Vanesa, una médica recién recibida. Se adentra en un mundo desconocido durante su pasantía, ya que su tutor termina siendo más que un hombre exigente.
El pasado la envuelve de dolor, y el miedo intenta arrastrarla a la locura. Solo un amor sincero podrá salvarla de caer en la oscuridad.
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Despedida XXII
Capítulo veintidós
Despedida
Dos semanas después del incidente, Emanuel llamó al hospital y avisó que dejaría la tutoría. La policía ya no lo molestaba, por fin se habían puesto a investigar a su padre. Y aunque Orlando todavía se encontraba hospitalizado, debido a la golpiza que Emanuel le había dado, pronto la policía lo arrestaría. Eso lo dejaba más tranquilo, aunque no por completo.
Él sabía qué clase de persona era su padre y a su alcance al invocar contactos.
Por lo que después de estar completamente seguro de que su padre quedara detenido por sus crímenes, Emanuel volvería a Dinamarca. Por eso mismo ya estaba empacando algunas de sus cosas para no tener que quedarse mucho más.
De repente sonó el timbre, él se extrañó, ya que no esperaba a nadie. Sin embargo, se sorprendió al abrir la puerta, porque todos sus alumnos estaban ahí.
—Venimos a despedirte. Sabemos que te ofrecieron otro trabajo y nos abandonas, dijo —Ramona mostrando las latas de cervezas que todos llevaban en las manos.
Él sonrió y los dejó entrar, parecían estar entusiasmados. Al ver a Vanesa entre ellos Emanuel se quedó mirándola por un instante, se veía hermosa como siempre. Ambos se quedaron pegados mirándose en la puerta sin decir nada, mientras que el resto se acomodaba dentro de la casa.
—Vane, ¿no vas a pasar? —preguntó Valentín al ver que ella no estaba con ellos.
¿Desde cuándo ellos tenían tanta confianza? Se preguntó Emanuel. No le agradaba que Valentín fuera tan atrevido con ella.
—Qué lástima que no me avisaron que venían sino que los hubiera estado esperando con algo rico —dijo Emanuel y abrió el refrigerador para sacar dos packs de cervezas en latas. Él siempre tenía alcohol en su casa.
—No dudábamos de usted, pero por las dudas también trajimos —dijo uno de los chicos.
Vanesa lo miraba en silencio. Como si no estuviera ahí.
—Vane, estás muy callada. Toma una cerveza —dijo Valentín y la abrazó mientras le pasaba un vaso.
A Emanuel se le arrugaba la frente cada vez que Valentín tocaba a Vanesa. Seguramente ella aún estaría sensible y este zaparrastroso se estaba aprovechando de eso.
—No. Mañana temprano tengo guardia. Dije que los acompañaría, pero no puedo beber —dijo ella cortante.
La distancia que marcaba con su compañero le daba cierta tranquilidad a Emanuel y le quitó una sonrisa.
—Pero si acabas de salir de una guardia de veinticuatro horas ¿Cuántos días a la semana estás trabajando? —preguntó Valentín sorprendido.
—Hago veinticuatro por doce —dijo ella y bostezó.
Eso quería decir que después de estar veinticuatro horas despierta, ella solo descansaba doce horas y volvía a trabajar. En promedio los médicos por lo menos se tomaban un día entre cada guardia de ese tipo, como para recuperarse.
—Cuidado con Vanesa, unos años más y se va a volver imparable —dijo uno de los chicos mientras conversaban.
Ramona fue la primera en irse, ya que su novio la pasó a buscar. Cuando solo quedaban Valentín y Vanesa, este le ofreció llevarla a su casa, pero ella le dijo que no.
—Prefiero llamar un taxi. ¿Estás seguro de manejar después de haber bebido? —le preguntó ella y Valentín le dijo que sí.
—No te preocupes. Nos vemos en la guardia del lunes —le dijo él y le dio un beso en la mejilla—. Doctor, un placer haberlo tenido como tutor. Sin usted nunca me habría dado cuenta de que la clínica era lo mío —dijo Valentín después de darle la mano a Emanuel.
Este le presionó la mano más de lo necesario. Ver a Vanesa recibir el cariño de Valentín lo sacaba de quicio. Aunque él ya no pudiera tocarla, no quería que otro lo hiciera. Por lo menos delante de él. Valentín se fue y Emanuel tomó el teléfono para llamarle un taxi a Vanesa. Ella le quitó el móvil de la mano, algo enojada.
—Creo que tenemos un par de cosas que hablar antes de que me vaya —le recordó ella.
—Lamento todo lo que te pasó —dijo él sin mirarla. Seguía celoso por lo ocurrido con Valentín.
—¿Estás loco? Lo que me pasó no es culpa tuya sino de Orlando. Y si no fuera por ti, ¿quién sabe qué me habría pasado? Tengo que darte las gracias —dijo ella y le tomó la mano.
—Si hace años hubiera sabido que mi padre te hostigaba…–dijo él, pero ella no lo dejó continuar y lo besó. Él la apartó y le dijo que no podía hacerlo.
—¿Por qué me tratas como a una víctima? ¿Acaso ya no te gusto porque sabes que entre tu papá y yo hubo algo? —le preguntó ella.
—No compliques más las cosas. Si todo sale bien en poco tiempo me voy a ir. Tú podrás seguir adelante con tu carrera y ese desgraciado va a estar pudriéndose en la cárcel. Dejémoslo así —dijo Emanuel tratando de no aprovecharse de la situación.
—No me contestaste lo que te pregunté —dijo ella y empezó a quitarse la ropa—. ¿Ya no deseas verme desnuda? ¿Es porque me viste así con él? —le preguntó ella, pero Emanuel no decía nada. Ni siquiera la miraba.
No podía decirle que era todo lo contrario. No podía mostrar su deseo por ella porque eso haría más difícil todo. Ellos no podían estar juntos, ya que él no iba a poder mirarla a los ojos sabiendo que toda la vida iba a mentirle para que ella no sufriera. No le molestaba guardarse la verdad, pero no podía mentirle si algún día ella le preguntaba qué había pasado en casa de sus padres.
—Te deseo —le dijo ella, él se dio vuelta y la miró desconcertado.
Ella se veía completamente vulnerable pero dispuesta a todo. Su cuerpo era hermoso y él deseaba tocarlo con cada centímetro de su ser.
—Si no nos queda otra, aunque sea, quiero una despedida decente —dijo ella y dejó caer su sujetador al suelo mientras lo miraba con deseo.
Autora: Osaku
Todos los hechos y personajes de esta novela pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad son pura coincidencia.
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