Está historia trata de una joven hermosa y muy humilde,su principal objetivo es superarse para ayudar a su mamá.
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Cap. 24
Anaís no había hablado con David, tampoco lo iba a hacer. La joven mujer le tenía una sorpresa en su propia casa, pero estaba segura de que Margaret sería la más sorprendida. Ya quería ver su cara, también se encargó de que alguien más llegara a la casa, con invitación especial. Tenía todo bajo control, para cenar en familia.
Ciertamente, aunque Anaís tenía un buen plan en mente, estaba preocupada por Carol. Era su amiga de toda la vida, juntas habían pasado momentos tristes, alegres y habían tomado grandes decisiones. Ella la observaba tan triste y tan desilusionada que sentía pena por su amiga.
— Carol, ¿cómo te sientes?— preguntó Anaís
— Estoy mejor. Tenemos que hablar, tengo muchas cosas que contarte. Te pido que antes de tomar una decisión trate de entenderme.
— Oye, estás muy rara. Hablaremos después, ahora me voy a arreglar, tengo una cena importante. ¿Sabes? Mandé a investigar sobre la relación de Pedro y Margaret, ¿y qué crees? Tienen alrededor de tres meses juntos. Él pasó el fin de semana con ella, en la misma casa donde vive con David. Qué zorita salió la perfecta. ¿Verdad?
A Carol le dio ganas de llorar, pero contuvo sus emociones.
— Son tal para cual.— comentó desanimada.
——
Pasó el día, y David no pudo hablar con Anaís. No entendía a esa mujer, pero le iba a dar su espacio, seguramente tienes muchas cosas en que pensar.
David estaba a punto de irse a su casa y Robert lo detuvo.
— Vamos por café, la cafeína es buena para relajarse, y yo necesito pensar muchas cosas al igual que tú.— dijo su primo
— Está bien. Joder, tenía tiempo que no me sentía tan estúpido.
Robert estaba pasando por una situación difícil con su esposa. Su hogar se había convertido en un infierno sin salida.
Una hora después
Anaís estaba lista para proceder con su maléfico plan y analizó cada detalle para que todo le saliera a la perfección. Se dirigió a casa de David, esperaba que él no estuviera presente. La astuta mujer le pidió a Robert que lo invitara a tomarse un café. El problema era Margaret, quería que cuando la viera todo estuviera preparado.
Anaís entró por la puerta de servicio, sigilosamente. Gracias a Dios, María le abrió en silencio, y nadie se percató de su presencia.
— Muchas gracias, María. Y Margaret, ¿dónde está?
— En su habitación, poniéndose hermosa para el espectáculo.— ambas mujeres rieron.
— Perfecto, entonces continuemos.
Anaís se dirigió al comedor, la mesa estaba arreglada justamente como ella le pidió a María. Se sentó en una de las sillas principales a esperar los invitados. Margaret descendió por la escalera muy glamurosa, y con unos hermosos tacones. Caminó hacia el comedor haciéndose escuchar por todo el área.
María que estaba parada y ella con una sonrisa le preguntó. — ¿Ya está todo listo?
Anaís, con una gran satisfacción, le respondió.— Sí, querida, ya todo está listo. Puedes pasar a la mesa.
Margaret volteó y su semblante palideció. No se podía descifrar lo que pasaba por su mente, pero su cara decía que quería matar a la mujer.
—Mal—dita. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo te atreves, desgraciada? Maríaaa ¿qué haces esta mujer aquí? Tú tienes que ver con todo esto, ¿verdad?— gritó exaltada.
— Oh, por Dios, deja el drama. Estoy aquí porque vine a cenar con mis amigos, ¿Oh, no recuerdas que todos éramos una familia? Esta casa era mía y llegaste para quedarte con todo, excepto con David, ese hombre es mío. No te quedes ahí parada, lo mejor está por venir. Tú relájate y siéntate, vamos a disfrutar de la rica cena. Por tú bien, no hagas ninguna estupidez.
Llegó David y María inmediatamente le dijo que pasara al comedor. Su rostro al ver Anaís mostraba diferentes emociones, no sabía si reír, oh enojarse. Ambas mujeres lo vieron.
— Bienvenido a tu casa, mi amor. Ven, siéntate. Margaret y yo preparamos la cena para pasar un rato en familia.— dijo Anaís
— ¡Vayas! Qué sorpresa. No sabía que fueran tan buenas amigas. “Joder, ¿qué está pasando aquí? Anais no me dijo nada de esto, ¿qué estará tramando esta mujer?”, pensó un sorprendido hombre.
— ¿Por qué te sorprende tanto? Es tu amante, me imagino que sabías que ella iba a estar aquí, ¿o no?
— Margaret, deja de tu estrés y ponte cómoda.— habló Anaís
Alguien tocó la puerta, María se apresuró a abrir. Anaís se provocó y siguió disfrutando de un pedazo de carne asada.
La empleada se acercó al comedor y dijo.— Señora, Margaret, la buscan.
— ¿Quién me puedes estar buscando, maldición? Dile que pase hasta aquí, ya nada puedo ser peor.