Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Ella me gusta
Cuando regresaron a la empresa, el ambiente seguía cargado.
Eugenio no pudo concentrarse.
Por más que intentó enfocarse en los documentos frente a él, su mente regresaba una y otra vez al mismo punto… Ivonne.
A lo que había pasado. A la forma en que todo se había quebrado entre ellos en cuestión de horas.
Apretó la mandíbula. No podía seguir así.
Sin pensarlo más, tomó el teléfono y marcó su extensión.
—Ivonne, ven a mi oficina —ordenó, intentando que su voz sonara neutral.
Del otro lado hubo un breve silencio.
Ivonne sintió cómo su cuerpo se tensaba al escuchar su voz. Durante un instante dudó. No quería ir. No quería enfrentarlo. No quería volver a sentir esa mezcla de rabia y tristeza que él provocaba en ella.
Pero tampoco podía negarse.
Respiró hondo. Se levantó. Y caminó hasta su oficina.
Cada paso le pesaba.
Cuando llegó, tocó apenas la puerta y la abrió sin esperar respuesta. Sus ojos se encontraron con los de Eugenio, pero no había calidez en su mirada.
Solo frialdad.
—¿Me ha llamado, señor? —preguntó con tono firme.
Eugenio sintió el golpe de esa distancia. Antes, ella nunca le hablaba así.
—Sí… siéntate, por favor.
Ivonne dudó un segundo, pero obedeció. Se sentó frente a él, manteniendo la espalda recta, como si quisiera marcar una línea clara entre ambos.
Ya no se sentía cómoda ahí. No después de todo.
Eugenio la observó unos segundos en silencio. Notó su postura rígida, su expresión contenida… y esa barrera que ahora los separaba.
—¿Cómo estás? —preguntó finalmente.
Ivonne sintió un nudo en el pecho.
¿En serio preguntaba eso?
Una chispa de enojo cruzó por su mirada.
¿Cómo podía preguntarle algo así después de lo ocurrido? ¿Después de haberla lastimado de esa forma?
Se sentía mal. Muy mal.
Pero no iba a demostrárselo, no a él.
—Estoy bien —respondió con sequedad.
Eugenio negó levemente.
—No lo parece, Ivonne… lo que pasó entre nosotros…
Ella no lo dejó terminar.
—No sé de qué habla, señor —interrumpió con frialdad—. Y si no tiene algo que decir relacionado con el trabajo, le agradecería que me dejara regresar a mis pendientes.
El aire se volvió más tenso. Eugenio frunció el ceño.
—Ivonne, deja esa actitud infantil —espetó, perdiendo un poco la paciencia—. Yo… no quise lastimarte. Entiende, fue un error.
Esa palabra fue suficiente. Error.
Ivonne sintió que algo dentro de ella estallaba.
—¡He dicho que me deje en paz! —exclamó, levantándose de golpe.
Su voz resonó en la oficina, cargada de emoción contenida.
Y en el peor momento posible…
La puerta se abrió.
Shane Hillings apareció en el umbral.
Sus ojos recorrieron la escena con rapidez, captando la tensión, la postura de ambos… y especialmente el estado de Ivonne.
—¿Qué sucede? —preguntó con el ceño fruncido—. Ivonne, ¿estás bien?
Ivonne bajó la mirada por un segundo, recomponiéndose.
—Sí, señor Hillings —respondió, con tono formal—. Una disculpa… con permiso.
No esperó más.
Salió de la oficina con rapidez, sintiendo que si se quedaba un segundo más… perdería el control.
Shane la siguió con la mirada hasta que desapareció.
Luego, giró lentamente hacia Eugenio.
Había algo en su expresión. Desconfianza.
—¿Qué ocurre aquí? —preguntó.
Eugenio evitó su mirada.
—Nada —respondió con frialdad—. ¿A qué has venido?
Shane no pareció convencido, pero decidió no insistir… por ahora.
—Tengo asuntos pendientes —dijo—. El evento de integración anual, el aniversario de la Compañía. Necesito organizar algunos detalles.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Le pediré a Florencia que venga conmigo a discutir estos temas, quizás una cena.
Eugenio reaccionó de inmediato.
—¿A dónde irán? —preguntó, demasiado rápido.
Su tono lo delató. Shane arqueó una ceja.
—¿Tengo que consultarlo contigo? —respondió con una ligera sonrisa irónica—. Creí que yo era el dueño.
Eugenio tensó la mandíbula.
—La dueña es tu abuela —replicó—. Solo preguntaba… ¿o es un lugar secreto?
Shane soltó una leve risa.
—Para nada —dijo con calma—. Iremos primero al banco. Florencia recibirá el dinero para la compra de insumos y algunos trámites… y después, probablemente cenemos para revisar los detalles con calma.
Sus ojos se clavaron en los de Eugenio.
—¿Qué pasa contigo? Últimamente estás… muy voluble.
Eugenio desvió la mirada por un segundo.
—Nada —respondió—. Solo que Florencia no parece ser una mujer a la que le agrades.
Shane soltó una pequeña risa.
—Eso es asunto de ella —respondió—. Aunque tampoco creo que tú seas precisamente de su agrado.
El comentario fue directo. Y tocó algo.
Eugenio lo miró con dureza.
—Florencia es mucho… incluso para ti, Shane.
El ambiente cambió de inmediato. Shane entrecerró los ojos, evaluándolo.
—¿Tú crees? —respondió con calma—. Quién sabe.
Se acercó un poco más.
—De todas formas… eso no es asunto tuyo.
Hubo un silencio pesado entre ambos.
Uno lleno de tensión… y de algo más. Competencia.
Shane se dio la vuelta sin añadir nada más y salió de la oficina, dejando a Eugenio solo.
Completamente solo.
Eugenio permaneció inmóvil por unos segundos.
Luego pasó una mano por su rostro, exhalando con fuerza.
No entendía qué le estaba pasando. Todo parecía salirse de control.
Por un lado… Ivonne. El dolor en su mirada. La distancia que ahora existía entre ellos.
Y por otro… Florencia. Esa sensación incómoda.
Esa necesidad inexplicable de… no perder terreno.
Apretó los puños. Sentía presión.
Demasiada.
Y lo peor de todo…
Era esa sensación creciente, de que estaba perdiendo algo.
“Ivonne es importante, pero… Florencia… hace mucho que no me gustaba una mujer como ella”, pensó
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad