Luego de morir Oriana entra a una de las últimas novelas que leyó. Amor sin barreras.
Una historia la cual le había parecido un poco patética la verdad, pero le encantaba ver cómo las cosas a la villana nunca le salían bien.
¿Podrá Oriana cambiar la suerte de nuestra jodida villana, sabiendo que de eso mismo depende su vida?
Nueva historia, odienme, critiquenme, pero está historia la llevo pensando desde hace un tiempo. Iré subiendo capítulo hasta que me acomode con la trama de las otra dos. Prometo no dejarlas colgadas. Bueno dicho esto... Empecemos .
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Capitulo 23
Los días siguientes, el palacio se volvió un caos; la emperatriz estaba decidida a hacer del compromiso de su hijo el evento del año.
Por otro lado, el ministro de guerra había recibido una carta de su informante en Alfea: la marquesa Navarro y su hija no habían llegado a su hogar, y eso no lo dejaba tranquilo. El día que ambas fueron obligadas a marcharse, él pudo ver el profundo odio que sentían por Camila, y temía por su seguridad.
Linda, al ver a su esposo tan preocupado, insistió en que le contara lo que ocurría. Al saberlo, decidió acudir junto a la emperatriz para informarle personalmente.
En el jardín trasero, donde la emperatriz solía recibir a sus amistades, ambas mujeres conversaban sobre el asunto.
—Es por eso que he venido, majestad.
—Tranquila, querida. Si esa mujer intenta hacerle algo a mi nuera, me conocerá. Pero tú deberías estar tranquila.
—Sí, lo sé. Es solo que, cuando se trata de mi familia, no lo puedo controlar.
La emperatriz sonrió, pues ella era igual cuando se trataba de su familia.
Después de eso, Linda regresó a casa.
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El día tan esperado finalmente llegó. Todo el imperio estaba preparado para la gran celebración.
Por su parte, Camila se arreglaba cuando, de pronto, su padre ingresó a la habitación. Al ver los ojos cristalinos del hombre, ella sonrió cálidamente y preguntó:
—¿Cómo me veo, padre?
—Te ves muy bien, mi niña. Pero creo que aún te falta algo... —El hombre sacó de su bolsillo una cajita de terciopelo y, abriéndola frente a su hija, añadió—: Este collar lo compré para ti hace muchos años. Sabía que este día llegaría y quería que llevaras puesta la joya más rara y hermosa de nuestro imperio. —Sin esperar respuesta, se colocó detrás de ella, y mientras le colocaba el collar en el cuello, concluyó—: Ahora sí, estás simplemente preciosa, cielo.
Oriana volteó a verlo, y hundiendo el rostro en el pecho de su, ahora, padre, dijo:
—Gracias por ser tan buen padre. Prometo cuidar de ti cuando seas viejo.
El marqués frunció el rostro y, separándose de su hija, respondió:
—¡Pues para eso aún falta mucho!
Oriana sonrió al ver su expresión y bromeó:
—Ni tantos... —Al notar que su padre iba a replicar, lo volteó, lo empujó suavemente hacia la salida y añadió—: Vamos, o se nos hará tarde...
El marqués sonrió y se dejó llevar por su hija.
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En el palacio, los invitados de todos los imperios vecinos estaban llegando. Entre ellos, una pareja llamó la atención más de lo normal: una mujer de gran belleza y aura intimidante, acompañada por un joven igualmente imponente. Se trataba de los príncipes herederos de Atenea.
Cuando la princesa Leonor se acercó al trono, inclinó levemente la cabeza y dijo:
—Saludos, majestades… tía.
—Mi niña, ¿cómo has estado?
—Muy bien, majestad...
—Leonor, ¿cuántas veces tengo que repetirte que no me gusta que me llames así? Veo que has venido con tu futuro esposo. Es un placer conocerlo, alteza.
—Lo mismo digo, majestad. Veo que la belleza en esta familia es hereditaria.
Estela sonrió ante el cumplido de su futuro sobrino y agregó:
—Gracias, alteza. Muy bien, cariño, disfruta de la fiesta. Espero que pronto estemos celebrando la suya también.
Leonor solo asintió. Ella también ansiaba ese día.
Pronto, el anunciador llamó la atención de todos tocando un cuerno. Tan pronto el sonido cesó, habló con voz fuerte:
—Con ustedes, el marqués Navarro de Alfea, acompañado de su hija, la señorita Camila Navarro, primera dama de la casa Navarro.
Cuando ambos llegaron al final de la escalera, el marqués besó a su hija en la mejilla y la dejó para que el príncipe la acompañara a saludar a sus padres.
Cuando Daniel se acercó a ella, dijo:
—No hay palabras que hoy describan tu belleza.
Camila se sonrojó y respondió con una sonrisa incrédula:
—Muchas gracias, pero siempre has sido muy bueno con las palabras...
Daniel tomó su mano y depositó un beso en ella.
—Sabes que no miento.
La sonrisa coqueta que le dedicaba era tan evidente que incluso los emperadores, al otro lado del salón, la notaron. Luego de esas breves palabras, ambos se dirigieron al frente, y la emperatriz no pudo evitar comentarlo:
—Camila, cariño, te ves hermosa.
—Gracias, majestad.
El emperador, al ver lo animado del ambiente, tomó la palabra para anunciar el tan esperado compromiso.
—Damas y caballeros, muchas gracias por acompañarnos en este día tan importante para nuestra familia. Hoy haremos oficial...
De pronto, las puertas del palacio se abrieron bruscamente, y un grupo de bandidos irrumpió en el salón. Afuera, otros luchaban contra los soldados imperiales.
El pánico se apoderó del lugar. La mayoría de los invitados estaba desarmada, ya que la emperatriz había prohibido ingresar con armas.
Uno de los bandidos, al ver a su objetivo, gritó:
—Entréguennos a la futura princesa heredera y nadie saldrá lastimado.
Aurelio, Fabián y Mauricio se colocaron rápidamente frente a Camila, que aún no salía de su asombro. Pero antes de que alguien pudiera reaccionar, una mujer gritó:
—¿Qué están esperando? ¿O quieren que nos maten a todos?
Fabián miró en dirección a la mujer y respondió con firmeza:
—¡Cállese! Y ustedes… será mejor que se marchen ahora mismo, o juro por Dios que haré de mi vida una misión personal cazarlos uno a uno...
—Ja, ja, ja… Creo que el ministro no ha entendido. Si no nos entregan a la princesa heredera, mataremos a todos los presentes.
La mirada de aquel hombre era seria, y aunque sus labios mostraban una sonrisa, sus ojos desquiciados delataban que no tenía nada que perder.
De pronto, la voz de Leonor se alzó en medio del silencio:
—Iré con ustedes...
—Cariño… —susurró la emperatriz, incrédula.
—Lo siento, majestad. No permitiré que todos sufran por mi culpa.
Los nobles y bandidos la miraron sorprendidos. Uno de ellos preguntó:
—¿Tú eres la princesa heredera?
—¿Han venido por la princesa heredera y ni siquiera saben quién es?
Leonor caminó con la espalda recta, sus tacones resonando en el mármol del salón. Se detuvo en el centro, los miró con desprecio y dijo:
—No debieron venir sin ser invitados. Odio a los bravucones.
Y sin esperar respuesta, alzó las manos… y desató su magia sobre ellos.
1 no dijeron que otro poder tenía escondido la protagonista y porque no sabían cómo lo tomarían como si algo malo se aproximara
2 la relación de sus padres se supone que está mal visto que estén juntos pero no están ¿casados?