Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 24 Comprometidos.
—¡Sí, claro que sí! ¡Acepto! —Chilló Fridda con lágrimas en los ojos.
Victoria casi se ahoga con su trago, el resto de los presentes estallaron en aplausos, silbidos y felicitaciones.
La celebración ahora era doble, el Jefe de Guerra del Clan McIver se casaba.
—Perdón por interrumpir la celebración nuevamente. —Alzó la voz Lady Maisie y todo volvió a quedar en silencio. —Sé que no es cómo lo esperaban, pero aprovechando la felicidad y el hecho de que todos estén presentes, Duncan y yo queremos anunciar que pronto nos vamos a casar.
Murmullos se escucharon, nadie aplaudió ni celebró.
Duncan la miró incrédulo y después buscó a Victoria con la mirada, pudo ver la decepción en su rostro.
—Los rumores ya dejan de ser rumores para convertirse en un hecho. —prosiguió Maisie. —Seré Lady McIver, Lochleven mi nuevo hogar.
La verdad se hizo evidente, nadie estaba feliz con la noticia de Lady Maisie, sin embargo poco a poco fueron recibiendo buenos deseos y la fiesta continuó.
Para Victoria, la diversión había terminado. Se fué alejando con dirección a los establos, quería estar sola. Sin embargo, Agnes la estaba siguiendo.
—Victoria, espérame. —gritó la joven.
—¿Qué ocurre? —Preguntó Victoria conteniendo las lágrimas.
—Solo quería ver si estás bien. —la joven se avergonzó un poco.
—¿Por qué no lo estaría?
—No quería ser indiscreta, pero... Sé que algo pasa entre tú y el Lord. —confesó Agnes. —Lo siento.
Victoria la miró y soltó un largo suspiro.
—Lo vi subiendote a sus aposentos, en brazos. —la joven estaba ruborizada, no quería pecar de imprudente. —No estaba espiando, yo solo...
—No importa, sé que no estabas espiando. —Victoria le puso una mano en el hombro. —Eres una buena chica.
—Me emocioné al verlos, tu serías muy buena esposa para él. Sé que con Maisie no será feliz.
—Agnes, no creo que...
—¡Insolentes! —Se escuchó el grito tras de ellas. —¿Cómo se atreven a hablar así de mí prometido? —Maisie había estado espiandolas.
—Mi Lady... —intentó decir Agnes, que estaba pálida como papel.
Misie la interrumpió. —Te irás de este lugar. —La señaló con su dedo y luego se volteó hacia Victoria que permanecía de brazos cruzados. —Y tú, eres una cualquiera más, lo que sea que tuvieras con Duncan se acabó. También te irás ahora mismo de aquí.
Victoria sonrió con una frialdad que les heló la sangre.
—¿Ah sí? —Preguntó con una media sonrisa. —Pues eso tendrá que pedírmelo Duncan.
—Lord Duncan, ten un poco de respeto y llámalo por su título. Calentar su cama no te da derecho a nada, solo demuestra lo fácil que eres.
—Sí, tal vez soy una fácil, pero ya quisieras haber sido tú quien estuvo en sus brazos anoche. —le escupió Victoria con rabia y actitud altiva.
—¡¿Cómo te atreves?! —Gritó Maisie casi perdiendo el control. —Eres una vulgar.
Levantó su mano con intención de darle una cachetada a Victoria, pero esta no se lo permitió.
Victoria le agarró la muñeca y se la apretó con fuerza.
—Que sea la última vez que te atreves a levantar la mano contra mí o contra Agnes. —Victoria miró a la joven aludida, no había olvidado su promesa. —Incluso contra cualquiera en este castillo.
—¡Suéltame! Esto no se va a quedar así. —Maisie tenía ganas de llorar.
Victoria la tiró en el suelo, pero solo para agarrarla del cabello y lanzarla contra desperdicios de caballos.
—Victoria... ¿Qué hiciste? —Agnes no sabía si reir o llorar con la escena.
—Le dí su merecido. —Sonrió satisfecha.
—Vas a pagar caro por esto. —amenazó Maisie llorando mientras se levantaba con dificultad.
Se había ensuciado completamente, quedó echa nada.
—No me amenaces. —La voz de Victoria sonando fuerte.
Duncan, que había estado buscando a Victoria, por fin la encontró; lo que no esperaba era ver la escena que aparecía ante sus ojos: Lady Maisie llena de estiércol y pareciendo un despojo.
—¿Qué ocurrió aquí? —Preguntó él, su voz profunda y autoritaria.
Agnes, que ya estaba pálida, ahora parecía desaparecer a causa de los nervios, el Lord iba a matarlas, pero Victoria rápidamente tomó el control.
—Lady Maisie se resbaló y cayó, pero se niega a recibir ayuda de nosotras. —Respondió Victoria con naturalidad.
—¡No es cierto! —Chilló Maisie. —Ella me lanzó a golpes.
—¿Hiciste eso? —Duncan miró a Victoria arrugando el entrecejo.
—Lo hice, así como también tiré su desayuno al suelo cuando me acusó.
—Ella se cayó al intentar abofetear a Victoria, mi Lord, esa es la verdad. —Agnes no pensaba dejar a su amiga sola en esto.
Duncan se agarró el puente de la nariz con los dedos, esas mujeres iban a enloquecerlo.
—Si no le importa, me retiro. —Dijo Victoria, tomando a Agnes por el brazo.
Él asintió y las dejó ir. Más tarde hablaría con Victoria, le debía una explicación.
—¿Vas a dejar que se vaya? Merece el mayor castigo Duncan. Mira cómo me dejó. —Maisie estaba muy ofendida.
—No te creo, sobretodo después que la acusaste falsamente en una ocasión.
—Querido...
—Anunciaste sin mi consentimiento un compromiso que yo no he aceptado del todo. —Duncan se notaba enfadado.
—Ya lo habías acordado con mi padre. No sé por qué te molestas.
—Porque no debía hacerse así, Era yo quien tenía que anunciarlo para dar mí consentimiento al acuerdo. —casi gritó. —Mañana a primera hora, te quiero fuera de mis tierras.
—Duncan... —comenzó a decir Maisie entre sollozos. —Duncan yo... Lo siento.
Pero Duncan se volteó y comenzó a alejarse dejándola sola. Tenía que buscar la forma de resolver este desastre.