Sofía y Nathan siempre fueron mejores amigos… hasta que una noche de impulso lo cambió todo. Ahora, atrapados entre secretos, rumores y un contrato absurdo que los obliga a casarse, deberán enfrentar emociones que nunca imaginaron.
NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Acepto…¿o que?
...CAPÍTULO 19...
...----------------...
...SOFÍA RÍOS ...
Si alguien me hubiera dicho hace seis meses que terminaría casándome con Nathan Salles, el rockstar, mi mejor amigo de toda la vida y el hombre con el que no debía acostarme jamás…
me habría reído.
Fuerte.
Tal vez con lágrimas.
Ahora estaba aquí. Con un vestido blanco.
Embarazada.
Y a punto de firmar legalmente el error más elegante de mi vida.
—Respira, Sofía —me dije frente al espejo—. No te estás muriendo. Solo te estás casando por contrato con el padre de tu hijo para salvar una banda internacional.
Normal.
Totalmente normal.
Daniela estaba a mi lado, acomodándome el velo con manos temblorosas.
—No puedo creer que estemos aquí —susurró—Hace un año hablábamos de tu entrada a la universidad, ¿recuerdas?
—Y ahora mírame —respondí—. Cancelé la universidad, cancelé mi vida normal y desbloqueé el nivel “esposa contractual de un rockstar”.
Carolina, sentada en el sillón con una copa de champaña (sí, champaña, eran las diez de la mañana), soltó una carcajada.
—A ver, Sofi, sé honesta —dijo—. Si ibas a arruinar tu vida, al menos lo hiciste con estilo.
—Eres un ser horrible —murmuré.
—Pero acertado —sonrió—. Además, míralo por el lado bueno: el vestido es hermoso, el anillo cuesta más que mi apartamento y Nathan está absurdamente enamorado de ti.
—Carolina…
—¿Qué? —se encogió de hombros—. No dije que tú lo estuvieras de él. Dije que él lo está.
Eso no ayudó.
Para nada.
—Carolina —repitió Daniela, esta vez con el ceño fruncido—, hoy no es el día para tu sinceridad brutal.
—Discrepo —respondió ella, dando otro sorbo a la champaña—. Precisamente hoy es el día. Nuestra amiga se está casando por un escándalo mundial y un embarazo sorpresa, como en la época de mi madre… esto amerita alcohol incluso antes del almuerzo.
—¡Son las diez de la mañana! —le reclamé.
—Exacto, casi mediodía —contestó, tan tranquila—Además, solo será una copita, para estar emocionalmente preparada.
Respiré hondo.
Me sentía dentro de una película que no había pedido protagonizar.
—¿Nathan ya está aquí? —pregunté, más bajo.
Daniela asintió.
—Está abajo con Franco y Dylan. No para de sonreír… eso me preocupa un poco.
—A mí también —murmuré.
Carolina arqueó una ceja.
—Oh, vamos. El tipo está viviendo su fantasía romántica: se casa con su mejor amiga, de la que estuvo enamorado desde niños, va a ser papá y encima las fans ahora lo ven como un héroe trágico. Este es el mejor día para a el.
—Caro —la reprendí—.
—Está bien, está bien —levantó las manos.
—¿Y… Alex? —pregunté, aunque no quería escuchar la respuesta.
El silencio fue inmediato.
Daniela bajó la mirada.
Carolina dejó la copa en la mesa, por primera vez seria.
—Sofi… —empezó Daniela—.
—No vino —dijo Carolina, directa—. Y sería absurdísimo que viniera, ¿no? Digo, imagínate al ex despechado apareciendo en la boda express de su exnovia que le montó unos cuernos monumentales y que descaradamente se casa estando embarazada del mejor amigo.
—¡Carolina! —la regañó Daniela.
—¿Qué? —se defendió—. Es la verdad, no sería tan idiota para venir aquí.—pausa pensando—Aunque… dato curioso: Dylan dijo que Alex estaba bebiendo desde la madrugada. No ha dormido nada.
Daniela abrió los ojos.
—Caro… eso no debiste decirlo.
—Ah —Carolina chasqueó la lengua—. Ups. Bueno, ya lo dije. Está destrozado ese hombre.
Sentí un nudo en el estómago.
—Respira —me dijo Dani, notándolo—. Hoy no puedes cargar con la culpa de todo.
Un golpe suave en la puerta nos hizo callar.
—¿Sofi? —la voz de Emma sonó del otro lado—¿Puedo pasar?
Emma entró con una sonrisa contenida, de esas que mezclan orgullo, preocupación y ganas de llorar. Me abrazó con cuidado, como si yo fuera de cristal.
—No voy a mentirte —dijo—. Esto no es como lo imaginé para ti… pero aquí estás y te apoyaré en todo lo que hagas.
—Emma… —me giré hacia ella y, por primera vez en toda la mañana, sentí que la voz se me quebraba—. Creo que no puedo hacer esto, además…—
—No —me interrumpió—. No me expliques nada hoy. Hoy solo camina y disfrútalo. Se que todo esto es muy difícil, pero trata de verle el lado positivo. Está fue tu consecuencia y tu decisión y hoy eres la protagonista.
Respiré hondo.
Asentí.
Así no lo quisiera admitir o mostrar, sabía que estaba molesta, molesta por todo esto. Por arruinar el futuro que con tanto sacrificio, ella había preparado para mi.
La ceremonia no era grande.
Era Íntima, lo había dicho la productora.
“Controlada”, había dicho el abogado.
“Un circo elegante”, había pensado yo.
Cuando la música comenzó, sentí cómo el estómago se me hacía un nudo. Avancé por el pasillo intentando no tropezar, no llorar y no pensar en Alex.
Ni en las redes.
Ni en el contrato.
Y entonces lo vi.
Nathan estaba al frente con un traje negro que lo hacía ver muy bien y una sonrisa nerviosa.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, dejó de fingir seguridad. Sus ojos brillaron como si esto no fuera un acuerdo legal sino… un sueño.
Y eso fue lo que más me descolocó.
—Hola —susurró cuando llegué a su lado.
—Hola —respondí.
—Estás hermosa —dijo—. De verdad.
Tragué saliva.
—Tú… te ves bien.
Sonrió.
El juez comenzó a hablar. Palabras sobre compromiso, unión, responsabilidades.
Yo solo pensaba: esto no es real.
Hasta que llegó el momento.
—Nathan Salles —dijo el juez—, ¿acepta usted a Sofía Ríos como su legítima esposa?
Nathan no dudó ni un segundo.
—Sí. Acepto.
Claro que aceptaba.
Maldito.
—Sofía Ríos —continuó—, ¿acepta usted a Nathan Salles como su legítimo esposo?
El silencio se volvió espeso.
Sentí las miradas.
Las cámaras.
El peso del mundo.
Miré a Nathan.
No había presión en su rostro.
—Acepto —dije y así, con una palabra, mi vida se partió en dos.
El beso de sintió… raro e incómodo.
Como besar a alguien que conoces demasiado bien y al mismo tiempo no conoces en absoluto.
Los aplausos estallaron. Flash tras flash. Sonrisas falsas y reales mezcladas.
—¿Sabes que te quiero, no?—susurró Nathan cuando nos separaron.
—Sí —respondí—. Ahora empieza el infierno.
Se rió.
—Prometo que será un infierno, cómodo con aire acondicionado y vista al mar.
La recepción parecía sacada de una película que yo nunca pedí protagonizar.
Luces cálidas colgaban del techo como constelaciones artificiales, mesas largas decoradas con flores blancas y verdes, copas brillando por todos lados y música suave de fondo. Todo era elegante, perfecto… demasiado perfecto para el caos que llevaba dentro.
Muchas Fotos.
Muchas Felicitaciones.
Muchos Titulares naciendo en tiempo real.
“El amor que nació de la amistad.”
“Nathan Salles se casa con su mejor amiga de toda la vida.”
“Una historia digna de película.”
Si supieran.
Nathan apretó mi mano cuando entramos.
Fue tranquilizador.
—Respira —me dijo en voz baja, con una sonrisa nerviosa—. Sobrevivimos a la ceremonia, esto ya es pan comido.
Lo miré de reojo.
Estaba genuinamente feliz. Y eso, por alguna razón, me dolió… y me conmovió al mismo tiempo.
—No creo que “pan comido” sea la expresión correcta para describir una boda forzada por una productora —murmuré.
—Técnicamente no es forzada —respondió—.Es… estratégicamente conveniente.
—Eres insufrible.
—Y aun así, aquí estás, casada conmigo —sonrió, guiñándome un ojo.
Antes de que pudiera responderle algo sarcástico, Emma apareció frente a nosotros con dos copas de champaña.
—Bueno —dijo, alzando la copa—. Si el mundo ya se volvió loco, al menos celebremos con alcohol caro.
—Eso es lo más sensato que has dicho en semanas —respondió Nathan, aceptando la copa.
Leonardo estaba a su lado, impecable como siempre, pero con esa mirada analítica que solo yo sabía leer.
Preocupado.
Atento.
Protector.
—¿Todo bien, Sofi? —preguntó, con voz suave.
—Sí —mentí—. Todo… bien.
Leo no insistió.
Solo sonrió, levantó su copa y dijo:
—Entonces brindemos. Por ustedes… y porque esto no termine en terapia familiar.
Martín apareció justo después, abrazando a Emma con confianza antes de acercarse a mí.
—Te ves increíble —me dijo—. Aunque sigo pensando que esto parece el guion de una serie dramática que Netflix cancelaría en la segunda temporada.
—Gracias por el apoyo emocional —repliqué.
—Para eso estoy —rió—. Y para comer gratis.
Nathan se alejó un momento para saludar a algunos invitados, y yo me quedé observando a mi alrededor.
Mi papá hablaba animadamente con Emma, gesticulando como siempre. Gisela estaba sentada con Abel, sonriendo. Las chicas cuchicheaban en una mesa cercana.
Todo parecía… normal.
Y entonces Nathan volvió.
Me tomó de la mano con cuidado, como si tuviera miedo de romper algo frágil.
—Sofi… —dijo, serio.
—¿Sí?
—Quiero decirte algo. Ahora. Antes de que sigamos fingiendo que todo esto es solo una fiesta más.
Mi estómago se encogió.
—Nathan…
—Déjame terminar —pidió, con una media sonrisa—. Sé perfectamente que tú no querías nada de esto. Ni el contrato, ni estar conmigo, ni la boda, ni el circo mediático. Y aun así… aquí estás.
Tragué saliva.
—Yo… —empecé, pero él negó con la cabeza.
—Escúchame. Estoy feliz. Mucho. Y eso me hace sentir culpable —confesó—. Porque sé que tú no lo estás viviendo igual y no quiero que te sientas atrapada conmigo. Nunca.
Mis ojos comenzaron a arder.
—Nathan…
—Eres mi mejor amiga desde siempre —continuó —Antes que cualquier contrato, antes que la banda, antes que todo y te amo, Sofi. De verdad. Pero no voy a exigirte nada. Ni amor, ni sonrisas falsas, ni que finjas que esto es un cuento de hadas.
Apreté su mano con fuerza.
—Haré todo lo posible para que seas feliz —dijo—Aunque no sea conmigo. Aunque algún día eso me rompa un poco.
Las lágrimas finalmente cayeron.
—No llores —susurró—Hoy disfruta. No te casaste con un desconocido. Estás conmigo. Y sabes perfectamente que yo siempre estaré para ti. Siempre te voy a querer ver sonreír.
Eso fue suficiente.
Me lancé a abrazarlo, sin pensarlo. Solo necesitaba ese abrazo.
—Te quiero—murmuré contra su pecho.
—Siempre —respondió él.
Cuando nos separamos, mi padre nos observaba desde lejos, con expresión seria… Solo levantó el vaso con soda y se puso una mano en el pecho, como si dijera “lo siento hija”.
Sabía que todavía se sentía culpable por habernos abandonado, y debe ser emotivo para él verme en este momento.
La música bajó de repente.
Un murmullo recorrió el salón.
—¿Qué pasa? —pregunté.
Nathan sonrió de una forma… sospechosa.
—Confía en mí—me soltó la mano y caminó hasta desaparecer de mi vista.
Minutos después, lo estaba buscando, las personas no estaban intrigadas por lo que estaba pasando.
—¿Nathan? —lo busqué con la mirada—. Nathan Salles, te juro que si hiciste algo raro…
Las luces se apagaron parcialmente.
Un foco iluminó el escenario.
Y entonces los vi.
A la banda, bueno…sin Alex.
Nathan apareció en el centro del escenario, el micrófono frente a él y su guitarra colgada del hombro. Era su primera guitarra: la misma que aún conservaba las pegatinas viejas que él y yo habíamos puesto en secundaria, torcidas y descoloridas, y algunas marcas de marcador que yo había hecho, cuando él me visitaba en el hospital durante una de mis recaídas y él se negaba a irse hasta verme sonreír.
Franco tomó posición tras la batería, acomodándose los audífonos con una sonrisa ladeada, mientras Dylan se colgaba la guitarra eléctrica y probaba un acorde suave.
Nathan acercó la boca al micrófono.
Sus ojos buscaron los míos entre la multitud… y cuando me encontró, sonrió.
—Esta canción no estaba en el setlist —dijo—Porque no es para el público. Es para el amor de mi vida.
El salón quedó en silencio absoluto.
Las primeras notas llenaron el aire, suaves, íntimas.
La música comenzó suave.
—No… —susurré, llevándome las manos a la cara.
—¿Están tocando? —dijo Emma, boquiabierta—¿En serio están tocando?
—Esto no estaba en el programa —murmuró Daniela.
—Oh, sí que estaba —sonrió Carolina—. Lo sabía. Dylan no me puede ocultar nada.
Nathan comenzó a cantar.
“Te conozco desde antes
de saber lo que era amar,
antes del ruido,
antes del escenario y la fama.”
Nathan no apartaba la mirada de mi.
“Si el mundo nos empuja
a una vida que no elegimos,
prometo ser tu refugio,
Lo haría todo por tí.”
—Dios mío… —susurró Emma, llevándose la mano al pecho, visiblemente emocionada.
—Que lindo…—dijo Daniela en voz baja, con los ojos brillantes—.Esta canción es especialmente para ti.
—Y está buenísima —añadió Carolina, alzando su copa apenas—. Maldición. Hasta a mí me dieron ganas de casarme.
Yo solo podía sonreír y llorar al mismo tiempo.
“Te amo en todas mis versiones
en las que fallan, en las que crecen
te amo incluso cuando no me eliges
incluso cuando tu amor va en otra dirección.”
“No te prometo cuentos perfectos
ni finales sin cicatrices
solo prometo caminar contigo
siempre, aunque no sea como imaginas”.
Nathan dio un paso al frente.
Te amo, Sofía.
Desde antes.
Desde siempre.
Y desde ahora.
El salón estalló en aplausos.
Nathan dejó la guitarra, bajó del escenario y caminó directo hacia mi. Se acercó, tendiéndome la mano.
—¿Bailamos, esposa mía?
Reí entre lágrimas.
—Eres un tramposo.
—Lo sé.
Acepté su mano.
Mientras los chicos seguían tocando, Nathan me atrajo con cuidado, como si temiera romperme y Apoyé mi frente en su hombro.
—No puedo creer que estemos casados —murmuré.
Nathan me miró con una sonrisa suave.
—Técnicamente, sí. Emocionalmente… estamos en modo prueba.
—Gracias por no hacerlo raro —dije.
—Oye —se me acarició el rostro—. Te prometí algo, ¿recuerdas? No voy a incomodarte. Vamos a ser un equipo. Por el bebé—Apoyó una mano en mi vientre con cuidado—Nuestro bebé.
...----------------...
...💌NOTA DE LA AUTORA💌...
...Antes de continuar, quiero dejar algo muy claro:...
...Esta historia es una novela de ficción....
...Los personajes no son perfectos, ni pretenden serlo....
...*A partir de este punto es posible que algunas lectoras sientan frustración, enojo o incluso rechazo hacia Sofía, y eso forma parte intencional de su desarrollo. Ella es joven, todavía inmadura en muchos aspectos, y está atravesando un proceso de crecimiento personal que no siempre será bonito ni correcto. Las decisiones que toma *no buscan ser justificadas, sino comprendidas dentro de su contexto....
...Lo mismo ocurre con Nathan: tampoco es un héroe ideal. Es impulsivo, emocional y está aprendiendo a asumir responsabilidades para las que no estaba preparado....
...Esta historia no busca señalar culpables absolutos, sino mostrar cómo dos personas jóvenes enfrentan consecuencias, errores y emociones intensas mientras intentan madurar....
...Les pido paciencia, mente abierta y, sobre todo, que acompañen a los personajes en su evolución....
...*Nada es blanco o negro**… y lo mejor (y más caótico) apenas comienza.*...
...Gracias por leer ...
...✨...
...Yazz...