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La Heredera Del Invierno

La Heredera Del Invierno

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.

Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.

En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: El silencio también dice cosas

El problema no era que Rowan no estuviera.

Era todo lo que su ausencia empezaba a significar.

Allegra no durmió.

No realmente.

Cerró los ojos, giró sobre la cama, intentó convencerse de que no le importaba tanto como parecía… pero cada vez que el sueño amenazaba con alcanzarla, su mente volvía al mismo punto: ese segundo de pausa, esa distancia repentina, esa forma en la que él había dicho “estoy bien” como si no lo estuviera.

Y lo peor era que no tenía nada concreto.

Ninguna pelea.

Ninguna palabra equivocada.

Nada que pudiera analizar y resolver.

Solo… silencio.

Y el silencio, descubrió, era mucho más difícil de manejar.

A la mañana siguiente, Allegra no se arregló con el mismo cuidado de siempre.

No porque hubiera dejado de importarle.

Sino porque estaba distraída.

Se quedó mirando su reflejo más tiempo del habitual, como si pudiera encontrar alguna pista en su propia expresión.

—Tienes cara de haber pensado demasiado —dijo Maeve, sentándose en la cama con una taza en la mano.

Allegra no apartó la mirada del espejo.

—No dormí.

—Lo imaginé.

Silencio.

Pero no cómodo.

—¿Sigue sin aparecer? —preguntó Maeve.

Allegra negó.

—No.

—¿Y vas a hacer algo?

Allegra dudó.

—No lo sé.

Maeve la observó con más atención.

—Eso sí es nuevo.

—Lo sé.

—Antes ya habrías hecho algo.

Allegra dejó el cepillo sobre la mesa.

—Antes no me importaba tanto equivocarme.

Silencio.

Eso cambió el tono.

Maeve suavizó la expresión.

—¿Y ahora?

Allegra la miró por el espejo.

—Ahora sí.

Silencio.

Pero más real.

—No tienes que hacerlo perfecto —dijo Maeve.

Allegra soltó una pequeña risa.

—Eso no me ayuda.

—No intento ayudarte a controlarlo.

—Lo sé.

Silencio.

—Solo… —añadió Maeve— no te quedes paralizada.

Allegra no respondió.

Pero esa frase…

se quedó.

El comedor estaba lleno, como siempre.

Pero Allegra no miraba a todos.

Miraba a un solo lugar.

Vacío.

Su lugar.

Y eso…

eso era más incómodo de lo que quería admitir.

Se sentó con Maeve, intentando fingir normalidad.

Funcionó… parcialmente.

—No está —dijo Maeve, innecesariamente.

—Lo sé.

—Solo confirmo.

Allegra jugó con la cuchara.

—No me gusta esto.

—Lo sé.

—No es lógico.

—No todo lo es.

—Para mí debería serlo.

Maeve la miró.

—No siempre puedes hacerlo encajar.

Silencio.

Pero pesado.

Allegra dejó la cuchara.

—Voy a buscarlo.

Maeve levantó una ceja.

—Eso fue rápido.

—No es rápido.

—Un poco sí.

—Es… suficiente.

Maeve sonrió apenas.

—Bien.

Allegra la miró.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Buscarlo no era tan sencillo como parecía.

El internado no era enorme, pero tampoco tan pequeño como para que alguien desapareciera sin dejar rastro durante horas.

Allegra pasó por los pasillos, las aulas vacías, el patio.

Nada.

Y con cada lugar en el que no estaba…

la incomodidad crecía.

—Estás buscando algo.

Allegra se detuvo.

Lila.

Apoyada contra la pared, observándola como si ya supiera la respuesta.

—No —respondió Allegra.

—Sí.

—No.

—Sí.

Silencio.

Pero esta vez Allegra no insistió.

—No está —dijo finalmente.

Lila inclinó la cabeza.

—¿Y eso te preocupa?

Allegra cruzó los brazos.

—No es normal.

—A veces la gente necesita espacio.

—Sin decir nada.

—Sí.

Silencio.

Pero tenso.

—No me gusta —admitió Allegra.

Lila la observó.

—Porque no tienes control.

—Exacto.

—Entonces deja de intentar tenerlo.

—Eso no ayuda.

—No intento ayudar.

Allegra rodó los ojos.

—Consistencia.

—Siempre.

Silencio.

Pero más suave.

—¿Qué harías tú? —preguntó Allegra.

Lila no respondió de inmediato.

—Esperar.

Allegra frunció el ceño.

—Eso suena terrible.

—Lo es.

—Genial.

—Pero a veces es lo correcto.

Silencio.

Allegra miró al suelo.

—No soy buena esperando.

—Lo sé.

—Nada nuevo.

—Nada nuevo.

Silencio.

Pero más ligero.

El resto del día fue una prueba de paciencia.

Y Allegra no era paciente.

Cada clase se sintió más larga.

Cada conversación más superficial.

Cada minuto más lento.

Y Rowan…

seguía sin aparecer.

—Esto es ridículo —murmuró, apoyando la cabeza contra la pared del pasillo.

—Un poco —respondió Maeve.

Allegra la miró.

—No debería afectarme así.

—Pero lo hace.

—Sí.

Silencio.

Pero más honesto.

—No me gusta esto —añadió Allegra.

—Lo sé.

—No me gusta no saber si debería hacer algo o no.

—Eso es lo difícil.

—Gracias por el análisis.

Maeve sonrió.

—De nada.

Silencio.

Pero cómodo.

—Tal vez deberías escribirle —dijo Maeve.

Allegra negó de inmediato.

—No.

—¿Por qué?

—Porque… —se detuvo.

Maeve esperó.

—Porque no quiero parecer desesperada.

Silencio.

Maeve la miró con calma.

—Te importa.

—Sí.

—Entonces no es desesperación.

Allegra no respondió.

Porque esa línea…

no era tan clara para ella.

La tarde empezó a caer cuando Allegra decidió volver al patio.

El mismo banco.

El mismo lugar.

Como si algo fuera a resolverse ahí.

Se sentó.

Miró al frente.

Respiró.

—Esto es estúpido —murmuró.

Pero no se movió.

Porque en el fondo…

estaba esperando.

Y odiaba eso.

Odiaba no hacer nada.

Odiaba no tener respuestas.

Odiaba no poder adelantarse.

Pero se quedó.

Minutos.

Luego más.

Y justo cuando estaba a punto de levantarse—

—No sabía que este lugar estaba reservado.

Allegra levantó la vista de inmediato.

Rowan.

Ahí.

Como si nada.

Como si no hubiera desaparecido.

Como si no hubiera pasado nada.

Pero sí había pasado.

Y se notaba.

—No lo está —dijo Allegra, manteniendo la calma—. Solo lo ocupo a veces.

Rowan se acercó.

—Interesante.

—No tanto.

Silencio.

Pero tenso.

Diferente.

—No estuviste —dijo Allegra finalmente.

Directo.

Sin rodeos.

Rowan asintió levemente.

—Lo sé.

—Eso no explica nada.

—No.

Silencio.

Más pesado.

Allegra sostuvo su mirada.

—¿Vas a hacerlo?

—¿Qué cosa?

—Explicarlo.

Rowan dudó.

Y eso…

eso no ayudó.

—Necesitaba espacio —dijo finalmente.

Allegra entrecerró los ojos.

—¿Por qué?

Silencio.

Rowan la miró.

—Porque sí.

Allegra apretó la mandíbula.

—Eso no es una respuesta.

—Es la que tengo.

Silencio.

Pero más tenso.

—No me gusta esto —dijo Allegra.

Rowan asintió.

—Lo sé.

—No me gusta no entender.

—No siempre vas a hacerlo.

—Eso no ayuda.

—No intento ayudar.

Allegra soltó una pequeña risa sin humor.

—Consistencia.

—Siempre.

Silencio.

Pero esta vez… más difícil.

—Pensé que había hecho algo —admitió Allegra.

Eso salió más rápido de lo que esperaba.

Más honesto de lo que quería.

Rowan la miró.

—No hiciste nada.

—Entonces, ¿por qué?

Silencio.

Más largo.

Más real.

—Porque esto… —empezó él, y se detuvo.

Allegra no se movió.

—Esto es nuevo —terminó.

Silencio.

Eso…

no era lo que esperaba.

—¿Y? —preguntó.

Rowan la miró.

—Y no estoy acostumbrado.

Allegra parpadeó.

—Eso suena familiar.

—Lo es.

Silencio.

Pero distinto.

Más equilibrado.

—Entonces desapareces —dijo Allegra.

—No fue la mejor estrategia.

—No.

—Lo sé.

Silencio.

Pero menos tenso.

—Podrías haber dicho algo —añadió ella.

—Podría.

—Eso habría sido más fácil.

—Sí.

Silencio.

Pero más suave.

—No me gustó —dijo Allegra finalmente.

Rowan asintió.

—Lo entiendo.

—Bien.

Silencio.

Pero ahora…

más claro.

Más real.

—No voy a desaparecer otra vez así —añadió Rowan.

Allegra lo miró.

—Eso sería bueno.

—Lo intentaré.

—Eso es suficiente.

Silencio.

Pero esta vez…

no dolía.

No pesaba.

Solo… existía.

Y por primera vez en dos días…

Allegra no estaba pensando en todo lo que podía salir mal.

Porque ya había pasado algo.

Y no se había roto todo.

Y eso…

eso sí que era nuevo.

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Paulina Larrain
Me gusta, es distinto a lo demás que he leído. 🥰
Paulina Larrain
Está interesante, comienza distintas a otras
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