Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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Lo que nadie sabía
El regreso al instituto fue mucho más silencioso de lo habitual.
Los estudiantes hablaban entre ellos sobre la competencia, comentando las preguntas que habían respondido mal y aquellas que podrían haber contestado mejor. Todos repasaban lo que había pasado.
Lucía, en cambio, permanecía callada.
Tenía la mirada perdida por la ventana del autobús. No podía dejar de pensar en Javier. Y sobre todo, en la chica que estaba junto a él. No sabía su nombre, no sabía quién era, pero no podía sacarse esa imagen de la cabeza.
—¿Lucía?
Ella giró la cabeza.
—¿Sí?
Era Sofía, que la miraba con preocupación.
—Llevas todo el camino muy callada.
Carla, que estaba sentada al otro lado, también intervino.
—Yo también lo he notado. Estás muy rara hoy.
Lucía intentó sonreír para disimular.
—Estoy cansada. Eso es todo.
Sofía la observó unos segundos. Conocía demasiado bien a su amiga como para creerle completamente.
—¿Seguro?
—Sí.
Sofía no insistió más.
—Está bien.
Lucía agradeció que no siguiera preguntando. No estaba preparada para contarles lo que realmente le ocurría. No sabía ni cómo explicarlo. Apenas conocía a Javier, nunca habían tenido una conversación y no sabía prácticamente nada de él.
Cuando llegaron al instituto, el profesor Tomás reunió a los cinco representantes en un aula pequeña.
—Quiero que recuerden algo —les dijo con voz tranquila—. Una competencia no define lo buenos estudiantes que son. Lo importante es todo el esfuerzo que hicieron para llegar hasta aquí.
Lucía escuchó atentamente.
—Además —continuó el profesor—, todos podemos aprender de nuestros errores.
Aquellas palabras hicieron que Lucía bajara la mirada. Sabía perfectamente que había estado distraída durante la competencia. Y sabía perfectamente por qué había estado distraída.
Cuando el grupo se dispersó para ir a sus salones, Rufino se acercó a ella.
—¿Puedo decirte algo?
—Claro.
—Tú nunca te equivocas tanto —dijo mirándola directamente.
Lucía frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Que durante la competencia parecías estar pensando en otra cosa —respondió Rufino con sinceridad.
Lucía se quedó en silencio. No sabía qué responder.
Rufino sonrió levemente.
—No tienes que contarme qué era. Solo quería decirlo.
Y se marchó caminando hacia su salón.
Lucía lo observó alejarse. Quizá había sido demasiado evidente que no estaba concentrada. Si Rufino lo había notado, otros también podrían haberlo notado.
Esa tarde, al llegar a casa, su abuela notó inmediatamente que estaba más callada de lo normal.
—¿Cómo fue la competencia? —preguntó mientras preparaba la cena.
Lucía dejó la mochila sobre una silla.
—Perdimos.
—Lo siento, cariño —dijo su abuela con cariño—. Pero seguro lo hicieron bien.
—Está bien. El profesor dijo que lo importante era haberlo intentado.
Su abuela sonrió con ternura.
—Exactamente. Estoy orgullosa de ti de todas formas.
Lucía se sentó junto a ella. Durante unos minutos hablaron de la escuela y de los próximos exámenes. Su abuela siempre sabía cómo hacerla sentir mejor.
Pero cuando llegó la noche y Lucía estuvo sola en su habitación, sus pensamientos regresaron nuevamente al mismo lugar.
Javier.
Apenas lo conocía. No habían tenido una conversación. No sabía prácticamente nada de él, ni dónde estudiaba exactamente, ni qué le gustaba hacer.
Entonces, ¿por qué le afectaba tanto verlo junto a otra persona?
Lucía se quedó mirando el techo de su habitación.
—Esto es absurdo —murmuró en voz baja.
Intentó reírse de sí misma, como si así pudiera quitarle importancia a lo que sentía.
Pero en el fondo sabía que algo había cambiado. Algo dentro de ella era diferente desde la fiesta de su tío Carlos.
Al día siguiente, durante el recreo, Sofía y Carla estaban sentadas junto a Lucía en el patio, comiendo su merienda.
—Por cierto —dijo Carla de repente, como si se hubiera acordado de algo importante—, ayer me acordé de algo.
Lucía levantó la mirada.
—¿De qué?
—De la casa de Jessica.
Lucía sintió un pequeño sobresalto en el pecho. Intentó que no se notara.
—¿Qué pasa con ella?
—Nada. Solo que tengo que volver allí uno de estos días. Mi amiga me pidió que le lleve un libro.
Sofía, que estaba escuchando, sonrió.
—¿Otra visita?
—Sí —respondió Carla.
Lucía permaneció callada. Su corazón empezó a latir más rápido.
Carla la miró con una sonrisa.
—¿Quieres venir?
Lucía abrió la boca para responder. Durante un instante pensó en decir que no. Sería lo más sensato. Si iba de nuevo a esa casa, podría volver a encontrarse con él.
Pero una pequeña parte de ella recordó aquella tarde. La casa. El pasillo. Y aquel simple encuentro sin palabras que le había dejado el corazón acelerado.
—Sí —respondió finalmente—. Puedo ir. Si quieren.
Carla sonrió con alegría.
—¡Perfecto! Así me acompañas.
Sofía comenzó a hablar de otro tema y la conversación continuó con normalidad. Cambiaron de tema a los exámenes y a las vacaciones.
Ninguna de las dos sabía lo que acababa de pasar por la mente de Lucía.
Ella tampoco entendía completamente sus propios sentimientos. No sabía ponerle nombre a lo que sentía.
Solo sabía una cosa, aunque intentaba ignorarlo, había algo que no podía negar: quería volver a verlo.
Y esta vez, ni siquiera sabía si aquella coincidencia sería realmente una coincidencia o si en el fondo ella misma la estaba buscando.
aunque no sé cómo, por la distancia