Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo VIII
—Aaaah, por fin acabé. —se recostó la cabeza a un lado.
—qué bien señor. Y lo hizo cuando faltan todavía cuatro días.
—genial. Hubiera terminado ayer. Pero alguien me lo impidió. —lo mira fijamente.
—lo siento mucho señor, pero estaba esforzándose mucho y no se veía muy bien. Necesitaba descansar.
—bueno, es cierto que pude hacer con más tranquilidad todo esto. Leí y firme cada uno sin problemas. Así que, gracias.
—no es nada señor. Solo hice mi trabajo.
—puede que sí. Pero, aun así. Gracias. —él sonrió.
—es un gusto.
—claro, bien, ¿puedes preparar el auto? Ya son casi las cuatro de la tarde. Quiero verla ahora mismo.
—bueno, hemos hecho lo pedido. Pero, lo del auto. No podrá usarse hasta mañana, ya que está en mantenimiento.
—¿en serio? ¿El Helicóptero?
—el anterior presidente lo uso y lo daño.
—¿Eh? ¿Y el avión privado?
—tuvo problemas con unas aves que lastimosamente tuvieron un feo accidente contra las hélices.
—¿Y el Yate privado?
—su vivienda no está por esos rumbos así que no podemos usarlo.
—¿Qué? ¿Hay algo que podamos usar?
—Ah… Bueno, no lo sé. Al parecer todos los medios que teníamos pensado. No salieron bien. Pero no se desanime. Ya encontraremos algo.
—supongo... Mm, oye. ¿Tenemos caballos?
—sí. Pero, están en el extranjero. Compitiendo en las carreras más importantes regresan en una semana más o menos.
—¿Eh? ¿En serio? ¿Se fueron todos?
—Es que el anterior presidente los escribió sin importarle nada.
—¿él podía hacer eso?
—eran caballos comprados por la empresa para tener participación en las competiciones ecuestres, en el mundo. Y el presidente era quien se encargaba de eso y también del equipo de Basquetbol y Fútbol.
—¿qué? ¿Tenemos eso aparte de los caballos?
—sí. Para tener más participación en los eventos deportivos de gran magnitud. Aunque está costando un poco. Pero empezamos por cada una de las ligas de dichos deportes. En fútbol vamos doceavos en de 15 con siete fechas jugadas. Y en basquetbol estamos quintos tras cinco juegos.
—ah, ya veo. ¿Y cómo me llevará eso a dónde ella vive?
—a ningún lugar exactamente, pero creí que necesitaba saberlo.
—entiendo, me encargaré de eso luego. ¿Tenemos algo más que nos pueda llevar hasta allá?
—bueno... Hay un burro, bueno, tenemos burros también.
—¿Burros?
—sí. Es para que los niños puedan tener interacción con ellos y otros animales.
—ya veo, ¿puedo usar uno de ellos? La verdad no me importa sí tengo que viajar en uno. Con tal de estar allá. Es suficiente.
—muy bien, lo prepararé en seguida.
—te lo agradezco. Ya estoy emocionado por verla.
—ya lo creo.
Giro su silla y vio hacia la ventana, sonrió. Mientras recordaba nuevamente la promesa, esa que hizo durante su niñez. No la había olvidado, tiempo atrás tuvo los impulsos de ir tras ella. Pero su vida no era la que él creía. Era la indicada. El año que había pasado. Tenía planeado hacerlo. Pero se arrepintió. Paso triste todo el día lamentándose por eso. Y al apenas entrar a este nuevo año. Estaba decidido. Aunque no pensó que ocurriría ese rápido retiro del presidente y su posterior nombramiento. Lo que lo llevó a armarse de valor. Aunque no sabía si hacerlo en persona. Así que, envío esa carta. Donde declaraba sus sentimientos por ella y su posterior petición de su mano. Para ser su esposa muy pronto.
Salió, justo a la entrada lo esperaba el burro, lo monto y empezó la travesía hacia el pueblo de su amada. Quien en ese momento limpiaba su sudor después de terminar de hacer los últimos arreglos. Al nuevo motor del auto. Que empezó a reparar en el otro lado del pueblo.
—listo. Hubiera querido no tener que cambiar el motor.
—pero, ya lo habías intentado varias veces y volvía a pasar lo mismo.
—lo sé, pero, te hice gastar mucho dinero y es lo que menos quería.
—te dije que no hay problema, que te daría todo lo que necesitarás, y sí para que el auto estuviera al cien, había que cambiar el motor había que hacerlo. Y eso fue lo que hice.
—sí. Pero, también me compraste ropa para poder trabajar. Y ropa para usar aquí y para salir. Sé que dices que no es nada. Pero es mucho gasto. Y solo llevo menos de una semana aquí. Los seis días para ser precisos.
—¿no te gusta lo que te compre?
—sí. Me gusta. Pero, no creo que haya sido necesario comprarme tantas cosas. Hasta zapatos me compraste y ni siquiera recuerdo haberte dicho cuanto calzo.
—me fijé en lo que usabas y así pude saber lo que calzas.
—¿revisaste mis botas?
—¡Claro que no! Fue simple observación. —no puedo decirle que hice eso. Y que le di un beso en la mejilla. —hablando en sus pensamientos. Mientras su rostro se ponía rojo.
—¿Eh? ¿Sucede algo?
—¡Claro que no! Te compré todo eso por qué quiero. Además, quiero verte en ese vestido cuando lleguemos al otro pueblo. —Dijo eso último en voz baja.
—¿Ah? ¿Dijiste algo?
—solo que no hay problema, si necesitas algo más. Ropa o algún perfume. No dudes en decírmelo.
—ah... Claro, pero, no creo que sea necesario. Ya con lo que me diste es suficiente. Te lo devolveré todo lo que gastaste de alguna forma.
—no es necesario. Es algo que te doy por qué quise. No tienes que pagarme nada. Son regalos de agradecimiento por reparar mi auto. Yo no sabía como. Desde que esa persona se fue.
—¿esa persona?
—sí. Con quien vivía aquí. Era la única que sabía de mecánica. Creo así se le llama. La última vez que lo reparo fue hace tres años. Por estos meses. Aunque duro poco en funcionamiento. Porque nuevamente se averió y no volví a tocarlo desde entonces. Bueno. Hasta que tú viniste.
—oh, ¿viviste con alguna especie de novio?
—¿qué?
—bueno, supongo que fue un buen novio, ¿no? Porque te enseñó a reparar autos.
—¿qué? ¡No! Era un tipo mayor. Que me ayudo cuando más lo necesite. Me enseñó muchas cosas y me permitió quedarme aquí y bueno. Hace tres años falleció.
—¿Eh? Oh, lo siento. Yo...
—está bien, cualquiera tiene sus equivocaciones.
—lo siento.
—ya no importa, él fue muy amable y respetuoso conmigo. Pero, no pude evitar que un ataque al corazón llegara repentinamente mientras me encontraba afuera. —agachó la cara.
—ya veo. Pero, por lo menos, tienes un lugar donde estar.
—sí. Por lo menos eso sí. Bueno, quiero que te pongas bonita, que hoy iremos al otro pueblo.
—¿Eh? ¿Ponerme bonita?
—¡Sí! Tienes que llevar ropa decente. Para eso te compré ropa para salir. Como el vestido esé rojo.
—¿el vestido?
—sí.
—está bien. , ¿qué? ¿Me llevarás a algún lugar elegante de ahí?
—quizás. Por supuesto que sí. Pero eso es una sorpresa. —hablando en sus pensamientos.
(Mientras tanto con El Presidente Máx.)
—oye, este burro no es muy rápido. —en una llamada.
—señor, usted dijo que quería ir pronto a verla y no iba a esperar más, por eso le sugerí que esperara hasta mañana. Que el auto estaría listo. En ese animal. Llegará mañana o pasado mañana. Mientras en el auto llegaría mañana mismo en la tarde.
—entiendo, bien, nos vemos mañana o pasado mañana. No tengo tiempo que perder. ¡Vamos!