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El Amor Del Duque - Reencarnación (BL)

El Amor Del Duque - Reencarnación (BL)

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Reencarnación / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Alfonso en su soledad como empresario lee una historia de romance entre un duque y su princesa pero entre las intrigas y el romance se enamora de un personaje secundario, el Príncipe Anthony, quien reprime sus sentimientos para que el hombre que ama y su hermana sean felices, pero todo cambia cuando Alfonso reencarna en el duque y en la primera oportunidad expresa sus sentimientos por el príncipe.

NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: La Presencia del Príncipe

​El médico imperial se apresuró a inclinarse en una reverencia profunda.

​—Su Alteza Real, el Príncipe Anthony... Por favor, mantenga la calma. El señor duque ha recobrado el sentido hace apenas unos momentos.

​Anthony ni siquiera miró al médico. Se detuvo justo al borde del lecho de Fernando, con las manos temblorosas suspendidas en el aire, como si tuviera miedo de tocar al duque y romperlo. Sus ojos dorados recorrieron frenéticamente el rostro de Fernando, deteniéndose en el vendaje blanco que cubría su sien derecha y en la palidez de sus pómulos.

​—¿Cómo está? ¿Tiene alguna hemorragia interna? ¿Algún hueso roto? ¡Dígame la verdad, doctor! —exigió Anthony. Su voz, habitualmente melódica y educada, temblaba con una desesperación mal disimulada.

​—El señor duque sufrió una conmoción cerebral severa producto del impacto contra el suelo, Su Alteza —respondió el médico con tono apaciguador—. Afortunadamente, no hay fracturas óseas ni lesiones internas mortales. Le he administrado un extracto concentrado de adormidera y raíces tranquilizantes para mitigar el dolor agudo de cabeza. Necesita reposo absoluto durante las próximas horas. Si Su Alteza me lo permite, me retiraré a la botica del castillo para preparar el ungüento que aplicaremos al anochecer.

​—Vete —ordenó Anthony en un susurro firme, sin desviar un solo milímetro su mirada del rostro de Fernando—. Dénos espacio. Déjanos solos.

​—Como ordene Su Alteza.

​El médico recogió sus pertrechos, hizo una última reverencia y salió de la alcoba, cerrando las pesadas hojas de la puerta de roble con un chasquido metálico que selló la habitación en un aislamiento total.

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​La atmósfera dentro de la estancia se volvió repentinamente densa, impregnada de una intimidad sofocante. El crepitar de la leña en la chimenea de piedra era el único sonido que competía con la respiración entrecortada del príncipe.

​Anthony dio un paso más hacia la cama y se dejó caer sobre la silla de caoba que el médico había ocupado previamente. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre el borde del colchón.

​Lentamente, como si estuviera pidiendo permiso en silencio, extendió su mano derecha. Su piel era blanca, suave y delicada, contrastando de manera impactante con la piel curtida y grande de la mano de Fernando que descansaba inerte sobre la cubierta de lino.

​Cuando los dedos de Anthony envolvieron la mano de Fernando, una corriente eléctrica y cálida recorrió la columna vertebral del duque. La piel del príncipe estaba caliente por la fiebre de la caminata y el galope, viva y maravillosamente real.

​—Cuando el mensajero de la casa ducal irrumpió en el palacio diciendo que tu caballo se había desbocado y que habías caído inconsciente... —murmuró Anthony, apretando la mano de Fernando con una mezcla desesperada de fuerza y ternura—. Sentí que el mundo se derrumbaba, Fernando. Sentí que el corazón se me detenía en el pecho.

​Los ojos dorados del príncipe se anegaron de una fina capa de lágrimas brillantes que no llegaron a derramarse. Miró a Fernando a los ojos con una devoción tan pura, tan limpia de las falsedades y máscaras diplomáticas de la corte, que el alma de Alfonso —oculta en el pecho del duque— sintió que se desarmaba por completo.

​—Dime la verdad... ¿cómo te sientes? ¿Te duele mucho la cabeza? —preguntó Anthony suavemente, inclinándose un poco más hacia él, de modo que Fernando podía oler la fragancia a jazmín y viento de campo que emanaba de la ropa del príncipe.

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