer me está dominando y ni cuenta me daba