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LÍNEAS CRUZADAS

LÍNEAS CRUZADAS

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor-odio / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

De día, Valeria Vidal y Dante De Rossi son los titanes más implacables de la arquitectura europea: una batalla campal de titanio contra hormigón donde cada licitación se disputa como un duelo a muerte. De noche, despojados de sus armaduras corporativas, son «TintaBlanca» y «PlanoCero», dos almas insomnes que se desahogan y se enamoran a ciegas a través de una plataforma anónima, sin sospechar que su confidente ideal es su peor pesadilla diurna.
Mientras sus socios montan un palco cómico cada fin de semana para verlos batirse en ridículas apuestas —desde carreras en bicicleta de paseo hasta guerras de karaoke—, sus padres deciden intervenir. Enemigos frente a la prensa pero compinches de toda la vida en privado, los patriarcas urden una trampa maestra: un falso matrimonio corporativo por contrato con amenaza de intercambio de mando. Obligados a convivir bajo el mismo techo entre desplantes, planos cruzados y un ataque de celos incontrolable, Valeria y Dante descubrirán que la estructura

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Capítulo 4: La emboscada de los patriarcas

El salón privado del Circolo dell'Unione, a pocos metros del Teatro alla Scala, olía a tabaco de pipa añejo, cuero encerado y siglos de conspiraciones aristocráticas.

Valeria Vidal empujó la pesada puerta de roble tallado con el ceño fruncido y el paso firme. Llevaba un traje sastre en color verde bosque con hombreras afiladas, su maletín de cuero italiano en una mano y la paciencia reducida a cero. Su padre la había convocado con carácter de «emergencia de seguridad patrimonial de máxima urgencia», interrumpiendo su revisión de planos estructurales.

—Papá, más vale que el edificio de Como no tenga grietas en los cimientos, porque dejé a mis ingenieros a mitad de un cálculo de...

Las palabras se le congelaron en la garganta.

Sentado en uno de los sillones orejeros de cuero verde, con las piernas cruzadas con insolencia, un vaso de whisky en la mano y una camisa de lino blanco bajo una chaqueta desabrochada, Dante De Rossi la miraba con una mezcla de desconcierto y fastidio supremo.

—¿Qué demonios haces tú aquí, De Rossi? —disparó Valeria, retrocediendo medio paso como si hubiera pisado un cable de alta tensión.

—Podría preguntarte exactamente lo mismo, Vidal —respondió Dante con voz ronca, bajando el vaso a la mesa auxiliar con un golpe seco—. Mi padre me juró que teníamos un litigio fiscal con el catastro municipal. No me avisó que la reunión incluía lidiar con una plaga de curvas orgánicas antes del almuerzo.

—¡Basta de gruñidos, por el amor de Dios! —tronó una voz profunda desde el fondo de la estancia.

Don Bernardo Vidal y Don Massimo De Rossi salieron de la biblioteca contigua con paso solemne. Vestían trajes oscuros impecables, chalecos de paño y llevaban puestas sus expresiones más severas de patriarcas decimonónicos, aunque a Massimo le temblaba peligrosamente el bigote blanco por el esfuerzo titánico de no estallar en carcajadas.

Sobre la inmensa mesa de caoba descansaba una carpeta de pergamino grueso con sellos notariales de cera roja y dos copas vacías de cristal tallado.

—Tomen asiento los dos —ordenó Don Bernardo con gravedad teatral, señalando dos sillas contiguas frente al escritorio.

Valeria y Dante se miraron de reojo con desconfianza absoluta. Ninguno se sentó en la silla asignada; permanecieron de pie, a un metro de distancia el uno del otro, cruzados de brazos y con la guardia en alto.

—Papá, dilo rápido —exigió Valeria—. Tengo tres licitaciones pendientes y el señorito del hormigón tiene que ir a comprar más gomina para su cabello.

—La Unión Europea y el consorcio del Corredor Mediterráneo acaban de publicar los pliegos definitivos para la reestructuración urbanística de la costa sur —anunció Don Massimo, apoyando las dos palmas sobre el pergamino con ademán ceremonial—. Es un contrato de ocho mil millones de euros. Ninguna de nuestras dos firmas tiene el volumen de facturación ni la estructura corporativa para ganarlo en solitario frente a los gigantes franceses o asiáticos.

—¿Y qué? —intervino Dante, arqueando una ceja—. ¿Pretenden que presentemos una unión temporal de empresas? Sobre mi cadáver. No pienso compartir un solo plano con el equipo de Valeria.

—Una simple unión temporal no califica ante el tribunal de Bruselas —mintió Don Bernardo sin pestañear, lanzándole a Massimo una mirada de complicidad que sus hijos no captaron—. El pliego exige una fusión de capitales permanente y garantizada por vínculos estatutarios y de linaje fundacional.

Valeria entrecerró los ojos castaños, oliéndose la trampa a kilómetros de distancia:

—¿«Vínculos estatutarios y de linaje»? ¿De qué siglo sacaron esa terminología arcaica?

Massimo tomó aire, se ajustó los gemelos de oro y soltó la bomba con la serenidad de un verdugo que disfruta su oficio:

—Un pacto sellado hace cuarenta años entre las familias fundadoras. Para que Vidal Vanguard y De Rossi Lab puedan fusionar sus patrimonios y arrasar en la licitación internacional, ustedes dos deben contraer matrimonio legal en un plazo improrrogable de sesenta días.

El silencio que siguió a la frase duró tres segundos enteros.

Luego, la habitación pareció quedarse sin oxígeno.

—¿Qué? —soltaron Valeria y Dante exactamente al mismo tiempo, con un tono que osciló entre el horror puro y la indignación cósmica.

—¡¿Casarme con él?! —estalló Valeria, dando un paso al frente y señalando a Dante como si fuera un bulto radioactivo—. ¡¿Con este troglodita arrogante, insensible y obsesionado con las cajas de zapatos de cristal negro?! ¡Papá, perdiste la cabeza! ¡El vino Barolo te carcomió las neuronas! ¡Prefiero mudarme a Siberia a diseñar cobertizos para ovejas antes de firmar un acta con su apellido!

Dante se levantó del sillón de un salto, con los ojos azules inyectados en furia herida:

—¡Ah, claro! ¡Como si para mí fuera un premio casarme con la generala del titanio! ¡Es una neurótica insoportable que desayuna bilis y se duerme contando tornillos! ¡Nos mataríamos en el desayuno antes de que termine la luna de miel! ¡Es un rotundo, absoluto y definitivo NO!

Don Bernardo y Don Massimo intercambiaron una mirada satisfecha. La trampa estaba funcionando con la precisión de un reloj suizo.

—Esperábamos esta falta de visión por parte de ambos —dijo Bernardo con voz calmada, sacando un segundo documento con membrete notarial del bolsillo interior de su chaqueta—. Si rechazan la alianza conyugal estipulada en los estatutos familiares, el consejo de accionistas históricos activará la cláusula subsidiaria de interoperabilidad obligatoria.

Dante frunció el ceño, sospechando lo peor:

—¿Qué cláusula subsidiaria?

—A partir del próximo lunes a las ocho de la mañana —sentenció Don Massimo con una frialdad majestuosa—, ambos quedan suspendidos temporalmente de la dirección ejecutiva de sus despachos. Valeria Vidal asumirá el mando total y operativo de De Rossi Lab, y Dante De Rossi tomará el control absoluto de Vidal Vanguard Studio durante seis meses para «homogeneizar las filosofías de diseño».

La mandíbula de Dante se desencajó. El color huyó por completo del rostro de Valeria.

—¡¿Qué?! —gritó Valeria, con la voz quebrándose en un chillido agudo de puro pánico profesional—. ¡¿Va a entrar a mi estudio?! ¡Va a pintar mis muros blancos de gris ratón! ¡Va a talar mis jardines verticales! ¡Va a obligar a mis diseñadores a usar ángulos rectos! ¡Es un crimen contra la humanidad!

—¡Y tú vas a plantar begonias en mis vigas de acero templado! —rugió Dante, pasándose las manos por el cabello con desesperación pura—. ¡Vas a llenar mis plantas abiertas con cortinas de seda y difusores de lavanda! ¡No vas a tocar un solo archivo de mis servidores, Vidal! ¡Te juro que le pongo candado biométrico a cada ordenador!

—Son las reglas, muchachos —concluyó Don Bernardo, encogiéndose de hombros con una inocencia diabólica—. O aceptan un matrimonio por contrato con convivencia estricta bajo el mismo techo durante un año para convencer al consorcio internacional... o se intercambian las oficinas este lunes. Tienen veinticuatro horas para decidir qué prefieren sacrificar: su soltería o el control de sus obras maestras.

Los dos patriarcas recogieron sus abrigos, hicieron una reverencia impecable y salieron del salón privado con paso tranquilo, dejando a sus hijos petrificados en medio de la alfombra persa. Apenas cruzaron el zaguán hacia la calle, Bernardo y Massimo se chocaron las palmas entre carcajadas que hicieron temblar las farolas de la plaza.

Adentro, la atmósfera era un polvorín.

Dante miró a Valeria. Valeria miró a Dante.

Ambos estaban jadeando, con los pechos subiendo y bajando con violencia. La sola idea de ver al otro profanando sus respectivos templos de diseño era una tortura psicológica infinitamente superior a cualquier muerte física.

—Ni se te ocurra soñar con entrar a mi edificio, De Rossi —siseó ella, señalándolo con un dedo tembloroso de rabia.

—Y tú ni te acerques a mi maqueta de Porta Nuova, Vidal —contraatacó él, acortando la distancia hasta que sus narices casi se rozaron, con los ojos azules ardiendo en un desafío salvaje—. Si tenemos que montar este circo para que no destruyas mi empresa... más vale que consigas un abogado con cláusulas de guerra. Porque vivir bajo el mismo techo conmigo va a ser el peor infierno de tu vida.

—El infierno te lo voy a construir yo, querido —remató ella con una sonrisa letal—. Y va a tener curvas tan perfectas que te vas a marear de solo mirarlas.

A las dos y media de la madrugada, en el ático de Isola, la tormenta mental no daba tregua.

Valeria caminaba descalza de un lado a otro del salón con una copa de vino tinto en la mano, con el cabello alborotado y el corazón latiendo a mil revoluciones. Se dejó caer sobre la alfombra, apoyó la espalda contra el sofá y encendió su tableta con dedos frenéticos.

La aplicación Nocturna se abrió. El punto verde de PlanoCero brillaba como un faro en la oscuridad.

> TintaBlanca: Dime que estás despierto. Por favor, dime que el universo no conspiró solo contra mí esta noche.

>

La respuesta tardó tres segundos.

> PlanoCero: Estoy despierto. Y con ganas de prenderle fuego a la mitad de la península itálica.

> TintaBlanca: Mi padre enloqueció. Perdió la cabeza por completo. Me puso entre la espada y la pared con una trampa feudal digna de la Edad Media.

> PlanoCero: No me digas que el tuyo también.

> TintaBlanca: Me quieren obligar a casarme por contrato con mi peor enemigo. ¡Con el troglodita del ego gigante! Dicen que es por una alianza corporativa internacional. Y si me niego... le entregan las llaves de mi estudio para que dirija a mi equipo.

> PlanoCero: (Escribiendo durante un minuto entero)... ¿Estás bromeando?

> TintaBlanca: Ojalá fuera una broma. Estoy a punto de tener que firmar un papel con un hombre al que detesto con cada fibra de mi ser, solo para salvar mi empresa de sus garras. Voy a tener que vivir en la misma casa que él, PlanoCero. Compartir cocina, pasillos... respirar su mismo aire.

> PlanoCero: A mí me acaba de pasar exactamente lo mismo hoy al mediodía.

> TintaBlanca: ¿A ti también te quieren casar?

> PlanoCero: Con la mujer más intratable, mandona y peligrosa del planeta. Mi rival directa. Si no firmo ese maldito contrato matrimonial, mi padre le entrega el control de mi despacho para que destruya mis diseños con sus caprichos estéticos.

> TintaBlanca: Qué pesadilla. Los dos estamos atrapados en el mismo infierno absurdo.

> PlanoCero: Escúchame bien, TintaBlanca. Si vas a entrar a esa casa con tu enemigo... no bajes la guardia ni un solo segundo. Ponle límites de titanio. No dejes que descubra que tienes dudas o miedo.

> TintaBlanca: Jamás le mostraría debilidad a ese arrogante. Le voy a hacer la vida imposible desde el primer café de la mañana.

> PlanoCero: Esa es la actitud. Haz que se arrepienta de haber nacido cada vez que cruce el pasillo. Y si alguna noche sientes que te asfixia su presencia... escríbeme aquí. Yo seré tu refugio en medio de esa farsa.

> TintaBlanca: Gracias, PlanoCero. No sé qué haría sin ti a estas horas. Tú también cuídate de esa arpía con la que te van a encerrar.

> PlanoCero: No te preocupes por mí. La conozco demasiado bien. Cree que me tiene acorralado, pero no sabe que la guerra recién empieza.

>

A doce manzanas de distancia, Dante De Rossi dejó caer la tableta sobre las sábanas de su cama deshecha, respirando hondo mientras se pasaba una mano por el rostro.

Miró al techo en penumbra y apretó la mandíbula con una mezcla letal de rabia corporativa y una anticipación salvaje e inexplicable que le encendía la sangre en las venas: el lunes se mudaba a un apartamento neutral con Valeria Vidal, y la batalla por no perder la cabeza entre planos y provocaciones iba a ser el desafío más peligroso de toda su carrera.

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Saira Macias
puro fuego
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