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ÁMAME SIN MEDIDA.

ÁMAME SIN MEDIDA.

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Triángulo amoroso / Romance
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

Dicen que la venganza sabe dulce al principio, pero que termina dejando un sabor amargo que ni el tiempo puede borrar.
Ella lo creyó culpable de su dolor y dedicó cada latido, cada suspiro, a destruirlo. Pero lo que no imaginó era que al herirlo, también desgarraba el corazón de un hombre que solo deseaba amarla incondicionalmente.
Él, marcado por las sombras de un error que nunca cometió, vio cómo el que creía el amor de su vida se le escapaba de las manos sin poder hacer nada, roto antes de poder florecer.
Pero entonces apareció ella, luminosa, inesperada, distinta. Ella que con su sola presencia lo sacaba de su zona de confort, irritandolo a cada momento. Sin embargo, con una sonrisa era capaz de desarmar a cualquiera provocando que su corazón temblara sin medida.
El destino ya había trazado un camino, pero la venganza lo torció… Ahora, se trazaba uno nuevo en el cual ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡Sabes que yo no juego!

Sofía había llegado a su apartamento con la mente un poco más despejada. Después de lo sucedido con Maximiliano no le quedaba ánimo para más nada y lo único que deseaba era estar en su refugio de cuatro paredes. Pero lastimosamente eso era lo único que no iba a encontrar.

Al abrir la puerta e ingresar se encontró con una escena desagradable. Su padre estaba allí. La persona que más despreciaba, aquel que deseaba desaparecer de su vida para siempre se encontraba frente a ella como si fuera el dueño del lugar. En su rostro se reflejaba la misma arrogancia y altivez de siempre, como si el mundo entero le perteneciera. Pero lo que más la devastó, fue ver a Fernanda quien estaba sentada a su lado con la mejilla hinchada.

— Finalmente llegas. — Dijo él con voz cortante, midiendo cada palabra. — Pensé que tendría la necesidad de tener que ir a buscarte.

Sofía no retrocedió, ella prefirió mantener su mirada fría, sin dejarse provocar aunque por dentro sentía las inmensas ganas de abalanzarse sobre él y terminar con todo de una buena vez. Pero prefirió no hacer ningún movimiento que pudiera darle ventaja.

— Creo que se te ha olvidado donde pasó casi todo mi tiempo.  — Respondió ella, firme, sin apartar la vista.

El hombre río con desprecio, no cabe duda de que ella era su hija, lo llevaba en la sangre el sentirse superior. Pero era una lástima que tuviera que acabar con ella para poder quedarse con todo.

— ¿Es así? — Preguntó él con frialdad. — ¡¿Por eso pasas la mayor parte de tu tiempo con el heredero de los Ferreira?!

— Esa es una parte de mi vida que no debería interesarte. — Respondió sin inmutarse.

Y antes de que ella pudiera darse cuenta, un golpe seco y certero la alcanzó en la mandíbula. Sofía cayó al suelo aturdida por la inesperada acción de su padre. Un hilo de sangre se asomó en el comisura de sus labios, pero de ellos no salió ni un mínimo sonido. Sus ojos se encendieron de inmediato con algo mucho más peligroso que el dolor; esto era el resentimiento que ardía en su ser desde hace muchos años.

El hombre se inclinó sobre ella con una calma escalofriante y, con voz baja y venenosa, soltó la amenaza.

— No pretendas jugar conmigo, Sofía.  Porque si te pasas de lista, no solo tu madre pagará las consecuencias. — Las palabras le atravesaron como puñales, pero no consiguieron quebrarla. — No te traje a mi familia para que actúas como una vil mujerzuela.

Su padre tomó nuevamente su postura, no podía permitir que los Ferreira se involucraran en lo que no les corresponde, porque eso si lo llevaría a la ruina. Debía mantener el control sobre su hija. Se dio media vuelta para irse, pero antes de hacerlo, la observó detenidamente.

— Sabes que yo no juego. A menos que decidas utilizar tu última carta.

Sofía entendía muy bien lo que significaba esa mirada acompañada de esas palabras. Sabia que era momento de actuar; no podía continuar perdiendo el tiempo. Al ver que su padre se marchaba, se levantó despacio. La sangre en sus labios brillaba en contraste con la palidez de su rostro.

Fernanda se acercó a ella rápidamente para ayudarla a levantarse. Su padre había llegado de improvisto y no pudo detenerlo. Y por cuestionar su modo de actuar hacia Sofía este la había golpeado y amenazado con hacerle mucho más daño si se atrevía a intervenir.

Sofía se tocó la comisura de los labios con el dorso de la mano, sintiendo la sangre. Las lágrimas querían asomarse, pero las apartó con la misma fuerza con la que apartó el recuerdo de sus peores días, esos en los que lloraba pensando que nunca más volvería a ver a su madre, pero ese mismo dolor fue el que la hizo levantarse.

— ¿Te encuentras bien? — preguntó Fernanda con preocupación.

Sofía dejó ver una leve sonrisa mientras negaba con su cabeza. Su hermana estaba en las mismas condiciones, y esta solo se preocupaba por ella.

— Eso debería preguntarte yo a ti.

— No es lo mismo. Su golpe hacia mí no fue tan fuerte.

— De acuerdo. No debes preocuparte, estoy bien. — Habló con calma. — No lo dejaré destruirnos.

A su padre lo único que le interesaba era el dinero de su madre. Ese que le había dejado a ella, del cual podía disponer después de los 25 años, si aún no se había casado. Para la muestra era que no le convenía que estuviera cerca de Maximiliano, porque para él lo más importante era obtener lo que él creía que por derecho le correspondía.

Esta situación solo le daba el indicio de que debía actuar antes de que su padre tomara medidas en contra de los Ferreira. No podía permitir que otras personas estuvieran involucradas en esto.

El ambiente del apartamento se había cargado con una sensación asfixiante. Sofía sentía su cuerpo pesado, lleno de cansancio y rabia contenida. Su respiración era pesada, y la sombra de un moretón comenzaba a dibujarse en su mejilla.

Fernanda, sin decir una palabra más, fue directo a la cocina, abrió el congelador y tomó una bolsa de hielo. De regreso, se la puso con cuidado en el rostro, aunque su expresión reflejaba más molestia que ternura.

— Cierra los ojos. — Dijo con un tono seco.

— ¡Auch! — Se quejó Sofía, apartando un poco el rostro. — No lo hagas con tanta fuerza.

Fernanda soltó un bufido de frustración. Aunque ella también sentía un poco dolorida su mejilla, no se veía tan mal como la de su hermana.

— Sabía que esto pasaría. ¡Pero nunca me escuchas, Sofía! — Su voz tembló entre el enojo y la impotencia. — Siempre haces lo mismo, siempre lo desafías como si no supieras lo que es capaz de hacer.

Sofía se quedó en silencio, con la mirada clavada en el suelo. Sabía que su hermana tenía razón. Pero lo que Fernanda no entendía era que cada palabra, cada enfrentamiento, era su manera de resistir. No podía seguir viviendo bajo las reglas de un hombre que había destruido todo lo que amaba.

“Ese golpe fue leve”, pensó, tocándose el rostro con cuidado, porque anteriormente había sido peor. El verdadero golpe lo había sentido años atrás, cuando su padre decidió quedarse con el dinero que su madre le había heredado, y de pasó secuestrarla para que ella pudiera hacer lo que él quería. Desde entonces, cada herida física era solo un recordatorio de aquella traición.

— Fernanda… — Murmuró de pronto, con un tono grave que hizo que su hermana la mirara. — Debes irte.

Fernanda se quedó paralizada, sosteniendo aún la bolsa de hielo sobre su mejilla.

— ¿Qué dijiste? — Preguntó incrédula, aunque en el fondo lo entendía.

— Debes irte de aquí. — Repitió Sofía, sin levantar la voz, pero con una firmeza que no daba para retractarse. — Cuando empiece a mover mis piezas, él irá tras cualquiera que pueda usar en mi contra. Y tú serás la primera. Necesito que estés a salvo.

— No. — Replicó Fernanda, negando con la cabeza con desesperación. — No pienso dejarte sola con todo esto. Mamá no permitirá que él me haga daño.

Sofía alzó la mirada. En sus ojos había dolor, pero también una verdad imposible de suavizar.

—¿De verdad crees eso, Fernanda?

Ella bajó la vista, sabía que con su silencio daba una respuesta suficiente. Sabía que su madre ya no podía ayudarla. Lo había entendido desde hacía tiempo, pero se negaba a aceptarlo. Aun así, una pequeña parte de ella quería creer que las cosas podrían volver a ser como antes.

Fernanda se giró sin decir una palabra y se fue a su habitación. La puerta se cerró con un golpe seco. Sofía suspiró con arrepentimiento, pero sabía que así debían ser las cosas. Este no era el momento para sentimentalismos. Había provocado a su padre y sabía muy bien lo que era capaz de hacer.

Encendió el teléfono y escribió un mensaje corto, directo. “Todo está en marcha”. La respuesta llegó casi al instante, “Entendido.”

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Maria Elena Martinez Lazaro
hay no, que rabia me da que cada vez que van a decir algo importante alguien tiene que abrir la puerta e interrumpir, no puede ser yo también quiero saber que paso con el desalmado de su papá
Maria Elena Martinez Lazaro
Dios mío que incertidumbre quien será esa persona que entró así y a quien llamó Fernanda
Maria Elena Martinez Lazaro
Que bien por Sofía y Maximiliano 👏👏👏que bueno que salió a defender el honor de su furia esposa 🤭🤭. Por favor querida autora Luna no te demores mucho en subir capitulos quedé perdida y me tocó volver a leer de nuevo para poder cogerle el hilo
Maria Elena Martinez Lazaro: gracias y bendiciones
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente la historieta
Margalenis
la verdad es q no he entendido es nada esto está enredado
Lucenid Perez Quintero
espero nuevos capítulos 🤭🤭
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