Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 4: Un enemigo invisible
Camila no pudo concentrarse en nada el resto de la mañana.
La noticia seguía dando vueltas en su cabeza.
“El millonario Adrián Vega se casa en secreto con una misteriosa mujer.”
Ese titular ya estaba circulando en internet.
Y ella era esa “misteriosa mujer”.
—Esto es una locura… —murmuró mientras caminaba por el enorme salón de la mansión.
Las paredes altas, los cuadros antiguos y el silencio del lugar hacían que todo se sintiera aún más extraño.
Apenas habían pasado unas horas desde que llegó a esa casa… y su vida ya estaba expuesta ante el mundo.
Adrián estaba de pie cerca de la ventana revisando su teléfono.
Parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
—¿No te preocupa esto? —preguntó Camila.
Adrián levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
Camila señaló el teléfono.
—La noticia.
Él guardó el celular en el bolsillo.
—Sabía que tarde o temprano ocurriría.
Camila frunció el ceño.
—¿Entonces lo esperabas?
—Sí.
—¿Y no pensaste en advertirme?
Adrián caminó lentamente hacia ella.
—Si te lo hubiera dicho… ¿habrías aceptado el contrato?
Camila guardó silencio.
La respuesta era obvia.
Probablemente no.
Adrián la observó con atención.
—Lo imaginaba.
Camila cruzó los brazos.
—Eso no lo hace menos injusto.
Adrián suspiró ligeramente.
—Camila, mi vida siempre ha estado bajo los ojos de la prensa.
—Pero la mía no.
—Lo sé.
Camila caminó hacia la ventana.
Los jardines de la mansión se extendían hasta donde alcanzaba la vista.
—Esto es demasiado para mí.
Adrián se detuvo detrás de ella.
—Te acostumbrarás.
Camila giró hacia él.
—¿Qué pasa si no quiero acostumbrarme?
Adrián la miró fijamente.
—Entonces el contrato se rompería.
—¿Y eso sería tan malo?
Él respondió sin dudar.
—Para ti, sí.
Camila sintió un pequeño escalofrío.
—¿Por qué?
Adrián habló con calma.
—Porque ahora todos creen que eres mi esposa.
—Eso ya lo sé.
—Y eso te convierte automáticamente en parte de mi mundo.
Camila lo miró confundida.
—Todavía no entiendo qué tiene de peligroso eso.
Adrián guardó silencio unos segundos.
—Mi mundo tiene enemigos.
El corazón de Camila dio un pequeño salto.
—¿Enemigos?
—Personas que estarían encantadas de usar cualquier debilidad contra mí.
Camila tragó saliva.
—¿Y ahora yo soy una debilidad?
Adrián no respondió de inmediato.
—Eso depende.
—¿De qué?
—De cuánto sepan sobre ti.
El silencio cayó entre los dos.
Camila empezó a sentirse incómoda.
—¿Crees que alguien podría hacerme daño?
Adrián habló con frialdad.
—No lo descarto.
Camila abrió los ojos con sorpresa.
—¡Eso no estaba en el contrato!
Adrián se acercó un poco más.
—Nadie va a tocarte.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque yo no lo permitiré.
El tono de su voz era firme.
Pero eso no hizo que Camila se sintiera más tranquila.
En ese momento alguien tocó la puerta.
Un mayordomo apareció.
—Señor Vega.
Adrián lo miró.
—¿Qué sucede?
—El señor Sebastián Vega acaba de llegar.
Camila frunció el ceño.
—¿Quién es Sebastián?
Adrián respondió con calma.
—Mi hermano.
—¿Tienes un hermano?
—Sí.
Camila levantó una ceja.
—Eso tampoco lo mencionaste.
Adrián habló mientras caminaba hacia la puerta.
—Hay muchas cosas que no mencioné.
—Eso ya lo noté.
Pocos segundos después, un hombre entró al salón.
Era alto, con cabello oscuro y una sonrisa tranquila.
Pero había algo en su mirada que hacía difícil confiar en él.
—Vaya… —dijo observando la habitación—. Así que los rumores son ciertos.
Adrián lo miró con seriedad.
—Sebastián.
El hombre sonrió.
—Hermano.
Luego su mirada se movió hacia Camila.
La observó durante unos segundos.
—¿Y tú debes ser la famosa esposa?
Camila se tensó un poco.
—Camila.
Sebastián se acercó.
—Encantado.
Le ofreció la mano.
Camila la estrechó con cautela.
—Mucho gusto.
Sebastián soltó una pequeña risa.
—Tengo que admitir que no esperaba esto.
Adrián cruzó los brazos.
—No viniste solo para comentar mi matrimonio.
—Claro que no.
Sebastián sacó su teléfono.
—Vinimos por esto.
Mostró la pantalla.
Era la misma noticia.
Pero ahora tenía miles de comentarios.
Y miles de compartidos.
Camila sintió que el estómago se le revolvía.
—Esto se está volviendo viral.
Sebastián miró a Adrián.
—Exactamente.
Luego volvió a mirar a Camila.
—Ahora todo el mundo quiere saber quién eres.
Camila respiró profundo.
—No soy nadie importante.
Sebastián sonrió.
—Ahora lo eres.
Adrián intervino.
—Sebastián, no la involucres en esto.
Sebastián levantó una ceja.
—Demasiado tarde.
Camila frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Sebastián caminó lentamente alrededor de la mesa.
—Cuando alguien se casa con un Vega… automáticamente se vuelve interesante para mucha gente.
—¿Qué clase de gente?
Sebastián se detuvo.
—La peligrosa.
El silencio volvió a llenar el salón.
Camila miró a Adrián.
—Empiezo a pensar que esto fue una pésima idea.
Sebastián soltó una pequeña risa.
—Eso lo descubrirás muy pronto.
Adrián lo miró con frialdad.
—No viniste solo para asustarla.
Sebastián respondió con calma.
—No.
Guardó el teléfono.
—Vine para advertirte.
Adrián frunció el ceño.
—¿Advertirme de qué?
Sebastián habló con voz más seria.
—Esta noticia ya llegó a las personas equivocadas.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Sebastián miró directamente a Adrián.
—Que alguien ya empezó a investigar a tu nueva esposa.
El corazón de Camila comenzó a latir con fuerza.
—¿Investigarme?
Adrián habló con tono frío.
—¿Quién?
Sebastián respondió con una sola palabra.
—Valeria.
Camila cerró los ojos un segundo.
—Lo sabía…
Pero Sebastián negó lentamente.
—No.
Camila lo miró confundida.
—¿Qué quieres decir?
Sebastián habló con una expresión grave.
—Valeria no es la única que quiere saber quién eres.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Camila sintió un nudo en el estómago.
—Entonces… ¿quién más?
Sebastián miró a Adrián.
—¿De verdad no se lo has dicho?
Adrián guardó silencio.
Camila empezó a ponerse nerviosa.
—¿Decirme qué?
Sebastián habló con calma.
—Que hay alguien más interesado en esta noticia.
—¿Quién?
Sebastián respondió lentamente.
—El hombre que odia más a nuestra familia.
Camila sintió que el miedo recorría su cuerpo.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
Sebastián la miró directamente.
—Todo.
El silencio duró varios segundos.
Camila respiró profundo.
—Necesito entender qué está pasando.
Adrián habló finalmente.
—Camila…
Pero antes de que pudiera continuar, el teléfono de Sebastián sonó.
Miró la pantalla.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Esto no puede ser bueno.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
Sebastián levantó la mirada.
—Alguien acaba de publicar información sobre Camila.
Camila sintió que el corazón se detenía.
—¿Qué tipo de información?
Sebastián giró el teléfono.
En la pantalla había una nueva noticia.
Y esta vez el titular era aún peor.
“¿Quién es realmente la esposa secreta de Adrián Vega?”
Camila sintió que las manos le temblaban.
—Esto… esto no puede estar pasando.
Adrián tomó el teléfono.
Leyó el artículo.
Su expresión se volvió oscura.
Camila lo miró con miedo.
—¿Qué dice?
Adrián levantó la mirada lentamente.
Y lo que dijo después hizo que el miedo se apoderara de ella.
—Alguien ya sabe quién eres.
El silencio se volvió aterrador.
Camila tragó saliva.
—¿Quién?
Adrián habló con una voz fría.
—La persona que más quería que nunca entraras en mi vida.
Camila sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—¿Quién es esa persona?
Adrián respondió con una sola frase.
—El hombre que destruyó a mi familia.
Y si él descubre que ahora eres mi esposa…
—¿Qué pasará?
Adrián la miró fijamente.
—Vendrá por ti.