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Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Status: En proceso
Genre:Acción / Dominación / Amor-odio
Popularitas:29.6k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Elena Vargas vive para un solo propósito: destruir a la familia que le arrebató todo. Armada con un odio forjado en cenizas y protegida por la lealtad inquebrantable de sus dos "hermanas", Valeria y Maira, Elena se infiltra en el imperio de los Blackwood para desenterrar un misterio que lleva diez años sangrando.
​Sin embargo, en el centro de la red la espera Samael Blackwood, un hombre cuya dominación es ley y cuya presencia es un abismo. Entre ellos estalla un amor salvaje y prohibido; una guerra de voluntades donde la pasión se confunde con la venganza y cada caricia es un duelo a muerte.

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Capítulo 21: El Banquete de las Serpientes

La Mansión Blackwood se alzaba sobre las colinas de El Poblado como una acrópolis de mármol y pecado. A pesar de que el dinero de Morgana había sido mermado por el golpe de Maira, la estructura seguía oliendo a poder antiguo. El Directorio había tomado las calles bajas de Medellín, pero aquí arriba, el aire seguía siendo de los dueños de la tierra.

Elena Vargas bajó del auto blindado vistiendo un vestido de seda negra que parecía una segunda piel. No era la guerrera de traje táctico de los capítulos anteriores; era la "gema tallada" en su máxima expresión. Su cuello estaba adornado con una gargantilla de esmeraldas que Samael le había entregado antes de salir, un símbolo de propiedad y de guerra.

Samael la tomó del brazo. Él vestía un traje a medida, impecable, pero sus ojos de gris acero escaneaban cada balcón en busca de francotiradores.

—Recuerda —susurró él mientras subían las escaleras de mármol—, mi madre no conoce la compasión, pero reconoce la utilidad. Convéncela de que eres necesaria y sobreviviremos a la noche.

—No busco su compasión, Samael —respondió Elena, con la mandíbula tensa—. Busco su miedo.

Lady Morgana Blackwood los esperaba en el gran comedor. La mesa estaba servida para tres, con una ostensibilidad que desafiaba la ley marcial impuesta en la ciudad. Morgana lucía impecable, con su cabello blanco recogido y sus ojos de cristal observándolos como si fueran especímenes interesantes.

—Hijo mío —dijo Morgana, su voz una caricia de seda y espinas—. Y la pequeña huérfana que aprendió a morder. Debo admitir que vaciar mis cuentas fue un movimiento audaz. Casi digno de un Blackwood.

—Beatriz está viva, Morgana —soltó Elena, sentándose a la mesa sin esperar invitación—. Y no es la mujer que tú creías haber destruido. Ella diseñó los nanotransmisores. Ella es la que está guiando a El Directorio hacia esta casa.

Morgana se quedó inmóvil. Por primera vez, una grieta de duda cruzó su rostro de hierro. La mención de Beatriz como una amenaza científica, y no solo como una rival amorosa, cambió el tablero.

—Ella quiere los prototipos —continuó Elena, señalándose a sí misma y a Samael—. Y cuando los tenga, no necesitará a la familia Blackwood para financiar su "evolución". Te descartará como a un residuo geológico.

La cena fue un intercambio de dagas verbales. El pacto se selló en un silencio gélido: Morgana pondría sus ejércitos privados y sus contactos gubernamentales para repeler a El Directorio, a cambio de que Elena y Samael entregaran los códigos de acceso al yacimiento de las esmeraldas que solo su sangre mezclada podía activar.

Después de la cena, Morgana los escoltó a la habitación de Samael "por seguridad". Era una jaula de oro. Las paredes estaban insonorizadas y las ventanas eran de vidrio blindado. La adrenalina de haber negociado con el diablo y la presión constante de la señal biológica en su sangre hicieron que el aire en la habitación se volviera pesado y eléctrico.

Elena se despojó de sus tacones y caminó hacia el balcón que daba a la ciudad en llamas. Samael se acercó por detrás, su imponente presencia de 1.90 metros rodeándola, atrapándola contra el barandal de madera noble.

—¿Estás bien? —preguntó él, su voz ronca vibrando en la nuca de Elena.

—Me siento como si me hubiera vendido de nuevo —respondió ella, girándose para enfrentarlo. El vestido de seda se deslizó levemente por su hombro, revelando la piel canela que Samael ya conocía de memoria.

Samael no dijo nada. La agarró de la cintura y la atrajo hacia él con una fuerza de dominación que buscaba reafirmar que, en medio de todas las mentiras, ellos eran lo único real. El beso fue una colisión de necesidad y furia. Elena respondió con una pasión salvaje, buscando en Samael el ancla que le impidiera perderse en el juego de su madre y de Morgana.

Él la cargó hacia la cama de dosel, un mueble antiguo que había visto generaciones de secretos Blackwood. Samael la desvistió con una lentitud tortuosa, sus manos grandes y de dedos largos recorriendo cada curva de su cuerpo atlético como si estuviera memorizando un mapa. El contraste de su piel clara contra la de ella bajo la luz de la luna era una obra de arte y guerra.

Samael se situó entre sus piernas, abriéndolas con una autoridad que no admitía competencia. Sus labios bajaron hacia su vientre, donde la señal de los nanotransmisores palpitaba con un brillo sutil bajo la piel. Él besó la marca, reclamando el diseño de Beatriz como propio.

—Ni mi madre ni la tuya te poseen, Leni —susurró él, antes de subir para devorar sus pechos, succionando sus pezones hasta que Elena soltó un gemido que rompió el silencio de la mansión.

Él la penetró de una sola embestida, profunda y poderosa, sincronizada con el pulso eléctrico que corría por sus venas. El contacto fue devastador. Podían sentir la vibración de la red biológica conectándolos, amplificando cada sensación, cada espasmo. Elena arqueó la espalda, enterrando las uñas en los hombros anchos de Samael, mientras él la sujetaba por las muñecas contra la almohada, mirándola fijo con sus ojos azul tormentoso.

El ritmo era frenético, una lucha de dominación carnal donde los cuerpos se movían como si intentaran fundirse para escapar de sus linajes. Cada movimiento de Samael era un recordatorio de su posesividad, y cada respuesta de Elena era un desafío de su libertad. El sudor les cubría la piel, brillando como diamantes bajo la luz lunar, mientras el sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la habitación insonorizada.

Elena se entregó al clímax con un grito sordo que fue ahogado por el beso de Samael. Sintió que su conciencia se expandía, viendo destellos de la red que su madre había creado, pero eligiendo ignorarla para concentrarse solo en el calor del hombre sobre ella. Samael se hundió en ella por última vez, liberando su tensión en una explosión que los dejó a ambos exhaustos y aferrados el uno al otro, mientras afuera, Medellín seguía ardiendo.

Media hora después, Elena estaba envuelta en las sábanas de seda negra, observando a Samael, que ya estaba de pie, mirando hacia la puerta. La ternura de su abrazo post-coital fue interrumpida por un zumbido en el comunicador de Samael.

—Es Valeria —dijo él, con el rostro serio—. Logró infiltrarse en el sistema de seguridad de Morgana mientras cenábamos. Elena... hay algo que tienes que ver.

Elena se levantó y se acercó a la pantalla que Samael desplegó. Eran las cámaras de seguridad del sótano de la mansión, tomadas en tiempo real.

En una habitación oculta tras una pared de libros, Lady Morgana no estaba durmiendo. Estaba hablando a través de una pantalla encriptada con Beatriz.

—Los sujetos están en posición, Beatriz —decía Morgana, con una sonrisa triunfal—. El experimento ha alcanzado la fase de maduración carnal. Puedes enviar al equipo de recolección de El Directorio. Yo me quedaré con las esmeraldas, y tú con tus prototipos.

Elena sintió que el frío volvía a invadirla. No era un pacto contra El Directorio. Era una entrega coordinada. Morgana y Beatriz nunca habían sido enemigas; solo estaban compitiendo por quién obtenía la mejor parte del botín.

—Nos vendieron —susurró Elena, su voz volviendo a ser el filo de una daga—. Las dos.

—Valeria tiene un helicóptero listo en la ladera sur —dijo Samael, cargando su arma—. Pero para salir de aquí, tenemos que cruzar el salón de baile. Y Silas acaba de entrar por la puerta principal con una unidad de asalto.

Elena se puso su vestido de seda, rompiendo la falda para tener movilidad en sus piernas. Tomó la daga de plata que Samael tenía en la mesa de noche. Ya no era la invitada a la cena; era la presa que acababa de descubrir la trampa.

—Si vamos a caer, Samael —dijo Elena, mirándolo a los ojos con una resolución letal—, vamos a asegurarnos de que esta casa de mármol sea su tumba.

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Alma Guentes
más capítulos autora está buenísimo 👏👏👏
Camila Nava
maraton maraton otra vez
♡ Dayana💕
me encantaron los capítulos 🤭 quiero más
♡ Tu y yo bebe 🫦
que forma de traer un recado 🤭 quiero que me den las noticias así 🤣
♡Maye
las capítulos🤭 si no es mucha molestia 🤭
♡ Lau
esta muy buena, espero pronta actualización 🤭
♡ ^Majo^
yo elijo por ti🤣 me quedo en los brazos de él y en lo que no son los brazos también 🤭
♡ ^Majo^
waoooo que entrega ☺️/Awkward/
♡ ^Majo^
/Awkward//Awkward//Awkward/ me sonroje
♡ Tasharen ^_^
quiero más 🤭
Ley Ruiz
MARATON MARATON MARATON
Camila Nava
maraton maraton maraton
Lola Dolores
maraton maraton 👏
Ivonne selva k
más capítulos 😭
Camila Nava
tremenda presentación 👏
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