toda mi vida vivi una vida donde fui despresiada y sola pero ahora que e renacido en la hija de un duque disfrutaré esta segunda oportunidad como hija mimada del duque William valtorian
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capitulo 10 abuelos
William se levantó con brusquedad, la silla chirrió contra el suelo mientras su mano se apoyaba en la empuñadura de la espada. Su mirada iba directa a Mary, cargada de enojo contenido.
—Basta —iba a decir—
—Señora Elena… —anunció el heraldo, interrumpiendo—. La familia Blackwood ha llegado para ver al joven y a la señora.
El ambiente cambió de inmediato.
Mary fue la primera en reaccionar. Su expresión dura se suavizó en una sonrisa medida, casi triunfal, y se giró sin mirar atrás, avanzando con paso seguro hacia la entrada.
—Bueno… —Elena exhaló despacio—. Debo irme, son mis padres.
Se inclinó y dejó a Astrix con cuidado en el suelo.
—Cuídala mientras no estemos —le dijo a William, con una sonrisa breve pero sincera.
Astrix la miró fijamente.
[Bebé Astrix]
“Es muy linda Elena… pero algo en su casa siempre se siente pesado.”
—Ena… —balbuceó, gateando un poco hacia ella—. Ena…
Elena le devolvió una sonrisa tranquila antes de girarse. Fue entonces cuando Astrix notó a Alexander. El niño tenía los ojos brillosos, los labios temblando.
—Hermanita… —murmuró, abrazándola con fuerza—. Te voy a extrañar.
[Bebé Astrix]
“¿Extrañarme…? ¿Por qué habla como si fuera una despedida larga?”
Astrix alzó las manitas y tocó su mejilla.
—¿Manito…?
Alexander respiró hondo.
—Mis abuelos no quieren a papá… y se quedarán un mes. Yo también —dijo bajito—. No podré verte por un tiempo.
Un mes.
[Bebé Astrix]
“Los Blackwood… claro. Patrocinan a Sophia. Siempre lo hicieron. No por ella… sino por Mary. Qué ironía.”
Alexander se apartó con un último vistazo y se fue tras Elena.
Astrix quedó quieta unos segundos. Luego miró a William.
—Ba… —murmuró, estirando los brazos.
—No —respondió él, serio—. Papá aún espera escuchar ‘papá’ como corresponde.
[Bebé Astrix]
“Este hombre es imposible.”
Astrix se incorporó como pudo y tiró de su ropa. William bajó la mirada. Ella infló las mejillas, clavó en él sus ojos grandes y brillantes.
—Pa…
El mundo se detuvo.
—… —William la observó un segundo—. ¿Qué dijiste?
—Pa…
—¡DIJO PAPÁ! —exclamó, alzándola con fuerza, olvidando toda compostura.
—Señor… tal vez solo fue ‘pa’ —se atrevió a decir Julián.
William y Astrix lo miraron al mismo tiempo.
—Nada —corrigió Julián enseguida—. Absolutamente nada.
William sonrió, sincero, raro en él.
—Eres lo segundo más hermoso que me dejó Emma.
Más tarde, Astrix estaba rodeada de juguetes nuevos que no pidió.
[Bebé Astrix]
“Tengo treinta años mentalmente y aun así… esto funciona.”
Esa noche, William decidió dormir con ella.
—Hace frío —dijo, cubriéndose con cuidado—. Descansa.
[Bebé Astrix]
“Cubierto hasta el cuello… decepción aceptada.”
Ya acostados, William habló en voz baja:
—Astrix… ¿te agrada Elena?
—Ena… mucho.
William soltó una risa breve.
—Por primera vez la veo vivir sin obedecer a Mary. Tal vez… por eso me alejé. Mary siempre fue el obstáculo.
Astrix escuchaba con los ojos cerrándose.
—Este ducado será tuyo —murmuró él—. Protégelo.
El sueño la tomó.
Astrix abrió los ojos frente a un espejo enorme. No era una bebé. Era Victoria.
—Hace tanto que no veía este rostro…
Recuerdos ajenos y propios se mezclaron: el orfanato, la vida pasada, la caída de Astrix villana.
—¿Es esta… una segunda oportunidad?
Una figura de luz apareció.
—Victoria… protege a William, a Elena… y a Alexander.
—Emma…
—La familia no se elige —susurró la voz—, pero se defiende.
La luz se apagó.
Astrix despertó llorando en silencio. William dormía aún, abrazándola sin darse cuenta.
[Bebé Astrix]
“Esta vez… no voy a fallar.”
Al día siguiente, William no estaba.
—¿Dónde se metió…?
—Aquí —dijo él al entrar—. Tuviste fiebre.
Astrix tomó el biberón sin quejarse.
—Eres especial —continuó William—. Pero prométele a papá que no te casarás.
—No.
William parpadeó.
—Entonces que peleen conmigo.
[Bebé Astrix]
“Definitivamente no está bien.”
—¡Anton! —gritó de repente.
William suspiró.
—Ni lo sueñes.
Mientras tanto, en la residencia Blackwood, Sophia observaba en silencio.
No hablaba. No intervenía.
Pero veía todo.
Cómo Mary perdía control.
Cómo Elena ya no bajaba la cabeza.
Cómo los adultos sonreían cuando creían que ella no entendía.
Sophia apretó las manos sobre su falda.
No era ingenua.
Solo estaba aprendiendo cuándo hablar… y cuándo no.
Y eso, sin que nadie lo notara aún, la volvía peligrosa.