Yasmin Safi (19) no nació para ser invisible.
En Kabul no hay hielo, solo polvo. Pero ella creció obsesionada con ser campeona de patinaje sobre hielo. Cuando consigue una beca para irse a Toronto, Canadá, deja todo atrás.
Bonita, muy sensual, inteligente, astuta y peligrosa, Yasmin sabe que nadie le va a regalar nada. Si tiene que seducir, mentir o destruir para llegar al oro, lo hará.
En el Toronto Ice Club, entre princesas millonarias que la odian, dos hombres caerán por ella:
Daniel Leblanc (22), el príncipe bueno que puede darle un futuro.
Alexei Volkov (31), el coreógrafo ruso que le enseñará a usar su cuerpo y su maldad como arma en el hielo.
Ella no quiere ser querida. Quiere ser reina. Aunque tenga que patinar sobre hielo negro.
#patinaje #afgana #villana
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Capítulo 21: Podio real
Después del libre me dejaron sentada en una silla con la medalla todavía sin darme y con la rodilla que me empezaba a doler más porque ya no tenía el hielo que me adormecía.
Isabelle me había puesto una bolsa de hielo de esas que se rompen y se ponen frías al instante, pero ya estaba tibia.
【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 estaba a mi lado con la pancarta rosada que ya estaba toda arrugada de tanto agarrarla y Daniel estaba del otro lado con una botella de agua que no abría porque tenía las manos sudadas.
"¿Ya es oficial que quedaste tercera?", me preguntó 【entity-Maya¦canonical_name\=【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】】 cada dos minutos aunque ya le había dicho que sí tres veces.
"Sí, tercera. Hasta que no digan lo contrario, tercera."
"¿Y eso qué significa? ¿Olimpiadas?"
"No. No olimpiadas. Todavía no. Significa campamento de entrenamiento de verano y plata para competencias chicas. Y beca más barata."
"¿Y eso es bueno?"
"Es bueno."
A los veinte minutos llamaron a las tres primeras del podio al hielo otra vez. A mí, a Chloe que había quedado primera con su vestido blanco con piedras y a la niña de Calgary que había quedado segunda y que lloraba desde que terminó.
Me paré con cuidado porque la rodilla me temblaba. Isabelle me ayudó a quitarme la rodillera para que no se viera en la foto del podio. Me dijo que me aguantara el dolor cinco minutos más.
Salimos las tres al hielo con los patines puestos y con los vestidos todavía puestos. El hielo ya estaba rayado de tantos programas y se veía feo con la luz grande de la pista.
Pusieron una tarima chica de madera con tres niveles. Chloe se subió al primero, la de Calgary al segundo y yo al tercero. El tercero era el más bajito, casi a ras del hielo, pero igual era podio.
Una señora con traje azul nos puso las medallas. A Chloe le puso la de oro que brillaba mucho, a la de Calgary la de plata y a mí la de bronce que no brillaba tanto pero que pesaba más de lo que pensé.
Cuando me la puso en el cuello sentí el frío del metal en la piel. La agarré con la mano para que no se moviera.
Pusieron el himno de Canadá por Chloe. Todas nos pusimos la mano en el corazón aunque solo era para ella. Yo miré a la grada mientras sonaba el himno y vi a Maya con el celular grabando aunque no tenía batería y a Daniel con los brazos cruzados y con cara de que quería llorar pero no quería que lo vieran.
Cuando terminó el himno nos sacaron fotos. Muchas fotos. Con flash, sin flash, con la bandera, sin la bandera. Chloe se puso en medio porque era la campeona y yo me puse a su lado. Ella me pasó la mano por la espalda para la foto y me apretó un poco. No fue falso, fue como decir bien hecho sin palabras.
Después del podio nos llevaron a una sala chica donde había una mesa con papeles y con una mujer que tenía una lista.
"Yasmin Safi, Toronto Ice Club, bronce senior provincial, ¿verdad?", me dijo leyendo la lista.
"Sí."
"Quedas invitada al campamento de alto rendimiento de verano en Waterloo. Son dos semanas en julio. Todo pagado por la federación. Entrenas con las diez primeras de nacionales. Ahí eligen a las que van a competencias internacionales chicas, tipo Junior Grand Prix y esas cosas. No es equipo nacional todavía, pero es el paso antes."
Me dio un papel con el logo de Skate Canada. Lo agarré con la mano que no tenía la medalla.
"¿Tengo que pagar algo?", pregunté porque siempre tenía que pagar algo.
"No. Si quedaste en podio, no pagas. Te pagan el bus y la comida."
Le dije que sí con la cabeza y firmé donde me dijo.
Salí de la sala con el papel doblado y con la medalla colgando. Isabelle me estaba esperando afuera con Thompson.
Thompson me miró la medalla y me dijo: "Bronce en nacionales con esguince y sin lutz. No está mal para una niña que llegó hace un año sin saber dónde quedaba el club."
No me dijo felicidades, pero me dijo que la beca ahora era de quince dólares al mes y que me daban una hora más de hielo gratis a la semana.
"¿Quince en vez de veinte?", le pregunté.
"Sí. Cinco dólares menos porque estás en podio. No te hagas la rica."
Me reí. Era la primera vez que Thompson me hacía un chiste y que yo lo entendía.
Isabelle me abrazó y me dijo que estaba orgullosa, que había patinado inteligente y que eso valía más que patinar con miedo.
"¿Y ahora qué?", le pregunté.
"Ahora descansas dos semanas de verdad. Sin hielo. Después vuelves y empezamos a trabajar el lutz de nuevo pero con la rodilla sana."
Le dije que sí.
Afuera de la pista hacía mucho frío y ya era de noche. Maya y Daniel me estaban esperando con la van del club todavía prendida porque Daniel la había dejado prendida para que no se enfriara.
"¡Medalla!", gritó Maya cuando me vio salir con la medalla colgando por fuera de la chaqueta.
Me abrazó y me levantó un poco del piso aunque yo le dije que no me levantara por la rodilla.
Daniel me abrazó después y me dijo bajito al oído: "Después de nacionales, ¿te acuerdas? Ya es después de nacionales."
Me acordé del trato del mirador del lago y me puse roja aunque hacía frío.
Nos subimos a la van y en el camino no pusimos música. Yo iba atrás con la medalla en la mano mirándola. No era de oro, era de bronce, con un borde un poco mal pintado. Pero tenía mi nombre atrás escrito con marcador permanente por la señora del podio que lo escribió rápido: Y. SAFI - 3RD.
Llegamos a la casa y Maya había comprado una torta chica del No Frills que decía Felicidades en letras azules que estaban un poco chuecas.
La partimos en tres aunque era para dos personas. Comimos en el piso otra vez, como la noche antes, pero esta vez con la medalla en la mesa al lado del plato.
Maya me dijo que había mandado foto de la medalla a mi papá por WhatsApp y que él le había contestado con un audio llorando que no entendí porque estaba en dari muy rápido.
Daniel me dijo que su papá le había dicho que yo era la primera patinadora del club en quedar en podio en nacionales en cinco años y que por eso me bajaba la beca.
A las diez Daniel se tuvo que ir porque tenía que devolver la van.
Antes de irse me preguntó si podía tomarme una foto con la medalla para mandársela a Alexei.
Le dije que sí.
Me puse el vestido rojo otra vez solo para la foto, con la medalla colgando y con la rodillera por debajo que no se veía. Maya tomó la foto con flash y salí con los ojos cerrados, pero se veía la medalla.
Se la mandamos a Alexei por WhatsApp.
Me contestó a los diez minutos con un mensaje de voz. Lo pusimos en altavoz.
"Yasmin. Vi tu libre por el link que me mandó Isabelle. Limpio. Sin caídas. Flip en vez de lutz, bien. Inteligente. No lloraste en el hielo, bien. Tercera no es primera, pero tercera con rodilla mala es mejor que primera sana porque tuviste que pensar. Descansa. En julio me escribes desde el campamento. Y no te cases con Daniel todavía."
Nos reímos los tres aunque Alexei no estaba para reírse.
Después de que Daniel se fue, Maya y yo nos quedamos en el cuarto con la medalla en la repisa, al lado de la medalla plateada de provinciales y de la caja de los patines nuevos que ya no eran nuevos.
"¿Estás feliz?", me preguntó Maya.
"Sí. Pero no como pensé que iba a estar."
"¿Cómo pensaste que ibas a estar?"
"Pensé que si ganaba medalla iba a sentir que ya no tenía que preocuparme por nada. Y todavía me preocupo por la rodilla y por la beca y por todo."
"Así es siempre. Cuando yo terminé mi curso de inglés pensé que iba a ser feliz para siempre y al otro día tenía que buscar trabajo otra vez."
Me acosté con la medalla todavía en la mano. Me pesaba en la mano y me dejaba marca.
Tenía diecinueve años, una medalla de bronce en nacionales que no me llevaba a olimpiadas pero que me llevaba a un campamento en Waterloo en julio, una beca de quince dólares, una rodilla morada que tenía que descansar dos semanas y una foto con los ojos cerrados que Alexei ya había visto en Montreal.
Y por primera vez no quería ser primera.
Quería ser tercera otra vez, pero sin dolor y con el lutz que no pude hacer hoy.
Eso me alcanzaba por ahora.