Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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La noche que nadie quiere recordar
Capítulo 5 —
Valentina seguía arrodillada frente a su cama, sosteniendo aquella fotografía entre los dedos.
«La traición no fue de Mateo.»
Volvió a leer la frase.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
—Entonces... ¿de quién fue?
Su habitación permanecía completamente en silencio.
Demasiado silencio.
Valentina miró hacia la puerta.
Nada.
Volvió a mirar la fotografía.
Mateo aparecía abrazándola.
Damián estaba detrás.
Y tenía los ojos llenos de lágrimas.
¿Por qué estaba llorando?
Y, sobre todo...
¿Por qué ella parecía tan tranquila?
—Esto no tiene sentido...
Su celular vibró.
Valentina casi lo deja caer.
Número desconocido.
"No confíes en lo que ves."
Ella escribió rápidamente:
"¿Quién eres?"
La respuesta llegó segundos después.
"Alguien que estuvo ahí."
Valentina sintió un nudo en el estómago.
"¿Qué pasó esa noche?"
Esta vez la respuesta tardó.
Mucho.
Finalmente apareció:
"Tú lo sabías."
Valentina frunció el ceño.
"¿Qué sabía?"
Los tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Y finalmente llegó un último mensaje:
"Que alguien quería matarte."
Valentina dejó caer el celular sobre la cama.
—¿Qué...?
A la mañana siguiente, alguien tocó la puerta.
Valentina apenas había dormido.
—¿Quién?
—Soy yo.
Mateo.
Ella se quedó quieta.
Durante unos segundos pensó en no abrir.
Pero necesitaba respuestas.
Abrió.
Mateo estaba frente a ella.
Tenía el cabello desordenado y una expresión que Valentina jamás le había visto.
Miedo.
—Tenemos que hablar —dijo.
—Eso me dijo Damián ayer.
Mateo bajó la mirada.
—¿Ya hablaste con él?
—Sí.
—¿Qué te contó?
Valentina cruzó los brazos.
—Depende. ¿Qué me estás ocultando?
Mateo soltó una pequeña risa nerviosa.
—Sigues siendo igual.
—¿Igual a qué?
—A la Valentina de antes.
Ella dejó de sonreír.
—¿Cómo era la Valentina de antes?
Mateo la miró fijamente.
—Más feliz.
Aquella respuesta le dolió más de lo que esperaba.
—¿Y tú sabes por qué cambié?
Mateo guardó silencio.
—¿Fue por esa noche?
Él no respondió.
—Mateo.
—Sí.
Valentina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Entonces dime qué pasó.
Mateo respiró profundamente.
—Esa noche tú me llamaste.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Qué te dije?
Mateo la miró.
—Me dijiste que tenías miedo.
Una imagen apareció en la mente de Valentina.
Un teléfono.
Una pantalla iluminada.
Su propia voz.
"Mateo, ven."
Parpadeó.
La imagen desapareció.
Valentina se llevó una mano a la cabeza.
—Espera...
Mateo se acercó.
—¿Qué pasa?
—Acabo de recordar algo.
—¿Qué?
—Yo te llamé.
Mateo asintió.
—Sí.
—¿Y tú fuiste?
—Sí.
—¿Y Damián?
Mateo bajó la mirada.
—Él ya estaba allí.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Cómo sabía Damián dónde estaba?
Mateo no respondió.
—¡¿Cómo sabía dónde estaba?!
—Porque tú se lo dijiste.
Valentina quedó paralizada.
—No.
—Sí.
—Yo no haría eso.
—Lo hiciste.
—Entonces ¿por qué no lo recuerdo?
Mateo se acercó lentamente.
—Porque después de que llegamos...
Se detuvo.
—¿Qué?
Mateo cerró los ojos.
—Te desmayaste.
Valentina sintió que todo comenzaba a dar vueltas.
—¿Me desmayé?
—Sí.
—¿Y qué pasó después?
Mateo abrió los ojos.
—Cuando despertaste, ya no recordabas nada.
Damián apareció esa misma tarde.
Valentina no le había dicho que Mateo había ido a verla.
Cuando abrió la puerta y lo vio allí, sintió inmediatamente que algo estaba mal.
—¿Qué haces aquí?
—Necesito hablar contigo.
—¿Sobre qué?
Damián miró detrás de ella.
—¿Mateo estuvo aquí?
Valentina se quedó inmóvil.
—¿Cómo lo sabes?
Damián palideció.
—Porque sabía que vendría.
—¿Por qué?
Damián entró lentamente.
—Porque siempre hace lo mismo.
—¿Qué significa eso?
Damián la miró directamente a los ojos.
—Te busca cuando empiezas a recordar.
Valentina sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué estás insinuando?
—Que Mateo tiene miedo de que recuerdes quién te hizo daño.
—¿Mateo me hizo daño?
Damián negó con la cabeza.
—No.
—Entonces deja de hablar en acertijos.
Damián respiró profundamente.
—Mateo no te hizo daño.
Valentina esperó.
—Pero tampoco fue quien te salvó.
Silencio.
—Entonces, ¿quién?
Damián no respondió.
Valentina se acercó.
—¿Quién me salvó?
Damián apretó los labios.
—Yo.
Valentina lo miró incrédula.
—¿Tú?
—Sí.
—Entonces ¿por qué estabas llorando en esa fotografía?
Damián quedó completamente inmóvil.
Valentina sacó la fotografía.
—¿Por qué estabas llorando?
Él la miró.
Y por primera vez desde que había comenzado todo, Damián parecía verdaderamente derrotado.
—Porque pensé que te había perdido.
Valentina tragó saliva.
—¿Por qué?
Damián bajó la mirada.
—Porque esa noche...
Se quedó callado.
—Damián.
—Esa noche te encontré inconsciente.
Valentina dejó de respirar.
—¿Dónde?
Damián levantó la mirada.
—En el mismo lugar donde desapareció tu memoria.
—¿Dónde?
Damián dio un paso hacia ella.
—En la casa de mi hermana.
Valentina sintió que el mundo se detenía.
—Pero... tú no tienes una hermana.
Damián se quedó pálido.
Valentina también.
Entonces comprendió algo.
Algo que nadie le había contado.
Algo que podía cambiar absolutamente toda la historia.
—¿Por qué dices que tienes una hermana... si murió hace cinco años?
Damián no respondió.
Solo la miró.
Y en ese instante, Valentina entendió que había hecho la pregunta correcta.
Porque Damián acababa de revelar un secreto que nunca debía haber mencionado.
Esa noche, mientras Valentina intentaba procesarlo todo, recibió un último mensaje.
"Ahora ya sabes dónde empezar a buscar."
Debajo apareció una fotografía.
Una casa.
La misma casa que Damián acababa de mencionar.
Valentina amplió la imagen.
Y entonces vio algo en una de las ventanas.
Una silueta.
Una mujer.
Valentina acercó el teléfono a su rostro.
La fotografía era reciente.
Muy reciente.
Y la mujer que aparecía detrás del vidrio...
era exactamente igual a la hermana de Damián.