Renata Solis tenía la vida que siempre soñó: un matrimonio estable de veinticinco años con Fernando Lavallée, un próspero ejecutivo, y dos hijos a los que adoraba. Ella era la esposa abnegada que cuidaba del hogar mientras su marido aseguraba el futuro familiar. Sin embargo, una llamada a la una de la madrugada destruye su mundo para siempre.
Tras correr al hospital, Renata no solo recibe la devastadora noticia de que Fernando ha muerto en un accidente de tránsito, sino que descubre que no iba solo: la mujer que viajaba a su lado en el copiloto tampoco sobrevivió. El día del entierro, la verdad sale a la luz de la forma más cruel cuando una compañera de trabajo le confiesa la pesadilla: Fernando llevaba más de tres años manteniéndole una doble vida a su amante, con quien además tenía una hija de año y medio.
Por si la traición no fuera suficiente, Renata descubre que su esposo hipotecó la casa familiar y entregó todo a su amante.
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Capítulo 19: Venga Conmigo
La tensión en el ambiente era tan intensa que casi podía palparse. Ricardo se inclinó un milímetro más, sintiendo la respiración agitada de Renata rozándole la piel. Sin embargo, en el último segundo, el sonido seco de unos papeles al caer de un escritorio cercano rompió el hechizo.
Renata abrió los ojos de golpe y, con las mejillas ardiendo en un rojo carmesí, se apartó suavemente, volviendo a poner los pies sobre la firmeza del suelo. Ricardo la liberó de inmediato con absoluta delicadeza, aunque en sus ojos se leía un destello de fascinación y deseo imposible de ocultar.
—Lo... lo siento mucho, señor Del Solar. Fue un tropiezo torpe de mi parte —disculpó ella en un susurro tembloroso, intentando acomodarse el vestido y el cabello con manos inquietas.
—No se disculpe, Renata. Lo importante es que no se lastimó —respondió él con la voz aún un poco grave, mirándola de una forma que hizo que a ella le diera un vuelco el pecho.
Ninguno de los dos volvió a mencionar lo que casi ocurre, pero entre ambos quedó flotando una electricidad sutil, una chispa especial y profunda que cambió para siempre la atmósfera del despacho.
Horas más tarde, mientras la tarde caía sobre la ciudad, Ricardo revisaba la correspondencia ejecutiva en su escritorio cuando un sobre elegante con relieves dorados llamó su atención. Era la invitación formal a la Gran Gala Anual del Gremio Empresarial, un evento exclusivo donde se reunían los líderes corporativos más influyentes del país.
Se quedó contemplando la tarjeta unos segundos. En años anteriores hubiera asistido por compromiso social acompañado de Cony, soportando sus exigencias y vanidad. Pero esta vez era distinto. Una idea cruzó por su mente y una sonrisa inevitable se dibujó en sus labios.
Salió de su despacho y se acercó al escritorio de Renata, quien continuaba concentrada tecleando en la computadora.
—Renata... —la llamó suavemente.
—¿Sí, señor Del Solar? —respondió ella levantando la vista, sintiendo cómo el rostro se le calentaba de nuevo al recordar la cercanía de horas antes.
—Esta tarde me llegó la invitación formal para la fiesta anual del gremio empresarial. Es un evento de alta relevancia comercial para la compañía.
—Entiendo, señor. ¿Quiere que le confirme su asistencia a los organizadores?
—Sí, pero quiero confirmarla para dos personas —dijo Ricardo mirándola fijamente a los ojos—. Necesito que me acompañe como mi asistente personal. Habrá firmas de acuerdos y conversaciones estratégicas con varios socios importantes, y requiero a alguien de mi absoluta confianza a mi lado.
Renata parpadeó sorprendida, sintiendo que el corazón le daba un vuelco de pura incertidumbre.
—¿Yo, señor? Pero... es una fiesta muy elegante, no creo que...
—Usted es perfecta para el puesto, Renata —la interrumpió él con firmeza y dulzura, sin darle margen a dudar de sí misma—. Y no acepto un no por respuesta.
Al cruzar el umbral de su apartamento, Renata traía las llaves en la mano y el corazón latiéndole como si hubiera corrido una maratón. Dejó la bolsa sobre el sillón y dejó escapar un largo suspiro, tratando de asimilar la montaña rusa de emociones que había vivido durante el día.
Mateo, que salía de la cocina con un vaso de agua en la mano, notó de inmediato la agitación en el rostro de su madre.
—Mamá, ¿qué pasó? —preguntó acercándose rápidamente—. ¿Hablaste con el abogado? Dime que todo salió bien con lo de la indemnización.
—Sí, mi amor, todo salió excelente —respondió Renata intentando sonreír, aunque la voz le temblaba ligeramente—. El doctor Benavides revisó los papeles y me dijo que no hay nada de qué preocuparse. La demanda de esa gente no tiene ningún fundamento legal y no nos van a quitar ni un solo centavo.
—¡Qué alivio, mamá! Te lo dije, el señor Del Solar no iba a dejar que nos hicieran esa injusticia —celebró Mateo con una sonrisa de victoria. Sin embargo, al observar con atención a su madre, notó que sus ojos brillaban de una manera distinta y que el rubor de sus mejillas no se debía al cansancio—. Pero... hay algo más, ¿verdad? Te conozco, mamá. Estás súper nerviosa.
Renata bajó la vista, juguetando con los anillos de sus dedos, apenada por lo transparente que resultaba ante su hijo mayor.
—Ay, Mateo... lo que pasa es que el señor Del Solar me pidió un favor muy grande.
—¿Qué favor?
—Me invitó a acompañarlo a la Gala Anual del Gremio Empresarial —soltó Renata de golpe, cubriéndose la cara con las manos—. Es este viernes por la noche. Me dijo que necesita que vaya como su asistente personal para apoyarlo con unos socios estratégicos.
Mateo abrió los ojos de par en par y soltó una carcajada llena de picardía.
—¡¿Qué?! ¡Mamá, eso es grandioso! Pero a ver... ¿por qué estás tan asustada?
—¡Porque es un evento sumamente elegante, Mateo! —exclamó ella caminaba de un lado a otro por la pequeña sala—. Ahí va a estar la gente más adinerada e importante de la ciudad. Yo no tengo qué ponerme para una fiesta así, ni sé cómo comportarme en esos círculos. Además... no dejo de pensar en la forma en que me miró cuando me lo pidió.
Mateo se acercó a ella, le tomó suavemente las manos y la miró con absoluta admiración.
—Mamá, escúchame bien: tú eres una mujer fina, inteligente y hermosa. No le tienes que envidiar nada a nadie de esa fiesta. Y si el señor Del Solar te eligió a ti para ir a su lado en un evento tan importante, es porque para él vales muchísimo más de lo que tú misma crees.
Definitivamente no se que haría con Sergio porque es un rebelde sin causa que provoca sacarlo de la casa y dejarlo pasar carencias en la calle para que aprenda a ser más humilde, valorar a su madre y hermano que están haciendo lo imposible para que el pueda seguir estudiando mal agradecido.