Un hombre conocido por su gran poder esta en busca de una esposa.
Lidia Paige que se dedica al campo laborando junto a sus hermanas, recibe la propuesta de dicho hombre. En un principio se rehusaba a desposarse con el, por ser conocido por su intimidante presencia; sin embargo, termina aceptando.
El verdadero reto comienza desde que pone un pie en la gran mansión del Sr. Lennox.
¿Es verdad los rumores que circulan sobre el?
Sellando su destino tras la boda, se embarcara en una vida llena de incógnitas acerca de su esposo.
Trilogía Lennox.
Libro I. Conociendo a mi Esposo.
Libro II. Lagrimas en Soledad.
NovelToon tiene autorización de Selene Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Vestido de novia.
Al abrir los ojos pudo ver que ya era de día, no recordaba haber quedado dormida, debió ser muy entrada la noche, antes de dormir daba muchas vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Se sentía revitalizada al despertar por tan buen descanso, “debe ser la cama” se dijo agradecida.
Desconocía su itinerario. Ayer le habían informado que se mantendría ocupada, pero no comprendía que actividades realizaría. Salió de la cama en busca del vestido que se pondría. Eligio uno rojo, igual que los otros algo desgastado pero presentable. Se dirigió al baño y se cambió, al terminar procedió a trenzarse el cabello. Estaba en ello cuando tocaron a la puerta.
-Señorita Paige- era la señora Jones. Se apresuró a abrir y ahí estaba ella. La señora la miro sorprendida.
- Señorita usted se ha despertado temprano, pensé que continuaría dormida. Vine con la intención de ayudarla a despertar y vestir-
- No es necesario señora Jones, en casa suelo despertar desde temprano, además, de verdad no hace falta que me ayude para cada cosa, yo puedo hacerlo- la señora Jones solo la miro con una pisca de admiración en sus ojos.
- Por favor acompáñeme señorita, debe tomar el desayuno-
- ¿Con el señor Lennox? - preguntó ansiosa.
- Me temo que el señor tuvo que salir, tomara el desayuno sola por el momento- apenas el sol había salido y este hombre ya se encontraba ocupado. Un alivio recorrió su cuerpo, no quería estar junto a el a primera hora de la mañana.
- Está bien- fue todo lo que dijo.
Pensó que desayunaría en la mesa pequeña que estaba en la cocina, para su sorpresa se encontraba en la mesa larga que había visto anoche. No había nadie más. No había otro ruido. La señora la había dejado ahí y se fue a ocupar de otros asuntos.
Como si la estuviesen esperando, cuando termino su desayuno, seguido, salió una joven de la cocina a recoger todo plato o vaso que hizo uso de ello. No la había visto la noche anterior, reparando en ello, no había visto a nadie de los empleados. Solo al señor y la señora Jones sin contar a los que abrieron las puertas al llegar. La joven le hizo una reverencia, era tan joven, parecida a la edad de Larissa.
Entrando del otro extremo apareció el ama de llaves.
-Señorita Paige, ¿ha disfrutado su desayuno? -
-Gracias, estaba delicioso- la señora sonrió en respuesta.
- He venido por usted señorita, en la sala la esperan. Es una sorpresa- en total desconcierto. Sin preguntar se levantó de su silla y siguió a la señora Jones. Al entrar al gran salón, una mujer muy elegante se encontraba sentada bebiendo una taza de té. Junto a ella también había otra mujer muy joven, podía decir que era cercana a su edad.
- Señora Wendell- saludo la señora Jones. La mujer en cuestión vestía un elegante vestido dorado, sus dedos contaba con varios anillos. Lucia extravagante. Por otro lado, la joven a su lado parecía más sencilla, un simple vestido liso color azul que le sentaba bien que hacia resaltar su pálida piel debido a su cabello negro.
- Señora Jones- saludo devuelta, bajando la taza de té, poniéndola sobre una pequeña mesa que se encontraba su lado. – debo recordarle que esperar no es una de mis virtudes-
- Lo siento señora Wendell- se disculpó Lidia comprendiendo que fue debido a ella. - Si esperó pudo ser debido a mí, no me encontraba dispuesta en ese instante, me disculpo por ello-
La señora Wendell se percató de la joven que hace un instante estaba detrás de la ama de llaves. Clavo su vista en ella, barrio con su mirada de pies a cabeza.
-Supongo que esta es la afortunada que cautivó el frívolo corazón del señor Lennox- anunció con un timbre de voz donde dejaba ver claro su descontento. -creí que el señor Lennox tenía mejor gusto- dijo volviendo a tomar de su taza de té.
En sus años, nunca le importo su apariencia, esa era una de sus pocas preocupaciones, pero de golpe esta mujer le asesto una nueva inseguridad. Dejando de lado que su matrimonio no estaba en base del amor, un así entendía que la posición que tomaría es de alguien importante. Se preguntaba si estaría a la altura de esta.
-Me disculpo en nombre de la señora Wendell, ignore lo que ha dicho, le gusta mucho jugar con sus clientas- dijo sonriente la joven que hasta hace un instante se mantenía callada. ¿cliente? Pensó Lidia. La joven notó su confusión.
- Soy Keyla Abbey. La señora Wendell y yo hemos venido a tomar las medidas para el vestido- Lidia se sorprendió, no pensó que el vestido fuese echo a la medida, creyó que sería uno comprado en alguna tienda ya que la boda se celebraría en poco tiempo.
- Pero la boda es en solo dos días-
- Lo sabemos, por eso nos hemos presentado temprano, hay trabajo por hacer, espero nos permita señorita Paige- sin poder negarse, accedió y con una libreta en mano, Keyla comenzó a tomar notas de las medidas de Lidia. Nunca experimento tal situación. Al terminar, la señorita Abbey agradeció por su disponibilidad.
- ¿Tiene algún diseño en mente, que podría proporcionarnos? Como alguna sugerencia que le gustaría que su vestido llevase- preguntó la joven. No reflexionó en eso. No existía diseño alguno que quisiera.
- No sé mucho de eso, no hay nada que pudiera pedir- respondió, a lo que la señora Wendell soltó un resoplido.
- Puede notarse que no conoces sobre diseño alguno, solamente mira tú vestimenta, niña, deberías ponerle cuidado a ello. - de nuevo estaba ese tono burlesco, sentía la hostilidad de su parte. Se tragó su inseguridad y su molestia que comenzaba a brotar; esa mujer la miraba con inferioridad.
- Señora Wendell- la reprendió la señora Jones – estoy segura que el señor Lennox no permitirá que se exprese así de su futura esposa- Con una mueca de desagrado, la mujer se mantuvo callada.
- Lamento lo sucedido- se disculpó la señorita Abbey. – Señorita Paige, le aseguro que su vestido será hermoso, lucirá radiante el día de su boda- garantizó. No consideraba, como una mujer gentil trabajaba al lado de alguien tan hostil.
- Muchas gracias señorita Abbey- respondió amable y de todo corazón Lidia.
- De nada, nosotras nos retiramos, comenzaremos con los preparativos- se despidieron. La señora Wendell no le dirigió siquiera una mirada, como si ella no existiese. “Eso es mejor” opinó Lidia. La señora Jones le comunicó que la esperara ahí sentada mientras acompañaba a la visita hasta su salida.
El día apenas comenzaba y podía sentir como un dolor de cabeza daba inicio. Se recostó un poco ahí sentada, haciendo su cabeza hacia atrás cuando escucho un ruido, como si algo trastabillara. Se sentó correctamente suponiendo que sería el señor Lennox furioso o algo por el estilo, para su sorpresa se trataba de un pequeño niño. Calculaba de unos seis años. Tímido se asomaba por la puerta que daba entrada a la sala. Lidia sintió ternura al ver al infante, sus mejillas regordetas y sonrojadas, con su cabello negro, rizado. Le sonrió de vuelta y el pequeño pareció asustarse y huyó. Lidia no supo qué dirección tomo, se levantó del sofá y no lo visualizo más. ¿Qué hacía un pequeño en esa casa? Hasta donde sabía el señor Lennox no tenía hijos. Fue sacada de sus pensamientos cuando vio a la señora Jones aproximándose. Tal vez ella supiera algo, pero un pensamiento cruzo por su mente. ¿Qué tal si era de uno de los empleados?, ¿si lo metía en problemas? Decidió mejor mantener la boca cerrada.
Cuenta la historia de dos personas que se enamoran aunque siempre hay baches y desconfianzas, por no hablar claro desde el primer momento.
Es una historia muy dulce.
Y ahora a leer el siguiente