Samantha desde pequeña tuvo una infancia dura, fui víctima de maltrato y bullying por su apariencia y falta de economía, esto no impidió que pensará en un futuro mejor, fue obligada a tomar una dura decisión, abandonar todo, esperemos que la vida le sonría y sea para mejor
NovelToon tiene autorización de Dayma Sánchez Pérez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24
Llegamos a la cita un poco antes de lo acordado, yo estaba muy nerviosa y por más que Brayan me intentara calmar era inevitable que tuviese miedo, miedo de tener algo malo en mí, ya que tanta felicidad no era normal, lo primero que hicieron fue hacerme un test de embarazo para descartar y para nuestra sorpresa estaba embarazada, no lo podíamos creer, estábamos muy felices y más aún luego de aquel diagnóstico brutal sobre que jamás podríamos tener hijos.
Seguidamente, me llevaron a un salón para realizarme un ultrasonido, así ver el desarrollo del bebé, todo estaba marchando bien, todo dió perfecto, tenía dos meses de embarazo ya, Brayan hasta lloró al ver el bebé en mi barriga, estaba muy fascinado con esta buena noticia y yo más, creí que nunca podría ser madre así que más que feliz, feliz por el bebé y feliz por hacerle su sueño realidad. El bebé había sido fruto de nuestra luna de miel, irnos de viaje fue la mejor opción que pudimos tomar jamás.
Aún no sabíamos el sexo del bebé, pero ya Brayan quería comenzar los preparativos, ese mismo día fue y compro una cuna, coche y varios accesorios todos de color neutral. Cada día me recordaba entre besos lo mucho que me quería y lo feliz que estaba por ser padre. No me podía quejar era tratada como toda una princesa.
Brayan tomaba fotos de todos los avances del bebé, sus ultrasonido y de mi panza, cada mes me tomaba una foto de lado para guardar el crecimiento de mi barriga. Le estaba haciendo un álbum al bebé. Ya le tenía una habitación armada y todo, juguetes, cama, peluches.
Desde que Brayan supo del embarazo, estuvo mucho más feliz, no paraba mimarme y consentirme en todo, cuidaba todo lo relacionado conmigo desde alimentación hasta mis horarios de sueño. Trabajé hasta mi séptimo mes de embarazo, ya luego decidí quedarme en casa, cosa que Brayan aprobó al instante, de ser por él lo habría dejado hace mucho. Deje mi negocio en manos de mi mejor empleada.
Hasta ahora no sabíamos el sexo del bebé, no se dejaba ver. Eso no nos interesaba mucho, daba igual, de todas formas sería un bebé muy amado y bien recibido, lo importante es que naciese con buena salud, ya lo demás no importa. El sexo no fue un problema, seguimos disfrutando cada segundo juntos, aunque ya mi barriga empezaba a notarse.
Solo salía de casa para las consultas, hasta el momento no tenía ninguna complicación, estaba tan aburrida en casa y sin mucho qué hacer, ya no había manera de entretenerme, no estaba adaptada a estar así tan quieta sin hacer nada, ya tenía treinta y nueve semanas, el bebé podía llegar en cualquier momento, era un varón, en la última consulta se dejó ver, nos hizo mucha ilusión.
Dediqué mi tiempo libre en hacer las maletas para el hospital, la mía y la del bebé, también organicé toda la ropitas del bebé en su escaparate, la cuna la puse en nuestra habitación, no podía dejarlo solo en otro lugar tan pequeño, ya cuando había terminado de organizar sentí que tocaron en la puerta, la empleada fue.
Luego de una minutos me llamó, había una persona buscándome, fuí lo más pronto que pude, quede de piedra al ver quién era, era mi madre, cómo me había localizado fue lo primero que pensé al verla, en ese momento sentí cómo un líquido corría por mis piernas, la ignoré por completo, había roto la fuente, estaba de parto.