Lian, de 30 años, es un cardiólogo y magnate que vive en Tailandia desde los 10, debido a diversos factores.
Tyler, un joven de 23 años, ya no cree en el amor, después de una relación de dos años con un hombre narcisista y emocionalmente enfermo.
¿El destino unirá a estos dos… o solo traerá problemas? Sobre todo porque Lian se considera heterosexual y Tyler es abiertamente gay.
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Capítulo 22
...Lian...
El hospital despertaba temprano, siempre despertaba. Lian caminaba por los corredores blancos con la misma postura firme de siempre, pero algo en él estaba diferente, no era visible para los demás, para los residentes, enfermeros o pacientes, pero él lo sentía. Un peso extraño en el pecho, falta de algo, añoranza, no paraba de pensar en lo que había sucedido el día anterior, él no besó a Tyler, pero sintió, deseó, tocó como nunca antes.
Entre un trasplante y otro, su mente insistía en huir hacia un lugar que no era el centro quirúrgico.
Tyler.
Yo siempre creí que el corazón era apenas un órgano, un músculo complejo, delicado, previsible cuando estudiado con atención, yo pasé la vida entera mirándolo abierto delante de mí, sosteniendo vidas entre las manos, decidiendo quién tendría más tiempo y quién no.
Pero Tyler… él desordenó todo, me dio vuelta de arriba abajo, yo que siempre fui decidido, inviable, ahora estoy aquí, pensativo, vulnerable.
No fue de forma abrupta, no fue como un impacto, fue como agua entrando en una rajadura minúscula, día tras día, hasta que la estructura entera comenzó a ceder.
Yo estaba en el hospital cuando, mientras lavaba las manos, vi mi reflejo en el espejo de acero, ojos cansados, respiración corta, y aquella pregunta, martillando desde el resort, ¿qué exactamente soy yo para él… y en qué se está convirtiendo él para mí?
Me alejé porque necesitaba, no porque quisiera.
Yo sabía del riesgo, sabía del peligro de convertirme en el eje emocional de alguien tan herido, yo ya había oído eso de la boca de Somchai, del silencio atento del delegado, de la mirada preocupada de mi madre adoptiva. Y, aun así, ninguna de esas voces era tan alta como la que resonaba dentro de mí.
Yo no quería ser la salvación de Tyler, yo quería ser la elección.
Siento mi celular vibrar una notificación de Kasem:
cuando salgas del trabajo, pasa por mi casa, Tyler vino con nosotros y quiere verte.
Me quedé mirando por un tiempo la pantalla del celular antes de responder:
en veinte minutos estoy ahí.
Kasem: voy a estar en tu apartamento hasta que ustedes terminen de conversar.
ok.
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...Apartamento de Kasem...
Sentado en el sofá, piernas encogidas, un abrigo demasiado grande envolviendo el cuerpo como si fuera una armadura frágil.
Él levantó los ojos cuando me vio, y algo en mí casi cedió, yo me estremecí con aquella escena, tan frágil, y tan linda al mismo tiempo, eso me atrae de una cierta forma que no sé cómo evitar.
— Necesito conversar contigo, disculpa venir de repente — él dijo, sin acusación, bajo.
— No me importa que aparezcas así de la nada, incluso me gusta — respondí, quitándome el abrigo con más fuerza de la necesaria.
Él asintió, él estaba sonrojado, siempre comprensivo demasiado, siempre intentando no ocupar espacio, yo odio eso, él necesita entender que conmigo él puede todo, él consigue todo, él aún no sabe el poder que tiene sobre mí, él me desarma.
— Tuve miedo — Tyler confesó, bajito. — Tengo miedo… pero te necesito, te quiero, te deseo.
Aquellas palabras me atravesaron, me quitaron el aire por algunos segundos.
Me senté frente a él, manteniendo distancia suficiente para no invadir, pero cerca lo bastante para no huir.
— Tyler, mírame — hablo serio, pero tranquilo — no necesitas tener miedo, yo estoy aquí, y prometí jamás dejarte, no me compares con cosas vacías, cosas sin vidas.
Él titubeó, después miró, con los ojos llenos de agua, a punto de llorar, pero aguantó, él siempre aguanta, continué...
— Yo no quiero ser el lugar donde te escondes del mundo — yo dije. — Quiero ser el lugar donde descansas antes de volver para
— Estoy intentando aprender a estar de pie — él respondió. — Pero… es más fácil cuando estás cerca, me traes fuerzas y motivos para luchar.
Allí, en aquel segundo, todo quedó claro, mi conflicto nunca fue sobre orientación, pasado o expectativas, fue sobre miedo, miedo de sentir algo que yo no podría controlar, miedo de amar a alguien quebrado y descubrir que, en el proceso, yo también podía quebrarme.
Pero sin pensar mucho, me incliné despacio, dándole a él todo el tiempo del mundo para recular.
— ¿Puedo? — pregunté.
Él no respondió con palabras, apenas se aproximó.
Y allí, en aquel momento nuestros labios se tocaron, por primera vez, eran calientes y receptivos, comencé con movimientos leves, sin lengua, apenas aprendiendo y reconociendo aquel nuevo espacio, que yo estaba ocupando, poco a poco los besos se fueron intensificando, pide espacio para entrar con la lengua, y él apenas dejó, aquello me erizó completamente, yo me perdí, yo me derretí de placer, de deseo, yo tuve ganas de levantarme con él, y llevarlo para el cuarto, pero me contuve, yo necesitaba contenerme.
Nos separamos por falta de aire, las respiraciones aceleradas, él entrelazó sus brazos en mi cuello, y yo apreté su cintura y nuevamente volvimos a besarnos, esta vez el beso fue más profundo, más intenso, nuestras se enroscaba con habilidad, como si ya se conocieran hace mucho tiempo, yo nunca había besado a un hombre, pero porra eso era mejor de lo que yo imaginaba, era bueno para carajo, él me estaba enloqueciendo.
Cuando nos alejamos, él apoyó la frente en la mía, dejé que él condujera, se sintiera seguro, y deseado.
— No sé a dónde va a dar esto — él murmuró.
— Ni yo — respondí. — Pero, por primera vez, yo quiero esto, y no voy a dejarte.
Aguantar las ganas de tocarlo fue una de las cosas más difíciles que ya hice, no porque yo no quisiera, sino porque yo quería demasiado, y querer a alguien frágil exige responsabilidad.
Cuando vi a Tyler encogerse después del beso, una parte de mí quiso atraerlo para cerca, prometer que nada más lo lastimaría, pero promesas así son peligrosas, no curan, solo crean dependencia.
Yo no quería ser el remedio de él, quería ser la presencia que no desaparece cuando el dolor vuelve, entonces yo respiré, me alejé, y elegí cuidar, incluso si eso significaba ir más despacio de lo que mi corazón quería.
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...Tyler...
El beso aún quemaba en mis labios cuando me alejé.
Yo no esperaba que nuestro primer beso, fuera tan bueno, tan intenso, tan profundo, me quitó el aire, yo nunca fui tan deseado de ese modo, yo estoy extasiado, sin aire, sin habla, débil y completamente movido por dentro, sin dudas, fue el mejor beso de toda mi vida, el toque de él, la preparación, eso me deja, cada vez más dependiendo de él, pero es un modo bueno, una dependencia que tiene otro nombre y que no es solo emocional.
Pero fue lo suficiente para desmontar todo lo que yo creía que estaba bajo control, mi cuerpo reaccionó antes de mi mente, las manos comenzaron a temblar, no de miedo, no exactamente yo creía, sino de algo que yo había olvidado cómo era sentir, algo que no venía acompañado de dolor inmediata.
Mi pecho apretó, no porque él me tocó, sino porque él paró, y eso, de algún modo extraño, me dio más seguridad que cualquier promesa.
Mi corazón latía rápido demasiado, yo quería decir alguna cosa, explicar el caos que se formaba dentro de mí, pero las palabras quedaron presas en la garganta, todo lo que conseguí hacer fue bajar los ojos, como si tuviera miedo de encarar lo que aquel beso significaba.
— Yo… — mi voz salió débil. — Disculpa.
El pedido salió automático, condicionado, un reflejo antiguo, aprendido en lugares donde el toque siempre venía con cobro, pero Lian no se aproximó, él respiró hondo, apenas observándome, él sabía que yo estaba nervioso.
Y ese detalle, él respirar, contenerse, alejarse un paso, hizo algo quebrar dentro de mí, porque nadie nunca había hecho eso por mí, él sabe cómo hacer, él sabe cómo cuidar.
— No hiciste nada de errado — él dijo, bajo. Firme. — Yo solo… no quiero que te sientas presionado, ni confundas lo que estás sintiendo conmigo.
Tragué en seco, era exactamente eso que me asustaba, porque yo quería confundir, quería esconderme en aquel espacio seguro que él me ofrecía como en el Resort, quería que él fuera el antídoto para todo lo que dolía, y al mismo tiempo… yo tenía miedo de necesitarlo demasiado.
— No sé lo que estoy sintiendo — confesé. — Pero sé que no duele, y eso ya es extraño para mí.
Lian cerró los ojos por un segundo, como si estuviera librando una guerra silenciosa por dentro, aquello me dejó apavorado.
Cuando abrió, dio un paso para atrás.
— Yo estoy aquí — dijo. — Del modo correcto, yo no voy a ser tu fuga, Tyler. Yo voy a caminar a tu lado.
Sentí una opresión en el pecho, pero, al mismo tiempo un alivio.
-- yo no quiero que me dejes, por favor, no desistas de mí - hablo avanzando para él.
Él no sale del lugar, apenas me mira.
- Yo no voy a ningún lugar- habla firme y seguro.
Apenas quedamos parados en medio de la sala, mirándonos.