NovelToon NovelToon
La Luz Rojo Carmesí Del Final

La Luz Rojo Carmesí Del Final

Status: En proceso
Genre:Acción / Escena del crimen / Terror
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Pesadillas terribles torturan la conciencia y cordura de un Hombre. Su deseó de proteger a los suyos y recuperar a la mujer que ama, se ven destruidos por una gran telaraña de corrupción, traición, homicidios y lo perturbador de lo desconocido y lo que no es humano. La oscuridad consumirá su cordura o soportará la locura enfermiza que proyecta la luz rojo carmesí que late al fondo del corredor como un corazón enfermo.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre Sin Ojos. Pt4.

Los oficiales y el forense solo asienten, se giran clavando la vista en el suelo. El forense toma fotos, mide, anota. Yo me separo, dejo que hagan lo suyo, pero la visión no se va. Aquí, en esta habitación, la ciudad parece más antigua, y la mentira de lo normal deja de existir.

—Bueno hermano, larguémonos de aquí —digo—, busca la empresa donde trabajó esté tipo. Vamos a necesitar todo. Fotografías, fibras, rastros, cámaras de la zona. Y, sobre todo, los testimonios de cualquier adolescente que haya entrado aquí.

Héctor apaga el cigarrillo con la punta del zapato y me mira.

—Esto apesta a algo más grande —dice—. Lo huelo.

Asiento.

La libreta roja está caliente contra mi costado. Adentro, las palabras que escribí esta madrugada parecen haber sido escritas por otra mano, una que ya conoce la forma de las cosas que vendrán.

Y mientras nos alejamos del espejo, una idea se clava como una astilla: la muerte de Mat Slim no fue sólo un asesinato. Fue una señal. Y alguien —o algo— acaba de avisarnos que ya sabe cómo encontrarnos.

En silencio, caminamos fuera de la habitación. Al bajar las escaleras, la brisa que baja con nosotros me hace cuestionar; si mi cordura se terminara de degradar, o no…

Tomo uno de los plásticos de evidencia de mi bolsillo, y guardo la fotografía.

Fuera del edificio, Cuatro Leguas sigue su rutina indiferente. Pero aquí dentro, bajo la luz. El cadáver frente al espejo roto. Algo más se ha roto y, lo ha dejado todo manchado de preguntas. No sé si es crimen, rito o castigo. Sólo sé que la noche pasada y esta mañana comparten la misma imagen. Y eso, más que ninguna prueba, es lo que más me hiela por dentro.

Salimos de la muchedumbre que rodea el lugar y caminamos directo al coche. Subo junto con Héctor, y enciendo una vez más su motor. Héctor toma su laptop y teclea en ella.

—Trabajó en la empresa “Inversiones Liv” —me dice, tras unos segundos—. La sucursal donde trabajó está en el distrito Norte, casi llegando a la zona industrial. Tardaremos un poco en conseguir el permiso para entrar en el distrito Norte.

—¿Tienes la dirección de su casa?

—Si. Distrito Sur, calle Los Olivos 333.

Mientras conduzco en silencio. El medio día en la ciudad se estira bajo una neblina espesa y pequeños rayos de sol. Cuatro Leguas nunca duerme, pero hay días en que parece que quisiera hacerlo para olvidar.

Cuando doblamos en la calle de los Olivos, un camión de mudanza bloquea la entrada de una gran casa de fachada celeste. Tres hombres con overoles cargan muebles con desgano. No es la escena que uno espera al ir a dar malas noticias.

—¿Mudanza? —murmura Héctor.

—Sí… y a toda prisa al parecer.

Me detengo unos metros detrás del camión, anoto en mi mente la placa y el nombre en el costado: “Mudanzas Nube”.

Bajamos del coche. El sonido de las cajas sobre el camión golpea el aire. Este vecindario huele a riqueza y mentiras, odio este hedor.

Caminamos directo a la puerta. De pronto, la puerta se abre. Una mujer aparece en el umbral: unos cuarenta años, vestido blanco floreado, el cabello rubio suelto. Detrás de ella, tres niños cargan cajas. El mayor apenas tendrá unos quince años.

Nos ve, y en un segundo lo entiende todo. Su rostro se rompe. Lleva una mano a la boca y gira para que los niños no la vean. Las lágrimas le ganan sin resistencia.

—Héctor, quédate con los chicos —le digo.

Camino hacia ella despacio. Da un paso atrás, tambaleante, y casi cae. La sostengo por los brazos y la llevo adentro. La casa está medio vacía, cajas abiertas, olor a cartón y tristeza. La siento en un sofá y me arrodillo frente a ella.

—Sra. Slim… —digo despacio—. ¿Por qué reaccionó así al vernos?

Tiembla. Se seca las lágrimas con el dorso de la mano.

—Mi esposo… Mat… —susurra—. No ha vuelto a casa desde hace tres días. Antes de irse me dijo que… que si la policía venía antes de que supiera de él… debía asumir lo peor… y desaparecer con los niños.

Las palabras me dejan helado. Me quedo mirándola. La expresión perdida, los ojos hinchados.

—Helen… —respiro hondo—. Encontramos a su esposo esta mañana. En un edificio abandonado, en la zona industrial del distrito Sur. Murió hace unas veinticuatro horas. Unos adolescentes lo hallaron.

Ella se encoge, las lágrimas vuelven. Se lanza hacia mí y me abraza. No sé qué hacer. Nunca fui bueno en esto. Le dejo la mano en la espalda, torpe, mientras repite su nombre entre sollozos.

Cuando me suelta, logro hablar. Con la voz firme le digo:

—¿Por qué se están mudando?

Traga saliva, intentando ordenar las palabras.

—Mat me dijo que, si no regresaba en dos días, me fuera con los niños a casa de mis padres. Que lo esperara allá. El camión llegó esta mañana. Traían una carta suya. Él la encargó hace una semana… Supongo que ya sabía algo. Pero no sé qué.

—¿Y qué decía la carta?

—Nada más que eso. “Empaquen y vayan con tus padres. No mires atrás.” Mat siempre fue un hombre honesto, trabajador. Pero hace unos meses empezó a llegar tenso, cansado. No dormía bien. Nunca quiso contarme qué pasaba.

Es una pregunta que incomoda y enfurece a los honestos, pero tengo que hacerla.

—Señora Slim, ¿su esposo tenía enemigos, gente que quisiera lastimarlo? O ¿alguien con quien no se debió meter?

Héctor entra en la sala deteniendo a los niños, se quedan en la puerta, callados. La mujer los mira y se recompone como puede. Me mira molesta directo a los ojos.

—Mi esposo no tenía enemigos —dice con una mezcla de orgullo y rabia—. Era querido por todos. No entiendo quién podría… hacerle esto.

Yo tampoco lo entiendo. Pero algo en su historia no encaja. Un hombre que ama a su familia no encarga una mudanza y una carta de despedida si no sabe que lo van a matar. Solo alguien que ya está marcado haría eso.

1
favita
me encanta la historia muy genial el detective
melani99
🥰
sofialopez2010
favuloso
jomijomi2012
Muy buena, que siga
jomijomi2012
Que increíble el relato, hasta me dio penita la polilla de papel😔
manueles
Me encanta, que siga contando la historia 😻😻😻
manueles
Que hermoso, parese un poema😻
jotape
Donde habrán quedado mis alas de papel 😔
entomomoyan
Yo nací sin mis alas de papel, al igual que el detective 😔
latifa
yo igual ya no tengo mis alas de papel 😭
XintaRo
👍
latifa
ingreible quiero leer mas
jotape
😻
Anon
Esta muy buena la historia
Anon
Nadie pisa el sur sin consecuencias 😎
Anon
El héroe oscuro del distrito sur 😻😼
Anon
/Casual//Determined/
Anon
😻😎😼
Anon
👏/Good/
Anon
Esto esta muy bueno 🙀 esta muy buena la historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play