NovelToon NovelToon
Mi marido tenía otra familia

Mi marido tenía otra familia

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Vivi

Durante cinco años, creí que tenía al marido perfecto. Le abrí las puertas de mi familia, le confié la empresa de mi padre y soñé con tener un hijo con él.
Hasta que descubrí quién era la mujer que cuidaba a mi padre.
Había sido su esposa. Tenían un hijo. Y ninguno de los dos pensaba contármelo.
Mientras yo intentaba salvar nuestro matrimonio, ellos preparaban su salida.
Ahora me toca fingir. Sonreírle a mi marido. Tenerla a ella cerca. Dejar que ambos crean que sigo sin enterarme de nada.
Porque no pienso salir de esta historia con las manos vacías. Quiero saber qué hicieron con el dinero de mi familia, recuperar mi lugar y decidir cómo termina mi matrimonio.
Esta vez, las decisiones las tomo yo.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Capítulo 5. No reconocía la habitación

La primera vez que abrió los ojos, Renata volvió a cerrarlos.

Le dolía la cabeza. La luz llegaba desde un sitio equivocado, demasiado de frente. Se quedó quieta, esperando que el dolor cediera lo suficiente para poder moverse.

Después se acordó de que no sabía dónde estaba.

Abrió los ojos de nuevo.

No era su dormitorio.

Miró hacia un lado, luego hacia el otro. Una habitación de hotel. Reconoció los muebles como se reconocía cualquier hotel sin haber entrado antes: la cama, la mesa, la cortina cerrada casi del todo.

Se incorporó demasiado rápido.

La cabeza le dio una punzada y tuvo que apoyarse. Miró la ropa que llevaba, la sábana, el espacio junto a ella. Buscó su bolsa.

Un hombre se movió en la habitación.

Renata tiró de la sábana hacia sí.

Él se volvió al oírla.

Durante unos segundos lo vio sin conseguir situarlo. Tenía la impresión de haberle visto la cara, pero no de haber hablado con él. La música. Una mesa. Lucía apartándose con el celular.

No encontraba nada después.

—¿Quién eres?

El hombre dio su nombre.

—Javier Montes.

Renata lo siguió mirando.

No significaba nada para ella.

—¿Qué hago aquí?

—Anoche habías bebido mucho.

La frase le cayó mal antes de que él terminara. Como si haber bebido explicara que pudiera despertarse en una habitación con un desconocido.

—Te pregunté qué hago aquí.

Él dijo que la había llevado desde el bar.

Renata sintió que la cara se le calentaba. Se acordó de Lucía. Buscó otra vez la bolsa, ahora con más prisa.

—¿Dónde está mi amiga?

Javier empezó a responder, pero ella ya se había apartado de la cama. Quería el celular. Necesitaba oír una voz que conociera antes de seguir escuchando a aquel hombre.

—No pasó nada entre nosotros —dijo él.

Renata levantó los ojos.

Le molestó que hubiera entendido la pregunta que no había conseguido hacer. Le molestó todavía más tener que depender de su respuesta para empezar a reconstruir la noche.

—¿Y se supone que tengo que creerte?

Javier no se acercó.

Ella encontró su teléfono y comprobó lo que llevaba en la bolsa. Lo hizo con movimientos torpes. El dolor de cabeza le entorpecía las manos, pero no podía dejar de buscar.

Hacía poco había estado revisando un teléfono ajeno para averiguar qué hacía su marido. Ahora no podía decir qué había hecho ella durante unas horas.

Le dio una rabia seca, incómoda.

Javier volvió a presentarse.

—Soy abogado.

Renata lo miró desde donde estaba.

—¿Y?

—Trabajo con divorcios.

El silencio que dejó aquella frase fue distinto.

Renata se quedó inmóvil, el celular en una mano y la bolsa abierta en la otra. Divorcios. Todavía no había conseguido ordenar lo que pasaba en la habitación y él ya había puesto otra cosa delante.

La peor posibilidad que llevaba días evitando no era una palabra que quisiera escuchar de boca de un hombre al que no recordaba haber invitado a su vida.

—Te he visto en redes —añadió Javier.

Entonces supo por qué la conocía.

El aniversario. Los videos. Las imágenes en las que había enseñado la mano para que vieran la joya. No estaba delante de alguien que había coincidido con ella sin saber nada.

Él había mirado. Había decidido acercarse.

Renata sintió ganas de decirle que saliera de su vista. Pero era ella quien quería irse de allí. No perder más tiempo tratando de hacerle entender lo que le molestaba.

Recogió lo que faltaba.

Javier intentó hablarle de su trabajo. Ahora entendía sus frases sueltas: el abogado que era, los asuntos que atendía, la posibilidad de conversar en otro momento.

No había ido al bar a contratar a nadie.

—No quiero hablar contigo de mi matrimonio.

Lo dijo mirándolo a la cara, para que no pudiera tomarlo por una vacilación.

Él dejó de insistir.

Renata llegó a la puerta y volvió a revisar la bolsa. Llaves. Teléfono. Lo demás. Comprobaba cosas que podía tocar porque el resto seguía siendo un espacio en blanco.

No le dio las gracias.

Fuera de la habitación, el pasillo era el de cualquier hotel. Una puerta cerrada. Otra. Un carro de limpieza más lejos. Nadie tenía por qué saber de dónde salía o con quién había estado.

Aquello no la tranquilizó.

Hasta el día anterior había querido saber dónde pasaba Damián las horas que no podía verlo. Había enviado a Bruno fotos de sus carreras. Al entrar en el elevador, Renata no pudo evitar pensar en la historia que podía hacerse con una sola imagen suya saliendo de aquel cuarto.

Una imagen, nada más. Sin lo anterior. Sin lo posterior.

Conocía demasiado bien lo fácil que era quedarse mirando un brazo alrededor de un cuerpo y creer que ya se sabía todo.

Pero la comparación tampoco la hizo sentirse mejor. Ella tenía preguntas sobre Damián. Su marido podría tener ahora preguntas sobre ella. Las dos cosas no se anulaban y no iba a encontrar una respuesta justificando la otra.

Llamó a Lucía en cuanto pudo apartarse.

—¿Dónde estabas? —preguntó su amiga.

Renata cerró los ojos.

—En un hotel.

Hubo un silencio al otro lado.

Tuvo que contar lo que no entendía todavía. El hombre. La habitación. El despertar. Le costó más decir que no recordaba haber salido del bar.

Lucía había salido a atender una llamada. Después había perdido de vista a Renata. Volver a oírlo no completó el hueco. Solo le dio un borde.

—Dice que no pasó nada —terminó ella.

Ni siquiera le gustó cómo sonó: dice. Una explicación que había recibido de la única persona cuya palabra no tenía ganas de aceptar.

Lucía quiso saber cómo estaba y dónde podían verse.

Renata le dio la información. Esta vez no tenía una frase para hacer reír a ninguna de las dos.

Al reunirse, dejó el celular sobre la mesa y se pasó los dedos por las sienes. El dolor seguía allí.

Lucía le pidió que le repitiera el nombre del hombre.

—Javier Montes. Dice que es abogado de divorcios.

Su amiga se quedó mirándola.

—¿Te llevó a un hotel para ofrecerte sus servicios?

—Eso parece.

Renata tenía la boca seca. Tomó un poco de agua y dejó el vaso sin soltarlo.

Se había permitido relajarse porque encontró a su marido en una reunión. Unas horas sin mirar el teléfono. Sin interpretar cada cosa. Había pensado que podía dejar de estar pendiente de él y pasar una noche con su amiga.

Ahora tenía otro asunto que no quería llevar a casa.

No sabía qué decir si Damián le preguntaba. No había construido una historia. Todavía estaba intentando entender la que había ocurrido.

Lucía no le dijo que todo iba a estar bien. Se quedó con ella mientras terminaba el agua.

El teléfono volvió a llamar su atención.

Esta vez había un mensaje de Bruno.

Renata lo abrió con una mano todavía alrededor del vaso.

Había revisado las rutas y los datos de las carreras.

No coincidían como deberían.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play