Jerison parecía ser un príncipe azul, pero resultó ser un moustrou en la vida de Liz.
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Liz tiene a su hija
Liz llegó en el momento justo, aquel caballero del estacionamiento estaba dispuesto a ayudarla, le tomó la mano para que ella descendiera del auto y le ayudó con sus bolsos de maternidad, la camilla llegó prontamente al área ante la solicitud de aquel señor.
La ingresaron a la guardia y su dilatación ya estaba casi a punto para dar a luz, los dolores eran agudos, mucho más fuertes que su primer embarazo, ella apenas resistía los dolores, mientras esperaba a médico que ya venía en camino quien la atendió en la guardia fue la misma doctora que hace años atrás la trató tan mal cuando ella perdió su primer hijo, Liz la reconoció de inmediato, tenía una cabellera colorada bastante desordenada, ojos verdes y era muy bajita de estatura.
—Veo que estás a punto de tener tu hijo— Le dijo al hacer tacto en su vientre— tus semanas están pasadas, por lo que veo en tus controles debiste parir la semana pasada.
Liz tuvo una contracción y tardó en responder
—SI, tengo cuarenta y dos semanas— respondió con dolor.
—Responde rápido que no tengo todo el tiempo contigo— dijo de mala forma —Hay más pacientes esperando.
—Me siento mareada — le dijo casi suspirando.
—Es que no respiras bien, empieza a hacerlo o te desmayaras! —siempre hablando en tono fuerte.
—Le hago una pregunta... ¿Es usted mamá?—le dijo Liz
—No,¿ por qué?
—Me lo imaginé, o no es mamá o no ama la profesión que tiene, a una paciente no se le trata así.
—¿así como? — Respondió casi sin entender.
—demasiado dolor traemos para que además nos haga sentir inútiles — le dijo Liz —¿sabe qué más ? No quiero que usted me atienda. Retirese por favor!
—¿Qué ?
—váyase, mi doctor, que si es un buen médico ya viene de camino —Le dijo Liz con determinación.
La doctora quedó atónita, en ese entonces entró su doctor a la sala de pre-parto.
—Liz, me sacaste temprano hoy!
—Si, le pido un favor, pídale a la doctora que se retire no la quiero aquí — en ese entonces una contracción venia tan fuerte que casi se quedó sin voz. Una vez que pasó la contracción...
—Bien Liz, que pasó? Ella fue quien me atendió cuando perdí mi hijo, me atendió mal y ahora al ingresar también, si no ama su profesión no tiene nada que hacer aquí, además dijo que tenía más pacientes que atender.
Él doctor hizo una seña para que ella se retirara.
—Bien Liz, estas lista, te pasaré a parto de inmediato. — le dijo su dr.— Conserva la calma como con tu hijo. —agregó diciendo —Tu padre está afuera, él hará todos los trámites mientras te atendemos.
El parto de Liz fue muy trabajado, sufrido y largo, la niña estaba estancada dentro de ella, aun así casi con su último aliento Liz se esforzó y dio a luz a su pequeña princesa quedando sin fuerzas para nada, sufrió desgarro, y una hemorragia durante el parto eso la debilitó mucho.
—Liz hiciste un gran trabajo —le dijo el médico —se complicó pero ya estás bien y tu princesa está en excelente estado de salud, son las dos unas guerreras!
Liz comenzó a sentir frío, por la misma debilidad, temblaba en su lugar esperando que traigan a su hija para tenerla a su lado, mientras pensaba que si algo le pasaba no tenía a Jerison a su lado. Si moría ¿quién estaría para recibir a su bebé?
Se sintió totalmente sola, mientras sus pensamientos diversos cruzaban en su cabeza fue interrumpida por la enfermera que traía a su hija.
—Señora aquí está su bebé. En muy buen estado de salud, solo con mucha hambre.
Ella miró el rostro de su pequeña, era de cachetitos rosados y gorditos, con mucho pelo en su cabellera, su nariz tan chiquita, el amor que sintió allí al tenerla en sus brazos la hizo olvidar del dolor que pasó, del frío que sentía. Pensó "Valió la pena pasar todo esto por tenerte aquí"
Si, había pasado meses en cama por su pérdida y había llegado con dificultad a la clínica y posterior el parto fue largo y muy difícil, estaba desgarrada y débil pero tenía en sus brazos la mayor recompensa.
Él doctor le avisó al señor Maximo que su hija y nieta ya estaban bien y que pronto podría conocer a la pequeña. Tiempo más tarde el padre de Liz pudo pasar a verlas, se emocionó, su hija estaba con aspecto fatigado, con ojeras visiblemente cansada, su nieta era una bella niña, a él le recordó cuando Liz nació, le dijo de inmediato
—será igual a ti hija, tu eras así —entre lágrimas el Señor Maximo no quería mostrarse débil pero la emoción le ganó. Finalmente se tuvo que ir, llamó a su esposa Magdalena.
Ring Ring
—Nuestra hija está bien y nuestra nieta es bellísima, prepárate para venir a la hora de visita pasaré por ti y por el niño.
Mientras tanto Jerison...
Cuando Liz se fue el durmió un rato más al desertar se levantó y fue a la cama de su hijo, no estaba.
—El niño? –Le preguntó a la nana —¿dónde está?
—La señora se lo llevó a la casa de sus padres, los abuelos del niño lo cuidaran estos días.
—y tú que harás?
— La señora no me dio indicaciones —respondió la nana.
—Ven conmigo... —Le dijo Jerison haciendo seña a que se acerque a él —Tendrás que atenderme a mi.—Le dijo mientras la tomó en sus brazos y la llevó a la cama.
Pasaron muchas horas encerrados la nana no se resistió, por el contrario disfrutó la experiencia sexual de Jerison y quería más.
que mujer tan patética
no tiene ni un poco de amor propio
es una puerca
los 2 son unos enfermos