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Engañada Desde El Primer "Sí"

Engañada Desde El Primer "Sí"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Autosuperación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula_noches de tintas

"—Nos vamos a casar y punto. No tienes opción.
Esa fue su 'propuesta'. Sin anillo, sin flores, sin un 'te amo'. Solo un arrebato de control cuando intenté dejarlo."

Valeria siempre fue la esposa abnegada, la que esperaba en casa, la que justificaba cada desplante de Adrián pensando que el trabajo era su única prioridad. Nunca imaginó que el engaño no era otra mujer, sino la mentira sobre la que construyó toda su vida: él jamás la amo.
Atrapada en una jaula de cristal donde su voz no cuenta, aparece Dorian, un hombre cuya sola presencia impone respeto y temor. Él ve el dolor detrás de los ojos de Valeria y decide intervenir.

Dorian no pide permiso; destruye las defensas de Valeria con una devoción obsesiva y protectora que la hará dudar de todo lo que conoce.

Un matrimonio por manipulación. Un deseo peligroso. ¿Qué pasa cuando el hombre equivocado decide que eres suya?

NovelToon tiene autorización de Paula_noches de tintas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Territorio conquistado

La mañana comenzó con una claridad helada en mi mente. Pasé por el pasillo del segundo piso y me detuve frente a la puerta blanca del fondo.

Esa habitación había permanecido cerrada durante años, guardada en silencio como el vestigio de un espacio reservado para una etapa que nunca llegó: el cuarto que yo misma había planeado acondicionar cuando soñaba con ser madre, una ilusión que se apagó lentamente ante la rotunda y egoísta negativa de Adrián de tener hijos. Para él, la paternidad era una interrupción incómoda para sus proyectos y su estatus. Con el tiempo, la habitación se convirtió en un monumento mudo a mis ilusiones extinguidas y a su control.

Giré la perilla. El espacio estaba impecable, bañado por la luz de un ventanal alto. Decidí que no esperaría ni un día más.

Sin ayuda de nadie, como había hecho siempre en esa casa donde yo me encargaba absolutamente de todo para mantener el orden impecable que a Adrián tanto le gustaba exhibir, comencé la mudanza. En cuestión de pocas horas, trasladé mis pertenencias de la habitación principal a mi nueva habitación.

A las ocho de la noche, el sonido de la puerta principal anunció la llegada de Adrián.

Escuché sus pasos pesados subir la escalera, seguidos del silencio helado cuando entró a la habitación principal y descubrió mis armarios vacíos. Apenas pasaron diez segundos antes de que la puerta de mi nueva habitación se abriera de un golpe seco.

Adrián estaba en el umbral, desencajado, con la corbata a medio aflojar y el rostro encendido de ira.

—¿Se puede saber qué demonios significa este circo, Valeria? —bramó, señalando mis cosas acomodadas en los estantes—. ¿Ahora juegas a mudarte de cuarto en mi propia casa?

Me mantuve de pie junto al ventanal, con los brazos cruzados y una serenidad que parecía alimentarle el odio.

—Significa que a partir de hoy esta es mi habitación —respondí con tono pausado—. Ya no voy a compartir cama ni espacio contigo, Adrián.

—¡Estás completamente loca! —gritó, dando tres pasos agresivos hacia el centro del cuarto—. ¡Esta era la habitación que reservabas para un bebé, Valeria! ¡No tienes ningún derecho a tomar decisiones unilaterales sobre cómo uso esta casa!

—Este matrimonio dejó de ser una vida compartida hace mucho tiempo —le contesté, sosteniéndole la mirada con una frialdad cortante—. Y si hablas de esta habitación, fui yo quien esperó una familia mientras tú decidías que mis deseos no valían nada. Ese tiempo se terminó.

—¡Soy tu esposo! —siseó apretando los puños, la voz temblándole por la humillación—. ¡No voy a permitir que me conviertas en el hazmerreír de todo el mundo! Mañana mismo regresas tus cosas a la habitación principal o te juro que...

—¿O qué, Adrián? —lo interrumpí, dando un paso hacia él sin la menor sombra de miedo—. ¿Qué vas a hacer? ¿Obligarme? Inténtalo y mañana mismo el escándalo no será por las habitaciones, sino por la demanda de divorcio que te voy a estrellar en la cara.

Se quedó paralizado. La palabra divorcio resonó en el cuarto como un disparo. Por un segundo vi el pánico en sus ojos: el miedo a perder la fachada, el control y el respaldo que mi presencia le daba. Rabioso e incapaz de articular una respuesta, descargó un golpe contra el marco de la puerta, dio media vuelta y se alejó dando portazos que retumbaron en toda la casa.

Necesitaba aire. El ambiente dentro de las cuatro paredes se había vuelto irrespirable.

Tomé un abrigo ligero, mi teléfono y salí a la calle sin mirar atrás. Caminé a paso rápido por las aceras arboladas del vecindario. La brisa nocturna era fresca y limpia, despejándome la cabeza mientras dejaba atrás el veneno de la discusión.

Mientras caminaba bajo los faroles de luz cálida, el teléfono en mi bolsillo vibró. Era un mensaje de Dorian.

«Iba de regreso a casa y me acordé de ti. Espero que la noche esté siendo tranquila, Valeria.»

Un alivio inmediato me recorrió el pecho al leer su nombre. Sin dudarlo un segundo, tomé la iniciativa y redacté una invitación directa:

«¿Te apetece tomar un trago esta noche? En algún lugar tranquilo.»

No pasaron ni dos minutos cuando un auto negro de líneas elegantes se detuvo despacio junto a la acera, a pocos metros de donde yo caminaba. La ventanilla trasera bajó y Dorian me miró desde el interior, con esa mirada penetrante que parecía adivinar cada uno de mis pensamientos.

—Subes rápido o los vecinos empezarán a murmurar —dijo con una sonrisa tenue, abriéndome la puerta desde adentro.

Me subí al asiento de cuero y el auto avanzó en silencio. Dorian no hizo preguntas sobre por qué estaba caminando sola de noche ni por la tensión que aún se reflejaba en mis hombros; su sola presencia imponía un respeto y una protección que me hicieron exhalar un suspiro profundo.

Quince minutos después, el auto atravesó los majestuosos portones de hierro de la residencia Blackwood. Reconocí al instante la fachada imponente de la mansión, iluminada de forma tenue contra la noche; la misma propiedad a la que semanas atrás había asistido junto a Adrián como una esposa decorativa para una recepción de negocios. Pero esta vez no había fotógrafos, ni invitados de la élite, ni fachadas que sostener.

Dorian me guio llevándome directo a una estancia amplia de arquitectura sobria, grandes ventanales con vista a los jardines iluminados, muebles de diseño en tonos oscuros y una luz cálida que creaba una atmósfera abrumadoramente íntima.

—Ponte cómoda —dijo, quitándose el saco y dejándolo sobre el respaldo del sofá antes de ir hacia la barra de nogal—. Un whisky sin hielo me parece lo ideal para la cara con la que saliste a la calle.

Sirvió dos vasos pesados de cristal y se acercó. Me entregó uno y nos sentamos en el amplio sofá frente a la cristalera.

—Gracias por venir por mí —murmuré, dando un sorbo largo que me quemó agradablemente la garganta.

—Estaría en cualquier lugar donde me necesites, Valeria —contestó Dorian con voz grave, apoyando el brazo en el respaldo del sofá, a pocos centímetros de mis hombros—. Pero me doy cuenta de que hoy la tormenta en tu casa llegó a su límite.

Lo miré a los ojos. Estaba despojado de su traje formal y con los primeros botones de la camisa desabrochados, Dorian irradiaba una masculinidad madura y peligrosa que ya no podía ni quería ignorar.

—Tomé mi propia habitación —confesé en un susurro—. Cerré la puerta entre Adrián y yo para siempre.

Dorian se quedó en silencio un segundo, procesando mis palabras. Su mirada bajó hacia mis labios y luego volvió a encontrarse con la mía, cargada de una intensidad que me aceleró el pulso.

—Esa puerta debió cerrarse hace mucho tiempo —dijo con una quietud imponente—. Tú no naciste para vivir pidiendo permiso ni para ser la sombra de nadie.

Dejó su vaso sobre la mesa de centro y tomó el mío para ponerlo al lado. Ya no había espacio para rodeos ni palabras corteses.

Dorian acortó la distancia entre los dos. Levantó la mano y su palma cálida se posó en mi nuca, atrayéndome hacia él con una lentitud deliberada, dándome la oportunidad de dar un paso atrás si lo deseaba. No lo hice. Incliné el rostro hacia adelante y dejé que mis labios encontraran los suyos.

El beso comenzó lento, profundo, cargado del deseo reprimido durante semanas. Su boca sabía a whisky y a una posesión madura, paciente pero firme. El contacto envió una descarga eléctrica directo a mi vientre, disolviendo en un segundo los años de frialdad y rechazo que había soportado en mi matrimonio.

Deslicé mis manos por su pecho, sintiendo el latido firme de su corazón bajo la tela de su camisa, mientras él me rodeaba la cintura con fuerza, pegándome a su cuerpo. El roce de sus manos sobre mi espalda era decidido, haciendo que un gemido suave se me escapara entre los labios.

Cuando nos separamos apenas un milímetro para tomar aire, nuestras frentes quedaron unidas en la penumbra. Dorian mantenía sus dedos enredados en mi cabello, respirando con la misma agitación que yo.

—Si cruzamos esta línea, Valeria... no hay vuelta atrás —murmuró contra mis labios, con una voz ronca que me erizó la piel—. No soy un hombre que comparta lo que le importa.

Le sostuve la mirada con una determinación absoluta, pasando la yema de mis dedos por la línea firme de su mandíbula.

—Nunca quise volver atrás, Dorian.

Él sonrió con esa leve pincelada de peligro y volvió a buscar mi boca, rompiendo la última barrera entre los dos y marcando el inicio de algo irreversible.

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Jose Rozo
la verdad ya me arte de esta historia que pereza
Paula Nuñez: ¡Lamento que la historia haya tomado un rumbo que no te gusta! Gracias por haber leído hasta aquí de todos modos.
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Jose Rozo
ya me esta aburriendo el papel de la protagonista ese estado de sumisión es cansancio que pereza leer historias así
Paula Nuñez: ¡Gracias por tu comentario! Es comprensible sentir frustración, pero a veces los personajes necesitan tocar fondo o pasar por situaciones difíciles para poder reaccionar. Su historia apenas comienza a dar un giro. ¡Ojalá le des una oportunidad a lo que viene!
total 1 replies
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