Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.
Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.
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Placentero y único
El departamento de Alessandro estaba en el último piso de un edificio exclusivo.
La ciudad brillaba debajo de ellos. Cuando Isabella entró, se quedó observando los enormes ventanales.
—Es hermoso.
—¿Te gusta?
—Mucho.
Alessandro dejó las llaves.
—Puedes quedarte cuanto quieras.
Ella lo miró.
—No digas eso.
—¿Por qué?
—Porque sabes cómo suena y luego me querrás fuera.
Él se acercó.
—¿Y cómo suena?
—Como una invitación a quedarme en tu vida y ninguno de los dos quiere eso.
—Lo es.
Isabella respiró profundamente.
—Aless ¿Vinimos cojer? ¿Cierto?.
Él se detuvo.
—No tienes que hacer nada que no quieras - Resopló.
El era el que dejaba las cosas claras, no estaba acostumbrado a que le colocaran límites, definitivamente Isabella Laurent era de otro planeta.
Ella lo miró.
Aquellas palabras fueron suficientes.
Isabella se acercó, se puso en a horcajadas, lo besó.
Esta vez no hubo dudas, no hubo excusas, no hubo un mirador ni un atardecer que pudiera esconderlos, solo ellos.
Alessandro rodeó su cintura y la presionó más hacia el. La mujer pasó los brazos alrededor de su cuello. El beso se hizo más profundo, urgente, difícil de detener.
Él acarició suavemente su cabello, ella cerró los ojos, durante días había intentado luchar contra aquello, Ya no quería hacerlo.
Alessandro la metio sus manos ligeramente a través del vestido apretando sus n*lgas y ella soltó una pequeña risa contra sus labios.
—¿Qué?
—Nada.
—Te estás riendo.
—Porque esto es una pésima idea.
—Probablemente.
—Y aun así...
—Sí.
Volvió a besarla.
Isabella sintió que todas sus defensas desaparecían, aquella noche no quería pensar en las consecuencias, no quería recordar el pasado, no quería preguntarse qué ocurriría mañana. Solo quería sentirse deseada.
Alessandro la tomó de la mano y la condujo hacia el dormitorio, antes de entrar, Isabella se detuvo.
Lo miró.
—¿Estás seguro? Soy un desastre de persona.
Él sostuvo su mirada.
—Somos desastres.
Ella respiró profundamente, después entró con él, la puerta se cerró detrás de ambos.
Y por primera vez, ninguno intentó detenerse, la noche se llenó de besos, caricias y palabras obscenas susurradas entre respiraciones entrecortadas.
No hubo promesas, ni explicaciones, solo dos personas que habían pasado un tiempo intentando negar una atracción que finalmente había vencido.
Horas después, Isabella permanecía despierta junto a Alessandro, la habitación estaba en silencio.
Él dormía, ella lo observó, para ese entonces estaba totalmente sobria, no podía contar con sus dedos las veces que Alessandro la hahabíaomado sin piedad, era un experto, sus manos, sus besos, todo había sido placentero y único.
Por un momento, todo parecía sencillo, pero sabía que no lo era.
Miró el teléfono sobre la mesa de noche. La pantalla se iluminó.
Un mensaje, Isabella sintió que el corazón se le encogía.
- Tienes un mes que no vienes a tus terapias y tampoco has ido al grupo de apoyo, espero no hayas recaído - Escribió su psicóloga y amiga.
Isabella suspiro no eran palabras para nada alentadoras, si no fuese fuerte se habría lanzado por la ventana de ese edificio.
Habia otro mensaje, no necesitó abrirlo para saber de quién era. Había personas que podían esperar Y había personas que formaban parte de su vida incluso cuando ella intentaba olvidarlo.
Miró nuevamente a Alessandro, después volvió a mirar la pantalla. Una pequeña fotografía apareció en la notificación.
Isabella cerró los ojos y entonces comprendió que aquella noche había vuelto a cometer un error y había creado un problema. Uno que no sabía cómo resolver. Porque esta vez era distinto.
La luz del amanecer entró lentamente por los enormes ventanales del apartamento de Alessandro.
Isabella abrió los ojos, Durante unos segundos no recordó dónde estaba. Después sintió el calor del cuerpo a su lado y todo regresó de golpe.
Alessandro dormía profundamente, parecía tranquilo. Completamente ajeno a la tormenta que ella llevaba dentro.
Isabella se incorporó con cuidado y buscó su vestido. Cada movimiento parecía recordarle lo ocurrido la noche anterior.
No se arrepentía de haber sentido deseo. No se arrepentía de haberlo besado, Pero sí sabía que había cruzado una frontera de la que no podía regresar.
Se vistió en silencio, tomó el teléfono, tenía varios mensajes.
Varios de Daniel, uno de su psicóloga, uno de trabajo.
- Buenos días pecas. Em está preguntando por ti desde que despertó.
-Buenos días. Dile que la llamo en cuanto mas tarde.
Se quedó mirando la pantalla, Después añadio; Los extraño.
—¿Ya te vas?
La voz de Alessandro hizo que se sobresaltara.
Ella se giró.
Él estaba despierto, apoyado sobre un brazo, observándola.
—Sí.
—Es temprano.
—Tengo que volver a casa hoy es domingo quiero compartir con mi familia.
Alessandro la miró durante unos segundos.
—¿Te arrepientes?
La pregunta quedó suspendida en la habitación.
Isabella respiró profundamente.
—No.
Alessandro sonrió.
—Bien.
Ella lo observó.
—¿Eso es todo?
—¿Qué quieres que diga?
—No lo sé.
Alessandro se incorporó.
—No soy bueno para estas conversaciones.
—Eso ya lo sé.
Él sonrió.
—Pero puedo decirte que anoche fue diferente.
Isabella apartó la mirada.
—No quiero hablar de anoche.
—¿Por qué?
—Porque si hablamos, tendremos que darle un significado, será una larga conversación y no tengo tiempo Alessandro.
—Wow, wow, wow eso fue cruel... - Señaló con su dedo.
Ella lo miró, besó la punta de su dedo, un pequeño roce y fue a la ducha.
— No seas infantil- Gritó desde el baño.
Alessandro guardó silencio, aquella respuesta no era la que esperaba.
Había conocido mujeres que después de una noche juntos querían más y rogaban por quedarse.
Había conocido otras que pretendían que nada había ocurrido.
Pero Isabella parecía estar intentando colocar aquella noche en un lugar donde no pudiera tocar el resto de su vida.
Y eso lo desconcertaba.
—¿Volverás a verme? —preguntó. mientras la veía vestirse sin ningún pudor, su amigo despertó de inmediato.
Ella arregló su ondeante cabello, tomó su bolso y dijo.
—Somos compañeros de trabajo, eres mi jefe y no voy a renunciar.
—Eso no responde mi pregunta.
—Es la única respuesta que puedo darte Aless.
Alessandro se levantó, Se acercó hasta quedar frente a ella y por alguna razón le gustó que lo llamase Aless.
—¿Y si te digo que quiero volver a verte fuera del trabajo?
Isabella sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Relajate deja que fluyan las cosas - Dijo mientras buscaba algo por todos lados.
—Me parece estar escuchándome a mi mismo, usas mis palabras - El siempre habia sido descomplicado con la relaciones ¿Qué le pasaba?
—Aless, eso no significa que no quiera... - Lo dijo.
Él levantó una mano y acarició suavemente su mejilla.
— Está bien señorita Laurent.
Isabella cerró los ojos durante un instante.
Aquella delicadeza era más peligrosa que cualquier provocación.
—Gracias, la pasé muy bien - Siguió buscando y se dio por vencida.
Alessandro dejó caer la mano.
—Entonces dime al menos una cosa.
Ella lo miró.
—¿Qué?
—¿Estás buscando esto? - Alessandro deslizó de su bolsillo una prenda de encajes color vino correspondiente a las bragas de Isabella.
Isabella sostuvo su mirada.
—¡Dame eso joder!.
Y antes de que él pudiera responder, ella se puso de puntillas y depositó un beso breve en sus labios y arrebató la prenda que se puso de inmediato a la vista oscura de su depredador.
Después se alejó.
—Adiós, jefe.
Él sonrió.
—Hasta pronto, demonio.
Ella salió del departamento.
Alessandro permaneció frente a la puerta cerrada. No sabía qué le estaba pasando. Solo sabía que quería verla otra vez. Esa sensación de dependencia no le gustó para nada, él siempre tenía el control y con la pelirroja se sentía vulnerado.
El automóvil avanzaba por la ciudad mientras Isabella observaba por la ventana.
Intentaba ordenar sus pensamientos. Había pasado años queriendo construir una vida perfectamente organizada.
Una vida que había comenzado demasiado joven. Su familia, su trabajo, responsabilidades, rutinas, terapias.
Todo tenía un lugar, todo estaba bajo control y creía que Alessandro también, pero él había aparecido sin pedir permiso y en unas pocas semanas había conseguido despertar una parte de ella que creía perfectamente dormida.
Isabella apoyó la cabeza contra el asiento.
Cuando llegó a casa, escuchó risas antes de abrir completamente la puerta.
Una pequeña figura corrió hacia ella.
—¡Papi llegó pecas!
Isabella dejó el bolso en el suelo y se agachó.
Emma se lanzó a sus brazos.
—¡Mi niña hermosa!
La abrazó con fuerza.
La pequeña escondió el rostro en su cuello.
—No te vayas - Dijo Emma.
Isabella cerró los ojos.
—Hoy no me iré.
— Te amo...
—Yo más princesa.
Emma levantó la cabeza.
—¿Trajiste algo?
Isabella soltó una carcajada.
—¿Ese es el saludo?
—Sí.
—Entonces sí.
Sacó una pequeña caja de su bolso.
Emma abrió los ojos con emoción.
—¡Yupiiiii!
La niña comenzó a abrirla. Isabella la observó sonriendo.
Entonces escuchó unos pasos.
Daniel apareció desde la cocina.
Llevaba una camiseta sencilla y sostenía dos tazas de café.
—Hola Pecas.
Isabella se levantó.
—Hola Dani.
Daniel se acercó y la besó suavemente en la frente.
—Te ves cansada.
—Fue un viaje largo.
Él la observó.
—¿Todo salió bien?
Isabella sostuvo su mirada.
—Sí.
La mentira salió demasiado rápido.
Daniel no pareció notarlo.
—Me alegra.
Emma levantó la caja.
—¡Mira, papi!
Daniel sonrió.
—Qué bonito.
Isabella los observó, Padre e hija. Su pequeña familia.
Aquello debería haber sido suficiente para borrar cualquier pensamiento sobre Alessandro.
Pero no lo hizo Y esa fue la primera vez que Isabella sintió miedo de verdad.
Esa noche, después de ayudar a acostar a Emma, Isabella permaneció en la cocina.
Daniel se acercó por detrás.
—¿Quieres hablar Pecas?
Ella se tensó.
—¿Sobre qué?
—Sobre lo que sea.
Daniel tomó su mano.
—Te conozco.
Isabella bajó la mirada.
—Estoy cansada.
—Eso ya me lo dijiste.
—Entonces...
—No quiero presionarte - Dijo mientras observaba algunos moretones en el cuello de Isabella.
Daniel acarició sus cabellos rojos.
—Solo quiero que sepas que estoy aquí.
Isabella sintió que un nudo le cerraba la garganta.
Habían compartido tanto juntos, si alguien la conocía ese era Daniel.
- Te amo Pecas.
El siempre intentaba darle lo mejor, incluso cuando no podía darle todo lo que quería, el y Emma eran su familia.
Isabella sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Yo también te amo Dani.
Daniel la abrazó. Ella cerró los ojos, pero en lugar de sentir tranquilidad, recordó otra cosa.
Un par de ojos oscuros, una voz baja, unas manos alrededor de su cintura y aquellos labios.
Isabella se separó suavemente.
—Vamonos de compras mañana, cenamos y vemos una peli con Em.
—Está bien.
Daniel la besó en la coronilla.
—¡Vamos! Pero ahora descansa.
Ella caminó hacia la habitación Y se sintió peor que antes. Tenia que ver a su psicóloga. Pensó.
Alessandro, mientras tanto, no había logrado concentrarse en toda la mañana.
Estaba sentado en su aparta estudio mirando un informe sin leer realmente una sola línea.
Matteo lo acompañaba.
—¿Qué haces ahí?
—Trabajar, leer ¿No ves?
—Llevas diez minutos en la misma página.
Alessandro levantó la mirada.
—Estoy pensando... ¿Me estas espiando? Le informará todo a mis padres y quedarás como el mejor ¿Es eso?.
Mateo se sentó frente a él riendo.
- Sofia le dijo a tu madre y luego fue a interrogarme, tu padre me torturó y tuve que decir lo que sabia...
—Sí, ahora eres un infiltrado, no confío en ti.
- No me entiendes y deberías porque conoces a tu familia.
- Déjame adivinar. Mi padre te torturó con que No te iba a dar comida durante la fiesta, bebidas ¿Eso?
- ¿Te parece poco? Estábamos desde temprano, no me iba a morir de hambre y las cervezas son mi punto débil.
-Traidor - Resopló
—Mi corazón duele.
- Eres más falso que una moneda de cuero.
- Amigo ¿Que pasó con su demonio?
Alessandro sonrió,cambiando su semblante.
-Bien.
—Muy gracioso ¿Así nada más? ¿Y los detalles?
—No, hay detalles.
Mateo soltó una carcajada.
—Alessandro.
—¿Qué?
—Te conozco desde hace demasiado tiempo.
Alessandro se recostó en la silla.
—Pasó algo.
—Lo sabía.
—No voy a contarte detalles.
—Esta bien.
Mateo lo miró con atención.
—¿Vas a repetir?
Alessandro no respondió.
Mateo sonrió lentamente.
—Oh, no. Si repites te gusta más de la cuenta.
—¿Qué? ¡Cállate!
—Te gusta de verdad, todo este departamento huele a ella desde que entré
—No.
—Sí.
—Fue una noche, como cualquiera.
—¿Y entonces por qué tienes esa cara?
Alessandro frunció el ceño.
—¿Qué cara?
—La de un hombre que acaba de descubrir un problema.
Alessandro soltó una risa.
—No hay ningún problema.
—Perfecto.
Mateo se levantó.
—Entonces no tendrás inconveniente en descartarla.
Alessandro abrió la boca, pero No respondió.
Mateo sonrió.
—Eso pensé.
Esa misma noche, Isabella recibió un correo.
Era de Moretti Privé.
Una nueva asignación.
Una experiencia privada para uno de los clientes más importantes de la compañía.
Y ella sería la inspectora principal.
Leyó los detalles. Después vio el nombre del responsable del proyecto.
Alessandro Moretti.
Isabella dejó escapar un suspiro.
—No puede ser.
El teléfono vibró.
Un mensaje.
- Parece que tendremos que trabajar juntos otra vez.
Ella miró la pantalla.
No sabía si quería reír o llorar.
- Profesionalmente, señor.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
-Por supuesto. Somos unos profesionales.
Isabella sonrió.
Entonces apareció otro mensaje.
- Aunque no prometeré no mirarte.
Ella negó con la cabeza.
- Eres imposible y acosador.
- Y tú sigues respondiéndome.
Isabella dejó el teléfono boca abajo, no queria darle la razón, pero antes escribió.
-Iré el martes, mañana tengo compromisos.
Alessandro se decepcionó, pero no quiso ser invasivo.
Isabella no conciliaba el sueño. tomó el teléfono.
No había ningún mensaje de Alessandro Y, contra toda lógica, sintió decepción.
Apagó la pantalla.
Se prometió que no volvería a buscarlo. Que no volvería a responder.
Que aquella historia terminaría antes de comenzar, pero unos segundos después, el teléfono volvió a iluminarse.
Un solo mensaje.
Buenas noches, Isa.
Ella lo miró durante largo rato, no respondió. Pero tampoco pudo evitar sonreír Y eso fue precisamente lo que más miedo le dio.