En su vida anterior, la emperatriz Seraphina fue traicionada por su amado emperador y su propia hermana, quienes conspiraron para asesinarla. En el momento de su muerte, juró vengarse. Milagrosamente, Seraphina renace en su cuerpo joven, antes de ser comprometida con el emperador.Decidida a cambiar su destino y evitar el dolor de su vida anterior, Seraphina se aparta del joven emperador, ocultando su intención de venganza. En su lugar, ella comienza a llamar la atención del reservado y poderoso duque Alaric, el hermano mayor del emperador. Alaric es un hombre enigmático, con sus propios secretos y una lealtad incierta.Mientras Seraphina navega en el peligroso juego de la corte, debe mantener su verdadera identidad y sus planes ocultos. Su creciente cercanía con Alaric complicará su misión, pues en él encuentra una inesperada comprensión y una pasión que nunca había conocido.
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Secretos del emperador
El aire en la biblioteca privada del palacio era pesado, impregnado de un silencio solemne. Seraphina hojeaba documentos antiguos y cartas cifradas con manos firmes pero nerviosas. Las hojas de pergamino, escondidas en un compartimento secreto que su espía había señalado, contenían secretos que habían permanecido enterrados durante años.
El emperador, el hombre que alguna vez fue su esposo y la había traicionado de las manera más atroz, estaba más corrompido de lo que había imaginado.
Mientras leía, las palabras parecían cobrar vida, revelando transacciones clandestinas, alianzas turbias y, lo más impactante, órdenes de asesinato. Su respiración se aceleró al encontrar un nombre que conocía demasiado bien, el de Alaric.
"¿Esto es lo que ha estado planeando el emperador?" —murmuró, apretando el papel hasta casi romperlo.
El documento detallaba un plan para eliminar a Alaric mediante una serie de eventos cuidadosamente orquestados. Los primeros pasos ya estaban en marcha, como el duelo con Cedric. El fracaso de ese intento solo significaba que algo más siniestro estaba en camino.
Esa misma noche, mientras Seraphina reflexionaba sobre los documentos, su espía personal, Elias, llegó a su estudio en silencio. Él era un hombre de mirada astuta y movimientos calculados, alguien que se había ganado su confianza tras años de lealtad en su vida pasada.
"Mi lady, traigo más noticias" —dijo, dejando caer un sobre lacrado en la mesa frente a ella.
Seraphina rompió el sello sin dudar. Dentro, encontró un informe que confirmaba sus peores temores: el emperador estaba negociando con un grupo de mercenarios de élite conocidos por su falta de escrúpulos y su eficacia. El objetivo no estaba explícito, pero no necesitaba adivinar.
"Es él, ¿verdad?"—preguntó Elias con tono bajo.
Ella asintió lentamente, sus dedos tocaban el borde del informe.
"El emperador está decidido en acabar con Alaric".
"Y con usted" —añadió Elias, con una mirada sombría. "No es casualidad que esos documentos fueran tan accesibles. Puede ser una trampa para exponerla".
Seraphina cerró los ojos un momento, dejando que la advertencia de Elias calara. Era posible, incluso probable, que el emperador estuviera probando su lealtad. Si ese era el caso, debía moverse con más cautela que nunca.
Días después, Seraphina logró infiltrarse en una reunión de consejeros imperiales bajo el pretexto de atender asuntos diplomáticos. Oculta detrás de un panel de madera tallada, escuchó con atención mientras el emperador discutía planes con su círculo más cercano.
"Alaric se está convirtiendo en un obstáculo cada vez mayor"—decía el joven emperador, con un tono gélido. "Su influencia en la corte ha crecido demasiado rápido, y hay rumores de que ha captado la atención de ciertos aliados míos".
Uno de los consejeros, un hombre mayor con ojos astutos, intervino:
"¿Cree que planea desafiar su posición, su majestad?"
"No lo creo. Lo sé. Alaric siempre ha sido ambicioso, y con Seraphina de su lado... "— dejó la frase en el aire, pero el veneno en sus palabras era evidente.
El corazón de Seraphina latía con fuerza mientras asimilaba lo que estaba escuchando. No solo temía a Alaric; también estaba al tanto de su creciente relación con ella.
"¿Qué sugiere que hagamos?"—preguntó otro consejero.
El emperador se inclinó hacia adelante, reduciendo su voz a un susurro apenas audible:
"Necesitamos actuar antes de que sea demasiado tarde. Que los mercenarios sigan adelante. Quiero que esto parezca un accidente, algo que no pueda ser rastreado hasta nosotros".
Seraphina apretó los puños, sintiendo cómo la rabia se acumulaba en su pecho. Su mente trabajaba frenéticamente, evaluando sus opciones. Tenía que advertir a Alaric y detener a los mercenarios, pero si actuaba de manera imprudente, podría exponerse antes de tiempo.
Cuando regresó al ala del palacio donde se alojaba temporalmente, encontró a Alaric sentado en su estudio, revisando mapas y documentos estratégicos. Su rostro estaba pálido, pero sus ojos brillaban con determinación.
"¿Qué haces aquí?"—preguntó él, sorprendido por su repentina aparición.
"Tenemos que hablar" —dijo ella, cerrando la puerta detrás de ella. "Es importante".
Alaric dejó sus papeles a un lado y se acercó a ella, notando la tensión en su rostro.
"¿Qué sucede?"
Seraphina tomó aire antes de hablar, eligiendo cuidadosamente sus palabras.
"He encontrado pruebas de que tú hermano está planeando algo contra ti. Ha contratado mercenarios, y está decidido a eliminarte".
Los ojos de Alaric se entrecerraron, con su mandíbula apretándose.
"Eso explica muchas cosas. Cedric no actuó solo, y había rumores de movimientos extraños entre las tropas imperiales".
"Esto es más que una simple amenaza, Alaric. El emperador sospecha de nosotros, de nuestra cercanía. Y está usando eso como justificación para atacarte".
Por un momento, el silencio llenó la habitación. Finalmente, Alaric habló, con un tono firme.
€Si quiere guerra, guerra tendrá".
Seraphina lo tomó de la mano, obligándolo a mirarla a los ojos.
"No podemos ser imprudentes. Tú hermano tiene la ventaja en este momento. Necesitamos un plan, algo que lo obligue a revelarse sin exponernos".
Alaric asintió lentamente, comprendiendo la gravedad de la situación.
"Confío en ti, Seraphina. Pero prométeme algo..."
"¿Qué cosa?"
"Si las cosas se complican, debes protegerte primero. No importa lo que pase, no quiero perderte".
Seraphina sintió que su corazón se encogía ante sus palabras, pero asintió, sabiendo que ambos estaban entrando en un juego peligroso donde cualquier error podría ser fatal.
Esa noche, mientras Seraphina revisaba una vez más los documentos que había encontrado, se permitió un momento para reflexionar. La lucha contra el emperador no era solo por venganza; era por justicia, por las vidas que él había destruido y las que estaba dispuesto a sacrificar para mantener su poder.
En su corazón, sabía que este era solo el comienzo. El joven emperador era un hombre astuto y despiadado, y cada movimiento que hiciera tendría que ser calculado al milímetro.
Las sombras del pasado eran profundas, pero Seraphina estaba decidida a enfrentarlas con la misma ferocidad que había visto en el hombre que amaba. Y mientras preparaba su próximo movimiento, una sola certeza llenó su mente: no se detendría hasta que el emperador pagara por todo.