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La Chica Gorda de la Mafia

La Chica Gorda de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Mafia / Grandes Curvas / Completas
Popularitas:467.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: AUTORAATENA

Ella no debía cruzarse en su camino.

Isabella Moretti es hija de un soldado —no de un Don, ni de un Caporegime, ni de nadie lo suficientemente importante para marcar la diferencia en ese mundo de oro podrido y sangre seca. Creció a la sombra de la Cosa Nostra sin pertenecer jamás a ese mundo de verdad, y precisamente eso la mantuvo libre. Reía cuando quería, decía lo que pensaba, escondía su Kindle debajo de la almohada, como si los romances que leía fueran su mayor pecado —y sonreía sola, divertida por ello.

Soñaba con el amor. De ese que duele de bonito, de ese que te elige por completo.

Leon Ravelli también soñó, una vez. Tenía dieciocho años y creyó que el mundo cabía en el corazón de una mujer. Aprendió de la forma más cruel posible que no era así. Que la traición solo tiene una sentencia. Que las lágrimas en el rostro son debilidad, y la debilidad mata antes de que llegue el enemigo.

Desde esa noche, se convirtió en otra persona.

El hielo se derrite. Él se convirtió en mármol.

NovelToon tiene autorización de AUTORAATENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 27

— El Dossier

No dormí.

Ni lo intenté.

Agarré el dossier, fui directo al estudio, abrí una botella de whisky del cajón y me senté como hago cuando es trabajo. Como si aquello no tuviera nada que ver con la mujer que se fue de aquí sin voltear atrás.

Mentira.

Todo ahí era sobre ella.

El dossier estaba impecable. Damian no sabía hacer nada a medias. Fotos organizadas por año, reportes, registros, nombres. La vida entera de Isabella Moretti reducida a papel y tinta.

Empecé desde el inicio.

Infancia.

La madre. Muerta cuando ella tenía once años.

Me detuve en la foto más de lo que debería. Ella demasiado pequeña para estar vestida de negro, con esa mirada de quien ya entendió cosas que ningún niño debería entender.

Continué.

El padre ausente. Los años creciendo medio adentro, medio afuera de aquel mundo. Sin pertenecer completamente a ningún lugar. Ni a la mafia, ni al lado de afuera.

Las amigas. Pocas. Siempre las mismas. Luiza aparecía en varias fotos, pegada a ella, como si fuera su equilibrio.

Fui pasando las páginas despacio.

Cursos de gastronomía. Repostería. Certificados. Fotos en clases, eventos, presentaciones. Ahí ella se veía... entera. Enfocada. Como si ese fuera el único lugar donde el mundo tenía sentido.

Memoricé cada detalle sin darme cuenta.

Después vinieron eventos de la mansión. Fiestas, reuniones, ocasiones donde ella siempre estaba... al margen. Presente, pero nunca en el centro.

Hasta que algo me hizo detenerme.

Regresé una página.

Foto de graduación de preparatoria.

Isabella al centro, diploma en mano, sonrisa abierta. De esas que no son ensayadas. Cabello suelto, ligero. Viva.

Y en una esquina, casi fuera del encuadre—

Él.

Alto, delgado, rubio. Arreglado de más para ser descuido, discreto de más para ser coincidencia.

No estaba mirando a la cámara.

Estaba mirándola a ella.

Me quedé unos segundos clavado en la foto.

No era una mirada común. No era curiosidad. Ni interés pasajero.

Era... fija.

Como si el resto de la escena no existiera.

Continué.

Otra foto. Un año antes. Presentación escolar. Isabella concentrada en la mesa.

Y él ahí.

Más atrás.

Mirando.

Pasé más páginas.

Lo encontré de nuevo.

Y de nuevo.

Siempre fuera del centro. Siempre posicionado. Siempre con el mismo ángulo calculado de quien quiere ver sin ser visto.

Esa repetición empezó a molestarme.

No era coincidencia.

Era patrón.

Me incliné en la silla, acercando el rostro a la foto.

El trazo era fino, bien cuidado. Ropa buena. No llamativa —cara. Discreta de esa manera que al dinero viejo le gusta ser.

Familiar.

Fruncí el ceño.

Ya vi esa cara.

O algo en ella.

No recordaba de dónde, y eso me irritó más de lo que debería.

Agarré otra carpeta dentro del dossier. Registros más recientes.

Nada directo.

Pero había algo.

Fechas.

Eventos donde Isabella estuvo... y pequeñas ocurrencias alrededor. Nada escandaloso. Un empleado que renunció de repente. Un proveedor cambiado sin explicación. Un incidente mínimo aquí, otro allá.

Pequeñas desviaciones.

Todas demasiado cercanas.

Demasiado organizadas.

Alguien limpiando sus propios rastros con cuidado.

Regresé a la foto.

El rubio seguía ahí, congelado en el tiempo, mirándola como si ya supiera algo que nadie más sabía.

Agarré el celular y le tomé una foto a la imagen.

Se la mandé a Enzo.

Quiero su nombre. Mañana temprano.

Sin explicación. Él no la necesitaba.

Cerré el dossier despacio.

El vaso de whisky se quedó a la mitad en la mesa.

Fui hasta la ventana.

Milán estaba encendida allá afuera, esa luz anaranjada atrapada entre los edificios, el movimiento que nunca se detiene por completo. Un silencio que nunca es entero.

Isabella estaba en la casa de Damian.

Probablemente despierta.

Pensando.

Fría de esa manera en que se pone cuando decide no sentir frente a nadie.

Ella volvería mañana. Yo lo sabía. No por mí.

Por ella.

Pero volvería diferente.

Y yo iba a tragármelo.

Solo que no era eso lo que estaba ocupando mi cabeza ahora.

Era él.

El chico de las fotos que creció fuera de mi radar.

El patrón en los registros.

La forma demasiado limpia con la que todo a su alrededor era tocado... y borrado.

Aquello no era casualidad.

Era alguien paciente.

Alguien que esperó.

Alguien que aprendió a quedarse en la sombra.

La rosa negra.

El mesero.

Los rastros que nunca llevaban a ningún lado.

Todo empezó a alinearse de una manera que yo conocía demasiado bien.

Apoyé la frente en el vidrio frío por un segundo, cerrando los ojos.

Cuando los abrí de nuevo, ya no tenía duda.

Quienquiera que fuese ese hijo de la sombra... estaba demasiado cerca.

Y había elegido a la persona equivocada.

Porque Isabella no era solo una pieza en mi mundo.

Ella era lo único que yo no negociaba.

Y quien toca lo que es mío...

no sale entero.

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Alondra Cristel Reynoso Romero
Pinche pretexto más sarra 😂😂
Alondra Cristel Reynoso Romero
Al menos sabes cómo es tu hija, espero que no te avergüences de ello..
Analia Fernandez
/Drool//Drool//Drool/
keila arias
Muy buena la novela. Me gustaría que hubiese tenido prólogo para saber si isabela tuvo más hijos
keila arias
Hasta q apareció el peine. No es putizorra pero es un putiloco
Luz Maritza Rodriguez Pinilla
me encanto felicitaciones
Lourdes Margarita Santana Velarde
si a mí, alguien se le antoja algo mío, hago eso y más y peor
Lidia Zerep
Soldado caído!!! 🤣🤣
Lourdes Margarita Santana Velarde
tú sola !!! ahora mismo me cambio el nombre x Isabella
Nely Leiva
Hermosa Novela 👏🏻👏🏻
Lourdes Margarita Santana Velarde
Sr. anónimo todavía piensa q sta gordita no se las trae
Lourdes Margarita Santana Velarde
Autora xfa coloque fotos d ella con otra pose, ( sentada, d lado o tocando algo ) q esa ya sta usada d más
Lourdes Margarita Santana Velarde
eso se llama tener la dignidad y el autoestima por todo lo alto
Yennyfer Cordoba
excelente 🥰👏👏
Graciela Reyes
Excelente
Sandra Garnica
Me gustó mucho la historia, mil bendiciones y éxitos autor@ 😊😉😉😉
Sandra Garnica
Me gustó mucho la historia, mil bendiciones y éxitos autor@ 😊😉😉😉
Sandra Garnica
El Don vio que a Isabella le gustaba Leon y que la alegría de ella y esa forma de no doblegarse y ser directa lo iba a enamorar y sacar del fondo donde estaba por culpa de la otra🤔
Sandra Garnica
Ese Giovany era un lunático 😡, menos mal que Leon había puesto el rastreador o sino hubiera sido demasiado tarde😓
Alejandra Sanchez
excelente autora gracias 🙂
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