En su vida anterior, Elena fue ingenua, confió en las personas equivocadas y pagó el precio más alto. Engañada por su media hermana Beatriz y su prometido Mateo, vio cómo le arrebataban la empresa familiar antes de ser eliminada en un "accidente" orquestado. Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Al abrir los ojos, Elena descubre que ha regresado tres años en el tiempo, justo a la noche de su fiesta de compromiso y minutos antes de ceder sus valiosas acciones.
Con los recuerdos intactos y el conocimiento exacto del futuro, esta vez no habrá espacio para la compasión. Romperá el compromiso, tomará el control del imperio familiar y hará caer uno a uno a quienes la traicionaron. Y mientras su ex-prometido desespera por recuperarla, Elena encontrará en Sebastián la alianza perfecta y el amor sincero que siempre mereció...
"Regresé del infierno no para perdonar, sino para cobrar cada deuda."
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Capítulo 4: La alianza estratégica y la trampa
El restaurante del Grand Hotel ofrecía una vista privilegiada de la ciudad. Sentado en una mesa discreta junto al ventanal, Sebastián Rossi vestía un traje gris impecable. Al ver llegar a Elena, se puso de pie con elegancia y le ofreció la silla.
—Puntual y decidida. Una combinación admirable, señorita Silva —dijo Sebastián mientras la miraba a los ojos. Había una intensidad en su mirada que Elena no había notado en su vida pasada.
—El tiempo es el recurso más valioso que tenemos, señor Rossi —respondió Elena, acomodándose con gracia—. Y considerando la velocidad con la que se mueven los negocios hoy en día, no me gusta perderlo.
Durante el almuerzo, Sebastián desplegó sobre la mesa la carpeta de Aegis Security. Tal como Elena recordaba, la tecnología de cifrado biométrico que la startup estaba desarrollando era revolucionaria. En su vida anterior, Mateo había tachado el proyecto de "fantasioso", haciendo que Silva Corp perdiera miles de millones en ganancias.
—Mi firma planea adquirir el 40% de las acciones iniciales —explicó Sebastián, observando la reacción de Elena—. Sé que Silva Corp atraviesa un momento de transición tras la salida de Mateo Peralta, pero si entra como socio co-inversor, dominaremos la patente antes de que salga a bolsa.
Elena revisó los balances financieros con rapidez. Sabía de memoria que en seis meses el valor de esa compañía se triplicaría.
—Acepto entrar con el 50% de la ronda de inversión inicial —dijo Elena, dejando los documentos sobre la mesa y mirando a Sebastián fijamente—. Con una condición: que Silva Corp y el Grupo Rossi tengan el control total sobre la junta directiva, sin intermediarios.
Sebastián alzó una ceja, visiblemente impresionado por la determinación y el olfato comercial de Elena.
—Trato hecho —dijo, extendiendo su mano. Al estrecharla, una calidez inesperada recorrió la piel de Elena. Por un instante, la imagen de Sebastián ensangrentado en la tormenta intentando romper el cristal de su auto cruzó por su mente.
—¿Pasa algo? —preguntó él, notando el leve cambio en la mirada de Elena.
—No... nada. Solo pensaba que tomé la decisión correcta al asociarme con usted.
...
Al regresar a las oficinas de Silva Corp, el ambiente se volvió tenso. Sofía la esperaba en la recepción con rostro preocupado.
—Señorita Elena, su media hermana, la señorita Beatriz, estuvo aquí mientras usted almorzaba. Insistió en esperarla en su oficina, pero como le prohibió el paso, entró al departamento de contabilidad afirmando que buscaba unos documentos personales.
Elena frunció el ceño. Conocía los trucos de Beatriz. En la vida pasada, Beatriz había filtrado información confidencial a la competencia para culpar a Elena de negligencia administrativa y debilitar su posición ante el consejo.
Caminó a pasos firmes hacia la oficina de contabilidad. Al abrir la puerta de golpe, sorprendió a Beatriz guardando precipitadamente una unidad USB en su bolso de marca.
—¿Se te perdió algo, Beatriz? —preguntó Elena con voz fría como el hielo.
Beatriz dio un brinco, tratando de disimular la culpa con una sonrisa inocente.
—¡Elena! Qué sorpresa... Solo vine a buscar unas facturas que dejé la semana pasada. No tienes por qué ponerte así, hermanita.
Elena caminó lentamente hacia ella, arrinconándola contra el escritorio.
—El bolso —ordenó Elena secamente.
—¿Qué? ¡Es mi propiedad privada! No puedes...
Sin darle tiempo a reaccionar, Elena le arrebató el bolso de un tirón, sacó la memoria USB y la observó con desprecio.
—Tratando de clonar las bases de datos de clientes para dárselas a Mateo, ¿verdad? Crees que no conozco cada uno de tus movimientos desesperados.
—¡Estás loca! —chilló Beatriz, perdiendo la paciencia y mostrando su verdadera cara de odio—. ¡Crees que eres superior porque te quedaste con todo! Pero Mateo jamás te amó, Elena. ¡Solo te usaba por tu dinero! Él me prefiere a mí y...
¡ZAS!
Esta vez, Elena le agarró la muñeca con fuerza de acero y le sostuvo la cara a escasos centímetros de la suya.
—Si vuelves a poner un pie en esta empresa o a tocar uno solo de mis archivos, no solo te dejaré en la calle, sino que publicaré las pruebas del desfalco que hiciste en la fundación benéfica el año pasado. ¿Crees que no lo sé?
El rostro de Beatriz se desfiguró por el terror. No podía entender cómo Elena sabía de las cuentas secretas que ella había manejado en la sombra.
—Fuera de mi vista —sentenció Elena, soltándola bruscamente—. Y dile a Mateo que su tiempo se acabó.
Beatriz recogió sus cosas temblando y huyó del pasillo bajo la mirada atónita del personal.
Elena apretó la memoria USB en su mano. La primera fase de su venganza estaba completa. Ahora, con Sebastián a su lado y el control absoluto de la empresa, era hora de preparar la trampa definitiva para aplastar a Mateo y a Beatriz de una vez por todas.