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EL MAPA DE MI PIEL

EL MAPA DE MI PIEL

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Yaoi / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Eiden Marín Vidal tiene 24 años y es E.C. Vane, el escritor de novelas BL anónimo más leído en español.

Es millonario, admirado y nadie conoce su rostro. Desde niño vive con vitíligo en todo el cuerpo, condición que ocultó por inseguridad y que le provocó ansiedad social. En su rostro solo tiene pecas.

Su anonimato termina cuando una reportera filtra su identidad. De ser un ídolo invisible, pasa a ser objeto de burlas virales. Incapaz de escribir y en medio de una crisis de ansiedad, decide huir a lo único que le dejó su abuelo Esteban: una casa de madera en Punta Cocos, la zona más remota y virgen de Isla Holbox, México.

Allí vive Gael Canul, de 29 años, pescador, lanchero y carpintero de botes. Es el nieto del mejor amigo de su abuelo y quien cuidó la casa durante años. Gael no lee novelas románticas, pero aprenderá a leer cada marca de su piel.

Una historia sobre el amor que no necesita esconderse.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: COMIDA CON LETY

Doña Lety no te pregunta si quieres ir a comer. Te avisa.

Apareció a las doce en punto en mi puerta, con una cubeta de camarones y una chancla en la mano matando un mosco.

— Ya está la comida, mapa. Te bañas porque apestas a mar y vienes. Tráete a mi hijo que también apesta.

Así habla Lety. Chiquita, como de 1.50, morena, pelo negro amarrado con un lápiz, y con una fuerza que no sé de dónde saca. Es mamá de Gael pero parece su hermana enojona.

Gael estaba a mi lado, sin playera — otra vez — quitándole escamas a un pescado. Ni se inmutó.

— Ma, ya le dije que no nos gusta ir con gente.

— No te pregunté, Gael. Le pregunté a él. ¿Quieres venir, Eiden?

Me dijo Eiden. No mapa. Eiden. Y me dio pena decir que no. Porque nadie me había invitado a comer en su casa desde que me expusieron. Desde que todo el mundo quería foto de mi cuello para el chisme.

— Sí. Me baño y voy.

Me bañé con agua fría porque no hay caliente aquí. Me puse la única playera que no estaba llena de arena — una negra que me quedaba grande — y me dejé el pelo suelto. Rojo, largo hasta la nuca, todo esponjado por la humedad. Parecía león con resaca.

La casa de Lety no es casa. Es como tres casas juntas de madera, con hamacas por todos lados y una tele prendida en novelas aunque nadie la vea. Olía a ajo y a aceite caliente. De esos olores que te dan hambre aunque no tengas.

Había como seis personas. Un señor que era tío de Gael, dos primas chiquitas de como 7 y 9 años, y Don Chepe, que sí estaba vivo, al final. 80 años, sin dientes, pero con una sonrisa que te hacía sentir que ya te conocía.

— ¡Este es el nieto de Esteban! — gritó Don Chepe cuando me vio. — ¡El pelirrojo! ¡Tu abuelo decía que ibas a salir con pecas hasta en las nalgas!

Todos se rieron. Yo también. Qué iba a hacer. Era cierto.

Me sentaron en medio. Me pusieron un plato de plástico azul con arroz, pescado frito entero — con todo y ojos — y tortillas hechas a mano. De esas que están gorditas y calientes.

Las niñas no dejaban de verme.

— ¿Por qué tienes el pelo como Ariel? — me dijo la más chiquita.

— Porque mi mamá se tomó mucho refresco de fresa cuando estaba embarazada.

Se rió. Luego me señaló el cuello, donde tengo la mancha blanca más grande.

— ¿Y eso qué es?

Se hizo un silencio feo de medio segundo. Gael se tensó a mi lado, como si fuera a pararse a defender.

Pero yo ya no quería que me defendieran.

— Es mi mapa — le dije. — ¿Ves? Esta es Holbox. Y esta chiquita es donde estoy ahorita.

La niña lo miró seria. Luego tocó mi cuello con su dedo todo lleno de arroz.

— Entonces yo estoy aquí — dijo, tocando una pecita que tengo al lado.

Me dieron ganas de llorar otra vez. Juro que en esta isla lloro más que en terapia.

Lety me sirvió más arroz aunque no había terminado.

— Come, mijo. Tu abuelo comía así, con las manos. Decía que si no te ensuciabas, no te sabía.

Y comí con las manos. Con el pescado. Me enchilé horrible porque la salsa de Lety pica como si odiara a la gente, pero no dije nada. Gael se dio cuenta y me pasó su agua sin decir nada.

A mitad de la comida, Don Chepe sacó una foto vieja. De mi abuelo Esteban y él, jóvenes, con dos pescados gigantes, la misma foto que tengo yo en mi casa.

— Tu abuelo me dijo una vez — me dijo Don Chepe — "Mi nieto va a escribir libros que van a hacer llorar a mucha gente, pero va a estar solo". Y yo le dije "pues que se venga para acá, aquí nadie está solo aunque quiera".

Me atraganté con el arroz. Literal.

Gael me pegó en la espalda, fuerte.

— Ya ves — me susurró al oído. — Te dije que nadie está solo aquí aunque quiera.

Después de comer nos quedamos en hamaca. Yo con Lety, que me desenredaba el pelo rojo como si fuera mi tía. Las niñas dormidas encima de mí.

Gael me miró desde su hamaca. Con esa mirada que ya conocía. La de "te dije".

Y entendí. Por primera vez en 24 años no me sentía como el raro pelirrojo con manchas. Me sentía como el nieto de Esteban que había vuelto a casa.

Lety me apretó el pelo y me dijo:

— Te quedas, ¿verdad?

Y yo, sin pensarlo, sin ansiedad, sin hacer lista de pros y contras como siempre hago, le dije que sí.

— Sí. Me quedo.

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Beisy Antunez
Me gustó el reconocimiento y el valor que debemos tener con nosotros mismos 😚
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