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Vínculo Prohibido

Vínculo Prohibido

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Romance oscuro / Completas
Popularitas:64
Nilai: 5
nombre de autor: Maiara Brito

Dos jefes mafiosos. Un matrimonio arreglado.
El odio que los separa es tan intenso como la atracción que los consume.
Entre lealtad, sangre y deseo prohibido, Jay y Win descubrirán que el enemigo más peligroso no está fuera de la guerra… sino dentro de ellos mismos.

NovelToon tiene autorización de Maiara Brito para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

La lluvia caía fuerte, espesa, tamborileando en las ventanas de la mansión. Los truenos estallaban en el cielo, como cañones distantes. Dentro del ala central, el silencio era tan denso que parecía más peligroso que cualquier tormenta.

Win caminaba de un lado a otro, inquieto. Cada paso resonaba como si la casa entera sintiera su rabia. El dragón tatuado ardía bajo la piel, los músculos tensos, el corazón disparado. Sus ojos negros iban y venían hacia el sillón al final del pasillo.

Jay estaba allí, sentado, impecable como siempre. El brazo tatuado descansaba en el respaldo, la pistola sobre la mesa al lado. La mirada grisácea parecía fija en la puerta de Nin, pero en realidad seguía cada movimiento de Win. Una sonrisa fría surgía de vez en cuando, como si él se divirtiera con el odio que alimentaba.

Win se detuvo frente a él, la respiración pesada.

—Me sacas de quicio —dijo, la voz baja y ronca—. Cada gesto tuyo está calculado para provocarme.

Jay alzó los ojos lentamente, la sonrisa helada.

—Y lo peor, Win… es que funciona.

Win avanzó de repente, agarrando el cuello de su camisa.

—¿Crees que puedes manipularme como manipulas a todo el mundo?

Jay no retrocedió. Al contrario, inclinó el rostro, acercándose aún más.

—No necesito manipularte —murmuró—. Ya estás atrapado.

Win gruñó, los puños temblorosos.

—¿Atrapado a qué?

—A mí.

El silencio explotó. Win no pensó, solo cedió. Tiró de Jay con brutalidad, aplastando su boca en un beso cargado de rabia.

Fue brutal, hambriento, una lucha librada en los labios. Jay respondió con igual intensidad, agarrando la nuca de Win y profundizando el contacto. Dientes, lengua, respiración contenida: era guerra y fuego.

Win gimió bajo, empujando a Jay contra la pared. El impacto reverberó por el pasillo. El beso quemaba como pólvora encendida, como si ambos quisieran destruirse mutuamente en el mismo instante en que deseaban devorarlo.

Y entonces, la puerta detrás de ellos se abrió.

—¿Win? —La voz de Nin cortó el aire.

Los dos se congelaron. Win se apartó bruscamente, jadeante, los ojos desorbitados. Jay solo pasó la lengua por los labios, aún sintiendo el sabor, y volvió la mirada hacia Nin, frío como siempre.

Ella estaba parada en la puerta, la bata clara cayendo sobre los hombros, los ojos abiertos de sorpresa.

Win tartamudeó, nervioso:

—Nin, yo… no es lo que parece.

Ella arqueó una ceja, cruzando los brazos.

—Claro que lo es. Lo vi.

Win abrió la boca, pero no encontró palabras.

—Yo… yo no quería…

—Ahórrame, Win —Nin suspiró, cansada, pero no había rabia en su voz—. No siento nada por él. Nunca sentí nada. Jay es solo parte de un acuerdo.

El silencio que vino fue abrumador. Win parpadeó, confuso.

—Entonces… ¿no te importa?

Ella lo miró con firmeza.

—Lo que me importa es el pacto. El matrimonio necesita suceder. No importa si odias a Jay o… —hizo una pausa, mirando de uno al otro— …si sientes algo diferente.

El corazón de Win se apretó. Culpable, nervioso, retrocedió un paso.

—Yo… yo no siento nada.

Jay sonrió de lado, frío.

—Sigue repitiéndolo hasta que lo creas.

Win se giró hacia él, los ojos chispeando.

—Cállate.

Nin levantó la mano.

—Basta. No le voy a contar nada a nadie. Pero necesitan controlarse. Si el consejo lo descubre, van a transformar este pacto en guerra.

Ella volvió al cuarto, cerrando la puerta con firmeza.

El pasillo se sumió en silencio otra vez. Win respiraba pesado, el cuerpo entero en conflicto.

—Mierda… —murmuró, pasando la mano por el rostro.

Jay se acercó, la voz baja, provocadora.

—Puedes culparte cuanto quieras. Pero el sabor aún está en tu boca.

Win cerró los ojos, el corazón disparado.

—Voy a terminar matándote.

Jay inclinó la cabeza, la sonrisa fría de vuelta.

—O vas a terminar volviendo.

Win no respondió. Se quedó inmóvil, quemando por dentro.

Y en esa noche, bajo la lluvia y las sombras, el pacto se hizo aún más frágil. No por Nin, sino por el fuego prohibido que ella acaba de presenciar.

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