Alexander Stronghold ha sacrificado mucho por su familia. Ha amado hasta sentirse vacio. Ha visto el amor triunfar en la vida de todos. Nunca se imagino como seria cuando el amor tocara su puerta y mucho menos imagino que su destinada seria una humana. Un mundo a su lado parecia imposible, pero imaginar un futuro sin ella se sentia peor que el infierno. Ese amor estaba destinado al fracaso. Aquella pequeña humana merecia tener una vida lejos de la oscuridad de su alma. Ella vivia con su propia oscuridad.
Emperatriz Walton nacio con una vida perfectamente planeada para servir diligentemente a su familia. Una jovencita educada. Elegante. Perfecta. Eso era lo que se esperaba de ella. Un viaje al mundo sobrenatural la ayudo a descubrir un mundo al que deseaba pertenecer. Pero eso solo era un sueño imposible de alcanzar. Cuando la tentación llama a su puerta sera dificil resistirse. En los brazos del otro encontraron el amor. Un amor fugaz que terminara escapandose de sus manos.
NovelToon tiene autorización de Yabl para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 23: Presente fingido
Pov Mark
Los meses se desvanecían delante de mis ojos, observando con tristeza el desenlace de una historia que yo habia torcido. Me sentia culpable. Era mi culpa que ellas no estuvieran juntas, que no fueran felices.
Deberian odiarme, deberian estar furiosas conmigo, todo era mi culpa.
Pero ninguna dijo nada.
Me sonreian al mirarme, como si no hubiera sido yo el culpable de su desastrozo final.
Sana parecia estar cada vez mas cercana, intentaba aferrarse a mi, como si tuviera miedo de perderlo todo. Deberia estar feliz, porque por primera vez la atencion de mi compañera era solo para mi. Eso era lo que siempre habia deseado. Pero no se sentia bien. No podia ser feliz.
— Vendras a casa esta noche?
La pregunta de Sana me hizo voltear hacia ella, me sonrio, tomando mi mano.
Despues de aquel fatidico dia, todos nos habiamos alejado, pasaron los meses y un día Sana aparecio en mi puerta, comenzo aferrarse a mi, como si yo fuera su salvavidas.
Sabia que no habia sido la primera opcion, pero no me importaba, porque la comprendia. Podia entender el vacio que se abria paso en su interior, porque me sucedia lo mismo.
Fui incapaz de alejarme, de decirle que no. Porque la habia amado desde que era una pequeña niña. Pero todo esto se sentia como una mentira, un engaño en el que estabamos sumidos, fingiendo que no estábamos rotos por dentro.
— Entonces... Vendras? Podemos ver una pelicula juntos.
— Tu madre odia que vaya a tu casa.
Sana solto una carcajada, se inclino hacia mi, besando mi mejilla. Igual que hacia con Dana.
— No importa. Solo ignorala. No quieres estar conmigo? — pregunto mirandome con aquellos ojos de cachorrito.
— Siempre quiero estar contigo.
— Entonces ven.
Asenti incapaz de negarme a ella.
Esa noche llegue a su casa, la mirada acusadora de Safira me escaneo, pero Sana no le dio tiempo a decir nada, me jalo con ella hasta su habitación.
Me llevo hasta su cama, nos dejamos caer, ella se recosto en mi pecho. Alguna película estaba reproduciéndose en la televisión, pero yo no estaba ahi, estaba atrapado en mi mente.
No deberia ser yo quien estuviera aqui.
Estos momentos que ahora compartia conmigo no me pertenecian. No eran para mi.
Guardar secretos me habia traido hasta este vacio existencial. Debi haber dicho la verdad, talvez todo fuera diferente ahora.
Sana subió el rostro y me miro, nos miramos en completó silencio, de repente su rostro comenzo a inclinarse hacia el mio y me quede ahi congelado, sintiedola cada vez mas cerca. Y entonces sucedio aquello que siempre jure que nunca sucederia.
Sus labios se pegaron a los mios en un beso casto. La mire cerrar los ojos y suspirar, apoyo sus manos en mi pecho y abrio los labios, tomo mis labios entre los suyos y yo no hice nada, ni un movimiento, estaba congelado, habia soñado tanto tiempo con este momento, en como se sentiria besar sus labios, eran suavez, dulces como algodon de azucar. Exactamente como me los habia imaginado.
Pero en mi interior guardaba un secreto. Uno que necesitaba dejar salir. No podia hacer esto.
Esta vez no.
La tome de los hombros alejandola de mi, ella me miro confundida. Me levante de la cama negando con mi cabeza
— No puedo hacer esto, dulce.
Ella no dijo nada, solo me miraba con confusión.
— Lo siento... Todo es mi culpa, lo siento tanto.
Sali de su habitación, baje las escaleras de su casa casi corriendo y sin detenerme abandone el lugar, corri por los caminos de piedra con solo la luna alumbrandome.
Sintiendo que si no lo hacia ahora, no volveria a tener el valor de hacerlo. Tenia que decirlo, tenia que dejarlo ir, aunque fuera lo ultimo que hiciera.
Mis pasos se detuvieron cuando la mire, en el mismo lugar de la ultima vez, de espalda, observando la luna, su cabello rosa se movia con el viento.
— Dana.
Su nombre escapo de mis labios y ella volteo sorprendida.
— Mark? ¿Que haces aqui?
— Necesito decirte algo.
Ella bajo la mirada al suelo — Si es por lo mismo, si vienes a disculparte de nuevo, solo... por favor, no tengamos esta conversación, ya pasaron meses, incluso años. Cada quien esta donde pertenece.
— No, no es tan facil como eso, no estas en donde perteneces, ninguno de nosotros lo esta. Dana... Soy un idiota, un imbecil, nunca debi acercarme a ustedes, les escondi una verdad que destruyo todo lo que atesoraron y ustedes... Ustedes simplemente lo aceptaron. Como si yo... Como si yo no lo hubiera dañado todo — solte sintiendo mi corazon sangrar.
Sintiendo la culpa abrirse paso en mi interior.
— Mark... No estoy molesta contigo. No podria estarlo. Yo... También hice algo horrible
— ¡No! Tu no hiciste nada malo, yo debi haber dicho la verdad. Nunca debi esconder algo tan importante.
Dana me sonrio — Todo eso ya no importa, Alfa. No podemos vivir en el pasado.
— ¡No es el pasado! ¡Es el presenté! Es este presente de mierda fingido. Yo nos traje hasta aqui, yo provoque esto. ¡¿ Como pueden perdonarme tan fácilmente?! — exclame con desespero.
Ella solo sonrio, se acerco a mi, aquellos rayos de luz cálida se clavaron en mi.
— No tengo nada que perdonarte Alfa, me viste por años apoderandome de la mujer que nació para ti, me viste besarla, abrazarla, amarla. Tu deberias odiarme... Dime... ¿Por que no me odias?
El silencio reino por unos segundos. La verdad estaba ahi, en la punta de mi lengua y no fui capaz de seguir aguantando.
— Porque te amo... No puedo odiarte... Porque estoy enamorado de ti, Dana.
de esa noche si abre los ojos a su destino que le diga por que ella piensa que es alguien más o dos que le rompa nuevamente el corazón pero que sufra en ese matrimonio para abrir los ojos cualquier opción podría ser