En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.
Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.
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Recuerdos
El viento nocturno seguía atravesando lentamente los corredores del Templo Aire del Oeste.
Las antorchas del campamento iluminaban débilmente el lugar mientras el equipo Avatar permanecía reunido alrededor de Sereya inconsciente.
El ambiente estaba en silencio.
Zuko permanecía sentado junto a ella, sin apartar la mirada de su rostro ni un solo segundo.
Había sido él quien la cargó desde la sala de la estatua de Yangchen hasta el campamento.
Y desde entonces…
No se había movido.
Katara terminaba de revisar lentamente el pulso de Sereya mientras el collar permanecía sobre una pequeña manta junto a ella.
El cristal seguía brillando débilmente.
—No tiene heridas físicas —dijo Katara finalmente—. Pero su energía espiritual está alterada.
Aang observó el collar con preocupación.
—Ese objeto reaccionó con el toque de ella…
Toph permanecía sentada cerca de ellos.
Zuko levantó apenas la mirada.
—¿Va a estar bien?
Katara sonrió suavemente.
—Sí.
Pero entonces lo miró con una pequeña sonrisa divertida.
—Aunque alguien aquí parece más preocupado que nosotros.
Zuko inmediatamente cruzó los brazos.
—Solo pregunté.
Sokka soltó una pequeña risa desde el otro lado de la fogata.
—Claro. Porque llevas seis horas mirándola fijamente totalmente por cortesía diplomática.
Zuko lo ignoró completamente.
La noche pasó lentamente.
El campamento quedó en silencio.
Todos terminaron descansando poco a poco.
Menos Zuko.
Seguía despierto.
Sentado junto a Sereya.
Observándola.
La luz suave de las antorchas iluminaba parcialmente el rostro tranquilo de la joven maestra agua.
El cabello blanco caía desordenadamente sobre la manta.
Y Zuko sintió algo extraño en el pecho.
Algo cálido.
Algo que no sabía explicar.
Porque cuando ella cayó inconsciente…
Sintió miedo.
“¿Qué me está pasando…?”
Entonces…
Sereya se movió apenas.
Zuko levantó la cabeza rápidamente.
Pero ella no despertó.
Solo murmuró algo apenas audible.
—…mamá…
El pecho de Zuko se tensó.
Y lentamente…
Tomó la manta acomodándola mejor sobre ella.
Con cuidado.
Toph, desde el otro lado del campamento, sonrió apenas aunque fingía dormir.
A la mañana siguiente…
La luz del amanecer comenzó a iluminar lentamente el templo.
El sonido del viento atravesaba los antiguos corredores mientras el campamento despertaba poco a poco.
Sokka fue el primero en levantarse.
Y también el primero en intentar cocinar.
Lo cual fue un error terrible.
—¡SE ESTÁ QUEMANDO!
Katara salió rápidamente de su tienda.
—¡¿Qué hiciste ahora?!
—¡NO LO SÉ, EL ARROZ ME ODIA!
Toph comenzó a reírse desde su saco de dormir.
—Ni la comida quiere estar contigo.
Sokka señaló dramáticamente la olla destruida.
—¡Fui atacado por la cocina!
Incluso Aang soltó una pequeña carcajada.
Y por un instante…
Todo volvió a sentirse tranquilo.
Hasta que una pequeña voz interrumpió el ambiente.
—…¿por qué huele a humo?
Todos voltearon inmediatamente.
Sereya estaba despertando.
Zuko reaccionó primero.
—¡Sereya!
La chica abrió lentamente los ojos.
Y enseguida se llevó una mano a la cabeza.
—Ah…
Todo le daba vueltas.
Toph sonrió apenas.
—Bienvenida de nuevo al mundo de los vivos.
Sereya parpadeó confundida.
Y entonces recordó.
La estatua.
El collar.
Los recuerdos.
Sus ojos se abrieron lentamente, y se sentó sobre la manta con el collar en sus manos.
Zuko se inclinó un poco hacia ella.
—¿Estás bien?
Sereya lo miró apenas.
Y notó inmediatamente que había permanecido junto a ella todo el tiempo.
Sus mejillas se tiñeron ligeramente de rojo.
—S-sí… creo…
Toph llamó al resto del grupo.
Todos comenzaron a reunirse alrededor de Sereya.
Aang se sentó frente a ella con expresión tranquila.
Pero preocupada.
—¿Qué fue lo que viste?
El ambiente se volvió silencioso.
Sereya bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
Todavía le dolía ligeramente la cabeza.
Pero ahora…
Los recuerdos estaban más claros.
—Vi… a mis padres.
Todos guardaron silencio.
Sereya levantó lentamente la mirada.
—Recordé cosas de cuando era pequeña.
Su voz tembló ligeramente.
—Ellos amaban viajar… conocer el mundo…
Una pequeña sonrisa triste apareció en su rostro.
—Siempre estaban riendo.
Zuko permanecía escuchando atentamente.
Sereya continuó:
—También recordé… el oasis de los espíritus.
Aang abrió ligeramente los ojos.
Katara frunció el ceño.
Y Sokka levantó la mirada lentamente.
—¿El altar del Polo Norte? —preguntó Katara.
Sereya asintió.
—Vi que cuando era pequeña...
El ambiente quedó completamente en silencio.
—No respiraba.
Toph dejó de sonreír.
Incluso Sokka quedó inmóvil.
Sereya bajó ligeramente la mirada.
—Entonces me llevaron ante el espíritu de la luna…
Sus dedos temblaron apenas.
—Y el espíritu me devolvió la vida.
Katara abrió lentamente los ojos.
Aang quedó pensativo.
Y Sokka… sintió un golpe directo en el corazón.
Porque inevitablemente…
Eso le recordó a Yue.
La princesa de la Tribu Agua del Norte.
La chica que amó.
La chica que entregó su vida al espíritu de la luna.
Sokka bajó lentamente la mirada.
Su sonrisa desapareció un poco.
Y Sereya lo notó inmediatamente.
—¿Sokka…?
Él soltó una pequeña risa suave.
Pero triste.
—Me recordó a alguien importante.
Katara observó a su hermano en silencio.
Sokka levantó apenas la vista hacia el cielo.
Como si buscara algo entre las nubes.
—Yue también estaba conectada con el espíritu de la luna…
El viento sopló suavemente alrededor del templo.
Y durante unos segundos…
Nadie habló.
Hasta que finalmente… Sereya volvió a mirar el collar.
El cristal azul brilló ligeramente.
Y entonces algo dentro de ella se sintió extraño.
Incompleto.
Frunció lentamente el ceño.
—Pero hay algo mal…
Aang levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
Sereya respiró lentamente.
Tratando de ordenar sus pensamientos.
—Puedo recordar a mis padres…
—Recuerdo el oasis…
—Recuerdo el espíritu…
Sus ojos comenzaron a tensarse.
—Pero no recuerdo el accidente que me contó mi abuela...
Todos quedaron en silencio.
Sereya apretó ligeramente el collar entre sus dedos.
—Solo recuerdo que murieron.
Su voz se quebró apenas.
—Pero no cómo.
Katara frunció ligeramente el ceño.
Aang comenzó a pensar.
Y Zuko la observó atentamente.
Porque la expresión de Sereya había cambiado.
Ahora parecía confundida.
Perdida.
Como si algo estuviera faltando.
—Es como una laguna —susurró ella—. Como si hubiera algo bloqueando mis recuerdos.
Toph inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Crees que alguien lo hizo intencionalmente?
Sereya levantó lentamente la mirada.
Aang observó el collar.
—Tal vez ese cristal esté conectado con tus recuerdos.
Katara asintió lentamente.
—Los espíritus pueden guardar memorias… emociones… incluso fragmentos del pasado.
Sereya bajó lentamente la mirada hacia el objeto.
El cristal volvió a brillar apenas.
Y una extraña sensación atravesó su pecho.
Como si algo dentro de él…
Todavía quisiera mostrarle más.