Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 17
Alejandro la observaba fijamente, convencido de que Alana lo elegiría a él, ya que era la persona con la que más tiempo había pasado. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que había algo más entre Alana y Juan, una conexión que parecía evidente para todos, menos para él. En un momento inesperado, Alana se giró, tomó una copa llena y, con un gesto divertido, cerró los ojos mientras giraba la botella. Alejandro, sorprendido, no podía apartar la vista de la escena.
Alana se sentó de nuevo y, para su asombro, la botella volvió a apuntar hacia ella. Las risas estallaron entre los presentes, y todos comenzaron a gritar ¡Otra vez! con entusiasmo. Sin dudarlo, Alana tomó otra copa, lista para continuar con el juego.
Sara, con una sonrisa traviesa, comentó: Recuerda que solo se pueden tomar tres copas, y si se vuelve a caer, ¡deberás besar a alguien! En ese momento, todos rieron, sabiendo lo que implicaba esa regla, y la tensión en el ambiente se volvió palpable, llenando la sala de una mezcla de emoción y nervios.
Alana volvió a girar la botella, y esta se detuvo apuntando a Sara. Sin pensarlo, Sara se acercó a Alejandro y lo besó con pasión. Después de ese inesperado momento, Alana giró la botella otra vez, y esta vez fue su turno, ya que la botella se detuvo en ella. Para intentar olvidar la escena que acababa de presenciar, tomó un trago de su bebida.
Al girar la botella una vez más, el destino llevó a que Alejandro fuera seleccionado. Sin dudarlo, tomó una copa para beber, anhelando borrar de su mente el beso que había compartido Sara. Todos los presentes se sorprendieron por la reacción de Alejandro ante esa situación.
El juego continuó, y cuando la botella giró nuevamente, apuntó a Juan, quien se acercó a Alana y la besó. La expresión de Alana mostró sorpresa y un leve sonrojo debido a lo inesperado del beso. En ese momento, la botella volvió a girar y, por coincidencia, apuntó a Alejandro de nuevo. Este se molestó visiblemente por el beso que Juan le había robado a Alana.
Entonces, en un acto de posesividad, Alejandro se acercó a Alana, le limpió suavemente los labios y, sin dudarlo, la besó. La tensión en el ambiente se notaba, mientras todos observaban con asombro lo que estaba ocurriendo.
Maximus le dijo a su esposa: Jajaja, amor, ese Alejandro tiene su encanto. Camila, su esposa, respondió: Ellos se ven muy bien juntos. En ese momento, Sara, que estaba escuchando la conversación, intervino y dijo: Bueno, basta, fue solo un simple beso. Sigamos con lo que estábamos.
Alana se separó del grupo y miró a Alejandro, quien también la observaba. Ella tomó un trago de su bebida y le dijo: Ya vuelvo. Alejandro la siguió con la mirada mientras se alejaba. Maximus, que estaba atento a lo que sucedía, miró a Alejandro y se acercó a él, preguntándole: Amigo, ¿qué estás esperando?. Sara, que se había dado cuenta de la situación, se levantó y le propuso a Alejandro: ¿Qué te parece si caminamos un rato?.
Samuel, el novio de Sara, la llamó afectuosamente amor y sugirió que se fueran a descansar, ya que la noche había sido larga. Sara lo miró con sorpresa y le respondió: Pero amor, son las tres de la madrugada, ¿por qué tenemos que irnos ya?. Con una sonrisa, Samuel insistió: Vamos, amor, es hora de que descansen.
Mientras tanto, todos los demás amigos se estaban divirtiendo en la piscina. Alejandro, por su parte, decidió que era momento de verificar dónde estaba Alana. Al entrar en la casa, se la encontró justo a la salida. La llamó: ¡Alana!. Ella, un poco mareada, volteó y respondió con voz vacilante: ¿Dígame?. Alejandro se acercó más a ella y le preguntó: ¿Vas a volver a la piscina?.
Alana, sacudiendo un poco la cabeza como tratando de despejarse, respondió: No, ya prefiero ir a descansar. Creo que bebí demasiado. Alejandro, comprensivo, le ofreció su compañía: No te preocupes, te acompaño.
Así, los dos subieron juntos las escaleras, dejando atrás el bullicio de la fiesta y la diversión en la piscina.
Antes de que Alejandro pudiera entrar en la habitación, Alana lo detuvo. Con curiosidad, ella le preguntó si sucedía algo, a lo que Alejandro, en un impulso, la besó. Alana, visiblemente sorprendida por el gesto, rápidamente se apartó y exclamó: No, no, señor, esto no puede ser. Con nerviosismo, abrió la puerta de su habitación, pero Alejandro, sin pensarlo mucho, la siguió, insistiendo: ¿Por qué no?.
Alana, tratando de mantener la compostura, le respondió: Usted es mi jefe, eso no puede pasar. Antes era solo un juego. Se pasó una mano por la cabeza, sintiendo una mezcla de confusión y culpa, pensando que tal vez era el efecto de los tragos que había tomado. Alejandro, percibiendo su agitación, le preguntó: ¿Te gusta Juan?.
Con una negativa enfática, Alana respondió: No, no es eso. Sin embargo, antes de que ella pudiera decir más, Alejandro cerró la puerta con firmeza y, de nuevo, la besó, esta vez con una intensidad y pasión que dejaron a Alana sin aliento.
Ambos se dejaron llevar por la conexión que sentían. Alejandro acariciaba cada rincón del cuerpo de Alana con ternura, besándola de arriba abajo, como si explorara un mundo nuevo y maravilloso. Alana, que nunca había experimentado algo tan intenso, se entregó a la pasión en su totalidad, dejándose llevar por las sensaciones que la envolvían.
Alejandro continuó su recorrido, besando delicadamente sus partes íntimas, lo que provocó suaves gemidos de placer en Alana. Luego se trasladó a sus senos, llenándolos de caricias y dulces besos. Finalmente, alcanzó sus labios, donde los besos se tornaban más ardientes. Con delicadeza y al mismo tiempo con un profundo deseo, Alejandro comenzó a penetrarla; cada movimiento era una mezcla de pasión, suavidad y cariño.
Alana disfrutaba cada instante, dejándose llevar por las olas de deseo que la envolvían. Cuando ambos alcanzaron su clímax, se abrazaron con ternura, buscando el calor del otro en un acto de complicidad y amor hasta que el cansancio los llevó a dormir, envueltos en un profundo y apacible abrazo.