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Finalmente Te Encontré

Finalmente Te Encontré

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Transmigración antigua a moderna / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

En este mundo, la muerte no borra el pasado; lo tatúa en la piel como una cicatriz de nacimiento: el Registro
Ian es un Rastreador, un hombre que caza almas con deudas pendientes. Durante un siglo, ha vivido atormentado por la marca en su pecho, justo donde el acero le atravesó el corazón, y por el recuerdo de la mujer que le arrebató el aliento con aroma a jazmín.
Él no busca amor, busca justicia. Pero hoy, en el pasillo de un hospital, su herida ha vuelto a arder. Ella está allí, con las manos manchadas de sangre, pero esta vez para salvar una vida.
Tras cien años de sombras, Ian finalmente puede pronunciar su sentencia:
—Finalmente te encontré.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El pacto roto

​El beso fue un incendio. Al unir sus labios, las barreras del tiempo terminaron de desmoronarse. Anya no solo recordaba el aroma de Ian; recordaba la textura de sus promesas. La familiaridad de la casa golpeó su mente como una marea imparable: las cortinas que ella misma había elegido en sus sueños, el rincón donde pensaban colocar un piano, el eco de risas que nunca llegaron a suceder.

​Esta casa no era un refugio aleatorio. Era el hogar que Ian había comprado en secreto para su huida en 1926. El santuario que la muerte les robó antes de ser habitado.

​Cuando se separaron, Ian la miraba con una vulnerabilidad que lo hacía parecer humano por primera vez en un siglo. Sus manos, antes firmes y letales, temblaban levemente sobre los hombros de Anya.

​—Esta casa… —susurró ella, con lágrimas empañando su visión—. Íbamos a vivir aquí, ¿verdad?

​Ian asintió, incapaz de articular palabra. El peso de cien años de odio mal fundamentado se desplomaba sobre él. La había perseguido a través de continentes y eras, buscándola desesperadamente para finalizar con su existencia, creyendo que ella había destruido este sueño. Ahora comprendía la amarga verdad: ambos habían sido despojados de su futuro por la misma mano invisible.

​—Si me amas… —dijo Ian con voz ronca—, entonces el castigo del Registro es nulo. Marcus me dijo que tu alma era oscura, que me habías matado por ambición. Pero el Registro no puede juzgar un acto que no fue cometido por voluntad propia.

​Ian volvió a adueñarse de los labios de Anya con desesperación. En ese beso le entregaba todo lo que había contenido durante décadas. Ahora que finalmente la había recuperado, no permitiría que nadie le robara su alma de nuevo.

​Se sintieron como aquel día en que se entregaron a su amor por primera vez, entre aquellas mismas paredes que aún custodiaban los ecos de un sentimiento que se negaba a morir. Las manos de Ian danzaban sobre la figura delicada de Anya, quien se dejaba llevar por ese fuego que renacía con la fuerza y vitalidad de un fénix.

​Lentamente, se despojaron de las barreras que les impedían consumar su unión. Con cuidado de no rozar la cicatriz de Ian, Anya fue desabotonando su camisa mientras él recorría su cuello en un rastro de besos que la hacía estremecer. La entrega fue total: dos almas que se habían buscado por siglos y que ahora, finalmente, se fundían en lazos tan fuertes que parecían indestructibles.

​—Sabes que ya no hay vuelta atrás —dijo Anya después, acariciando el pecho de Ian, lejos de la cicatriz—. Ahora los dos somos fugitivos del Registro.

​—Soy consciente de eso —respondió Ian con determinación, cubriendo la mano de ella con la suya—. Y no me importa. Estoy dispuesto a defender nuestro amor contra lo que sea.

​—Debe haber algo que podamos hacer para enfrentar a Marcus. No podemos huir para siempre.

​—Debemos vestirnos, es hora de irnos —dijo Ian, convencido de que su única opción era vivir en las sombras.

​Él se levantó de la cama buscando su ropa esparcida por la habitación bajo la mirada todavía esperanzada de Anya. Ella lo imitó, aunque su mente trabajaba a mil por hora.

​—Algo debe hacerse… —susurró ella, distraída. Buscaba una solución médica o lógica a un problema que desafiaba todas las leyes de la física, mientras Ian permanecía sentado al pie de la cama, con la mirada perdida en un punto fijo del horizonte oscuro.

​De repente, un trueno ensordecedor sacudió los cimientos de la mansión. No fue un rayo natural. El agua que golpeaba los ventanales empezó a cambiar de color, tornándose espesa y oscura, como tinta china. El líquido comenzó a filtrarse por las grietas de los marcos, pero no caía al suelo por gravedad; se deslizaba por las paredes formando símbolos que Anya no podía leer, pero que hacían que su marca ardiera con una intensidad insoportable.

​—Marcus —sentenció Ian, recuperando su instinto de combate en un parpadeo. Se puso frente a Anya, ocultándola tras su cuerpo—. Sabe que el vínculo de odio se ha roto. Si dejamos de odiarnos, él pierde el control sobre nuestras almas.

​—¿Qué está haciendo? —preguntó Anya, observando con horror cómo el agua negra empezaba a cubrir el suelo de la habitación como una mancha voraz.

​—Está reclamando la propiedad —respondió Ian, desenfundando su arma aunque sabía que el acero poco podía contra la voluntad de un oficial del Registro—. Esta casa fue el pago que él me dio por mis servicios como recolector. Al romper mi contrato de odio contigo, he invalidado su protección.

Fue entonces que Anya se sil cuenta de que Ian no se convirtió en Recolector después de que ella le quitará la vida, él lo era desde hace muchísimo antes.

​La puerta de la habitación se cerró de golpe y la voz de Marcus resonó directamente en sus cráneos:

​"El amor es un error de cálculo, Ian. Una anomalía que el Registro debe purgar. Si ella no es la asesina, entonces es un cabo suelto. Y los cabos sueltos se cortan".

​El nivel del agua negra subió hasta sus tobillos. Anya sintió que el líquido no estaba frío, sino que le succionaba la energía vital, dejándola repentinamente débil.

​—Ian, la caja fuerte… —dijo Anya de golpe, un recuerdo nítido del pasado iluminando su mente como un relámpago—. Dijiste que había una caja fuerte. En mi visión, yo guardé algo allí… algo que Marcus no quería que tuvieras. ¡No eran solo los pasajes!

​Ian hizo caso omiso a sus palabras; para él, lo único importante en ese momento era la supervivencia de ella. Ignorando el peligro de los símbolos en las paredes, Ian se lanzó hacia Anya, la tomó en brazos con una fuerza sobrehumana y atravesó la barrera de sombras que bloqueaba la salida. En un movimiento rápido, logró sacarla del agua estancada y de la casa, poniéndola a salvo bajo la lluvia torrencial del exterior.

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Elizabeth Medina
ya me perdí,,,
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Gracias por compartir, me gusta mucho tu novela
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena novela, te sumerge en una película futurista, excelente
Alexandra Ortiz Posada
Me encanta tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Martha Divas Delgado
dios estoy atrapada k impactante será k aniya es o fue mala e Ian se equivoca. hayyyyy esta historia está de infarto
Alexandra Ortiz Posada
Me gusta tu novela, ese toque de misterio la hace muy interesante, gracias por compartir , bendiciones
Marcela Lopez
excelente
Martha Divas Delgado
me gusta más capítulos y paso a paso se arma el camino ☺️
Ysabel Correa: Gracias 🫂... estaré escribiendo y actualizando todos los días
total 1 replies
Marie Beleño
pas historias así no me gustan demoran mucho para subir capitulos😡
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