Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.
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Capítulo N°18
Saimon se encontraba de pie frente a la puerta de la antigua habitación de Celina. Un cuarto sencillo y modesto, el cual ella utilizaba cuando era un simple ama de llaves y aún no se habían involucrado sentimentalmente con él. Con pesar tomó el picaporte en su mano y se dio cuenta que temblaba de manera incontrolable. Estaba conmovido, en shock, necesitaba calmarse, jamás había presenciado un suicidio y ahora su amante estaba muerta, su hijo estaba muerto, Tamara lo había abandonado y su vida era un caos. Mirando fijamente la madera que tenía enfrente respiró profundamente, sin embargo todo parecía ser irreal, una pesadilla y la calma no llegaba. Parpadeando insistentemente, intento despertar de ese mal sueño, pero todo era real y aunque aún no podía creer que esa mujer se hubiera quitado la vida tan repentinamente por culpa de un bastardo, así había sucedido.
—Maldita sea, te explique mil veces los motivos por que debías abortar—gritó enfurecido por su falta de comprensión y golpeando con un puño la puerta ingresó al interior del cuarto.
El aire se sentía pesado, la oscuridad era espeluznante, las cortinas cubrían por completo las ventanas haciendo casi imposible la visibilidad en el lugar a pesar de ser pleno día. Negando con un movimiento de cabeza intentó acallar las voces de su amante que escuchaba en su mente desde que la tiró por el barranco.
—¡Basta!—ordenó y agarrando sus cabellos con fuerzas intentó en vano calmar su conciencia— . ¡Cierra tu maldita boca de una vez por todas! ¡ Tú ya no existes en mi vida, tú y ese bastardo son historia!—su voz se pronunció en el cuarto de manera demencial y al ver su reflejo en el espejo se dio cuenta que estaba solo y que se gritaba a sí mismo. Frotando su rostro con ambas manos procuró tener de nuevo el control de la situación.
Le costaba respirar, la falta de ventilación era evidente. Celina había estado encerrada por toda una semana en la habitación principal de la casa y hace días que nadie entraba a ese cuarto a asear o a abrir las ventanas para ventilar. Frunciendo la nariz, haciendo un gesto de desagrado se acercó al ventanal y abrió los cristales dejando que el aire puro invadiera el lugar. Al girar su cuerpo descubrió que todo estaba perfectamente ordenado, la cama estaba tendida y todo permaneció exactamente como ella lo había dejado. Por instinto Caminando pausadamente se dirigió a la cama y se sentó en ella, cerró sus ojos y acariciando con suavidad el cobertor se imaginó que era la delicada piel de su amante.
—¡Qué desperdicio, eras tan hermosa y lo pasábamos tan bien!—murmuró casi en un susurro, como si temiera que alguien pudiera escucharlo.
La ira lo consumía a tal punto que cerró fuertemente sus puños y cuando finalmente sus nudillos se entumecieron de dolor abrió sus ojos y sin dejar de mirar una foto de la joven que se encontraba en la mesa junto a la cama gritó
—¡Estúpida lo arruinaste todo! Debías permanecer en las sombras sin embargo te embarazaste a propósito pensando que algún día ocuparías el lugar de Tamara y serías la señora de la casa.
Enervado por el cólera se incorporó de inmediato, tomó la fotografía en sus manos y la arrojó contra la pared.
—Ahora solo eres un maldito recuerdo que borraré para siempre de mi mente—dijo convencido y como recordando a que había entrado inicialmente a la habitación con prisa se dirigió al closet y busco una valija.
Debía actuar con cautela, pensar muy bien cada movimiento y lo primero que tenía que hacer era deshacerse de todas las pertenencias del ama de llaves. Con desesperación y sin ningún tipo de reparo comenzó a arrojar cada una de sus prendas dentro de la maleta. En un bolso coloco algunos de sus zapatos, fotos y objetos personales. Una vez que el cuarto quedó completamente vacío, como si nadie lo hubiera habitado en mucho tiempo se dirigió al cobertizo, una pequeña construcción que se encontraba detrás de la casa. Dentro del galpón buscó un barril metálico y sin perder el tiempo arrojó todas las cosas de Celina en el interior del mismo. Mirando para todos lados de forma desesperada, inspeccionó el lugar en busca de algún combustible que hiciera desaparecer por completo cualquier prueba incriminatoria. Por último metiendo una de sus manos a los bolsillos del pantalón sacó una caja de fósforos, encendió un cerillo y mirando fijamente la llama se despidió antes de arrojarlo al recipiente..
—Adiós preciosa, estés donde estés espero que seas feliz.
Los objetos comenzaron a arder de manera inmediata, él estaba estático observando como con cada llama los recuerdos de Celina se consumían hasta convertirse en cenizas. El calor del fuego quemaba su piel, su rostro se iluminaba con cada llamarada, sin embargo nada se comparaba con la adrenalina que recorría sus venas. Estaba extasiado, ya nada lo ataba a esa mujer y cuando la cortina de humo negro desapareció frente a sus ojos indicando que todos los objetos habían sido eliminados sonrió feliz.
—¡Listo, solo queda una cosa por hacer!—comentó palmeando la identificación de la joven que se encontraba en el bolsillo de su camisa.
Con el documento en la mano, ingresó a su despacho, encendió la computadora y mientras se servía un escoses, pensó un destino para su ama de llaves. Sonriendo bebió el contenido del vaso de un solo sorbo y se sentó frente a la notebook . Con un poco más de calma busco por internet la compañía de trenes y sin pensar compró un boleto ingresando todos los datos personales de su ama de llaves al pueblo más alejado de la ciudad. Un lugar casi inhóspito, de pocos habitantes, que no tenía buena señal de internet ni de teléfono.
—¡Perfecto!—dijo y se sirvió otro vaso de escoses.
Cuando el fino cristal estaba posándose sobre sus labios una sonrisa maléfica se dibujó en su rostro, entonces su mirada se oscureció de repente al ver la foto del día de su boda la cual reposaba sobre el escritorio—. Ahora solo debo reconquistarte y quitar del medio a tu jefe y deshacerme de ese maldito bastardo. Ni creas que criaré el hijo de tu amante, maldita zorra—murmuró antes de beber su whisky y sentir como el líquido le quemaba la garganta.
Tambaleante se dirigió a la caja fuerte y guardó la identificación de Celina. Su plan estaba funcionando a la perfección, solo debía esperar unos días, mantenerse expectante y cuando todo estuviera en calma, buscar a su mujer y traerla de regreso a casa. Estaba convencido que con su encantos él podría persuadir a Tamara que todo había sido un fatal error y que solo a ella amaba de verdad.