Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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La mañana llegó temprano; Ema se despertó antes que todos, pero notó que Lucas ya había preparado el desayuno.
–Buen día, dormilona —le desordenó el cabello.
–Despertaste muy temprano… —bostezó—. ¿Estás nervioso?
–No… Al contrario —sonrió, puso un plato frente a ella y se sentó a comer una vez que Ema regresó del baño.
–Megan hizo carteles para ustedes… —rió Ema.
–Buen día… ¡Qué rico huele! —dijo Paolo entrando.
Los demás se levantaron poco a poco, se prepararon y los acompañaron hasta la arena.
–¡Suerte, chicos! —dijeron todos en coro.
Lucas y Paolo se llevaban muy bien, pero todo indicaba que Lucas sería el ganador. La pelea duró media hora; ambos dieron lo mejor de sí, pero Lucas se impuso en el último instante. Ema y los demás los alentaban con fuerza desde las gradas.
–Muchas felicidades al alfa Lucas de la manada Colmillo y Sombras. Hoy es un día de celebración para todos… Esta noche se realizará una fiesta en el gran salón; están todos invitados —anunció Adrián.
Ema decidió ignorarlo por completo. Bell solo hablaba con Aron, lo que hacía que el vínculo no fuera tan intensivo. Adrián la buscaba entre la multitud, pero Ema no lo miró ni por un instante, lo que lo ponía más que molesto. Verla reír junto a Lucas le hervía la sangre.
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Decidieron organizar un pícnic al estilo de la manada, pasando el día junto a los miembros de otras agrupaciones. Jugaron juegos de fuerza y se enfrentaron en competencias amistosas, formándose un ambiente cálido entre las manadas —algo que rara vez sucedía.
Megan volvía de buscar frituras cuando sintió un aroma dulce y picante que la hizo soltar los paquetes de golpe.
«Nuestra pareja, Megan» —dijo su loba Emily.
Megan se dio vuelta y vio a Patrick mirándola con la misma sorpresa que ella sentía.
«Pareja» —repitió su lobo en su mente, haciendo que su piel se erizara.
–Yo… Disculpe… —dijo nerviosa. Patrick era un Gama; no podía entender por qué su pareja fuera él, cuando ella era una omega… Dio unos pasos atrás, intentando retirarse.
Pero sintió una fuerte vibración que la hizo sobresaltar: Patrick tenía su rostro hundido en su cuello.
–No huyas de mí… Te esperé tanto, mi dulce… —decía apretándola contra su cuerpo.
–Gama… —jadeó—. No haga algo de lo que pueda arrepentirse… Solo soy una omega; no quiero su lástima —dijo tratando de resistir la fuerza del vínculo.
Patrick la llevó hasta el bosque y la acorraló contra un árbol. Megan tenía los cachetes encendidos; sentía que ya no podía aguantar más.
–Eres mía… Y solo mía… —gruñó—. No pienso dejarte —ocultó su cara en su cuello, haciendo que ella jadeara. Megan no aguantó más y correspondió, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura mientras él la apretaba contra la corteza.
Megan jadeaba y lo besó con toda la emoción y excitación que sentía. Sintió las manos de Patrick en su intimidad; fue su perdición. Desabotonó su pantalón sin dar tiempo a reacción, lo que volvió loco de lujuria a Patrick. Él la penetró suavemente mientras sus jadeos se intensificaban, besando sus pechos mientras aumentaba el ritmo.
–Eres mía… Solo mía —jadeó junto a su lobo al llegar al éxtasis.
–Eres mío… Mi Gama —jadeó Megan, ofreciéndole su cuello al ver sus dientes. Ambos se marcaron mutuamente mientras alcanzaban el clímax juntos.
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Arturo fue a buscar a Megan cuando vio cómo el Gama la acechaba y la llevaba con mirada de deseo. Abrió los ojos como platos y dio media vuelta.
«Esto sí que es un gran chisme»
Llegó con los chicos y les contó a Ema lo visto; ella se quedó con la boca abierta y los demás se quedaron helados.
–¿Seguro que viste cómo le olía el cuello? —preguntó Ema, preocupada de que la rechazara.
–Cien por ciento —asintió.
–Solo queda esperar… Porque dudo que vuelva pronto —dijo Lucas pícaro, haciendo reír a todos.
–Qué bueno por Megan; espero que la acepte de verdad —dijo Silvia, agarrada de la mano de Paolo.
–Sí… Si no, serán dos a quienes golpearé en las bolas —dijo Ema con determinación.
...
Adrián buscaba a Patrick sin éxito y finalmente se resignó; seguro estaba descansando, ya que desde su llegada no dormía bien.
Decidió terminar los preparativos para la fiesta mientras trataba de hacer que Aron le hablara. Desde lo sucedido con Ema, su lobo no le dirigía la palabra, lo que resultaba muy tedioso.
Suspiró y continuó con su trabajo, además de organizar los detalles para la competencia final.
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Ema recordó que no había empacado ningún vestido para la fiesta. Silvia le ofreció los suyos, pero ninguno le servía: sus curvas eran más notorias en pecho y caderas. Optaron por ir a comprar uno en un pueblo cercano, a solo una hora de distancia.
–¿Qué tal este? —posó delante de los demás.
–Siguiente.
–Horrible.
–No.
Así fue hasta que finalmente encontró uno de color vino, con una abertura sutil en la pierna. Era sencillo y delicado, ajustándose a la perfección a su cuerpo. También compró unos zapatos negros que combinaban a la perfección.
–Ese viejo se arrepentirá cuando te vea —dijo Silvia. Lucas le pellizcó los cachetes.
–¡Que se joda! —gritó Lorenzo.
Ema rio y asintió. Caminaron por el pueblo aprovechando el tiempo, se sentaron en un café y estaban revisando el menú cuando dos jóvenes se acercaron sonriendo, fijándose en los chicos.
Paolo apretó la mano de Silvia y le dedicó una mirada tierna; no permitiría que se pusiera celosa, ya que solo tenía ojos para ella.
–Hola, guapo… ¿De paseo? —sonrió una de ellas, mirando a Lucas, quien estaba al lado de Ema.
–Sí —ni siquiera la miró.
–Qué bueno… Si quieres, puedo darte un tour por aquí… —acarició su hombro.
–No, gracias —apartó su mano con firmeza.
Los demás se miraron entre sorprendidos: aquello era nuevo en Lucas. Silvia sabía muy bien que se debía a Ema; su hermano sentía algo por ella, y le parecía bien.
–Mira, tienen batidos de frutas —dijo Ema tratando de ayudarle a salir del apuro.
–Disculpa… Estaba hablando con él —dijo la chica lanzándole una mirada de odio a Ema.
–Creo que deberías irte… —dijo Lucas con una mirada filosa.
–Sí, querida… No molestes —añadió Lorenzo burlón, mientras Arturo hacía señas de despedida con las manos.
–Pero… ¡Qué insolencia! —la rubia apretó los dientes y se fue furiosa.
Ema apretó los labios para no reír, mientras los hermanos hacían gestos de «¡Uy, qué ruda!» en broma.
Después de merendar, subieron a una gran roca para ver el atardecer.
–Es hermoso —dijo Silvia.
–Muy hermoso —agrego Ema.
–Debemos hacer esto más seguido, aunque sea en nuestros días libres —dice Lorenzo. Todos asintieron.
–Tenemos que irnos, chicos… —suspiró Lucas. Todos emitieron quejas como cabras.
Se dirigieron a los autos; Lucas tomó la mano de Ema para ayudarla a bajar de la roca.
–No pueden ser más obvios —dice Lorenzo riendo.
–Sí, y no van a admitirlo nunca —agrega Paolo.
–Ojalá terminen juntos. Mi hermano nunca se había visto tan feliz con alguien como con Ema —suspira Silvia.
–Lo dudo… Sabes que su luna aún no ha llegado, y Ema lo sabe… No podemos meternos en sus cosas —dice Arturo. Los chicos los miraron desde lejos y solo suspiraron, preocupados por sus amigos pero dispuestos a estar ahí para ellos, sin importar lo que decidan.
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