Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Orgullo. Divino pecado
En la Academia Delta Adhara se acercaban las vacaciones por navidad. Ya muchos estudiantes habían partido rumbo a sus hogares y otros se preparaban para hacerlo pronto. Sami se despedía de Roli y Rei. Estos acompañarían a Clara y Caden Flamme. Irían al Ducado para formalizar el compromiso. La Duquesa Amarilis ya les esperaba en dicho lugar junto a la familia de la novia. Sería la fiesta más importante en Castela, desde la coronación del padre de Ian como Rey. Las dos casas Ducales se unirían en matrimonio. Toda la realeza había sido invitada. Sami veía como se alejaban los carruajes. Él permanecería en Sugey. Sus padres venían de camino hasta acá. Visitarían a Sol y juntos partirían hacia el Ducado para asistir al banquete de compromiso.
Sami. Agradecía este breve momento de Soledad. Necesitaba replantear algunas cosas que le estaban molestando y tenían nombre. Caden Flamme. Estaba desconcertado por la actitud del joven hacia él. Al principio no lo notó, pero empezó a desaparecer de su primer plano visual, para luego desvanecerse sin previo aviso hasta del horizonte cotidiano. No sabía precisar el momento cuando todo cambió. Al inicio fueron cosas simples. Ya no discutía o replicaba cuando él lo provocaba. Creyó que era un nuevo método para fastidiarlo. Incluso llegó a decirle lo que pensaba de su resistencia pasiva y por dónde podía metérsela. Caden le había dicho entonces.
- Has como que no existo. ¿No es lo que quieres? No te preocupes. Te ahorraré el trabajo. Ya puedes vivir tranquilo.- se había parado de la mesa y no volvió a comer ese día con ellos. En realidad ni ese día, ni ningún otro. Ese fue el último enfrentamiento. Como estaban en grupos diferentes de pronto descubrió que no le veía por parte alguna. Se encontró buscándolo para saber qué tramaba. Averiguó que Caden se había unido al Club del Departamento de Desarrollo. Por este motivo pasaba casi todo su tiempo libre en los laboratorios. Lo que explicaba por qué ya no lo veía en los pasillos. Ya no contaba con tiempo libre.
Sami al fin se sintió profundamente aliviado. El chico parecía estar cumpliendo con lo que dijo y finalmente había dejado de asediarlo y acosarlo. Pasó un mes así. Ya los almuerzos no eran una batalla irritante. No temía abrir su taquilla y encontrar cartas perfumadas, corazoncito y otras cosas repugnantes. En su pupitre no aparecían pastelitos 🧁. Caminaba tranquilamente por los pasillos sin que nadie se le colgara del brazo o tratara de arrastrarlo a lugares oscuros para robarle besos y darle abrazos sin permiso. La vida en Delta Adhara era ahora como siempre la imaginó. Aburrida, predecible y monótona. ¿No era esto lo que quería? No tenía a quién mortificar. A su pesar tuvo que admitir que extrañaba las disputas y los comentarios agudos de Caden. El maldito lo había acostumbrado a las emociones inesperadas.
Un día especialmente tedioso y frustrante fue al campo de entrenamiento. Se detuvo en seco. Lo vio acompañado de otro joven. Reían divertidos de alguna broma. Caden corregía su postura. El muchacho agradecía. Estaban demasiado cerca. A Sami le dio ganas de vomitar la escena. Ese día se fue sin entrenar. Tiempo después volvió a ver a Caden en compañía del mismo chico del campo de entrenamiento. Caminaban relajados en dirección al pueblo. Investigó discretamente quién era el nuevo amigo de Caden. Se enteró. Era un plebeyo con talento para la espada. Se veían cómodos. Hablaban y reían como si en el mundo no existiera nadie más aparte de ellos.
Sami pensó en advertir al plebeyo de lo malvado que podía llegar a ser Caden, pero se contuvo. No podía demostrar la maldad del joven Duque si no revelaba lo sucedido entre ellos y eso nunca. Primero muerto. Que aquel joven se las arreglara por sí solo. ¡Ah, pero el orgullo! Ese pecado. El primero condenado por Dios y que tantas almas cometen. Sami se sentía estafado. ¿No decía Caden Flamme que él era lo único que necesitaba para seguir en el mundo? ¿Por qué ahora eso no parecía ser cierto? Estaba furioso. Así que él maldito jugó con su cuerpo. Hizo lo que se le antojó. Pretendió comprometer sus sentimientos y ahora como a un juguete roto, lo desechaba sin interés.
Bueno, él también sabía jugar a la indiferencia. Sólo esperaba que no volviera a cruzarse en su camino o iba a pagar por el resto de su vida por tal atrevimiento. Con él, Samuel Del Alba no se jugaba y se salía ileso. Después no pudo continuar espiando pues el Príncipe Ian acaparaba su atención y le hacía hablar por horas interminables del marquesado y la familia Del Aba. Eso incluía a su hermana y su sobrina. Sami no comprendía el interés del Príncipe heredero, pero con la Corona había que inclinar la cabeza. Por suerte Roli estaba ahí como apoyo y se sentía tan intimidado como él. Aunque Sami presentía que el chico huía de cierta Princesa atrevida que le encantaba poner nervioso a su amigo. Clara y Rei vivían en su propio universo. Ya nadie dudaba de que aquellos dos estaban hechos el uno para el otro.
Al final Sami se conformó con el estado de las cosas. Era fiel partidario de que en este mundo por cada ganancia hay una pérdida igual. La ley de la compensación, le había explicado su padre. Había ganado la paz que siempre esperó encontrar en la Academia, pero había perdido la diversión que no sabía que buscaba. Sus padres finalmente llegaron un día después de la partida de sus amigos. Hicieron una fiesta familiar. Se extrañaba a Camila. Los Marqueses descansaron dos días y luego emprendieron el viaje nuevamente. Esta vez rumbo al Ducado Flamme. Su hermana no los acompañaba, pero sí Cael.
Sol iría a Abner. Pasaría la navidad con Camila y su hermano Saulo. Cael en cambio, asistiría al compromiso de su sobrina con uno de los hijos de la mejor amiga de su esposa, la Duquesa Amarilis. Sol le enviaba una carta explicándole el motivo por el que no podía asistir y le pedía que no se lo tuviera a en cuenta. Parecía que su hermana Sol tenía mucho que decirle a su amiga a juzgar por el grueso del sobre. Le enviaba a los novios un regalo. Algo tan sorprendente que estaba seguro opacaría a los demás obsequios que la pareja pudiera recibir.
Sol dijo que estaba un poco decepcionada porque ella quería una bola de esfera de nieve, con el Ducado Flamme adentro, pero el vidriero no pudo lograrlo y esto fue el resultado. Sami pensaba que si esto era hermoso, no imaginaba como sería la esfera de nieve.
Él era el encargado de que el regalo llegará intacto a las manos de los novios. Esto fue casi una crueldad de su hermana. Aquello estaba hecho de cristal. Fue un viaje horrible. Cual no sería su sorpresa cuando tres días después en un atardecer vio la réplica original del castillo perfilándose en el horizonte. Comparó uno y otro y no pudo dejar de maravillarse por el increíble trabajo. El orgullo hinchó su pecho. No habría un mejor regalo que este. Ya quería ver la cara de asombro de ese odioso de Caden. Fueron recibidos y llevados a las habitaciones destinadas para ellos. Cael entregó la carta de su hermana a la Duquesa Amarilis. Luego de que esta casi lo asfixia con un abrazo tipo oso.
Ahora Sami se encontraba paseando por el jardín. Era de noche. La fiesta de compromiso estaba en su apogeo. Los regalos fueron espléndidos, pero como él había imaginado, el de su hermana Sol fue impactante. El asombro en los rostros de los convidados era pura poesía. En la mayoría de los ojos había una mezcla de admiración, envidia y deseo de posesión. Nadie quedó indiferente.
El aire le trajo el aroma fresco de la nieve. Los rosales estaban cubiertos por una fina capa de escarcha brillante. Se veía hermoso. La parpadeante luz de las farolas daba una sensación de irrealidad. A lo lejos divisó a Caden. Iba a alejarse, pero se detuvo. ¿Había invitado al plebeyo? Paseaban bajo los arcos de rosas dormidas cuando un montón de nieve se desprendió cayendo encima del muchacho. Caden se apresuró a sacudirlo y luego ambos estallaron en carcajadas. Sami se dio la vuelta y entró nuevamente a la fiesta.
Bailó el resto de la noche. A la mañana siguiente fue el primero en llegar al campo de entrenamiento. Luego llegó el plebeyo. Este saludó con una reverencia y se fue por su cuenta a practicar. Caden no fue en ningún momento esa mañana. Tampoco estuvo presente en el almuerzo. En la comida lo ubicaron a su lado.
- ¿Dónde has dejado el juguete?- preguntó Sami. Caden se quedó agarrando onda. ¿Qué decía este? Decidió no dejarse molestar. Ya estaba cansado de lo mismo y contestó.
- ¿No sé de qué hablas?
- Del plebeyo. ¿Ya te cansaste o te avergüenza sentarlo a tu ilustre mesa?
- ¿Noel? ¿Te refieres a Noel?
-¿Es qué eres amigo de más plebeyos? ¿Es tu nuevo pasatiempo?
- La verdad no quiero discutir. No veo como eso es asunto tuyo, pero para tu información. No desprecio a Noel. Ni me avergüenza como dices. Es solo que ya no está aquí. Hoy se ha ido después de almuerzo. Quería pasar navidad con su familia.
- ¿Así que Noel es tu nueva víctima?
- Lord Del Alba. Mi vida privada no es asunto de su competencia. Todo esto ya me cansa.
- Esa si que es buena. ¿Así que te canso? ¿Ahora resulta que yo te canso?
- Sí, para ser franco desde hace tres vidas. Solo que ahora es que recién me doy cuenta. - Caden no dijo nada más y se giró a la derecha. Entabló una animada conversación con la Duquesa Amarilis el resto de la cena. Sami no recordaba haber estado más enfadado en su vida. En cualquier momento iba a romperse un diente de tanto apretarlos y su orgullo sufría una herida letal. Pensaba cobrarse todo. Ya se enteraría Caden lo que significaba haber despertado al descendiente del Dragón 🐉.